Para los devoradores de historias, y para los amantes de las palabras... Sed bienvenidos.
martes, agosto 07, 2007
De vuelta, con sorpresa incluida
jueves, julio 26, 2007
Perdida entre montañas
Perderse entre montañas, lejos de todo. Caminar y dejarse arrastrar por los sonidos y los paisajes. Devorar con los ojos los árboles, los riscos y los escarpes. Oler la tierra mojada y sentirse más cerca del cielo, hasta tocarlo con sólo estirar los dedos…
Por unos días voy a ser un hada afortunada que vuelve a la naturaleza, o al menos a lo que queda de ella. Ya os contaré a la vuelta. Os deseo dulces paseos estivales a la luz de la luna.
Por supuesto, mis libros me acompañan en esta aventura. Como siempre que emprendo el vuelo. Son mi tabla de salvación en la lejanía.
Un abrazo y hasta la vuelta.

Imagen: Valle de Ordesa y Monte Perdido
domingo, julio 22, 2007
Irse de vacaciones...con una sonrisa



domingo, julio 15, 2007
WILLIAM MAXWELL: Vinieron como golondrinas
Llevaba un tiempo queriendo leer algo de este autor del que había escuchado muy buenas críticas, pero que por desgracia es bastante desconocido en nuestro país. Maxwell alcanzó una gran notoriedad como editor de grandes autores entre los que se encuentran nombres como Salinger o Updike, pero su faceta de escritor ha pasado algo desapercibida. Sin embargo, después de leer esta primera novela, creo que se trata de un escritor al que merece la pena seguir la pista, pues sus obras están comenzando a traducirse ahora a nuestro idioma.miércoles, julio 11, 2007
¡PREMIO, PREMIO, PREMIO!!!!!

2. Haz un link a este post, de manera que se pueda encontrar el origen de este premio.
3. Muestra orgulloso el "Thinking Blogger Award", te lo has ganado.
martes, julio 03, 2007
JOSÉ LUIS SAMPEDRO: La vieja sirena
Sensualidad y poesía. Esas son quizás las dos palabras que mejor definen esta deliciosa obra de Sampedro, uno de mis autores favoritos. En La vieja sirena encontramos un relato repleto de magia y pasión, ambientado en la Alejandría del siglo III, donde se dan cita realidad y mitología. Surge así una novela que en el fondo gira en torno a dos de las grandes preocupaciones que siempre han guiado a la humanidad: el amor y el poder.jueves, junio 28, 2007
Fin de curso
Otro curso se acaba. Llega el verano y el instituto se va quedando vacío. Primero se van los alumnos, luego la mayor parte de los profesores, y al final sólo quedamos algunos a los que nos toca empezar a preparar el curso próximo. Ya no se escuchan gritos ni voces por los pasillos. El silencio lo cubre todo, y aunque esta calma tiene su encanto, se echa de menos el movimiento de los días que han quedado atrás. sábado, junio 23, 2007
IRÈNE NÉMIROVSKY: El baile
Leí este libro ayer por la tarde disfrutando de un par de horitas sin nada que hacer, después de la pesadilla de exámenes y notas de los últimos días, y aún sigo "trastornada" por la historia. En apenas 100 páginas (menos en realidad, pues la fuente utilizada en la edición de Salamandra es de gran tamaño), Némirovsky narra con una maestría formidable una relación enferma entre una madre y su hija, con el telón de fondo que le proporciona la hipocresía de una clase social -la de los nuevos ricos- que está dispuesta a cualquier cosa por hacerse un hueco en la alta sociedad. Otras reseñas de obras de Irène Némirovsky:
- Suite francesa
domingo, junio 17, 2007
Escrito sólo para mí (o la apropiación personal de la literatura)
Sigo viva, nadando entre exámenes y nervios de final de curso (nosotros y los niños). Dentro de poco tendré más tiempo para dedicarle al blog, cosa que ahora me resulta casi imposible. Mientras, os dejo un fragmento de uno de los últimos artículos de Javier Marías en EPS, que vuelve a tratar con brillantez el tema de la literatura, contemplada desde un punto de vista muy personal: lunes, junio 04, 2007
JOSEFINA ALDECOA: Historia de una maestra
Al fin encuentro un hueco para hacer la reseña de este libro que terminé de leer hace un par de semanas. El título de la obra es muy revelador, pues eso es lo que su autora nos cuenta: la historia de una maestra en uno de los periodos más relevantes de la historia de España, el que va desde los años veinte hasta el comienzo de la guerra civil. La narración de Aldecoa es fluida, alejada de recargamientos excesivos, lo que hace la lectura bastante amena y rápida, aunque a veces se echa de menos un poco más de pasión en la historia. miércoles, mayo 23, 2007
NAZIM HIKMET. Versos por la paz

Nazim Hikmet
viernes, mayo 18, 2007
JOSÉ SARAMAGO: Ensayo sobre la lucidez
Saramago es un autor que siempre me ha gustado, desde que me topé con el genial Ensayo sobre la ceguera, un libro que disfruté y me enganchó desde el principio. Después he ido leyendo otras de sus obras, sin llegar a alcanzar el placer literario que me proporcionó la primera: La caverna, El hombre duplicado, Todos los nombres… hasta llegar a esta última. En ocasiones es un autor difícil de leer, por ese estilo tan personal que disgusta a muchos -lo de no utilizar el punto y aparte puede ser agotador en ciertos momentos-. Y aunque el argumento del libro que nos ocupa es muy original y el principio promete, me ha costado terminarlo, por mucho que me pese reconocerlo.La obra gira en torno a una hipótesis bastante irreal pero inquietante: ¿qué pasaría si en unas elecciones la mayor parte de los electores votasen en blanco? A partir de esa idea, Saramago traza una trama en la que la clase política no sale muy bien parada, siendo una y otra vez humillada por una población civil que es en todo momento un ejemplo de comportamiento cívico y ético. A través de una serie de personajes que, como es habitual en sus novelas, no se presentan con un nombre propio, sino que se definen por su trabajo, su estatus social o alguna característica física (el primer ministro, el comisario, la mujer del médico…), se desarrolla una historia tan dura como la vida misma. Los oscuros engranajes del poder, las artimañas políticas de unos mandatarios que no entienden la revolución pacífica protagonizada por los habitantes de su ciudad, cobran una virulencia y una crueldad que hacen reflexionar al lector una y otra vez sobre si algo así podría ser cierto en determinadas circunstancias.
El libro enlaza con el genial Ensayo sobre la ceguera mencionado anteriormente, pues la protagonista de aquel, la única mujer que consiguió escapar a la ceguera blanca, se convierte aquí en la principal sospechosa de la "acción subversiva" puesta en marcha por los votantes en blanco. El protagonista de este otro Ensayo es un comisario que, si bien comienza su periplo a las órdenes de estos impresentables políticos, acaba planteándose la legitimidad de su acción, por lo que acaba tomando partido por aquello a lo que le llevan sus propias convicciones morales.
Desde un punto de vista ético, el libro de Saramago es una sabrosa crítica de muchos comportamientos de la sociedad actual, centrando su atención en las corruptelas y entresijos de una clase política que, incluso en las democracias, anda bastante desprestigiada. Leyéndolo podemos apreciar la fina línea que separa el ejercicio de los derechos democráticos del comienzo de una dictadura, siempre y cuando se den ciertas condiciones excepcionales como las que el autor recrea en el libro. No he podido evitar comparar determinados pasajes de esta obra con la actuación de algunos políticos de la escena internacional en relación a la escalada de inseguridad y violencia que se ha producido en el mundo de los últimos años. Y lo peor es que el final del libro -que golpea como una maza al lector- no deja lugar a la esperanza. La lucha por los ideales políticos suele cobrarse un alto precio.
Esto es lo que más me ha gustado del libro, la idea de fondo y los mensajes que lanza entre sus páginas, mensajes de plena actualidad en un mundo donde la democracia, mal que nos pese, sigue sufriendo continuas crisis y desapareciendo en lugares donde parecía más o menos sólidamente implantada. Sin embargo, desde un punto de vista más literario, Ensayo sobre la lucidez resulta un tanto árido y su lectura se hace a veces ciertamente pesada. Le falta vida y fluidez narrativa. No alcanza las cotas de calidad literaria de aquel otro Ensayo que tanto me hizo disfrutar. No obstante, es un ejemplo extraordinario de la lucidez política y social que Saramago sigue conservando a sus casi 85 años. Una lucidez que le permite escribir pasajes soberbios, aunque a veces se pierdan en un mar de palabras un tanto farragoso.
lunes, mayo 07, 2007
Un mal despertar

Echó un rápido vistazo a la habitación; era la suya, sin duda. "¿Por qué demonios lo he dudado? ¿En qué habitación iba a estar si no?" Avanzó hacia la puerta cerrada con algunos titubeos, pero al llegar a ésta asió el pomo con decisión. Se quedó allí parada, esperando. "¿Abro?" Le llegó el eco de una voz que se colaba a trépano a través de la madera. "¿Eres tú, Jaime?" El sonido se deslizaba por sus oídos, inundando su mente de tibios recuerdos. Escuchaba palabras sueltas, retazos de conversación: ausencias, episodios esporádicos, empeoramiento. No comprendía bien el sentido, pero no le importó. Le bastaba con sentir la calidez de esa voz tan familiar, que le acunaba como un ronroneo. "Claro que es Jaime, lo reconocería al instante. Seguro que ha venido a verme. ¿Cuánto tiempo hace que no viene por aquí?"
Giró el pomo y la puerta se abrió silenciosa. Ahora le oía con mayor nitidez. Estaba al fondo del pasillo, sentado a la mesa de la cocina en compañía de una mujer joven, con una taza de café en la mano. Jaime se percató de la novedad de la puerta entreabierta al final del corredor y miró a su madre con una sonrisa. Se levantó casi de un salto, y ella lo vio avanzar con esos pasos vacilantes de cuando aprendía a andar, con sus bracitos extendidos hacia su cuello, buscando su refugio. "Qué alto está, cómo ha crecido." Jaime llegó hasta su lado y la besó en la frente: "Buenos días, mamá. ¿Cómo has dormido? Julia me ha dicho que últimamente duermes de un tirón."
Ella no contestó. Sintió que los recuerdos se le escapaban entre los dedos. Se escurrían y goteaban en el suelo. Ya no eran sus zapatillas, ni su casa. Ya no era nada. Miró a su hijo y le sonrió, con esa sonrisa boba que se le ponía a veces. Una especie de velo cubrió el brillo de sus ojos, apagándolos. "¿Te gusta Julia, mamá? ¿Te cuida bien?" Ella volvió a mirarle y entreabrió los labios. Sus palabras fueron casi un susurro.
"¿Y tú quién eres?"
Imagen: HOPPER, Mujer mirando por la ventana
jueves, mayo 03, 2007
La joven de la perla

El encanto y la belleza de esta misteriosa joven han inspirado incluso a la literatura y el cine. Tracy Chevalier escribió ese encantador libro llamado igual que el lienzo, donde nos adentraba en una imaginada y sugerente historia de amor casi platónico entre el pintor y la que habría sido una de sus jóvenes doncellas. Poco después Scarlett Johanson se puso en la piel de la retratada, en una película que era más una sucesión de imágenes pictóricas que un verdadero filme. La delicadeza y la cuidada ambientación de esta cinta fue alabada por multitud de críticos, y cualquiera que haya podido disfrutarla habrá caído presa de su mágico hechizo.
¿Pero qué tiene esta obra para encantarnos de ese modo? ¿Qué poder ejerce sobre nosotros la mirada de una joven de la cual nada o poco sabemos? El brillo de sus ojos, sus labios y sobre todo la deliciosa perla que porta como pendiente son prácticamente insuperables. El tocado sobre su pelo, con ese azul vivo que atrapa nuestra mirada, le añade un halo particular de misterio. Al contemplarla, podemos imaginar a un pintor cautivado por la belleza de una de sus sirvientas, a la que quizás ama y desea en silencio, viéndose obligado a esconder estos sentimientos ante la presencia omnipotente de su esposa. Casi deseamos que ese hipotético amor fuese correspondido, si es que existió realmente. Queremos creer que ambos sentirían su fuerza al mirarse a los ojos mientras ella posaba para sus pinceles. Porque el lienzo de Vermeer refleja esa adoración, y los ojos y la tímida sonrisa de nuestra joven dibujan una complicidad mágica con el maestro. Puede que nunca sepamos quién fue ni que sintió nuestra muchacha del turbante, pero el pintor le dio uno de los regalos más bellos que puedan imaginarse: la capacidad para extasiar y deslumbrar muchos siglos después de su existencia.
sábado, abril 28, 2007
Guernica, 70 años

Ocurrió en mi último año en el instituto, cuando por primera vez estudié Historia del Arte. Descubrí que tras cada obra artística se esconde una historia y un significado que hasta entonces me habían estado vedados. Para mí fue como una revelación, el comienzo de una relación de amor que ha durado hasta hoy y que sospecho será eterna. Me apasiona el arte. Y cuanto más lo estudio y lo disfruto, más arraiga en mí ese sentimiento. Fue durante aquel curso de iniciación al mundo artístico cuando comencé a amar el Guernica.
Hace poco estuve en Madrid visitando el Museo Reina Sofía y pude admirarlo por primera vez con mis propios ojos. Había un grupo de personas considerable desparramadas alrededor del lienzo, pero predominaba el silencio, un silencio respetuoso que nace de la contemplación de lo que ha llegado a convertirse en un mito. La ausencia de color acentúa el dramatismo de unas figuras que te agarran el alma y te la retuercen, de forma que una vez que has entrado en el cuadro ya no eres la misma persona. El caballo que lanza un grito tras ser herido de muerte, o la mujer que sostiene al niño muerto en sus brazos, son dos de las imágenes más dramáticas y poderosas que jamás haya visto la historia del arte. No sé cuánto tiempo estuve allí parada, examinando cada detalle, cada gesto. No quería que la magia se acabara.
Esta semana se han cumplido 70 años desde el fatídico día de aquel bombardeo, que tuvo lugar el 26 de abril de 1937. Aunque el número de víctimas no fue tan elevado como se dijo en un principio (los últimos estudios hablan de unos 150 muertos, lo que sigue constituyendo una barbaridad desde cualquier punto de vista), fue un hecho terrible que destruyó una ciudad por completo, borrándola del mapa -sólo permaneció en pie un 1% de la misma-. Al escoger este suceso como tema para su obra, Picasso dio a la ciudad y a sus víctimas una inmortalidad y un significado histórico sin precedentes. Y con ello, el genio se hizo a sí mismo inmortal.
jueves, abril 19, 2007
Duermes

He llegado deslizándome por el cielo hasta tu alféizar. No ha sido fácil. La luna me confundió y temí perderme, pero al final te encontré. Estabas dormido, y te miré desde la penumbra que me rodeaba. Respirabas tan fuerte que me desdibujabas con cada soplido. Estabas soñando. ¿Conmigo quizás? Tus labios temblaron y yo me dejé caer, iluminando cada surco de tu piel. Me deslicé en tus mejillas y me hicieron cosquillas tus pestañas. Luego me oculté en el pliegue de tu nariz, salté y resbalé hacia el otro lado. Y me dormí acurrucada allí.
Me despertó algo húmedo, una lágrima. ¿Por qué lloras? Me acerqué a tus párpados cerrados y las vi. Allí estaban, nacían despacio pero firmes y seguras de sí mismas. Una tras otra, con una cadencia casi musical. Me quedé contemplándolas hasta que se agotaron y se fueron escurriendo hacia tu cuello.
Fuera amanecía. Era tarde para seguir soñándote. La luz del sol me deshacía por momentos, y me sentí morir. Pero me encaramé al alféizar y conseguí escapar antes de hacerme del todo transparente.
Y tú ni siquiera supiste que esa noche estuve allí.
Imagen: OSCAR KOKOSCHKA, La esposa del viento
miércoles, abril 11, 2007
HARUKI MURAKAMI: Kafka en la orilla
Este es sin duda el libro más extraño que he leído en los últimos años, y mi primera incursión en la narrativa japonesa. Murakami es un escritor atípico, por su capacidad para conjugar elementos oníricos y reales en una sola novela con una naturalidad fuera de lo común. El resultado es un libro tremendamente original y sorprendente, que se lee con relativa facilidad y gran deleite desde el principio, aunque algunas de las imágenes que presenta son de una considerable dureza. Al finalizar su lectura es probable que nos interroguemos acerca del verdadero sentido de esta historia, y sobre el significado de los personajes y lugares que en ella aparecen. Pero esta es quizás la mejor impresión, esa ambigüedad que nos anima a seguir divagando e imaginando mucho después de leer su última línea.Más reseñas de obras de Haruki Murakami:
- Al sur de la frontera, al oeste del sol
- Tokio Blues
domingo, abril 01, 2007
Encuentro entre cine y literatura: el maestro Azcona
Esa tarde se reunieron en una mesa redonda el director de cine David Trueba, el guionista Rafael Azcona, el productor Antonio Pérez y otros contertulios. La conversación giró en torno al cine español, si bien tocó muchos aspectos relacionados con este tema. Azcona rememoró sus comienzos como guionista, en una España que él mismo calificó de negra y oscura. Sus recuerdos de niñez y juventud, contados con un humor y una maestría que me dejó literalmente boquiabierta, nos transportó a todos los que estábamos en la sala a ese ambiente de tristeza y opresión donde el cine era una puerta abierta a épocas más luminosas. Por si no lo conocéis, Azcona ha escrito guiones tan fundamentales en la historia de nuestro cine como El verdugo, El año de las luces, ¡Ay Carmela!, Belle Epoque o La lengua de las mariposas. Durante las casi dos horas que duró este mágico encuentro, Azcona contó anécdotas e historias para reir y para hacernos soñar. Los otros contertulios le escuchaban embelesados y bromeaban sobre la dificultad de hablar y contar algo interesante después de que lo hubiese hecho el maestro Azcona.
Por su parte David Trueba, uno de mis más admirados directores españoles, prestó atención a la supuesta crisis del cine y de las salas donde se proyecta en nuestro país, relacionándola con el deseo especulativo de muchos de los dueños de dichos locales. Hizo un análisis de la pobreza intelectual que está generando este deseo de enriquecimiento rápido que tanto predomina hoy en nuestra sociedad. Sólo es rentable lo que da dinero -concluyó- y esa realidad está arrastrando en su caída a aspectos de primer orden como la educación, el cine o la misma literatura.
Una pregunta quedó en el aire: ¿se hace cine de poca calidad porque es lo que demandan los espectadores, o es la industria del cine la que insiste en que sea así? ¿Cambiarían los gustos de los millones de personas que asisten al cine si se proyectaran películas de calidad en mayor número y durante más tiempo? ¿Quién decide lo que nos gusta o nos deja de gustar?
No sabéis lo que sentí no haber podido asistir al resto de actividades. Porque acontecimientos de esta envergadura no se dan muy a menudo en mi ciudad, y el calibre de los artistas invitados era muy alto, como habéis podido comprobar. Os dejo como postre una de las anécdotas relatadas por el maestro Azcona, como lo llamaban los contertulios. Es una versión adaptada con mis palabras, aunque espero ser lo más fiel posible al original:
"En aquella España oscura, de coches negros y curas, monjas y militares, estaba prohibido ser feliz. No podíamos pasarlo bien. Estaba mal visto. Recuerdo que en mi casa mis padres intentaban escapar de esa oscuridad a su manera. Mi padre cantaba zarzuelas mientras trabajaba, y mi madre le hacía los coros. Pero mi madre no podía divertirse sin sentirse mal. Cuando alguna vez, comiendo todos juntos, nos reíamos o hacíamos bromas, de repente ella se ponía muy seria, nos miraba a todos con expresión sombría, y nos gritaba: "¡Ya lo pagaremos!" Y así se acababa de golpe toda la diversión."
martes, marzo 13, 2007
¿Por qué escribir? según Javier Cercas
En el suplemento de El País del domingo 11 de marzo (dramática fecha que nunca dejará de darnos escalofríos) me encontré con un original recopilatorio de razones para escribir ofrecido por uno de mis autores favoritos, Javier Cercas. Os lo transcribo aquí para que podáis escoger vuestras preferidas en este amplio repertorio, que mezcla humor, sinceridad e ingenio a dosis iguales. Que lo disfrutéis.Escribo porque me encanta que me pregunten por qué escribo. Escribo porque me aburro y porque si no escribiera me aburriría muchísimo más. Escribo porque escribir no sirve absolutamente para nada y sin embargo mientras escribo tengo la absoluta seguridad de que sirve absolutamente para todo. Escribo porque absolutamente nada tiene ningún sentido y sin embargo mientras escribo absolutamente todo parece tener un sentido absoluto. Escribo para leer mejor y también para dejar de vez en cuando de leer, porque el mucho leer embota (esto último lo dijo Nietzsche, que escribía pensamientos paseados). Escribo para escribir algún día un libro paseado. Escribo porque a los ocho años leí Pimpinela escarlata y desde entonces no he hecho otra cosa que intentar plagiar esa novela. Escribo porque a los 15 años yo era un salido y un día otro salido que además era un cabrón me dijo que escribiendo se ligaba, y cuando descubrí que me había engañado ya era demasiado tarde para quitarme el vicio. Escribo porque a los 15 años yo tenía una profesora radiante: un día la interrumpí en clase al grito de que estaba buenísima y ella, que estaba explicando a Borges, me expulsó de clase y yo me impuse como penitencia la lectura de las obras completas de Borges, cosa que todavía no he terminado de hacer y que no creo que termine de hacer nunca, porque en realidad es imposible. De más está decir que escribo porque a partir de los 15 años no me ha pasado absolutamente nada que tenga algún interés. Escribo porque me pagan por escribir tonterías. Escribo porque todavía no he encontrado una forma más decente de ganarme la vida. Escribo (me explico) porque no sé hacer nada útil, ni siquiera atarme los cordones de los zapatos: si supiera curar a los enfermos, no escribiría; si supiera rematar en plancha un libre indirecto, créanme, no escribiría. Escribo porque sí y porque me da la gana, y a quien le parezca mal que me lo diga en la calle. Escribo para poder pensar (esto, creo, lo dijo Cabrera Infante). Escribo porque cuando escribo tengo la impresión acusadísima de que soy una persona inteligente y también de que todos los que me rodean son todavía más inteligentes que yo, sólo que ellos no se dan cuenta.
Escribo para que me lea mi madre, que es la única que me leía cuando no me leía nadie y la única que me leerá cuando ya nadie me lea (¡un abrazo, mamá!). Escribo para que me lean dos tipos que están muertos y dos o tres que todavía están vivos. Escribo para que me lea usted (¡sí, usted, el de la tercera fila, no se esconda!). Escribo porque escribo como Dios (esto, Dios me perdone, es mentira). Escribo porque no creo en Dios. Escribo porque en un mundo sin Dios, escribir, como reírse (pero esto lo dijo Kafka), es casi una obligación moral, o quizá metafísica. Escribo para llevar la contraria, pero todavía no he descubierto a quién. Escribo para entender cosas que sé que no hay manera humana de entender, con la esperanza de que ese esfuerzo fracasado por entenderlas sea ya una forma de entenderlas. Escribo porque la vida es una mierda, y los hombres, un hatajo de indeseables y de cobardes, pero cuando escribo salgo a la calle cantando canciones tirolesas y sintiéndome John Wayne y con ganas de abrazarme al primero que pasa y echarme a llorar de tristeza en su cuello. Escribo porque si no escribiera no tendría ni un solo motivo para respetarme, muy pocos para levantarme por la mañana y casi todos para convertirme en un peligrosísimo oligofrénico, de lo que se deduce que el Estado debería subvencionarme para que siguiera escribiendo. (No escribo, por cierto, para que me quieran más: las personas que me quieren me querrían igual si no escribiera, y las personas que no me quieren no me querrían ni aunque dejase de escribir). Escribo para joder a los que no quieren que escriba y para alegrar a los que quieren que siga escribiendo. Escribo porque, entre nosotros, escribir mola (esto, seguro, debió de decirlo alguien, probablemente un chino). Escribo por todas estas cosas y por muchísimas más. En realidad, escribo por casi todo, porque cualquier excusa es buena para escribir. A veces (Dios me perdone) he llegado incluso a escribir para hacerles creer a quienes me leen que no quiero que me pregunten nunca más por qué escribo.http://www.elpais.com/articulo/paginas/escribir/elppor/20070311elpepspag_2/Tes
viernes, marzo 09, 2007
Mi hada
Ayer encontré un hada en mi jardín. Fue algo inesperado, pues llevo años buscándolas sin descanso, donde todos me habían dicho que se esconden, pero por más que lo intenté nunca vi aparecer ninguna. Hasta ayer.lunes, marzo 05, 2007
MARIO VARGAS LLOSA: Travesuras de la niña mala
Este libro habla sobre el amor. El amor es pues el hilo argumental de la primera novela que he leído de este autor, al que suelo seguir en la prensa, aunque políticamente me encuentre muy lejos de sus ideas. Quizás este motivo me ha llevado a un alejamiento consciente de su obra, hasta que los múltiples comentarios favorables a sus dotes como novelista me han impulsado a leer al fin alguno de sus libros. Elegí "Travesuras de la niña mala". Y me encontré con una impresionante historia de amor, un amor tan ciego y tan estúpido que conmueve al lector desde la primera página.La historia gira en torno a dos personajes principales: Ricardo y una misteriosa mujer que cambia constantemente de nombre y que nosotros conocemos como "la chilenita". Ricardo está perdidamente enamorado de ella desde que era un niño y la conoció en Miraflores, el barrio de Perú donde ambos vivían. Sus vidas se entrecruzarán una y otra vez durante los siguientes años, en escenarios tan lejanos como París -donde transcurre la mayor parte de la novela-, Londres, Tokio o Madrid. Ricardo no conseguirá nunca quitarse de la cabeza a su adorada chilenita, una femme fatale -de ahí su apelativo de "niña mala"- que lo utiliza una y otra vez y le abandona cada vez que le apetece, para desaparecer durante años, dejando a nuestro protagonista desconsolado y repitiéndose a sí mismo que es la última vez que se deja seducir por ella. La niña mala es una mujer llena de contradicciones, pues aunque siente una gran atracción por el lujo y la riqueza, que es lo que persigue desde el comienzo de la historia, en ningún momento nos aparece como una persona feliz, excepto en los breves instantes que pasa con Ricardo, el niño bueno que la perdona una y otra vez y que corre a su encuentro olvidando su último desplante. Él es consciente en todo momento de lo absurdo de este amor, un amor que él siente como no correspondido, pero es incapaz de renunciar a ella, y no duda en sacrificar todos sus ahorros cuando es necesario para cuidarla, aún sabiendo que la niña mala no tardaría en desplegar sus alas y alzar de nuevo el vuelo muy lejos de él.
Ya al final de la novela conocemos el verdadero origen de la chilenita, que nació y se crió entre chabolas y miseria, y que ya desde pequeña soñaba con ese mundo de lujo y de excesos que a ella le quedaba tan lejos. De ahí su empeño constante en borrar sus orígenes y hacerse pasar por otras personas, cambiando constantemente de identidad, sin saber que esa pasión por la riqueza -o sabiéndolo y siendo incapaz de vencer ese apego al lujo, que podría considerarse una especie de enfermedad- le traería una gran infelicidad a lo largo de toda su vida. Es una persona que se hace daño a sí misma hasta llegar casi hasta autodestruirse, y será el propio Ricardo el que la saque de ese estado de ruina, logrando que vuelva a florecer, aunque no por mucho tiempo.
Travesuras de la niña mala es ante todo una novela sobre lo absurdo del amor, que a veces nos arrastra a historias sin sentido en el que, en lugar de crecer como personas, nos hacemos más pequeños y más débiles. Es también una novela sobre la búsqueda de la felicidad, que no siempre encontramos, y sobre la pasión y sus imprevisibles consecuencias. Ricardo se nos aparece como una especie de tonto enamorado que no sabe cómo librarse de la pasión que siente por la niña mala, pero a ratos ella también nos muestra su debilidad y su cara amable y simpática, que sin embargo se empeña en cometer los mismos errores una y otra vez, hasta anularse como persona. Y ese es el mayor logro del libro, que los personajes parezcan tan inverosímiles y tan reales a la vez. Pues el mundo está lleno de parejas así, niños o niñas buenos que se enamoran de malas personas, sin que nadie sepa aún explicar la razón de estas locuras de amor.
jueves, febrero 15, 2007
JAVIER MARÍAS: Mañana en la batalla piensa en mí
Dice Javier Marías que este libro habla, entre otras cosas, del engaño. Y dicha afirmación es cierta, pues el engaño y las mentiras centran la trama argumental de esta novela, aunque encontramos en ella otros muchos aspectos que conforman la complejidad de nuestras vidas: la infidelidad, la falta de comunicación, los requiebros de la vida, la soledad, etc. Sin embargo la ocultación de la verdad y las consecuencias que ello puede desencadenar sin que lo esperemos son el epicentro de esta obra, que nos recuerda a otras en que Marías juega con los secretos no revelados -que tiñen los corazones blancos-, y las implicaciones que a veces arrastra esa falta de sinceridad.El comienzo es memorable, como casi todos los de este autor (al menos de los libros que he leído). Me permito incluir aquí unas líneas:
"Nadie piensa nunca que pueda ir a encontrarse con una muerta entre los brazos y que ya no verá más su rostro cuyo nombre recuerda. Nadie piensa nunca que vaya a morir en el momento más inadecuado a pesar de que eso sucede todo el tiempo, y creemos que nadie que no esté previsto habrá de morir junto a nosotros."
La historia empieza cuando el protagonista, Víctor Francés, se encuentra cenando en casa de una atractiva mujer casada cuyo marido esa noche está ausente y, después del consabido coqueteo, cuando ambos se hallan a punto de consumar el adulterio, ella muere de forma repentina entre sus brazos. La vida de Víctor cambiará entonces de forma radical. Llevará esa muerte sobre su espalda, aunque él no fuera responsable de la misma, y tratará de penetrar en el entorno de la malograda mujer, con el fin de averiguar qué pasó luego, cómo reaccionó el marido ausente, la hermana menor y el padre destrozado. Y qué fue de su hijo, el niño pequeño que fue además el único testigo de su aventura mal terminada. En este camino conoceremos a los curiosos personajes que rodean al protagonista, entre los que se encuentra una figura enigmática con claras connotaciones juancarlistas denominado el Único o el Only de Lonely.
Toda la novela está narrada en primera persona, lo que nos acerca a la interioridad de Víctor, quien, al igual que los otros protagonistas del universo de este autor, no deja de reflexionar sobre todo lo que le acontece, hasta alejarse durante varias líneas e incluso páginas de la trama argumental en que vive atrapado. Me encantan estas digresiones de Marías, pues en muchas de ellas nos topamos con pensamientos y frases que podrían ser nuestras, que compartimos por su cercanía y su rotunda certeza. Sólo que nadie como él para deslizarlas con maestría entre los surcos de la novela.
El desenlace de la historia es inesperado y en cierto modo nos golpea como un mazazo. Una conversación entre el marido viudo y Víctor desvelará un secreto y un camino que podría haber sido otro, si nuestro protagonista no hubiese callado lo que aconteció aquella noche en que una bella mujer murió entre sus brazos. Marías juega aquí con las hipótesis, esas preguntas que a veces nos formulamos empezando por un ¿Y si...? Con ello intenta mostrarnos que nuestros comportamientos y actitudes nos guían a través de una serie de encrucijadas, dejando atrás senderos sin explorar, que podrían habernos conducido a destinos bien distintos de los alcanzados en nuestro recorrido vital. Al decidir cerramos un camino y abrimos otro. De eso trata vivir al fin y al cabo, de elegir puertas y abrirlas, olvidándonos de las que se nos quedaron atrás sin siquiera mirar por el ojo de la cerradura.
Creo que los amantes de Marías disfrutarán este libro, y para los que nunca lo hayáis leído es altamente recomendable. Encontraréis en él un gran escritor, con un estilo muy personal que deja una huella profunda tras su lectura. Una huella imborrable.
Otros reseñas de Javier Marías en Perdidaentrelibros:
martes, febrero 06, 2007
Lo que no sucede y sucede
De nuevo las obligaciones me han mantenido apartada de este espacio -y de los vuestros- durante las últimas semanas. En ese tiempo he terminado de leer un hermoso libro de mi admirado Javier Marías, Mañana en la batalla piensa en mí, del que pronto escribiré la reseña. Mientras tanto, os dejo un fragmento del epílogo del libro, un discurso pronunciado por el autor en Caracas en 1995, durante la ceremonia de entrega del Premio Internacional Rómulo Gallegos. En él, Marías realiza una inteligente y curiosa reflexión sobre la ficción y el arte de escribir. Veréis que no tiene desperdicio. 