Bueno, otra vez han pasado semanas sin dejarme caer por aquí. Ha sido imposible dedicarle un rato al blog, entre exámenes, cuadernos, un curso que tenía que terminar, y evaluaciones todas las tardes. Las últimas semanas antes de las vacaciones de Navidad son tremendas. El tiempo vuela y las tareas se acumulan. Al final llega la recompensa, el descanso, la recuperación del tiempo libre -si bien en estas fechas la acumulación de reuniones sociales absorben también gran parte de nuestro tiempo-. Tener ratitos para leer, acurrucada en el sofa con un libro en una mano y un café caliente en la otra. Algo tópico, de acuerdo, pero no me negaréis que es uno de los mayores placeres a los que podemos entregarnos en estos días invernales.
Los que frecuentáis este espacio ya sabéis que no soy una adicta a las Navidades. De hecho estas fechas me vuelven un poco melancólica. Pienso en otro año que se acaba (aunque me rijo más por el año escolar, el que comienza en septiembre y termina en junio), y que aún me quedan muchos proyectos por delante, y que si no me apresuro quizás no llegaré a tiempo de hacer todo lo que he soñado hacer en mi vida. Pienso en el frío, en la cantidad de personas que en estos días están solos, en los animales abandonados y en los recogidos en residencias que esperan alguien que les adopte y les lleve a un lugar más confortable. Sé que son fiestas para disfrutar y pasarlo bien, para hacer y recibir regalos, para pasar buenos ratos con la familia y amigos. Y aunque lo intento, no puedo evitar pensar en esas otras cosas que siempre han empañado mi visión de la Navidad. ¿Qué ocurre con todos los que quedan fuera del sistema? ¿Los que no hacen ni reciben regalos? ¿Los que no pueden comprar nada? ¿Los que pasan frío mientras nosotros andamos calentitos entre celebración y celebración?
Sin ánimo de amargar las Navidades a nadie, creo que todos deberíamos pararnos a pensar un poco en ello. Intentar no sucumbir a las comilonas interminables, a la acumulación de regalos innecesarios, al derroche en un mundo que se nos queda pequeño y que en muchos aspectos estamos dejando medio moribundo. Son fechas para divertirse, es cierto, pero también para ser conscientes de todo aquello que no funciona y que deberíamos intentar mejorar. Y hacer lo que podamos para conseguirlo. Por esta razón quiero recomendaros que veais un vídeo que un compañero me mostró hace poco y que puede ayudarnos a abrir los ojos ante la avalancha consumista que nos engulle en estos días. Está dividido en tres partes porque es un poco largo, pero merece la pena dedicarle un rato y pararse a pensar después.
Podemos seguir como hasta ahora y cerrar los ojos ante todas las desgracias, todo lo feo que nos rodea.O podemos aportar pequeños granitos de arena, pequeños cambios en nuestra manera de actuar y de ser que vayan construyendo poco a poco una montaña, en la que quepamos más personas y donde todo esté más repartido. Hay sitio para muchos más en la cima, que es más grande de lo que pensamos. Puede parecer una utopía, pero no por ello debemos dejar de intentarlo.
Felices Fiestas a todos.

Los que frecuentáis este espacio ya sabéis que no soy una adicta a las Navidades. De hecho estas fechas me vuelven un poco melancólica. Pienso en otro año que se acaba (aunque me rijo más por el año escolar, el que comienza en septiembre y termina en junio), y que aún me quedan muchos proyectos por delante, y que si no me apresuro quizás no llegaré a tiempo de hacer todo lo que he soñado hacer en mi vida. Pienso en el frío, en la cantidad de personas que en estos días están solos, en los animales abandonados y en los recogidos en residencias que esperan alguien que les adopte y les lleve a un lugar más confortable. Sé que son fiestas para disfrutar y pasarlo bien, para hacer y recibir regalos, para pasar buenos ratos con la familia y amigos. Y aunque lo intento, no puedo evitar pensar en esas otras cosas que siempre han empañado mi visión de la Navidad. ¿Qué ocurre con todos los que quedan fuera del sistema? ¿Los que no hacen ni reciben regalos? ¿Los que no pueden comprar nada? ¿Los que pasan frío mientras nosotros andamos calentitos entre celebración y celebración?
Sin ánimo de amargar las Navidades a nadie, creo que todos deberíamos pararnos a pensar un poco en ello. Intentar no sucumbir a las comilonas interminables, a la acumulación de regalos innecesarios, al derroche en un mundo que se nos queda pequeño y que en muchos aspectos estamos dejando medio moribundo. Son fechas para divertirse, es cierto, pero también para ser conscientes de todo aquello que no funciona y que deberíamos intentar mejorar. Y hacer lo que podamos para conseguirlo. Por esta razón quiero recomendaros que veais un vídeo que un compañero me mostró hace poco y que puede ayudarnos a abrir los ojos ante la avalancha consumista que nos engulle en estos días. Está dividido en tres partes porque es un poco largo, pero merece la pena dedicarle un rato y pararse a pensar después.
Podemos seguir como hasta ahora y cerrar los ojos ante todas las desgracias, todo lo feo que nos rodea.O podemos aportar pequeños granitos de arena, pequeños cambios en nuestra manera de actuar y de ser que vayan construyendo poco a poco una montaña, en la que quepamos más personas y donde todo esté más repartido. Hay sitio para muchos más en la cima, que es más grande de lo que pensamos. Puede parecer una utopía, pero no por ello debemos dejar de intentarlo.
Felices Fiestas a todos.























