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sábado, septiembre 06, 2008

VASILI GROSSMAN: Vida y destino

Vida y destino no es un libro fácil de leer. Ya lo intuía antes de abrirlo por la primera página. Y esta dificultad radica no sólo en su extensión (1113 páginas), sino en la cantidad de personajes que aparecen en él -tantos que se ha incluido al final del libro un anexo para aclarar quién es quién-, el cambio constante en la novela de un escenario a otro, y la dureza de los acontecimientos que Grossman nos narra. No obstante, ello no es óbice para destacar a esta novela como una verdadera obra maestra, uno de esos libros con pasajes que se agarran por dentro y no te dejan en mucho tiempo. Un libro emocionante e imprescindible para conocer el impacto brutal que el estalinismo y la Segunda Guerra Mundial tuvieron en Rusia.

Grossman vertió mucho de su propia biografía en la novela, y fue testigo de la mayor parte de los acontecimientos que en ella se narran. Así ocurre por ejemplo en la batalla de Stalingrado, uno de los sucesos claves de la guerra, donde el propio autor trabajó como corresponsal del periódico Estrella Roja. Él mismo sufrió la represión estalinista en lo que se refiere a la publicación de su obra pues, aunque la finalizó en 1960, en plena era Kruschev, por lo que pensó que su salida a la luz sería relativamente fácil, se equivocó. De hecho Grossman murió en 1964 creyendo que su novela jamás sería publicada, pues todas las copias menos una fueron destruidas en vida del autor. Esa única copia que sobrevivió sería finalmente editada en francés en 1980.

La mayor parte de los personajes están relacionados entre sí por lazos familiares o de amistad. Sin embargo, en el momento en que transcurre la acción se encuentran diseminados por toda la geografía rusa, debido a los designios del destino impuestos por las purgas estalinistas y por la misma guerra. De este modo los escenarios más diversos se alternan en el relato, desde los campos de concentración alemanes hasta el Stalingrado sitiado de la guerra o la dureza de la estepa calmuca. Gracias al anexo mencionado más arriba, el lector puede recordar la filiación de cada uno de los personajes, pues es fácil olvidarlo cuando se produce alguno de esos cambios de escenario. Por otro lado, Grossman añade una dificultad extra al utilizar distintas denominaciones para algunos personajes, lo que desconcierta al lector exigiéndole sin duda un esfuerzo de atención suplementario. Entre todo este maremágnum de identidades, algunos de esos personajes cobran una intensidad especial. Esto ocurre con el físico Shtrum, cuyas vivencias personales se entretejen con las del autor, y que tiene que sufrir en sus propias carnes el dilema moral de denunciar una injusticia arriesgando su trabajo, o callar y ser fiel a las directrices del régimen para no sufrir represalias. O con el comisario Krímov, que acaba siendo víctima del totalitarismo de un sistema que él ha defendido con entereza.

Pero si uno se arma de paciencia y está dispuesto a realizar dicho esfuerzo, Vida y destino es una obra mayúscula. Hay momentos en ella de una intensidad arrolladora, tanto que secuestran al lector, por muy dramática que sea la situación narrada. Ello ocurre con la carta que la madre de Shtrum envía a su hijo desde el campo de concentración donde está presa, o con la descripción de la muerte de un grupo de judíos en una cámara de gas. Es en estos momentos cuando la prosa de Grossman alcanza una belleza y una altura que se han conseguido en muy contadas obras de la literatura universal. Además son habituales las reflexiones de orden moral en toda la novela, reflexiones que nos hablan de un autor enamorado de su país, defensor del comunismo pero despojado de los excesos del totalitarismo en que se acabó convirtiendo, acérrimo enemigo de la violencia y con una fe absoluta en la bondad que esconde el ser humano y que es susceptible de salir a la luz incluso en la más adversa de las situaciones. Es lo que se desprende de palabras como éstas:

"El fascismo y el hombre no pueden coexistir. Cuando el fascismo vence, el hombre deja de existir, quedan sólo criaturas antropoides que han sufrido una transformación interna. Pero cuando es el hombre, el hombre dotado de libertad, razón y bondad, el que vence, es el fascismo el que muere y aquellos que se habían sometido a él vuelven a ser hombres."

"Todos los hombres son culpables ante una madre que ha perdido a un hijo en la guerra; y a lo largo de la historia de la humanidad todos los esfuerzos que han hecho los hombres para justificarlo han sido en vano."

"Cuanto más se abren ante mí las tinieblas del fascismo, más claro veo que lo humano es indestructible y que continúa viviendo en el hombre, incluso al borde de la fosa sangrienta, incluso en la puerta de las cámaras de gas."

"Era imposible imaginar que aquellos cadáveres, con la boca y los ojos hundidos, hubieran sido hasta hace poco seres vivos con nombres y direcciones, hombres que decían: "Bésame amor mío, querida, y sobre todo no me olvides", que soñaban con una jarra de cerveza, que fumaban cigarrillos"

A pesar de sus dificultades, estamos ante una de esas obras que se publican muy de cuando en cuando y que merecen una especial atención. Merece la pena adentrarse en esta epopeya rusa, sortear sus complejidades y realizar un sobreesfuerzo cuando sea necesario. La recompensa es muy gratificante, tanto desde el punto de vista literario como humano. Es el legado de un hombre y de una forma de pensar -la creencia en la libertad y la dignidad del ser humano por encima de todo- que ha sido el motor del cambio en la historia y debería seguir siéndolo en el futuro. Y eso no conviene olvidarlo jamás.

He tomado los datos de la biografía de Grossman de una estupenda reseña que no puedo dejar de recomendar aquí, que profundiza mucho más que esta servidora en el análisis de la novela: El lector a la sombra: Vida y destino de Vasili Grossman