Nunca había ido a ver un espectáculo del Circo del Sol. Este año, en cuanto vi que venían a Sevilla por ¿tercera? vez no lo dudé y compré rápidamente las entradas. Llevaba mucho tiempo queriendo ver a unos artistas que todo el mundo describía como increíbles. Hace un par de semanas llegó el momento, y al fin pude entender por qué esta multitudinaria compañía ha conseguido encandilar a millones de espectadores de todo el mundo. Lo que ofrece el Circo del Sol no es un espectáculo de danza ni de acrobacias. Es mucho más. Son dos horas mágicas en que el tiempo parece detenerse y sólo hay sitio para la música, el arco iris del vestuario, las luces, los vuelos increíbles sobre el escenario, y las acrobacias imposibles de auténticos gimnastas forzándose hasta el límite de su capacidad. Ciertamente es algo singular, digno de verse, pues creo no haber contemplado nada parecido en toda mi vida. Cuando la función terminó, tras una lluvia de aplausos y vítores que parecía no tener fin, aún me sentía transportada por lo que había visto.Aquí os dejo uno de los momentos más emocionantes, el vuelo de Ícaro, que me dejó sin respiración nada más comenzar el espectáculo. Claro que no es lo mismo verlo en directo, pero creo que la belleza de este número no necesita palabras. Espero que lo disfrutéis, tanto los que ya lo hayáis visto como los que no. Yo no pienso perderme en adelante ni uno solo de sus espectáculos. Me han seducido.