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viernes, noviembre 09, 2007

BANANA YOSHIMOTO: Sueño profundo

Me estoy aficionando a la literatura japonesa. Me gusta la forma de escribir de estos autores, pausada, sin prisas, con esa cadencia rítmica que los distingue frente a otros escritores. Es como si no les importara tardar más o menos tiempo en terminar el libro, o al menos esa es la impresión que nos queda al leerlos. Como si lo importante fuese el acto de escribir en sí, el ejercicio de la creación literaria, y esa serenidad impregna al lector hasta relajarle. Me ocurrió con Murakami, volví a sentirlo con Mishima, y me ha acontecido de nuevo con esta autora admiradora de las flores del banano. Leer estas novelas es a la vez un ejercicio de contemplación y de introspección a lo más profundo de uno mismo.

El tema que subyace en este libro es la muerte, referida a alguien cercano, alguien a quien queremos, que nos deja con esa inconsolable sensación de pérdida tan difícil de superar. El volumen está compuesto a su vez por tres relatos. En Sueño profundo, Terako cae en un estado de semi-somnolencia creciente tras la muerte de su mejor amiga, con la que la unía una relación más que especial. En La noche y los viajeros de la noche, Shibami recuerda a su hermano muerto, y nos hace partícipes de la obsesión de su prima Marie por el fallecido, alguien que se ha convertido en un fantasma, un recuerdo perenne en las mentes de quienes le quisieron, pero que ha dejado además su huella en un hijo desconocido por ambas mujeres. Finalmente, en Una experiencia, la autora introduce ese ambiente onírico que caracteriza en gran parte a esta literatura. Fumi-chan, una adolescente con inclinación al alcoholismo, escucha cada noche antes de dormirse una dulce melodía que la llena de felicidad, pero que sólo parece existir dentro de su cabeza. Para descifrar el origen de esta música extraña, Fumi-chan tendrá que indagar en su pasado, recordando la extraña rivalidad que mantuvo con otra mujer que estaba enamorada del mismo hombre que ella.

El estilo de Yoshimoto es sencillo en extremo. Nada de adjetivos innecesarios, pocas descripciones. En cambio, abundan los diálogos y la narración de los estados de ánimo interiores, en especial los relacionados con la melancolía. Aunque en su país de origen se le ha comparado con Murakami, no tienen mucho que ver, excepto en que ambos siguen esa línea de lirismo oriental tan presente en las letras japonesas actuales. Personalmente, creo que Murakami está muy por encima.

El tema de la muerte es tratado con una delicadeza exquisita. Los personajes de Yoshimoto se mueven entre la vigilia y el sueño, recordando personas que desaparecieron, palabras que volaron, momentos que quedaron muy atrás. Hasta que, de repente, un detalle o un acontecimiento determinado les despierta, sacándoles del letargo y devolviéndoles a la Vida, la de verdad, la que se disfruta y nos hace felices. Mientras que ese momento llega, están vivos, pero no viven. La pérdida les convierte en sonámbulos, y hace variar su percepción del tiempo. Este sigue pasando, pero su reloj se detiene o se ralentiza, nada importa excepto el propio dolor. El vacío lo devora todo, como un enorme agujero negro. Pero un día todo cambia, comienzan a respirar otra vez, a sentir el viento en la cara, a disfrutar de un sabor dulce, y el reloj vuelve a funcionar. Nos estamos recuperando.

Sueño profundo contiene, ante todo, un mensaje esperanzador. El dolor acaba mitigándose y nos deja vivir otra vez, el tiempo lo desdibuja. Podemos seguir adelante, continuar nuestras vidas más o menos donde las dejamos. Nuestro instinto de supervivencia se despierta, y nos levantamos de nuevo. Y ese es, sin duda, el mejor de los consuelos posibles cuando nos toca enfrentarnos a una situación así.