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sábado, enero 10, 2009

Escapada navideña a Burgos

Entre los cientos de lugares que aún me quedan por descubrir (muchos de ellos en España) se encontraba hasta hace unos días la maravillosa ciudad de Burgos. Hemos pasado allí los primeros días de enero, aprovechando también para hacer una rápida visita a Madrid, repleta siempre en estas fechas, donde pude disfrutar de la exposición sobre Rembrandt organizada por el Museo del Prado. Siguiendo la recomendación de Carmen Álvarez en su blog, me acerqué además a la Fundación Mapfre para admirar una menos conocida pero igualmente interesante muestra sobre Degas, maravilloso pintor y escultor de bailarinas, y otra exposición sobre los pintores españoles del siglo XIX situada en el mismo edificio, con un repertorio impresionante de obras entre las cuales destacan las luces mediterráneas y los niños de Sorolla.

Al llegar a Burgos, nos sorprendió gratamente la amabilidad de todas las personas que nos íbamos encontrando. Es una ciudad acogedora, una pequeña joya para pasearla y perderse por sus calles, presidida por una majestuosa catedral que se ve casi desde cualquier punto de la ciudad. El edificio ha sido restaurado hace poco, y es una de las catedrales góticas más hermosas que puedan contemplarse. En ella trabajaron maestros de la talla de Gil y Diego de Siloé, junto a la familia Colonia. El interior es soberbio, destacando sus bóvedas caladas, y especialmente la famosa Capilla del Condestable, llena de brocados y filigranas en piedra que dejan al visitante maravillado ante tal delicadeza a la hora de esculpir este material.


Recorrer el centro a pie, pararse a tomar tapas en los muchos bares que jalonan las calles de la ciudad y dar un paseo (si no hace demasiado frío, como afortunadamente nos ocurrió a nosotros) por la ribera del río Arlanzón, son toda una experiencia que nadie que se acerque a Burgos debe perderse. La cultura de tapeo es de una calidad altísima y muy variada. Delicias como el crujiente de morcilla, los mejillones tigre, o el langostino hilado, entre muchas otras, son sólo algunos ejemplos de la cantidad de tapas que el visitante puede disfrutar. El riesgo es querer probarlas todos cuando uno entra a un bar y las ve dispuestas en la barra de forma tan llamativa. Si a eso le sumamos unos camareros más que serviciales, comprenderéis por qué comer en Burgos puede ser todo un placer para nuestros sentidos. A nosotros nos vino muy bien tener en nuestras manos la guía Tapeando por Burgos, que nos facilitaron en el hotel y que podéis conseguir directamente pinchando aquí.

Y por supuesto es imprescindible una visita al Monasterio de las Huelgas y a la Cartuja de Miraflores. Esta última es una joya del gótico flamígero en la que trabajó el ya mencionado Gil de Siloé. El retablo y los sepulcros de Juan II e Isabel de Portugal (padres de la reina Isabel la Católica) y del infante Alfonso atraparán vuestra atención por su delicadeza y su maestría. Es increíble la ductilidad que parece adquirir la piedra en manos de un gran escultor como lo fue Siloé.

Por cierto, si el día está claro es obligado subir a la zona del castillo, desde donde se disfruta de unas vistas impresionantes de toda la ciudad. Si aún no la conocéis, no dejéis de descubrir un lugar repleto de rincones mágicos y con un encanto tan especial. Es una ciudad única.

domingo, agosto 31, 2008

Tulipanes y chocolate

Anna Frank, Rembrandt, Van Gogh, Rubens... Vengo cargada de recuerdos, de momentos robados a la historia y de visiones de arte maravillosas. Y cómo no, de sabores y olores inolvidables. Holanda y Bélgica tienen eso y mucho más.

¿Qué deciros de Amsterdam? Supongo que muchos de vosotros ya habréis paseado por sus canales, viendo las curiosas casas flotantes que jalonan toda la ciudad. También habréis podido disfrutar de las obras de Vermeer y Rembrandt en el Rijksmuseum (la hipnótica Ronda de noche invita a contemplarla durante horas), y sin duda os habréis dejado arrastrar por el colorido y la pincelada vigorosa del genio de Van Gogh en el impresionante museo dedicado a su obra. Seguro que habéis contenido el aliento ante el claustrofóbico encierro de Anna Frank y su familia. Y algunos ya conoceréis esos curiosos locales llamados coffee shops donde es habitual tomar algo más que un café. Amsterdam está llena de vida, de turistas y de holandeses que disfrutan las calles y todo lo que la ciudad ofrece. Es un lugar único, especial.

Tuvimos la oportunidad de hacer una escapada a las afueras, pasando por pueblos tan increíbles como Edam, Volendam o Marken. Lugares de postal, detenidos en el tiempo, donde las prisas y el ajetreo cotidiano parecen no tener cabida. Hasta la gente que paseaba en bicicleta iba sonriendo, como si las preocupaciones se desdibujasen entre los jardines y el agua de los canales.

La siguiente escala fue Gante, en Bélgica. Nos quedamos allí tres noches, en un B&B encantador que recomiendo encarecidamente a los que alguna vez paséis por allí (Logidenri). Aunque el tiempo no acompañaba, la ciudad lucía igualmente hermosa. Puentes, fachadas antiguas y más canales se desplegaban por sus calles. Ya olía a gofres y a chocolate, pues no en vano Bélgica es un sueño para los amantes de estos delicatessen.

Desde allí nos fuimos a visitar Amberes (con una plaza preciosa, pero sin demasiado que ver en general) y la encantadora Brujas, donde un paseo en barco nos mostró unos rincones de ensueño y donde es una delicia perderse por sus calles sin rumbo fijo para disfrutar de su tranquilidad. Su plaza central o Grote Markt es una mezcla de colores y edificios que son capaces de embrujar al turista más experimentado.

Y el punto final fue Bruselas, la capital de Europa. Dos ciudades en una, pues poco tienen que ver la ciudad baja y la alta que se reparten el suelo de este enclave urbano. Su ayuntamiento es uno de los edificios góticos más bellos que he visto nunca. Las fachadas decoradas con imágenes de comics, los pubs donde se pueden beber las más de 400 variedades de cerveza que poseen los belgas (nosotros probamos unas cuantas, pero no llegamos ni a la décima parte, me temo), y una vida nocturna increíble en las calles del centro, la convierten en un sitio ideal para pasar un par de días entretenidos e interesantes, si además se visita la parte donde se encuentran los edificios de la UE.

En definitiva, un viaje estupendo en el que lo único que no nos ha acompañado demasiado ha sido el tiempo. Pero ¿qué mas da un poco de lluvia cuando uno tiene en las manos un gofre con chocolate fundido para llevarse a la boca mientras disfruta de estos maravillosos lugares?

lunes, agosto 18, 2008

Un descanso

Como viene siendo habitual al final del verano, dejo el blog durante un par de semanas para hacer un viajecito y tomarme un pequeño descanso. Esta vez me marcho a Holanda y Bélgica, a recorrer varias ciudades que siempre he deseado conocer: Amsterdam, Gante, Brujas, Amberes y Bruselas. Cuando vuelva, espero compartir con todos vosotros algunas impresiones del viaje, la reseña de un libro impresionante, Vida y destino de Vasili Grossman, que casi he terminado, y por supuesto la celebración del segundo aniversario de Perdida entre libros, que nació allá por septiembre del 2006 y que -quién lo iba a decir- aún perdura dos años después, con ilusión renovada y ganas de seguir al menos un añito más. Mientras tanto, os dejo algunas fotos de un rincón bellísimo que tenemos muy cerquita de España: el cabo de San Vicente en Portugal, donde estuve hace unos días y tuve ocasión de admirar estas espectaculares vistas. Nos vemos en septiembre.

domingo, julio 20, 2008

Aventura en solitario

Tras dos semanas de ausencia, el viernes regresé de Cheltenham, una ciudad situada al noroeste de Londres, muy cercana a la frontera con Gales, donde he tenido la oportunidad de pasar doce días estupendos haciendo un curso muy interesante sobre didáctica de las Ciencias Sociales en inglés, uno de los últimos proyectos de mi instituto. Lo peor, como suele ser habitual en Gran Bretaña, el tiempo. Poco sol, muchas nubes y bastante fresquito. Crazy weather.

Cheltenham es una ciudad perteneciente al condado de Gloucestershire, con una población que ronda los 110.000 habitantes. Es muy conocida por sus aguas termales y por su arquitectura victoriana, lo que la ha convertido en uno de los destinos preferidos de vacaciones de los británicos de clase social media-alta.


Desde allí pude visitar otras ciudades interesantes. Una de ellas es Bath, una antigua ciudad balneario que ha sido utilizada como tal desde época romana, pues tiene manantiales donde el agua brota a temperatura superior a los 30 grados. Bath es también muy conocida por el famoso Royal Crescent de Wood, uno de los hitos arquitectónicos del barroco inglés. Preciosa es además su abadía, de la que sólo se conserva la iglesia, con bellas bóvedas de abanico que deslumbran al visitante que entra en su interior.

Increíble fue también la visita a Tewkesbury, un pueblo con aire medieval que celebra todos los años una recreación de la batalla del mismo nombre, que fue el enfrentamiento decisivo de la Guerra de las Dos Rosas entre los Lancaster y los York. La arquitectura de la época ha sido cuidadosamente preservada, y además del citado espectáculo tuvimos oportunidad de asistir a un concierto precioso en el interior de la abadía, un lugar para dejar volar la imaginación.

Y entre otras muchas cosas, incluso tuve tiempo para acercarme a la catedral de Gloucester, uno de los mejores ejemplos de la arquitectura gótica inglesa.

De esta aventura me traigo un cúmulo de cosas muy diferentes: el intercambio de ideas y experiencias con profesores de otros países, que me ha abierto la mente y espero sea el principio de una relación de colaboración fructífera en el futuro; la convivencia con una familia inglesa y con una compañera-amiga alemana, Angela, que se ha convertido en alguien muy especial; risas y buenos momentos en las largas horas del curso y las correspondientes visitas, sobre todo con los profes españoles, con los que el entendimiento ha sido total. Ha sido pues, uno de esos viajes sorpresa, que una no sabe cómo pueden salir, pues se lanza a ellos sin conocer a nadie, un poco a la aventura, pero que al final resultan ser experiencias personales muy enriquecedoras. Hacía muchos años que no viajaba sola y, como me ha sucedido otras veces, es una de las mejores maneras de abrirte a los demás y hacer tu mente más receptiva a todo lo nuevo. Vuelvo conociéndome un poquito mejor (o eso creo).

Tengo pendientes varios libros por reseñar que he leído en estas últimas semanas (bendito verano que me brinda de nuevo horas para perderme entre los libros): Persépolis de Marjane Satrapi, El mundo de Millás, y Saber perder de David Trueba. En los próximos días iré tejiendo mis impresiones sobre los mismos en este rincón.

viernes, mayo 16, 2008

Escapada a Berlín

Nunca había estado en Alemania. Es mi primera visita a ese país, y he comenzado por la capital, Berlín, una de las ciudades más increíbles que he visitado y un enclave histórico de gran importancia. El viaje ha sido estupendo. La compañía era encantadora (Inma, Juan y Lourdes, gracias por hacer este viaje tan especial), el tiempo nos ha acompañado con un sol y unas temperaturas inusuales por esas latitudes, y el apartamento en el que nos quedábamos en el barrio de Kreuzberg era más que acogedor y bastante barato. Y si a todo eso le sumamos una ciudad con muchísimo ambiente, con tiendas originales y variadas, con museos para elegir, y con precios muy asequibles, tendremos un cóctel de sensaciones que difícilmente podré olvidar algún día.

Berlín conserva increíbles vestigios del pasado. Los edificios barrocos y neoclásicos abundan en sus calles. Quizás uno de los más espectaculares sea, aparte de la famosa Puerta de Brandenburgo, la catedral, con unas vistas desde la cúpula que es conveniente no perderse. Aunque hay que esperar una larga cola, el Reichstag cuenta también con una impresionante cúpula, en este caso de cristal, de Norman Foster, que es toda una experiencia subir mientras se contempla a través del vidrio el panorama berlinés. Por supuesto, los museos son visita obligada, aunque son demasiados para unos días y muy caros en comparación con todo lo demás. Hay pues que seleccionar. El Museo de Pérgamo esconde joyas como el Altar de Zeus y la Puerta de Ishtar. Y el Altes Museum alberga de forma temporal las colecciones de arte egipcio, entre cuyas piezas destaca el bellísimo busto de Nefertiti.

El viajero debe también pasar cerca de los restos que aún se conservan del terrible muro de Berlín, un vestigio de una Alemania dividida cuyos efectos aún se observan en el paisaje berlinés, con zonas enteras que están siendo reconstruidas y edificios de la era comunista junto a ejemplos modernos de cuasi rascacielos de cristal. Es una ciudad de contrastes, donde es imposible aburrirse y donde los precios invitan a sentarse varias veces al día a tomar un café, un helado o disfrutar de una buena comida, sin olvidar por supuesto las famosas wurst o salchichas.


Como nos lo habían recomendado, y a pesar de que nuestra estancia era más o menos corta, decidimos escaparnos un día a Potsdam, donde el parque de Sanssouci alberga un conjunto palaciego de los más grandes de Europa. Pasear por el parque y por las callejuelas de la ciudad, repletas de tiendas encantadoras, es un verdadero placer para todos los sentidos.

Y como siempre, os dejo unas cuantas fotillos, no sin antes animaros a visitar una ciudad que, afortunadamente, aún no ha sido tomada por las hordas de turistas (aunque yo misma sea una de ellas, qué le vamos a hacer) y cuyo encanto trasciende mucho más allá de lo que pueda observarse en cualquier fotografía. Eso sí, para quién no sepa alemán, los nombres de las calles a la hora de orientarse son una auténtica pesadilla. Por lo demás, la ciudad se merece un diez. Repetiremos.