Tokio Blues es el tercer libro que leo de uno de mis autores fetiche, Murakami. Y aunque me sabe mal decirlo, es el que menos me ha gustado hasta ahora. No tiene la magia de Kafka en la orilla, ni de Al sur de la frontera, al Oeste del sol. Es mucho más oscuro, más angustioso, porque los personajes están perdidos y no consiguen encontrar su camino ni dejar atrás los fantasmas que les atormentan. No obstante, a pesar de lo dicho anteriormente, consigue atrapar al lector en esa atmósfera tan típica que sólo Murakami es capaz de tejer. Hay párrafos que hipnotizan nuestros sentidos, como si entráramos en una habitación japonesa, nos sentáramos relajadamente en el tatami, y nos pusiéramos a meditar. El autor nos transporta a un paisaje urbano, el de la ciudad de Tokio, en el que sin embargo no hay sitio para el estrés ni las prisas. La vida fluye y los personajes nadan en ella, en un ambiente de tranquilidad que nos envuelve página tras página.La historia es narrada como un largo flashback. Watanabe, de treinta y siete años, aterriza en un aeropuerto alemán y antes de bajar del avión escucha por los altavoces Norwegian Wood, una canción de los Beatles que le hace evocar su época de estudiante en los años sesenta. La cadena de recuerdos comienza con un paseo hipnótico por un prado con la bella Naoko, la novia de su mejor amigo, Kizuki, que se convierte en el primer amor importante en la vida de Watanabe. Este tendrá que enfrentarse a un duro golpe, que le hará entrar de forma súbita en la edad adulta, cuando Kizuki decide quitarse la vida con sólo 17 años. Este hecho marcará un antes y un después en la vida de Watanabe, un joven melancólico y solitario que arrastrará siempre el recuerdo de lo acontecido a Kizuki:
"Hasta entonces había concebido la muerte como una existencia independiente, separada por completo de la vida. 'Algún día la muerte nos tomará de la mano. Pero hasta el día en que nos atrape nos veremos libres de ella.' Yo pensaba así. Me parecía un razonamiento lógico. La vida está en esta orilla; la muerte en la otra. Nosotros estamos aquí, y no allí. A partir de la noche en que murió Kizuki, fui incapaz de concebir la muerte (y la vida) de una manera tan simple. La muerte no se contrapone a la vida. La muerte había estado implícita en mi ser desde un principio. Y este era un hecho que, por más que lo intenté, no pude olvidar. Aquella noche de mayo, cuando la muerte se llevó a Kizuki a sus diecisiete años, se llevó una parte de mí."
Por su parte la frágil Naoko, un personaje entrañable por la tristeza que arrastra y la dulzura con la que Murakami la retrata, está aún más perdida que Watanabe, y su delicada salud psíquica la hace extremadamente vulnerable. Watanabe, enamorado de ella, luchará por protegerla y sacarla del pozo en el que parece haberse sumergido. La relación entre ambos es, a mi juicio, la parte más hermosa de la novela.
El retrato que Murakami hace de los jóvenes tiene poco que ver con la imagen que la literatura nos suele dar de ellos. Watanabe se comporta casi como un adulto en muchos aspectos, aunque en ocasiones parece perdido; se mueve sin rumbo, sin saber a dónde le llevarán sus pasos. El sexo tiene una presencia bastante importante a lo largo de la novela, y sirve a Murakami para contraponer el comportamiento de Watanabe, que no renuncia a las relaciones fugaces pero no encuentra en ellas el consuelo que necesita, y el de su amigo Nawasaga, un joven promiscuo que vive el sexo como una verdadera filosofía de vida, sintiéndolo como algo necesario para mantener vivo su abultado ego. Por otro lado el sufrimiento aparece como uno de los aprendizajes forzosos al que todos tenemos que enfrentarnos alguna vez en la vida. La importancia del dolor como obstáculo que hay que salvar para seguir adelante aparece de forma muy evidente en reflexiones como ésta: "El conocimiento de la verdad no alivia la tristeza que sentimos al perder a un ser querido. Ni la verdad, ni la sinceridad, ni la fuerza, ni el cariño son capaces de curar esa tristeza. Lo único que puede hacerse es atravesar ese dolor esperando aprender algo de él, aunque todo lo que uno haya aprendido no le sirva para nada la próxima vez que la tristeza lo visite de improviso."
Es curioso que esta novela se publicó en España en el año 2005, después de que Murakami fuese ya un escritor consagrado y tras la publicación de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Sputnik, mi amor, y Al sur de la frontera, al oeste del sol. Sin embargo en realidad fue la primera de éstas que escribió, en 1987, y precisamente fue el éxito arrollador de esta novela el que hizo que el escritor se marchara de su país, primero a Europa y después a Estados Unidos, donde reside actualmente.
De nuevo son abundantes en la novela las referencias a una gran variedad de canciones de los años 60, tanto de jazz como de la cultura pop. De hecho, una de ellas, Norwegian Wood (madera noruega), es la que completa el título de la novela y, como he mencionado más arriba, la que da pie al río de recuerdos del joven Watanabe. Os dejo aquí un vídeo de Youtube donde podéis escucharla y leer la letra. ¿Qué mejor forma de terminar una reseña de Murakami?
Más reseñas de obras de Haruki Murakami:
- Al sur de la frontera, al oeste del sol
- Kafka en la orilla

