viernes, agosto 28, 2009

ANTONIA FRASER: María Antonieta

Este es de esos libros que me aguardaban hace meses en mi biblioteca, pero que, debido a su extensión, son más adecuados para leer en verano, cuando se puede encontrar más tiempo libre para disfrutar de este vicio tan absorbente que es la lectura. De vez en cuando me gusta dejar el género novelístico para adentrarme en la vida de algún personaje histórico, cuyas andanzas en muchas ocasiones son incluso más impresionantes que las que nos pueda narrar una obra de ficción. Y este es el caso de esta joven reina, que ha sido vilipendiada, adorada y criticada a partes iguales, pero con la que la historia, en líneas generales, ha sido un poco injusta. Sin embargo, Antonia Fraser realiza un complejo trabajo de investigación para llegar a la conclusión de que los defectos de María Antonieta fueron los de cualquier ser humano, y por el contrario la fortaleza que demostró en numerosas ocasiones la retratan en realidad como una mujer valiente a la que le tocó vivir una de las épocas más convulsas de la historia. Es así como queda reflejado en el párrafo final, que resume las principales conclusiones alcanzadas por esta historiadora:

"Comparada con la imagen escabrosa de una esposa malvada, manipuladora y extranjera, la verdadera esencia de María Antonieta se convirtió en una mera sombra. Tras mirar sin rencor al extraordinario viaje que fue su vida, cabe concluir que sus flaquezas, bien que manifiestas, fueron insignificantes frente a su desgracia. La mala suerte persiguió desde que pisara Francia a esta incapaz embajadora de una gran potencia, esta mujer a la que nadie quería, esta niña convertida en esposa, hasta el final, cuando devino el chivo expiatorio para el fracaso de la monarquía. Dejemos que la reina tenga la última palabra. "Oh, Dios mío -escribió en octubre de 1790- si tenemos culpas, sin duda ya las hemos expiado."

María Antonieta (1755-1793) era la hija del emperador Francisco I de Austria y de su imponente esposa María Teresa, una emperatriz con un peso político importante en la Europa del siglo XVIII. María Teresa tuvo siempre muy claro que sus hijas eran piezas fundamentales del entramado político de la época (en sus propias palabras: "han nacido para obedecer y deben aprender a hacerlo a su debido tiempo"), y María Antonieta no iba a ser una excepción. Con apenas catorce años, y con una educación bastante descuidada en algunos aspectos -al no ser una de las hijas mayores no se le dedicó tanta atención como a las demás princesas- fue enviada a París para contraer matrimonio con el futuro rey de Francia, Luis XVI. Los primeros años de su matrimonio fueron bastante difíciles, por la ausencia o escasez de relaciones entre ambos cónyuges debido a razones que aún hoy se desconocen, que hicieron imposible por el momento cumplir con una de las consideradas principales obligaciones en una soberana por aquel entonces: dar un heredero al reino. La falta de comunicación entre ella y su marido, comunicación que afortunadamente fue mejorando con el tiempo de forma considerable, hicieron que la joven centrara su atención en divertirse y en conocer a personas que pudieran aliviar su enorme soledad (de ahí esa imagen de una reina frívola y consentida que nos ha legado la historia, imagen que, siempre según Fraser, debe ser matizada).

Con el tiempo María Antonieta tendría un total de cuatro hijos, de los cuales dos fallecieron siendo pequeños, hecho que marcaría para siempre la personalidad de la joven reina. Más tarde los acontecimientos que condujeron a la revolución, y el estallido de la misma, convertirían su vida y la de su familia en una serie de episodios oscuros y de incertidumbre entre los cuales destaca el intento de huida de la familia real, que se convirtió en el primer paso para su caída definitiva. La autora narra con gran maestría todos estos sucesos, y es difícil no emocionarse ante los sufrimientos que María Antonieta experimentó en estos años, temiendo por la vida de su marido, sus hijos, sus amigos, y, cómo no, por la suya propia. Las acusaciones que la condujeron a su ajusticiamiento en 1793 eran tan absurdas como el rumbo radical que había tomado una revolución que terminó llenando las calles de Francia de muertos inocentes salvajemente asesinados.

Antonia Fraser trata de desmontar algunos de los mitos tradicionalmente asociados a esta soberana. Un ejemplo es su desmedida afición al lujo y a los tocados imposibles, costumbres que al parecer estaban bien asentadas en la corte de Versalles antes de su temprana llegada desde Austria. La autora destaca aspectos positivos de su personalidad, como el amor incondicional hacia sus hijos, el cariño y respeto que llegó a sentir por su marido, su afán por tratar de agradar a su familia austríaca en su papel de defensora de los intereses de Austria en Francia, o la entereza con que afrontó su juicio y su ejecución a muerte a pesar de la injusticia de las acusaciones vertidas contra ella. Por supuesto que la reina tendría sus defectos y sus flaquezas -todos las tenemos al fin y al cabo-, pero esta obra nos arroja un velo de humanidad nuevo que hace a María Antonieta más cercana, y le devuelve algunas de las virtudes que el tiempo y la memoria le han arrebatado.

Por cierto, Sofia Coppola se inspiró en parte en esta obra para realizar su película sobre la vida de María Antonieta, protagonizada por Kirsten Dunst.

domingo, agosto 23, 2009

JUAN JOSÉ MILLÁS: El desorden de tu nombre

Mi tercera incursión en Juan José Millás ha sido esta obra por recomendación de algunos de los que visitáis mi blog, y como viene ocurriendo con este autor, me ha vuelto a convencer. Aunque los temas de fondo son parecidos a los que enmarcan sus novelas posteriores (esta fue publicada por primera vez en 1988), no por ello deja de ser una lectura amena y sobre todo capaz de causar desasosiego en el lector. La mezcla entre ficción y realidad y la fascinación por el tema de la identidad vuelven a aparecer en esta obra, cuyos protagonistas son Julio Orgaz, un ejecutivo de una editorial que cae locamente enamorado de Laura, una mujer casada con la que mantendrá una apasionada relación, y el psicoanalista del primero, Carlos Rodó. Entre estos personajes se desarrolla un triángulo amoroso con consecuencias imprevisibles que acabará alterando sobremanera la vida de los tres implicados.

Laura es una mujer joven y guapa, que abandonó su trabajo para dedicarse a cuidar de su marido y de su única hija, Inés. Todos los días baja al parque con su pequeña, y será allí donde conocerá a Julió, por quien se siente atraida inmediatamente. Su matrimonio ya no le satisface, se siente sola y perdida, y la llegada de Julio constituye una bocanada de aire fresco que le dará fuerzas para renovarse, y además marcará el inicio de un giro brusco en su vida.

El verdadero protagonista de la novela es, no obstante, Julio. Es un personaje algo antipático conforme se le va conociendo -al menos eso me pareció a mí-. Es un editor que además trata de convertirse en escritor, pero aún no ha publicado nada, y envidia a aquellos más jóvenes que él que ya han sido capaces de demostrar su talento. Es significativo su encuentro con un joven escritor, Orlando Azcárate, que al no mostrarle el respeto que él espera debido a su cargo, hace que Julio llegue a oponerse a la publicación de su obra, aún reconociendo que ésta presenta una gran calidad. La novela que Julio proyecta en su mente tiene el mismo título que la nos ocupa, El desorden de tu nombre, con lo cual se confunden aún más realidad y ficción.

No quiero desvelaros mucho más de una historia que, de por sí, no deja de sorprendernos en cada página. Os diré que la trama da mucho de sí, y que realmente merece la pena dejarnos confundir por la pluma y los subterfugios de Millás. Cada vez encuentro más paralelismos entre este autor y Paul Auster, pues a ambos les preocupan temas similares. El de la identidad, ya mencionado, es uno de ellos, y otro podría ser el de las pequeñas casualidades que acaban cambiando el curso de nuestra vida. Desde luego, con respecto a esto último, no puedo estar más de acuerdo. Al fin y al cabo son esos acontecimientos nimios, sin importancia, los que muchas veces pueden hacernos tomar caminos completamente diferentes a los que habíamos planeado en un principio.

Por cierto, es curioso que los protagonistas de esta novela se llamen igual que los de otra de Millás que ya reseñé en este espacio, Laura y Julio. Si alguien conoce el porqué de esta coincidencia (si es que lo hay, y no se trata de otro de los juegos a los que tan dado es este autor), espero que sea tan amable de desvelarlo. Curiosa que es una.

Más reseñas de obras de Juan José Millás:
- El mundo
- Laura y Julio

lunes, agosto 10, 2009

PEDRO ZARRALUKI: Todo eso que tanto nos gusta

"Las guerras tienen una cosa buena, sólo una: nos enseñan con crueldad lo que estamos a punto de perder. La vida misma se muestra como lo que es, un tesoro frágil. En la guerra la vida es sagrada. Y sin embargo ahora, en estos tiempos miserables, la protegemos con cicatería, como el dinero cuando lo metemos en el banco. Ya no sabemos lo complicado, lo difícil, lo maravilloso que es sobrevivir. Eso sólo se sabe cuando se ha vivido una guerra o cuando uno se ha hecho tan viejo que vuelve a necesitar arriesgarse. No quiero una guerra, Dios me libre, pero sí emociones."

Con estas palabras resume Tomás, uno de los protagonistas de la historia, a su hijo Ricardo, lo que siente en un momento de su vida en que, harto de la rutina y de las costumbres, decide romper con todo y desaparecer en un pequeño pueblo de la costa catalana. Este es el argumento que lleva a Zarraluki, un escritor para mí desconocido pero que me ha convencido con esta novela, a hilar una historia plenamente humana, muy bella y con unos personajes que resultan más que reales. Un libro que se lee con verdadero placer.

Tomás es un arquitecto retirado que un día decide huir de su casa y desaparecer, provocando una gran inquietud en su ex-mujer y su hijo Ricardo. Este se marcha a buscarlo y afortunadamente lo encuentra en un pueblecito no muy lejos de Barcelona, donde parece ser que Tomás está a punto de iniciar una nueva vida. Las circunstancias personales de Ricardo, cuya novia le ha abandonado hace poco y con un trabajo del que se siente más que hastiado, influyen en la decisión de quedarse en el pueblo con su padre, al principio para "vigilarlo" y asegurarse de que está bien, aunque más tarde descubrirá otras razones para no volver a lo que quedaba de su antigua vida. Padre e hijo redescubren poco a poco su relación, en un ambiente completamente diferente al ajetreo de la gran ciudad, y rodeados por una serie de personajes que les enseñarán mucho sobre la vida y sobre ellos mismos. A medida que Tomás y Ricardo se reencuentran, el lector va conociendo la vida pasada de ambos, y las circunstancias que les han llevado a ambos a ser como son. Es, en definitiva, una historia sobre la vida misma, sobre la necesidad de reencontrarnos cuando todo parece haberse perdido, sobre la recuperación de la ilusión de vivir, y sobre las lecciones que los demás pueden enseñarnos si aprendemos a escuchar y dejamos de centrarnos en nosotros mismos.

Los personajes que Tomás y Ricardo conocerán en su aventura son igualmente interesantes. Lola es la dueña de la pensión donde ambos se alojan. Una mujer arisca y algo extraña que con el tiempo irá enseñando su verdadera cara y haciéndose mucho más sociable. Marcelo, un hombre fascinado por la literatura, y su esposa Paquita, siempre dispuesta a bromear a pesar de su ceguera. María, a punto de casarse, la taxista "oficial" del pueblo, posee la capacidad de ver cosas donde los demás no son capaces de encontrar nada, el don de "mirar a su alrededor y estar a gusto en ninguna parte", según el propio Ricardo. Y no podemos olvidar a la bella multimillonaria Bárbara Baldova, empeñada en restaurar una aldea minúscula para crear allí un lugar ideal donde artistas de todo el mundo puedan liberar su vena creativa sin tener que preocuparse por cuestiones económicas. También es un personaje curioso el de la madre de Ricardo, Cristina, empeñada en seguir manejando los hilos de un matrimonio que, aunque roto en el pasado, sigue en realidad muy vivo, y quizás la única que, conociendo de verdad a Tomás, es capaz de amarlo sin reservas, sin pedirle nada a cambio.

Aunque quizás el argumento pueda pecar de poco original, lo cierto es que la novela convence bastante, porque creo que todos hemos sentido alguna vez esa necesidad de escapar, de romper con lo que tenemos, de perdernos en algún lugar desconocido para encontrar la respuesta a esas preguntas que, por más vueltas que le demos, somos incapaces de responder. ¿Y qué mejor lugar para perderse y encontrarse otra vez que un pintoresco pueblo situado entre la playa y la montaña, donde el estrés y las prisas quedan en un segundo plano? Quizás eso es lo que más me ha gustado de la novela, que encierra un mensaje positivo: el cambio es posible, en cualquier momento de nuestras vidas. Sólo tenemos que iniciarlo, atrevernos a dar el paso. Y no se trata de huir físicamente de nuestro entorno, sino de dejar atrás lo que no nos gusta y buscar aquello que creemos que nos va a hacer felices, buscar todo eso que tanto nos gusta.

miércoles, agosto 05, 2009

IRÈNE NÉMIROVSKY: Suite francesa

Conocí a Irène Némirovski gracias a esa pequeña obra maestra titulada El baile, reseñada con anterioridad en este blog. En aquel librito me deslumbró su forma de trazar los personajes, su manera de reflejar lo podrido y lo enfermizo de algunas relaciones, y todo ello en una novela breve de poco más de 100 páginas. Pues bien, siendo esta Suite Francesa un proyecto mucho más ambicioso, creo que, a pesar de que se lee con cierto interés, queda por detrás de la obra antes mencionada. El proyecto de la novela comprendía cinco partes, pero la fatalidad hizo que Irène solamente pudiera terminar las dos primeras. En 1942 fue detenida y deportada al campo de concentración de Auschwitz, donde la escritora murió en agosto de ese mismo año. Poco después su marido corría la misma suerte. Fueron pues sus hijas quienes, sesenta años después, sacaron a la luz el manuscrito de esta inacabada obra y la publicaron en Francia en el año 2004.

Como le ocurría a El baile, donde la relación de la protagonista con su madre estaba inspirada en la relación real entre Némirovsky y su progenitora -una relación difícil y bastante gris por lo que sabemos- en esta obra encontramos, si no retazos de la propia vida de Irène, un retrato de la sociedad francesa de los años cuarenta en la cual ella misma vivió. El libro comienza con una primera parte, titulada Tempestad en junio, donde seguimos las aventuras de un grupo de personajes que deciden abandonar París ante la inminente ocupación nazi, y que demostrarán en dicho periplo sus miserias y sus virtudes, sacando lo peor y lo mejor de ellos mismos, como suele ocurrir en este tipo de circunstancias. Los Péricand son una familia de la alta sociedad francesa que deberán dejar de lado sus lujos y sobrevivir en un entorno rural saturado de exiliados que, como ellos, escapan de las ciudades que iban cayendo en manos de los alemanes. El escritor Gabriel Corte y Florence, su pareja, pasarán verdaderos apuros para poder llevarse algo que comer a la boca, pero Corte se negará a renunciar a unos privilegios que ya no tenían sentido en la Francia de aquellos momentos, apareciendo a nuestros ojos como un personajes anacrónico, anclado a una sociedad temporalmente destruida. El coleccionista de arte oriental Charles Langelet también es retratado de la misma forma, y demostrará una total falta de escrúpulos y de principios a la hora de garantizarse su propia supervivencia. Por último los Michaud, los únicos que parecen conservar su humanidad y sus valores en estos tiempos tan revueltos, representan a la clase social media-baja parisina. Para ellos lo más importante es su propio amor como pareja y la vida de su hijo, que lucha contra los nazis en el ejército francés. A ellos corresponde uno de los párrafos más bellos de la novela, un diálogo entre ambos que os dejo aquí por lo significativo de su contenido:

"- Qué extraño eres Maurice... Te han pasado cosas como para estar amargado y desencantado, y sin embargo no eres infeliz, quiero decir, interiormente. ¿Me equivoco?
- No.
- Pero entonces, ¿qué te consuela?
- La certeza de mi libertad interior -respondió Maurice tras un instante de reflexión-, que es un bien precioso e inalterable, y de que conservarlo o perderlo sólo depende de mí. De que las pasiones llevadas hasta el extremo, como ahora, acaban por apagarse. De que lo que ha tenido un comienzo tendrá un final. En una palabra, de que las catástrofes pasan y hay que procurar no pasar antes que ellas, eso es todo. Así que lo primero es vivir: Primum Vivere. Día a día. Vivir, esperar, confiar."

La segunda parte lleva por título Dolce, y está ambientada en un pueblecito francés, que también aparece en la primera parte, situado en la zona de ocupación alemana. Némirovsky nos narra aquí las difíciles relaciones entre dominantes y dominados, entre las que también llega a surgir en ocasiones la amistad y, cómo no, el amor. En este caso la principal protagonista es Cecile, una joven que convive con su suegra en un caserón cerrado a cal y canto al mundo exterior. El marido ce Cecile ha caído, al parecer, prisionero de los alemanes. La anciana mujer está totalmente en contra de los invasores, y además tiene en muy poca estima a su nuera, mientras que Cecile, feliz o más bien aliviada en parte por la ausencia de un marido al que no quiere y que le engaña con otra, no se muestra tan reacia a acercarse a los recién llegados, oportunidad que le vendrá dada por la presencia forzosa de un oficial alemán que vivirá un tiempo en la casa con las dos mujeres.

Es curioso que en este libro la autora no nos dé una visión negativa de los alemanes. La que sale mal parada es más bien la guerra, que es la culpable de la separación de padres e hijos, y de familias enteras. Es ella la responsable de tanto sufrimiento. Los alemanes destacados en Francia aparecen como soldados que han sido obligados a realizar una tarea, pero son retratados con tintes humanos y prácticamente en igualdad con los propios franceses. De hecho se insiste en que en su mayoría eran amables y pretendían agradar a aquéllos cuyas tierras habían ocupado de la noche a la mañana. Este retrato tan cercano y amable por parte de Némirovsky sorprende en parte al lector, más aún si conocemos el dramático final de la escritora. Claro que, si ésta pretendía que la obra fuese publicada y sin conocer cuánto tiempo permanecerían en suelo francés los invasores, es lógico que no criticase en su obra a los recién llegados. Pero todo indica que Némirovsky tenía sobradas sospechas de que su propio final era inminente y trágico, a tenor de las disposiciones que contra los judíos se estaban tomando en la misma Francia, y que ella misma sufrió al ver cómo sus obras dejaban de ser publicadas. Me quedo pues con una Irène interesada en reflejar aquello que realmente vio, y capaz de separar en su valoración a los dirigentes que ordenaron toda aquella masacre y a aquellos que, en la mayor parte de los casos, no tuvieron más remedio que obedecer si querían conservar su vida. Unos soldados que eran tan prisioneros como los propios franceses.

Yo he disfrutado mucho más con la segunda parte. Quizás por los personajes o por la historia que en ella se desarrolla, más viva y atrayente. La primera se me hizo un poco ardua. Al final del libro se incluyen además unos apéndices en los que aparecen notas de la propia autora sobre la obra que está escribiendo, acompañadas por correspondencia personal de Irène y su familia en el periodo anterior e inmediatamente posterior a su muerte . Es un testimonio desgarrador de la barbarie que supuso para millones de personas el sinsentido de la Segunda Guerra Mundial. Al cerrar el libro aún podemos ver a Irène, escribiendo ya muy lejos de París, aún sabiendo que, posiblemente, su obra sería póstuma (así lo dice expresamente en una de sus cartas). Lástima que no se equivocara.

Más reseñas de obras de Irène Némirovsky:
- El baile

miércoles, julio 29, 2009

EDUARDO GALEANO: Espejos

Esta es una de las obras más originales que he leído en mucho tiempo. En ella, el escritor uruguayo Eduardo Galeano nos propone un viaje por el pasado desde un punto de vista inédito, el de aquellos que normalmente han sido olvidados por la historia oficial. Así, en este libro se nos habla sobre todo de las mujeres, de los negros, y en general de todos aquellos que han sido explotados, maltratados, y anulados como personas a lo largo de los siglos. Una lectura que nos invita a reflexionar, a conocer una imagen nueva de la historia conocida, con la dureza que encierran esas historias trágicas que conforman el entramado de todo lo que nos ha precedido. La ironía, la crítica abierta, el humor, la lírica y la narración seca y áspera se mezclan en el estilo de Galeano, que demuestra con este libro ser sin duda uno de los grandes de la literatura actual.

Espejos está estructurado como una colección de relatos cortos que se distribuyen en un orden más o menos cronológico, pero que pueden leerse de forma independiente. Estos relatos se remontan al origen del hombre, con constantes alusiones a las mitologías de diferentes pueblos, algunos más conocidos que otros. Esta parte es quizás la más agradable de leer, porque son textos escritos con un gran sentido del humor, que se disfrutan de principio a fin. La originalidad que Galeano alcanza en algunos de estos fragmentos es deliciosa. Es muy difícil entresacar sólo algunos extractos de un libro que de por sí está repleto de pequeñas piezas maestras. No obstante, os dejo, como siempre, algunas líneas para que podáis juzgar por vosotros mismos:

"Desde el Papa de Roma hasta el más humilde cura de parroquia, no hay sacerdote que no dicte lecciones de buena conducta sexual. ¿Cómo pueden saber tanto sobre una actividad que tienen prohibido practicar? (...) En el año 1123, el Concilio de Letrán impuso el celibato obligatorio. Desde entonces, la Iglesia católica conjura la tentación carnal mediante el voto de castidad, y es la única empresa de solteros en el mundo religioso. La iglesia exige a sus sacerdotes dedicación exclusiva, un régimen full time que protege la paz de sus almas, evitando reyertas conyugales y chillidos de bebé."

"Hitler no inventó nada. Desde hace dos mil años, los judíos son los imperdonables asesinos de Jesús y los culpables de todas las culpas (...) Acusados de servir al Maligno, estos malditos anduvieron los siglos de expulsión en expulsión y de matanza en matanza (...) La colosal carnicería organizada por Hitler culminó en una larga historia. La caza de judíos ha sido siempre un deporte europeo. Ahora los palestinos, que jamás lo practicaron, pagan la cuenta."

"Antes, Europa derramaba sobre el sur del mundo soldados, presos y campesinos muertos de hambre. Estos protagonistas de las aventuras coloniales han pasado a la historia como agentes viajeros de Dios. Era la civilización lanzada al rescate de la barbarie. Ahora, el viaje ocurre al revés. Los que llegan, o intentan llegar, desde el sur al norte, son protagonistas de las desventuras coloniales, que pasarán a la historia como mensajeros del Diablo. Es la barbarie lanzada al asalto de la Civilización."

"El muro de Berlín era la noticia de cada día. De la mañana a la noche leíamos, veíamos, escuchábamos: el Muro de la Vergüenza, el Muro de la Infamia, la Cortina de Hierro... Por fin, ese muro, que merecía caer, cayó. Pero otros muros brotaron, y siguen brotando en el mundo. Aunque son mucho más grandes que el de Berlín, de ellos se habla poco o nada. Poco se habla del muro que los Estados Unidos están alzando en la frontera mexicana, y poco se habla de las alambradas de Ceuta y Melilla. Casi nada se habla del Muro de Cisjordania, que perpetúa la ocupación israelí de tierras palestinas y será quince veces más largo que el Muro de Berlín, y nada, nada de nada, se habla del Muro de Marruecos, que perpetúa el robo de la patria saharaui por el reino marroquí y mide sesenta veces más que el Muro de Berlín. ¿Por qué será que hay muros tan altisonantes y muros tan mudos?"

Eduardo Galeano se declara escritor, no historiador. Por otro lado el libro no incluye referencias bibliográficas para apoyar la ingente cantidad de datos que en él aparecen. El mismo autor nos dice al principio que le ha sido imposible incluir dichas fuentes porque habrían ocupado una gran cantidad de páginas. Ese es quizás el único "defecto" que puede achacarse a la obra, porque no sabemos hasta qué punto lo que se nos dice en el libro es o no verdad. Pero si lo leemos con una mirada un tanto crítica, sin la necesidad de creernos todo lo que aquí se nos da como cierto, estamos sin duda ante un intento de hacer historia más que encomiable, porque al fin toman voz los humildes y los desheredados que tan importantes han sido en el devenir histórico y que por desgracia son marginados una y otra vez por las fuentes oficiales. Los héroes anónimos, los valientes que dieron su vida por salvar a otros, o que lucharon por ser libres en una época en la que las cadenas atenazaban a la mayoría de la población, son los protagonistas al fin de un libro que, si bien no es cien por cien histórico, les intenta devolver parte de la dignidad que el tiempo y la memoria les arrebataron. Aunque a veces su lectura se hace difícil por la dureza de algunos de los episodios relatados, creo que Espejos es una de esas joyitas que aparecen de vez en cuando en el mundo literario y que merece la pena degustar a pequeños sorbos, saboreándola desde el principio hasta el final. Altamente recomendable.

domingo, julio 19, 2009

SIRI HUSTVEDT: Todo cuanto amé

El prestigioso escritor Salman Rushdie ha dicho de esta novela que "fascina, apasiona e inquieta. Hustvedt es una artista singular, una escritora dotada de considerable inteligencia, profunda sensualidad y una cualidad difícilmente definible para la cual sólo se me ocurre una palabra: sabiduría." Sin ser tan entusiasta como el propio Rushdie, la novela de Hustvedt es, ante todo, sorprendente, y más allá de esta característica, podríamos decir que el adjetivo que mejor la define es "inquietante". Ello no es óbice para que su lectura a veces avance con cierta dificultad, debido a la misma prosa de Hustvedt, demasiado densa en ocasiones, y a un ritmo con altibajos que, afortunadamente va in crescendo conforme avanzamos a lo largo de sus páginas.

La escritora es una gran creadora de personajes. Hay ciertos ecos austerianos en esos caracteres atormentados y con inquietudes más que particulares que tanto nos gustan a los admiradores de Auster. De hecho, al leer esta novela justo después de la anteriormente reseñada, Leviatán, no pude dejar de encontrar ciertas similitudes entre ambas. En la que ahora nos ocupa, la voz narrativa recae en un personaje masculino, Leo Hertzberg, un profesor de arte que va a entablar una sólida amistad con un artista en ciernes llamado Bill Wechsler. Ambos viven en cierto modo existencias similares. Casados con dos hermosas mujeres, Erica y Lucille, las dos se quedarán embarazadas y darán a luz casi a la vez. La relación entre los cuatro parece afianzarse cada vez más, aunque la autora introduce desde el principio un tercer personaje femenino, Violet, que tendrá una presencia definitiva a partir de la segunda parte de la novela.

El libro está, de este modo, dividido en tres partes. La división entre las dos primeras viene dada por un suceso trágico que golpea de forma imprevista la apacible vida de este pequeño círculo neoyorquino, y que causará cambios muy profundos en la trayectoria de cada uno de ellos. Pero lo más fascinante del libro, desde mi punto de vista, está escondido en alguna página entre la segunda y la tercera parte, cuando algo sombrío y extraño empieza a acechar a los protagonistas, al principio de forma difusa, para absorber cada vez más al lector hasta conferir a la novela ese carácter de "inquietante" que mencioné más arriba.

Me gusta la forma de escribir de Hustvedt, aunque sus descripciones son quizás demasiado prolijas en algunos momentos. En general la primera parte del libro se hace algo lenta y pesada, pero como ya adelanté, el ritmo va acelerándose y los acontecimientos se van precipitando a medida que avanzamos en su lectura. Esto, unido a unos personajes bien construidos y muy interesantes, dotan al libro de algo especial que sin duda acaba acaparando -y de forma casi enfermiza- la atención del lector.

El mundo del arte, con sus excentricidades y sus abusos, pero también con la fuerza expresiva que le caracteriza, como fuente de emociones en el espectador, es el telón de fondo de la novela. Sirva este fragmento como muestra:

"Siempre que muere un artista, su obra comienza lentamente a reemplazar a su cuerpo, convirtiéndose así en su sustituto corpóreo en este mundo. Se trata de un proceso, supongo, inevitable. Al pasar de una generación a otra, ciertos objetos de utilidad, tales como sillas o platos, pueden parecer temporalmente infundidos del espíritu de sus antiguos dueños, pero esa condición sucumbe con bastante rapidez a sus funciones pragmáticas. El arte, por su inutilidad intrínseca, se resiste a verse incorporado a la cotidianidad, y cuando es mínimamente potente, parece alentar con la vida de la persona que lo creó".

Una novela que además, profundiza en aspectos muy significativos de la psicología humana, como el duelo y la sensación de pérdida ante la muerte de un ser querido, la dificultad de las relaciones de pareja, la imposibilidad de conocer hasta el fondo a los demás, por muy cercanos que nos resulten, o los trastornos de la personalidad que nos pueden llevar a un camino sin retorno. Es un libro bastante ambicioso en su trama, pero que cumple de forma más que acertada con sus expectativas. Y, aunque a veces puede cansar un poco, no defrauda en absoluto. Siri Hustvedt ha insistido una y otra vez en que no quiere ser conocida por ser la esposa de Paul Auster, sino por méritos propios. Si sigue en este camino, sin duda que lo conseguirá, si es que no lo ha hecho ya.

lunes, julio 13, 2009

PAUL AUSTER: Leviatán

Creo que ya a estas alturas Paul Auster es el autor que más reseñas tiene en este blog. Debo reconocer que después de Viajes por el scriptorium, quedé un tanto decepcionada (la primera vez que me ocurría algo así con Auster), y durante un tiempo no he pensado en volver a leerle. Pero varias personas -entre ellas algunas de los visitantes asiduos de este blog- me habían hablado de Leviatán como una de las mejores novelas del escritor neoyorquino. Y después de leerla, no puedo más que darles la razón. Porque de nuevo me he encontrado al Paul Auster laberíntico y mago que atrapa al lector en una trama donde realidad y ficción se mezclan hasta un punto indistinguible. Leviatán es, sin duda, una gran novela.

El comienzo es, a la vez, el final de la historia. Lo importante aquí es la trama central, los personajes y las relaciones entre ellos, y cómo esos personajes van evolucionando a lo largo del tiempo. El libro cuenta la vida del escritor Benjamin Sachs, vista a través de la pluma de otro escritor y amigo íntimo de Sachs, Peter Aaron, que es una especie de alter ego del mismo Auster. Peter está casado en segundas nupcias con una mujer llamada Iris, mientras que la segunda esposa de Auster se llama Siri (es además escritora como él). Estos son sólo algunos ejemplos de esos juegos que tanto le gustan a Auster y que divierten a sus lectores, al jugar constantemente con los elementos reales y ficticios en la novela.

Los personajes, como en todas las novelas de Auster, son quizás lo mejor de la historia. Son complejos, cambian según las circunstancias, viven, sufren y sienten a cada momento, cuestionándose su vida, y tomando decisiones que marcan a veces un giro de 180 grados en sus trayectorias vitales. Aparte de Aaron y Sachs, es fascinante el personaje de María Turner, inspirado en la artista conceptual Sophie Call, que también aparece reflejada en otras novelas de Auster. María es una mujer atractiva, dedicada a la fotografía y muy inteligente, que tendrá una influencia decisiva en las vidas de los dos protagonistas. El elenco de personajes es muy amplio, y todos están retratados con una extraordinaria viveza, hasta parecer personas reales; esta capacidad es una de las mejores bazas de Auster y uno de los atractivos principales de la novela.

Junto a la riqueza de caracteres, el autor nos habla de la importancia de la amistad, de los giros imprevistos del destino, de las casualidades o pequeños acontecimientos que generan una sucesión de hechos imprevisibles, es decir, del hecho de que nuestras vidas están tejidas de sucesos más o menos nimios que van marcando de forma inevitable nuestra trayectoria vital. Vamos tomando decisiones y descartando caminos, pero casi siempre es la suerte -o la desgracia- la que nos lleva a una encrucijada u otra diferente. Frente a esta realidad, nuestros valores, nuestras convicciones, aquello en lo que creemos, constituyen nuestra mejor tabla de salvación. Los personajes de Auster tienen una fuerte personalidad, y ello se refleja en sus decisiones. Son supervivientes, y tratan de buscar, dentro de sus posibilidades, el camino hacia la autorrealización, es decir, el camino de la felicidad. Sin embargo, muchas veces la intervención fatal de los hados puede truncar ese camino y lanzarlos por derroteros imprevisibles. Como la vida misma.

He disfrutado leyendo Leviatán. Es de esos libros que te atrapan y que cuesta trabajo soltar. Es Paul Auster en estado puro, y sin duda uno de los libros más relevantes de su trayectoria. Imprescindible para los austerianos convencidos, y uno buena forma de iniciarse para aquellos que aún no lo conozcan. Otra lectura estupenda para este verano.

Más reseñas de obras de Paul Auster:
- Viajes por el scriptorium
- Tombuctú
- La trilogía de Nueva York
- Brooklyn Follies

martes, julio 07, 2009

BETTY SMITH: Un árbol crece en Brooklyn

Me fascinan los libros ambientados en Nueva York. Quizás por ello uno de mis autores fetiche es Paul Auster, cuyas obras tienen como telón de fondo esta atrayente ciudad. Ese es uno de los motivos que me ha llevado a leer Un árbol crece en Brooklyn, aparte de las buenas críticas que había encontrado sobre él. En este libro, la autora desgrana la vida de los inmigrantes en las calles del Brooklyn de principios del siglo XX, cuando aquella zona estaba muy lejos de ser el barrio chic y de moda en que se ha convertido en la actualidad, y era en cambio el lugar de residencia de masas de recién llegados a un mundo en el que esperaban que sus sueños se hiciesen realidad.

La protagonista del libro es Frances Nolan, una niña que crece en un entorno difícil pero que manifiesta una fuerza para sobrevivir fuera de lo normal. Desde pequeña, cuando muchos pronosticaban una pronta muerte dado su aspecto frágil y enfermizo, Francie demuestra ser una persona llena de vida e inquietudes. Apasionada de los libros, dotada de una imaginación asombrosa -lo que se manifiesta a su vez en una marcada vocación de escritora-, y amante fervorosa de la escuela, Francie se irá educando junto a una madre luchadora, Katie, que trabaja a destajo para sacar a su familia adelante; un hermano al que adora, Neeley; y un padre, Johnny, sumamente encantador pero demasiado aficionado a la bebida y sin trabajo fijo. En esta familia son las mujeres las verdaderas fuerzas que soportan la dureza de la vida cotidiana, son los pilares de su supervivencia, y ello se demostrará una y otra vez a lo largo de la historia de los Nolan.

Francie es tan fuerte como un árbol. Para la autora, la niña (que podría ser un alter ego de ella en su propia infancia, pues se ha dicho del libro que contiene unos marcados rasgos autobiográficos) puede compararse a esos árboles que crecen en los lugares más inhóspitos para erguirse soberbios hacia el cielo:

"Un árbol crece en Brooklyn. Algunos lo llaman el árbol del cielo. Caiga donde caiga su semilla, de ella surge un árbol que lucha por alcanzar el cielo. Crece en solares delimitados por tablas entre montones de basura abandonada. Es el único árbol que crece en el cemento. Crece exuberante...sobrevive sin sol, sin agua, hasta sin tierra, en apariencia. Podríamos decir que es bello, si no fuera porque hay tantos de su misma especie."

Junto a Francie y Katie, son las mujeres las verdaderas protagonistas de la novela. Entrañable es el personaje de la tía Sissy, una mujer muy poco convencional y maltratada por la vida, pues había dado a luz varios niños que murieron al poco tiempo de nacer. La relación entre Francie y su tía es muy especial, y Sissy nos aparece como una persona llena de ternura, enamorada de la vida y de los hombres, y por ello mismo muy criticada en su entorno, incluso por su propia familia.

La novela de Betty Smith, publicada en 1943, no tardó en convertirse en un best-seller. Miles de personas se vieron identificadas en los personajes de la historia. Los inmigrantes, los pobres, eran los verdaderos protagonistas. Y, junto a ellos, se ensalzaba el valor del esfuerzo y la educación como instrumentos de cambio que podían marcar el futuro de las personas. Por otro lado, la autora critica los convencionalismos sociales y la cerrazón de una sociedad que, afortunadamente, estaba empezando a cambiar gracias, entre otras cosas, a la extensión de la educación gratuita, que alcanzará a casi todas las clases sociales. Es pues un fiel retrato de la vida en la Nueva York más desfavorecida de principios del siglo pasado. De ahí su rotundo éxito nada más ser publicada.

Creo que después de estas palabras, queda claro que recomiendo a todos la lectura de este libro. Aunque su prosa no sea brillante, su intencionalidad y su argumento, y especialmente la fuerza de sus personajes, la convierten en una obra más que interesante. Una lectura estupenda para estas tórridas tardes veraniegas que ya han comenzado. Y si además está recomendada por el mismísimo Paul Auster, ¿quién se puede resistir?

martes, junio 30, 2009

Cuando los sueños se hacen realidad

¡No sabía que llevara ya cinco semanas sin escribir! El mes de junio siempre es especialmente difícil para sacar tiempo, pero al fin puedo volver a este rincón tan querido. Tengo muchos libros en la recámara para comentar (siempre consigo encontrar el tiempo para leer, menos mal): Leviatán de Paul Auster, Espejos de Eduardo Galeano, y Un árbol crece en Brooklyn, de Betty Smith. Espero poder compartirlos con vosotros en los próximos días.

Otra circunstancia personal ha influido en mi desaparición momentánea. Y es que al estrés y los agobios de fin de curso se ha sumado algo que llevaba mucho tiempo esperando, y que me ha robado (y me sigue robando) gran parte de mis energías, porque arrastro un sueño fuera de lo normal. Si todo sigue bien -crucemos los dedos- seré mamá a finales de diciembre. Espero poder seguir compartiendo mis lecturas con vosotros mientras me sea posible, pero si alguna vez desaparezco más de la cuenta, al menos ya conocéis la razón. Todavía sigo haciéndome a la idea, porque ha sido un sueño hecho realidad, y aún nos da miedo que se convierta en una pesadilla. Pero esta vez todo va a ir bien, tengo ese presentimiento y me aferraré a él con todas mis fuerzas.

Pues eso, de vuelta y con barriguita. Un abrazo enorme a todos.

sábado, mayo 23, 2009

ROBERT HUGHES: Goya

Siempre me ha fascinado la personalidad y la obra de Francisco de Goya. De ahí que haya encontrado en la lectura de este libro una verdadera fuente de disfrute, a la vez que me ha servido para conocer mejor una figura cumbre en la historia de la pintura de todos los tiempos. La de Goya es sin duda, una vida complicada, que se anunciaba plena y exitosa, pero que acabó tomando un giro imprevisto, en primer lugar por la enfermedad que le dejó la terrible secuela de la sordera, y más tarde por el estallido de la Guerra de Independencia que tanto le marcó. Estos acontecimientos tuvieron un sello indeleble en su evolución artística, que Hugues recorre de forma brillante en las páginas que forman esta extraordinaria biografía.

El autor analiza de forma detallada todos los capítulos de la vida del pintor, desde su nacimiento en Fuendetodos (Zaragoza) en 1746, hasta su muerte en Burdeos acaecida en 1828, tras un derrame cerebral. Los momentos más importantes de su trayectoria vital aparecen explicados de manera precisa y muy amena. Sus comienzos en la Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, sus relaciones con la Corte y con los círculos de la alta nobleza y burguesía madrileñas, su amistad con la familia de los duques de Osuna, su presunta historia de amor con la famosa duquesa de Alba, las sospechas de afrancesado que sobre él recayeron tras la guerra, su sufrimiento interior durante el largo conflicto bélico... son algunos de los momentos que Hugues disecciona, dando su propia opinión sobre ciertos aspectos controvertidos del pintor, utilizando para ello toda la documentación existente sobre dichos temas. El contexto histórico en que Goya se mueve, la España de Carlos III, Carlos IV y el posterior y nefasto Fernando VII, también son descritos con un estilo que capta el interés del lector. Los personajes que desfilan por estas páginas salen de los libros de historia para convertirse en seres de carne y hueso. El análisis psicológico de estos, y del propio pintor, aunque peca de excesivamente personal en algunos momentos, es uno de los alicientes más interesantes de la obra.

Muy interesantes son también los comentarios de muchas de las obras que Hugues cita en este libro, en el que se incluye una colección de imágenes muy completa y de alta calidad que nos ayudan a comprender mejor la evolución pictórica y la forma de trabajar del pintor. Su obra, tan variada y cambiante, sigue aún provocando controversias en el mundo del arte por lo original y lo extraño de muchas de sus creaciones.

Fue un artista atípico, un genio para muchos, un crítico de la sociedad de su tiempo que tuvo que ocultar sus ideas y su sufrimiento para disfrutar de una vida más o menos apacible, pero que utilizó su pintura como una vía de expresión de todo ese mundo interior agitado e incluso atormentado en ocasiones. Al final de su vida su ruptura con la España de la vuelta al absolutismo fue tal que decidió abandonar el país en el que había vivido siempre para marchar a Francia, donde existía una importante colonia de exiliados políticos de tendencia más o menos liberal.

Muchos movimientos pictóricos posteriores bebieron de su extraordinaria creatividad, y por ello es considerado uno de los pintores más originales de todos los tiempos. Yo me quedo con su faceta como testigo de los sufrimientos colectivos, su denuncia de la violencia bélica como algo abominable, venga del bando que venga. Su famosa obra Los fusilamientos del 3 de mayo aún sigue sobrecogiéndonos y no ha perdido un ápice de actualidad. Mientras que sigan existiendo las guerras, mientras que continúen los abusos de los poderosos sobre los menos afortunados, la obra de Goya será un referente inamovible de denuncia de estas situaciones.

No dejéis de leer esta obra si os interesa la figura del pintor aragonés. La edición de Galaxia Gutenberg (Círculo de Lectores) es además todo un lujo para los sentidos. Un homenaje estupendo para un pintor que escapa a cualquier clasificación posible.

Francisco de Goya: Los fusilamientos del 3 de mayo.
Museo del Prado (Madrid)

jueves, abril 30, 2009

HENNING MANKELL: El chino

Tenía una deuda pendiente con Mankell, porque había leído críticas estupendas de él y por recomendación de algunos de los que amablemente dejáis comentarios en este espacio. Así que decidí comenzar mi incursión con esta novela, la última que ha publicado. En ella Mankell prescinde de su personaje más entrañable, el detective Kurt Wallander, y da el protagonismo a una jueza, Birgitta Roslin, que será la encargada de despejar el misterioso asesinato con el que empieza la historia. Una historia que versa sobre venganzas históricas y en la que China, con todos los cambios políticos y económicos que está sufriendo en la actualidad, se convierte en el escenario de la mayor parte de la novela.

La trama comienza con un asesinato múltiple que deja a la policía completamente horrorizada: una mañana casi toda la población de una aldea idílica perdida entre los bosques suecos, Hesjövallen, aparece brutalmente asesinada con una violencia desmedida, incluidos los animales de compañía. Los únicos supervivientes son una pareja de mediana edad y una anciana que padece demencia senil. La policía atribuye el suceso a una mente perturbada, un loco psicópata que habría actuado llevado por unos impulsos asesinos fuera de toda lógica. No obstante, la jueza Birgitta Roslin reconocerá entre algunas de las víctimas a los padres adoptivos de su madre, y eso le llevará a acercarse al escenario del crimen y comenzar así una investigación paralela a la policial en la que descubrirá que detrás del asesinato se esconde una trama complicada con ramificaciones que llegan mucho más allá de las fronteras de Suecia.

Este es, a grandes rasgos, el argumento de la novela. El ritmo es ágil, y los personajes son sólidos y están bien construidos. Es una novela que atrapa al lector, aunque en algunos tramos pueda hacerse algo prolija, especialmente cuando el autor se refiere a los cambios acontecidos en China en los últimos tiempos y en las abundantes referencias a la revolución comunista de Mao. Y es que el gigante asiático ocupa un lugar fundamental en esta novela. Es interesante también la parte dedicada al trabajo forzoso de los chinos en la construcción de ferrocarriles en EEUU durante el siglo XIX, que aparece en la novela a través de un largo flashback que ayuda al lector a despejar algunas de las incógnitas del múltiple asesinato en tierras suecas.

Menkell se muestra muy preocupado en esta novela por las consecuencias del crecimiento de la población y el aumento de la pobreza originado por los grandes cambios económicos que China está sufriendo desde hace unas décadas. El autor se hace eco del enfrentamiento existente en el país entre dos posturas claramente antagónicas, la del aperturismo económico y consiguiente inmersión en el sistema capitalista, y la de la conservación de los principios comunistas con el objetivo teórico de una mayor igualdad social. Mankell plantea los posibles peligros a que esto puede llevar, y juega en su novela con la posibilidad de un posible aumento de la presencia china en África a través de la colonización de algunos territorios menos habitados para dar salida a una población pobre muy numerosa que de otro modo podría causar graves desórdenes al Partido Comunista en el poder. Según el propio autor, que vive a caballo entre Suecia y Mozambique, esta posibilidad es más que probable, pues él mismo ha constatado un aumento palpable de la presencia china en este continente en los últimos años. No obstante, en el colofón que incluye al final de la novela, Mankell nos aclara que su intención en todo momento no ha sido otra que la de escribir una obra de ficción. Ahí queda eso.

El personaje de Birgitta, antigua militante comunista en sus años de juventud, le sirve a Mankell para reflexionar sobre los cambios acontecidos en la izquierda europea desde los años sesenta hasta la actualidad. Se advierte una crítica implícita al aburguesamiento y a la renuncia a los ideales de igualdad vivida por muchos de esos jóvenes "revolucionarios" de los sesenta, aunque a la vez dicha realidad aparece como algo en cierto modo inevitable. Pero también reflexiona Mankell sobre la radicalidad de aquellos partidos comunistas influenciados por la doctrina maoísta que tenían un comportamiento más parecido al de una secta que al de un partido político propiamente dicho. Es un debate muy interesante el que se plantea desde este punto de vista.

Como podéis ver, la novela esconde mucho más de lo que su trama parece anunciar al principio. Es una lectura muy recomendable, aunque siento decir que no he encontrado esa brillantez a la hora de escribir que tanto se ha destacado en las -desde mi punto de vista- odiosas comparaciones realizadas con Stieg Larsson, el autor de Los hombres que no amaban a las mujeres. Quizás debería haber empezado con una de las novelas sobre Wallander, el detective que tanta admiración levanta en los lectores habituales de Mankell. No obstante, la lectura de El chino me ha abierto el apetito, y volveré a este escritor sueco para conocer de primera mano el personaje que tanta fama le ha dado dentro del mundo de la novela negra.

P.D: Hace poco he terminado también el segundo libro de la trilogía de Stieg Larsson, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, y lo he disfrutado tanto o más que el primero. Sigo pensando que las obras de Larsson están muy por encima de los best sellers habituales, y por eso desde aquí no puedo dejar de recomendarlo. Ahora a esperar la conclusión de Millennium, que muy pronto se publicará en nuestro país.

viernes, abril 17, 2009

HARUKI MURAKAMI: Tokio Blues

Tokio Blues es el tercer libro que leo de uno de mis autores fetiche, Murakami. Y aunque me sabe mal decirlo, es el que menos me ha gustado hasta ahora. No tiene la magia de Kafka en la orilla, ni de Al sur de la frontera, al Oeste del sol. Es mucho más oscuro, más angustioso, porque los personajes están perdidos y no consiguen encontrar su camino ni dejar atrás los fantasmas que les atormentan. No obstante, a pesar de lo dicho anteriormente, consigue atrapar al lector en esa atmósfera tan típica que sólo Murakami es capaz de tejer. Hay párrafos que hipnotizan nuestros sentidos, como si entráramos en una habitación japonesa, nos sentáramos relajadamente en el tatami, y nos pusiéramos a meditar. El autor nos transporta a un paisaje urbano, el de la ciudad de Tokio, en el que sin embargo no hay sitio para el estrés ni las prisas. La vida fluye y los personajes nadan en ella, en un ambiente de tranquilidad que nos envuelve página tras página.

La historia es narrada como un largo flashback. Watanabe, de treinta y siete años, aterriza en un aeropuerto alemán y antes de bajar del avión escucha por los altavoces Norwegian Wood, una canción de los Beatles que le hace evocar su época de estudiante en los años sesenta. La cadena de recuerdos comienza con un paseo hipnótico por un prado con la bella Naoko, la novia de su mejor amigo, Kizuki, que se convierte en el primer amor importante en la vida de Watanabe. Este tendrá que enfrentarse a un duro golpe, que le hará entrar de forma súbita en la edad adulta, cuando Kizuki decide quitarse la vida con sólo 17 años. Este hecho marcará un antes y un después en la vida de Watanabe, un joven melancólico y solitario que arrastrará siempre el recuerdo de lo acontecido a Kizuki:

"Hasta entonces había concebido la muerte como una existencia independiente, separada por completo de la vida. 'Algún día la muerte nos tomará de la mano. Pero hasta el día en que nos atrape nos veremos libres de ella.' Yo pensaba así. Me parecía un razonamiento lógico. La vida está en esta orilla; la muerte en la otra. Nosotros estamos aquí, y no allí. A partir de la noche en que murió Kizuki, fui incapaz de concebir la muerte (y la vida) de una manera tan simple. La muerte no se contrapone a la vida. La muerte había estado implícita en mi ser desde un principio. Y este era un hecho que, por más que lo intenté, no pude olvidar. Aquella noche de mayo, cuando la muerte se llevó a Kizuki a sus diecisiete años, se llevó una parte de mí."

Por su parte la frágil Naoko, un personaje entrañable por la tristeza que arrastra y la dulzura con la que Murakami la retrata, está aún más perdida que Watanabe, y su delicada salud psíquica la hace extremadamente vulnerable. Watanabe, enamorado de ella, luchará por protegerla y sacarla del pozo en el que parece haberse sumergido. La relación entre ambos es, a mi juicio, la parte más hermosa de la novela.

El retrato que Murakami hace de los jóvenes tiene poco que ver con la imagen que la literatura nos suele dar de ellos. Watanabe se comporta casi como un adulto en muchos aspectos, aunque en ocasiones parece perdido; se mueve sin rumbo, sin saber a dónde le llevarán sus pasos. El sexo tiene una presencia bastante importante a lo largo de la novela, y sirve a Murakami para contraponer el comportamiento de Watanabe, que no renuncia a las relaciones fugaces pero no encuentra en ellas el consuelo que necesita, y el de su amigo Nawasaga, un joven promiscuo que vive el sexo como una verdadera filosofía de vida, sintiéndolo como algo necesario para mantener vivo su abultado ego. Por otro lado el sufrimiento aparece como uno de los aprendizajes forzosos al que todos tenemos que enfrentarnos alguna vez en la vida. La importancia del dolor como obstáculo que hay que salvar para seguir adelante aparece de forma muy evidente en reflexiones como ésta: "El conocimiento de la verdad no alivia la tristeza que sentimos al perder a un ser querido. Ni la verdad, ni la sinceridad, ni la fuerza, ni el cariño son capaces de curar esa tristeza. Lo único que puede hacerse es atravesar ese dolor esperando aprender algo de él, aunque todo lo que uno haya aprendido no le sirva para nada la próxima vez que la tristeza lo visite de improviso."

Es curioso que esta novela se publicó en España en el año 2005, después de que Murakami fuese ya un escritor consagrado y tras la publicación de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Sputnik, mi amor, y Al sur de la frontera, al oeste del sol. Sin embargo en realidad fue la primera de éstas que escribió, en 1987, y precisamente fue el éxito arrollador de esta novela el que hizo que el escritor se marchara de su país, primero a Europa y después a Estados Unidos, donde reside actualmente.

De nuevo son abundantes en la novela las referencias a una gran variedad de canciones de los años 60, tanto de jazz como de la cultura pop. De hecho, una de ellas, Norwegian Wood (madera noruega), es la que completa el título de la novela y, como he mencionado más arriba, la que da pie al río de recuerdos del joven Watanabe. Os dejo aquí un vídeo de Youtube donde podéis escucharla y leer la letra. ¿Qué mejor forma de terminar una reseña de Murakami?

Más reseñas de obras de Haruki Murakami:
- Al sur de la frontera, al oeste del sol
- Kafka en la orilla

viernes, abril 10, 2009

MARTA RIVERA DE LA CRUZ: La importancia de las cosas

Nuestra amiga Carmen nos lanzó hace unas semanas una propuesta a algunos de los que nos dedicamos a hacer reseñas literarias en la red. Esta consistía en leer el nuevo libro de una autora para mí desconocida, Marta Rivera de la Cruz, y comentar nuestras impresiones (fueran estas positivas o negativas) en nuestras respectivas bitácoras. Para ello se ofrecía a hacernos llegar el libro de forma totalmente gratuita. Me pareció una buena idea y acepté, y debo confesar que no me arrepiento de ello. La importancia de las cosas no es ninguna obra maestra, pero su lectura se disfruta y nos hace pasar un buen rato. Aunque algunos detalles no me acabaron de convencer, me sorprendí enganchada a la historia y a unos personajes que tienen su no sé qué, que cobran vida y se cuelan en la mente del lector sin que éste se percate de ello.

El protagonista es un profesor universitario, Mario Menkell, un hombre en principio gris y anodino que lleva una existencia solitaria y anclada en la rutina. Famoso por haber escrito una novela que la crítica encumbró de forma unánime, no se ha atrevido aún a enfrentarse al desafío de volver a escribir, y consume sus días dando clases de creación literaria en una prestigiosa universidad privada. Lleva años enamorado en secreto de una de sus colegas de profesión, pero está completamente convencido de que el suyo será por siempre un amor platónico, y parece hallarse conforme con ello. Su monótona existencia se ve sacudida de forma imprevista cuando el inquilino de un piso que tiene alquilado aparece ahorcado en el mismo. Este suceso, y el descubrimiento de que dicho personaje se dedicaba a coleccionar todo tipo de objetos extravagantes, van a desencadenar una serie de acontecimientos que acabarán con la tranquilidad en que antes vivía y lo lanzarán de lleno a una aventura en la que se mezclan los elementos típicos que dan solvencia a una novela: el amor, las intrigas y los secretos del pasado. El progresivo conocimiento de la vida de su misterioso inquilino, Fernando Montalvo, y los motivos que le llevaron al suicidio, cambiarán por completo la vida de Menkell y tendrán repercusiones en su futuro como autor literario.

El estilo de Marta Rivera es sencillo y atrapa con facilidad al lector. No hay grandes reflexiones ni párrafos dignos de ser subrayados en esta novela (yo al menos no los he encontrado). No obstante, en general está bien escrito, y realmente se disfruta al leer. Sin embargo, he echado de menos una mayor complejidad en cuanto a la forma de escribir. En ocasiones la autora da demasiadas explicaciones al lector, como si este no fuese capaz de hacer ciertas deducciones por su propia cuenta. Y a veces esas explicaciones resultan inverosímiles. Es lo que ocurre cuando, con ocasión de un encuentro entre los protagonistas y un personaje que se desarrolla en Milán - por lo que presuponemos que la conversación se desarrollará en italiano- la autora nos transmite a través de sus personajes cómo aprendieron ambos el idioma, siendo la explicación innecesaria por lo ridícula que resulta (un curso por correspondencia o un noviazgo de seis meses con un italiano no creo que den para hablar esa lengua con fluidez). Por otra parte, hay detalles que no ajustan bien con la trama, que chirrían en cierto modo. Es lo que ocurre con el enfado desproporcionado de uno de los alumnos de Menkell, Pablo Caspe, ante la posibilidad de que despidan a su profesor, porque ya no podrá corregirle la novela que está escribiendo (¿acaso no podría hacerlo aunque ya no fuese su profesor o es que va a marcharse de España si lo despiden?) o la historia entre Menkell y su adorada Beatriz, que a veces carece de toda verosimilitud.

A pesar de estos pequeños "deslices", La importancia de las cosas es una novela interesante y con una trama bien urdida no exenta de belleza. El misterioso suicida, Fernando Montalvo, es a mi parecer el personaje más fascinante. De él no conocemos nada en un principio, y a medida que vamos adentrándonos en los entresijos de su vida, nace una corriente de simpatía hacia él. Su historia es el broche final que cierra la novela. El principio de la misma nos deja entrever cuál será el camino que recorreremos de la mano de Marta Rivera a lo largo de estas páginas:

"De no ser por un cúmulo de circunstancias escasamente ordinarias, los caminos de Mario Menkell y Fernando Montalvo no hubieran tenido nunca la ocasión de cruzarse. Habían nacido con destinos distintos, y sus expectativas personales eran tan diferentes entre sí, que resultaba casi milagroso el que sus vidas se hubiesen tocado, ni siquiera de refilón, en algún punto de la sinuosa trayectoria vital de cada uno. Pero así es el azar. Asi lanza los dados la fortuna. Y los hados, o algún dios sin nombre, quisieron jugar de esa forma las cartas de la suerte, quizás para divertirse, o a lo mejor para dar a Mario Menkell la oportunidad de enderezar su vida."

Dice Palimp en su Cuchitril Literario, a propósito de este mismo libro, que "no siempre son mejores los platos de alta cocina; a veces una buena barbacoa entre amigos se disfruta más." Me parece un símil estupendo, y lo suscribo completamente. Aire fresco y una lectura agradable para pasar un buen rato. Esa es la receta de Marta Rivera de la Cruz. Y la verdad es que funciona.

sábado, abril 04, 2009

DANIEL PENNAC: Mal de escuela

Al fin un poco de tiempo para dejarme caer por aquí. Estas últimas semanas me ha sido imposible visitar este espacio ni tampoco ninguno de los blogs por los que tanto me gusta pasarme. Ahora tengo unos días por delante para descansar y, cómo no, tiempo para dejaros alguna que otra reseña y poder así compartir mis lecturas con todos vosotros.

Hace un par de semanas terminé de leer Mal de escuela, de Daniel Pennac. El libro me ha resultado interesante, máxime teniendo en cuenta que gira en torno a mi profesión, pero a decir verdad me esperaba un poco más de él. No obstante, he subrayado frases y degustado reflexiones sobre los problemas educativos que Pennac destaca en su obra, los cuales coinciden en su esencia con los que padecemos los docentes españoles. Me ha gustado especialmente la visión optimista que Pennac tiene de los adolescentes, incluso de aquellos que -como él mismo- califica de auténticos "zoquetes" (palabra que utiliza de forma abundante en el libro). El mensaje que subyace a toda la novela es que no hay que dar ningún caso por perdido, aunque es imposible "salvar" a todos nuestros alumnos. No obstante el profesor no debe dejar de intentarlo, de involucrarse en la tarea que realiza. Tiene que vivir su profesión, pues sólo así tendrá posibilidades de atraerse al alumnado a su campo. La pasión docente es la mejor garantía de poder obtener buenos resultados. Y si no funciona, al menos lo habremos intentado.

"La presencia del profesor que habita plenamente su clase es perceptible de inmediato. Los alumnos la sienten desde el primer minuto del año, todos lo hemos experimentado: el profesor acaba de entrar, está absolutamente allí, se advierte por su modo de mirar, de saludar a sus alumnos, de sentarse, de tomar posesión de la mesa. No se ha dispersado por temor a sus reacciones, no se ha encogido sobre sí mismo, no, él va a lo suyo, de buenas a primeras, está presente, distingue cada rostro, para él la clase existe de inmediato."

Es una percepción que comparto al cien por cien. Por eso a veces nuestro trabajo resulta tan agotador. Porque no se trata de entrar en la clase, pasar lista, dar unas cuantas explicaciones, controlar el comportamiento de los alumnos (labor que en algunos grupos puede absorber prácticamente todas nuestras energías), y despedirse hasta el día siguiente. El docente tiene que llegar mucho más allá. Debe convencer a sus alumnos de que adora la materia que está impartiendo. Debe convencerles de que, durante el tiempo que dura la clase, no hay nada más relevante que aquello que se está explicando. Esa "pasión" puede resultar agotadora a veces, pero si conseguimos el efecto deseado, la clase se convierte en un lugar y un momento mágicos. Alumnos y profesor juntos de la mano, todos a una, compartiendo una experiencia histórica, literaria o matemática. No importa la asignatura, aunque en algunas es más fácil conseguir este efecto.

"Una sola certeza: la presencia de mis alumnos depende estrechamente de la mía: de mi presencia en la clase entera y en cada individuo en particular, de mi presencia también en mi materia, de mi presencia física, intelectual y mental, durante los cincuenta y cinco minutos que durará mi clase."

A lo largo de la novela, el autor va desgranando retazos de su propia vida, narrándonos su experiencia en las aulas primero como alumno y más tarde como profesor. Sus problemas para comprender la mayor parte de las materias, su falta de concentración y de estímulo a la hora de ponerse a estudiar, el hecho de ser un estudiante mediocre, en fin, no impidieron a Pennac convertirse en un profesor, mejor dicho en un buen profesor, o al menos es lo que se deduce de la lectura de su libro. La importancia de la educación para ayudar a este tipo de alumnos, para arrebatarlos de salidas fáciles como pueden ser la delincuencia o la marginación, es una de las máximas que el autor defiende con más fuerza. La enseñanza entendida como salvación:

"Los profesores que me salvaron -y que hicieron de mí un profesor- no estaban formados para hacerlo. No se preocuparon de los orígenes de mi incapacidad escolar. No perdieron el tiempo buscando sus causas ni tampoco sermoneándome. Eran adultos enfrentados a adolescentes en peligro. Se dijeron que era urgente. Se zambulleron. No lograron atraparme. Se zambulleron de nuevo, día tras día, más y más... Y acabaron sacándome de allí. Y a muchos otros conmigo. Literalmente nos repescaron. Les debemos la vida."

Los problemas que arrastraba Pennac en la escuela convencieron a sus padres de la necesidad de apuntarle a un internado. Para él la experiencia fue más o menos satisfactoria, pues le permitió concentrar sus energías en el estudio, sin tener que dar explicaciones diarias a su familia del porqué de sus dificultades académicas. En su camino hacia la redención de la zoquetería, Pennac destaca la labor de varios profesores, y la importancia que tuvo para él la lectura, hábito que le ayudaría a terminar de una vez por todas con sus problemas ortográficos. Con el tiempo, el zoquete Pennac, el alumno difícil, llegaría a estudiar una carrera universitaria y a convertirse en profesor. Y entonces tendría que enfrentarse a la historia desde el otro lado. Ahora era él el encargado de ayudar a alumnos que, como en su propio caso, parecían incapaces de "llegar a ser algo" algún día. Su experiencia le sería entonces muy útil para hacer frente a estos casos, porque él había sido uno de ellos.

Sería demasiado prolijo continuar enumerando aquí las numerosas reflexiones que se contienen en Mal de escuela. Sólo añadiré que son necesarios libros como este, que nos den una visión positiva y realista de las dificultades que entraña la profesión docente. En una sociedad que, en líneas generales, está perdiendo el respeto por nuestro trabajo, que sólo mira hacia nuestras supuestas comodidades, sin pararse a pensar en la complejidad de nuestra tarea y en la cantidad de trabajo extra que un buen profesor debe realizar en casa para llevar adelante su trabajo, es reconfortante que se nos devuelva un halo de prestigio y de consideración por lo que hacemos, pues la mayoría de los que hemos elegido esta profesión lo hemos hecho convencidos de que es una de las labores más hermosas que existen. Pennac nos devuelve la fe en lo que hacemos, y demuestra que, en casos como el suyo, la educación fue un verdadero instrumento de redención.

domingo, marzo 15, 2009

Divina Kate

Hace tiempo que quería dedicarle una entrada a esta maravillosa actriz. Y ahora que ya he visto sus interpretaciones en dos películas extraordinarias, Revolutionary Road y The Reader, me he dicho que ya era hora de rendirle mi pequeño homenaje. Siempre me ha gustado su forma de actuar, y ese rostro dulce que esconde una personalidad compleja pero con las ideas muy claras, como se desprende de las entrevistas que he podido leer de ella. Disfruto viéndola trabajar, me creo sus papeles, me contagia su pasión por los personajes que interpreta. Me alegró mucho que le dieran la estatuilla a la mejor actriz, aunque me gustó más en Revolutionary Road, donde comparte cartel con un impecable Leonardo Di Caprio que, no obstante, queda empequeñecido ante la fuerza de su compañera.

Revolutionary Road es de esas películas que se te agarran por dentro y no te sueltan durante semanas, porque abre heridas que prácticamente todos tenemos o podemos experimentar en algún momento de nuestras vidas. El fin del sueño juvenil, la renuncia ¿obligada? a llevar una vida distinta, a no caer en los tópicos sociales que nuestra sociedad nos inculca desde que somos pequeños. La creencia en que la nuestra será diferente, en que nosotros somos especiales, se rompe en mil pedazos en este largometraje dirigido por el que en la actualidad es su marido, Sam Mendes. No he leído la novela original de Richard Yates en la que se basa el filme, pero la historia es absorbente y desgarradora, es una tragedia anunciada en la que el espectador asiste a una caída a los infiernos de la convivencia gracias al trabajo de dos actores que bordan sus papeles. Espero poder leer el libro algún día y comprobar si esa fuerza dramática es un mérito de la versión cinematográfica o por el contrario es obra personal del propio Yates.

La película que al final le ha valido el Óscar, The Reader, comparte con la anterior características dramáticas, aunque las historias no tienen absolutamente nada que ver. En ella Winslet interpreta a uno de esos personajes redondos tan fascinantes para el mundo de la literatura o del cine. Son caracteres que nos producen rechazo, a la vez que despiertan nuestra compasión, dependiendo de lo que les veamos hacer en un momento determinado y del rumbo que acaben tomando sus vidas. La actriz vuelve a sorprendernos con una interpretación magistral, acompañada por un Ralph Fiennes que a mí me sigue resultando difícil separar de la piel del enigmático Conde Almasy.

En ambas películas Winslet interpreta a mujeres heridas por el dolor, en ambientes y circunstancias distintas, y con una carga emocional completamente diferente. Pero las dos interpretaciones son mágicas, convirtiendo en carne y hueso lo que en principio eran personajes literarios. Las adaptaciones cinematográficas de novelas no son siempre afortunadas -más bien suele suceder lo contrario- pero en este caso ambas películas han salvado con nota ese obstáculo. Y aunque dejan un regusto amargo, como todos los dramas, se disfruta de veras viendo trabajar a estos actores.

Gracias Kate.

sábado, marzo 07, 2009

REBECCA WEST: El regreso del soldado

Conocí de la existencia de esta obra gracias a una reseña aparecida en Babelia, donde se la calificaba de "Obra maestra". No había oído hablar nunca de Rebecca West, pero la primera ocasión que tuve el libro ante mis ojos no pude evitar comprarlo. Me atrajo sobremanera su sinopsis: un soldado, herido por la explosión de un obús, regresa a su casa aquejado por un extraño ataque de amnesia, que le hace perder consciencia de lo acaecido en los últimos quince años. De las dos mujeres con las que compartía su vida hasta entonces, su prima y su esposa, sólo recuerda a la primera cuando era una adolescente, mientras que no conserva ningún recuerdo de su mujer. En cambio guarda en su memoria con gran nitidez la huella su primer amor, cuando tenía 15 años, una relación que se terminó hace mucho tiempo pero que él se empeñará en revivir. Este argumento es la excusa para que Rebecca West haga un retrato magistral de las convenciones sociales de comienzos del siglo XX, donde el amor y los sueños de juventud rotos, junto a la dureza de las condiciones de vida de los soldados en la Primera Guerra Mundial, ayudan a construir una historia sólida, inquietante y extraordinariamente bella.

Las protagonistas femeninas son muy diferentes entre sí. La esposa, Kitty, es una joven preciosa, de una belleza casi deslumbrante, pero con un comportamiento distante y frío en general. No es una mujer afortunada. Ha vivido la muerte de su único hijo, y de repente tiene que hacerse a la idea de que su marido Chris, recién llegado del frente, no guarda ninguna memoria de ella, y lo que es peor, parece no sentir ninguna atracción por la que durante un tiempo fue su mujer. Su carácter egoísta o frívolo sale a relucir en varias ocasiones a lo largo del libro, a veces con una crueldad inusitada, pues le cuesta creer que su marido esté enfermo y actúa como si todo lo que está ocurriendo fuese provocado conscientemente por el pobre Chris. En cambio Jenny, la prima, se muestra mucho más comprensiva desde el primer momento, apreciándose en ella un amor sincero hacia su primo, tanto que no oculta su alegría ante el hecho de que Chris se reencuentre con su antigua amada si ello le ayuda a conseguir la felicidad. La otra figura femenina de este curioso triángulo es Margaret, una mujer que, a pesar de tener posiblemente la misma edad que Kitty, muestra en su piel y en su cuerpo los estragos de una vida más dura, pues procede de una clase social inferior, huellas que la hacen aparecer como una flor marchita al lado de la resplandeciente Kitty. Sin embargo, desde que vuelve del frente, Chris sólo tiene ojos para ella. Incluso cuando se reencuentran y él la ve quince años mayor que la última vez que se vieron, el amor que siente por ella parece hacerse incluso más fuerte. Ambos retoman un idilio que se vio interrumpido por los celos y la mala suerte, y disfrutan de esta oportunidad que la vida ha vuelto a brindarles en forma de ¿enfermedad? mental. Su prima Jenny, quien se debate entre la tristeza por la pérdida de recuerdos de su amado primo por un lado y la alegría de verle tan feliz por otro, lo describe con palabras tan hermosas como éstas:

"Sentía ciertamente un frío orgullo intelectual ante su rechazo a recordar su próspera madurez, ante su determinación a habitar el tiempo de su primer amor, porque demostraba que estaba mucho más cuerdo que el resto de nosotros, que nos tomamos la vida tal como viene, cargada de lo innecesario e irritante. Incluso estaba dispuesa a admitir que su elección de lo que era para él la realidad, al margen de todas las numerosas evidencias puestas ante él por el mundo, su hábil recuperación de la perla perdida de la belleza era la demostración de talento que siempre había esperado de él. Pero no hacía más llevadera la dolorosa exclusión de su vida de la que yo era objeto."

Jenny sabe además que mientras Chris no recupere la memoria, no podrá volver a la suciedad y el frío de la trinchera. Ello le hace profesar un extraño cariño por Margaret, que es quien le mantiene alejado de esa realidad. Sabe que en el momento en que el engaño acabe, Chris volverá a luchar y a estar en peligro. Y esa idea le hace desear que no se cure nunca.

La historia, narrada con una prosa elegante plagada de imágenes y descripciones de olores y sensaciones, plantea varios interrogantes al lector. ¿El ataque de amnesia es una forma de defensa inconsciente de Chris para alejarse de una vida que no le llenaba? ¿Hasta qué punto somos capaces de diferenciar la locura de la cordura cuando se trata de buscar la felicidad? ¿Se ama de verdad a una persona cuando no somos capaces de sacrificarnos porque ella sea feliz, aunque ello implique un gran sufrimiento para nosotros?

Sinceramente creo que esta bella y breve novela (140 páginas) que se leen de un tirón es un ejemplo de literatura con mayúsculas. Rebecca West bucea por las emociones y los fantasmas de nuestro interior con la delicadeza de una bailarina y la valentía de un acróbata. La historia aparece así ante nuestros ojos como una pieza de danza o una acrobacia que emocionan a quien lo ve. En este caso a quien lo lee. Si a ello añadimos la evocadora edición realizada por la editorial Herce, no puedo más que suscribir plenamente el calificativo de obra maestra que se le ha dado a este libro.

La escritora Rebecca West

viernes, febrero 27, 2009

ISAAC ROSA: El país del miedo

Me esperaba más de la nueva novela de Isaac Rosa, probablemente porque la primera obra que leí de él (¡Otra maldita novela sobre la guerra civil) me encantó, además de poseer un planteamiento muy original. No me ha ocurrido lo mismo con El país del miedo que, aún siendo también bastante curiosa y estando bien escrita, no está a la altura de aquella otra. Quizás la culpa la tenga el protagonista, Carlos, que se me hizo antipático desde el principio por ser un auténtico pusilánime. Creo que le cogí algo de ojeriza. Me ha ocurrido con algún otro libro leído con anterioridad, como la portera Renée de La elegancia del erizo, empeñada en aparecer como una ignorante ante sus vecinos. Hay personajes que se te atragantan, es inevitable, aunque posiblemente esta era la intención de Rosa al escribir el libro. Porque creo que pocas personas sentirán simpatía por el desdichado Carlos, cuya actitud a lo largo de la novela dejará mucho que desear.

La historia tiene dos partes que se van alternando a lo largo de los diferentes capítulos, siguiendo el esquema que Rosa ya trazara en su anterior novela arriba mencionada. En este caso asistimos a las desventuras de Carlos, un hombre de mediana edad casado y con un hijo adolescente, que teme prácticamente a todo lo que le rodea, o mejor dicho, que es plenamente consciente de todos los peligros que en la sociedad actual pueden acechar al ser humano. Esta "obsesión" no le impide desarrollar una vida más o menos normal, con ciertas manías destinadas a garantizar una mayor seguridad tanto de él como de los suyos, hasta que un suceso acaecido a su hijo convierte su ¿plácida? existencia en una especie de pesadilla. Un chico comienza a acosar a su retoño, maltratándole física y psicológicamente, y el descubrimiento de este hecho desvelará a Carlos la fragilidad en la que se mueven, lo peligroso que puede ser el mero hecho de ir a la escuela. Sin embargo lo peor va a ser el descubrimiento de su propia cobardía, de su falta de agallas para enfrentarse a un niño (él lo llama así en todo momento), que pronto comenzará a acosarle a él también, hasta el punto de hacerle la vida imposible.

Los capítulos que narran la historia de Carlos y su familia se alternan con otros dedicados a enumerar todos los posibles peligros y fuentes de miedo que podemos encontrar a nuestro alrededor. Esta ha sido para mí la parte más interesante. Rosa ha reunido en un solo libro todas las fobias, temores y oscuridades que pueden acecharnos en algún momento de nuestras vidas. De hecho es prácticamente imposible no reconocernos en alguno de ellos. Se supone que es el propio Carlos el que repasa para nosotros el siniestro listado en su cabeza, lo que sin duda volvería loco a cualquiera que en la vida real se encontrara en ese caso. Allí se citan miedos tan habituales como el miedo a la oscuridad, a ser heridos, a sufrir dolor, a ser atacados, secuestrados, torturados, o asesinados; el miedo a la enfermedad y sus consecuencias; a perder un hijo; y a otro tipo de macabros sucesos que desgraciadamente ocurren casi todos los días. Pero también aparecen temores menos habituales como el miedo a la guerra y a la violencia que esta conlleva; el rechazo a lo desconocido que se tiñe de xenofobia en muchas ocasiones (la consabida frase de "yo no soy racista pero..."), los estereotipos de terror inculcados por el cine desde pequeños, el riesgo de viajar a países considerados peligrosos, etc. Os dejo una de sus reflexiones que me ha parecido especialmente interesante:

"Aprendemos a tener miedo. Existe toda una pedagogía que desde el nacimiento nos enseña a qué debemos temer. Hay miedos heredados, claro, inscritos en la evolución genética tras milenios de evolución (...) Hay temores que parecen innatos, por ejemplo la oscuridad, un ruido fuerte, una luz cegadora, un rostro furioso que provoca el llanto de un bebé. Hay otros de transmisión cultural, asimilados, como memes que todos compartimos, que a todos inquietan por igual: ser encerrados, nadar en aguas profundas, ciertos animales de mala reputación, algunos insectos y reptiles, y muchos de los lugares del miedo en la ciudad y en el campo (...) Pero la mayor parte de nuestros miedos, aquellos que nos acompañarán de por vida, son resultado de un proceso educativo, los aprendemos (...) Tales enseñanzas, que en la infancia tienen un sentido instructivo a modo de lección a seguir, perviven en la edad adulta, adaptadas. La desconfianza ante los desconocidos, el miedo al extraño, al mundo exterior como una amenaza, no desaparece jamás, y las calles oscuras nos devuelven siempre a aquel bosque con lobo, de la misma forma que el último pederasta, el secuestrador de niños, es la enésima reencarnación del ogro que recorre las aldeas raptando chiquillos para luego devorarlos en su cueva; y a su vez el enfermo que se hace pasar por jovencita en un foro de Internet para concertar una cita con su próxima víctima es aquel lobo que engañaba a los inocentes cabritillos haciéndose pasar por su madre."

El final sí me ha gustado, aunque pueda tacharse de pesimista, pero me parece un buen cierre para la historia. No obstante creo que el peso de la novela recae en los capítulos dedicados a reflexionar sobre los motivos del miedo más que en la historia en sí, que quizás es demasiado simple. De todas formas hay que admitir que siempre es un placer leer a Rosa, que se está haciendo con un hueco en el panorama narrativo español, gracias a un estilo cada vez más propio y personal. No es una obra maestra, pero sí un ejercicio curioso de narrativa y una reflexión profunda sobre el origen de nuestros miedos y las posibles consecuencias de no enfrentarnos a ellos. Desde ese punto de vista sí que os lo recomiendo.

Más reseñas de obras de Isaac Rosa:
- ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!