jueves, abril 30, 2009

HENNING MANKELL: El chino

Tenía una deuda pendiente con Mankell, porque había leído críticas estupendas de él y por recomendación de algunos de los que amablemente dejáis comentarios en este espacio. Así que decidí comenzar mi incursión con esta novela, la última que ha publicado. En ella Mankell prescinde de su personaje más entrañable, el detective Kurt Wallander, y da el protagonismo a una jueza, Birgitta Roslin, que será la encargada de despejar el misterioso asesinato con el que empieza la historia. Una historia que versa sobre venganzas históricas y en la que China, con todos los cambios políticos y económicos que está sufriendo en la actualidad, se convierte en el escenario de la mayor parte de la novela.

La trama comienza con un asesinato múltiple que deja a la policía completamente horrorizada: una mañana casi toda la población de una aldea idílica perdida entre los bosques suecos, Hesjövallen, aparece brutalmente asesinada con una violencia desmedida, incluidos los animales de compañía. Los únicos supervivientes son una pareja de mediana edad y una anciana que padece demencia senil. La policía atribuye el suceso a una mente perturbada, un loco psicópata que habría actuado llevado por unos impulsos asesinos fuera de toda lógica. No obstante, la jueza Birgitta Roslin reconocerá entre algunas de las víctimas a los padres adoptivos de su madre, y eso le llevará a acercarse al escenario del crimen y comenzar así una investigación paralela a la policial en la que descubrirá que detrás del asesinato se esconde una trama complicada con ramificaciones que llegan mucho más allá de las fronteras de Suecia.

Este es, a grandes rasgos, el argumento de la novela. El ritmo es ágil, y los personajes son sólidos y están bien construidos. Es una novela que atrapa al lector, aunque en algunos tramos pueda hacerse algo prolija, especialmente cuando el autor se refiere a los cambios acontecidos en China en los últimos tiempos y en las abundantes referencias a la revolución comunista de Mao. Y es que el gigante asiático ocupa un lugar fundamental en esta novela. Es interesante también la parte dedicada al trabajo forzoso de los chinos en la construcción de ferrocarriles en EEUU durante el siglo XIX, que aparece en la novela a través de un largo flashback que ayuda al lector a despejar algunas de las incógnitas del múltiple asesinato en tierras suecas.

Menkell se muestra muy preocupado en esta novela por las consecuencias del crecimiento de la población y el aumento de la pobreza originado por los grandes cambios económicos que China está sufriendo desde hace unas décadas. El autor se hace eco del enfrentamiento existente en el país entre dos posturas claramente antagónicas, la del aperturismo económico y consiguiente inmersión en el sistema capitalista, y la de la conservación de los principios comunistas con el objetivo teórico de una mayor igualdad social. Mankell plantea los posibles peligros a que esto puede llevar, y juega en su novela con la posibilidad de un posible aumento de la presencia china en África a través de la colonización de algunos territorios menos habitados para dar salida a una población pobre muy numerosa que de otro modo podría causar graves desórdenes al Partido Comunista en el poder. Según el propio autor, que vive a caballo entre Suecia y Mozambique, esta posibilidad es más que probable, pues él mismo ha constatado un aumento palpable de la presencia china en este continente en los últimos años. No obstante, en el colofón que incluye al final de la novela, Mankell nos aclara que su intención en todo momento no ha sido otra que la de escribir una obra de ficción. Ahí queda eso.

El personaje de Birgitta, antigua militante comunista en sus años de juventud, le sirve a Mankell para reflexionar sobre los cambios acontecidos en la izquierda europea desde los años sesenta hasta la actualidad. Se advierte una crítica implícita al aburguesamiento y a la renuncia a los ideales de igualdad vivida por muchos de esos jóvenes "revolucionarios" de los sesenta, aunque a la vez dicha realidad aparece como algo en cierto modo inevitable. Pero también reflexiona Mankell sobre la radicalidad de aquellos partidos comunistas influenciados por la doctrina maoísta que tenían un comportamiento más parecido al de una secta que al de un partido político propiamente dicho. Es un debate muy interesante el que se plantea desde este punto de vista.

Como podéis ver, la novela esconde mucho más de lo que su trama parece anunciar al principio. Es una lectura muy recomendable, aunque siento decir que no he encontrado esa brillantez a la hora de escribir que tanto se ha destacado en las -desde mi punto de vista- odiosas comparaciones realizadas con Stieg Larsson, el autor de Los hombres que no amaban a las mujeres. Quizás debería haber empezado con una de las novelas sobre Wallander, el detective que tanta admiración levanta en los lectores habituales de Mankell. No obstante, la lectura de El chino me ha abierto el apetito, y volveré a este escritor sueco para conocer de primera mano el personaje que tanta fama le ha dado dentro del mundo de la novela negra.

P.D: Hace poco he terminado también el segundo libro de la trilogía de Stieg Larsson, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, y lo he disfrutado tanto o más que el primero. Sigo pensando que las obras de Larsson están muy por encima de los best sellers habituales, y por eso desde aquí no puedo dejar de recomendarlo. Ahora a esperar la conclusión de Millennium, que muy pronto se publicará en nuestro país.

viernes, abril 17, 2009

HARUKI MURAKAMI: Tokio Blues

Tokio Blues es el tercer libro que leo de uno de mis autores fetiche, Murakami. Y aunque me sabe mal decirlo, es el que menos me ha gustado hasta ahora. No tiene la magia de Kafka en la orilla, ni de Al sur de la frontera, al Oeste del sol. Es mucho más oscuro, más angustioso, porque los personajes están perdidos y no consiguen encontrar su camino ni dejar atrás los fantasmas que les atormentan. No obstante, a pesar de lo dicho anteriormente, consigue atrapar al lector en esa atmósfera tan típica que sólo Murakami es capaz de tejer. Hay párrafos que hipnotizan nuestros sentidos, como si entráramos en una habitación japonesa, nos sentáramos relajadamente en el tatami, y nos pusiéramos a meditar. El autor nos transporta a un paisaje urbano, el de la ciudad de Tokio, en el que sin embargo no hay sitio para el estrés ni las prisas. La vida fluye y los personajes nadan en ella, en un ambiente de tranquilidad que nos envuelve página tras página.

La historia es narrada como un largo flashback. Watanabe, de treinta y siete años, aterriza en un aeropuerto alemán y antes de bajar del avión escucha por los altavoces Norwegian Wood, una canción de los Beatles que le hace evocar su época de estudiante en los años sesenta. La cadena de recuerdos comienza con un paseo hipnótico por un prado con la bella Naoko, la novia de su mejor amigo, Kizuki, que se convierte en el primer amor importante en la vida de Watanabe. Este tendrá que enfrentarse a un duro golpe, que le hará entrar de forma súbita en la edad adulta, cuando Kizuki decide quitarse la vida con sólo 17 años. Este hecho marcará un antes y un después en la vida de Watanabe, un joven melancólico y solitario que arrastrará siempre el recuerdo de lo acontecido a Kizuki:

"Hasta entonces había concebido la muerte como una existencia independiente, separada por completo de la vida. 'Algún día la muerte nos tomará de la mano. Pero hasta el día en que nos atrape nos veremos libres de ella.' Yo pensaba así. Me parecía un razonamiento lógico. La vida está en esta orilla; la muerte en la otra. Nosotros estamos aquí, y no allí. A partir de la noche en que murió Kizuki, fui incapaz de concebir la muerte (y la vida) de una manera tan simple. La muerte no se contrapone a la vida. La muerte había estado implícita en mi ser desde un principio. Y este era un hecho que, por más que lo intenté, no pude olvidar. Aquella noche de mayo, cuando la muerte se llevó a Kizuki a sus diecisiete años, se llevó una parte de mí."

Por su parte la frágil Naoko, un personaje entrañable por la tristeza que arrastra y la dulzura con la que Murakami la retrata, está aún más perdida que Watanabe, y su delicada salud psíquica la hace extremadamente vulnerable. Watanabe, enamorado de ella, luchará por protegerla y sacarla del pozo en el que parece haberse sumergido. La relación entre ambos es, a mi juicio, la parte más hermosa de la novela.

El retrato que Murakami hace de los jóvenes tiene poco que ver con la imagen que la literatura nos suele dar de ellos. Watanabe se comporta casi como un adulto en muchos aspectos, aunque en ocasiones parece perdido; se mueve sin rumbo, sin saber a dónde le llevarán sus pasos. El sexo tiene una presencia bastante importante a lo largo de la novela, y sirve a Murakami para contraponer el comportamiento de Watanabe, que no renuncia a las relaciones fugaces pero no encuentra en ellas el consuelo que necesita, y el de su amigo Nawasaga, un joven promiscuo que vive el sexo como una verdadera filosofía de vida, sintiéndolo como algo necesario para mantener vivo su abultado ego. Por otro lado el sufrimiento aparece como uno de los aprendizajes forzosos al que todos tenemos que enfrentarnos alguna vez en la vida. La importancia del dolor como obstáculo que hay que salvar para seguir adelante aparece de forma muy evidente en reflexiones como ésta: "El conocimiento de la verdad no alivia la tristeza que sentimos al perder a un ser querido. Ni la verdad, ni la sinceridad, ni la fuerza, ni el cariño son capaces de curar esa tristeza. Lo único que puede hacerse es atravesar ese dolor esperando aprender algo de él, aunque todo lo que uno haya aprendido no le sirva para nada la próxima vez que la tristeza lo visite de improviso."

Es curioso que esta novela se publicó en España en el año 2005, después de que Murakami fuese ya un escritor consagrado y tras la publicación de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Sputnik, mi amor, y Al sur de la frontera, al oeste del sol. Sin embargo en realidad fue la primera de éstas que escribió, en 1987, y precisamente fue el éxito arrollador de esta novela el que hizo que el escritor se marchara de su país, primero a Europa y después a Estados Unidos, donde reside actualmente.

De nuevo son abundantes en la novela las referencias a una gran variedad de canciones de los años 60, tanto de jazz como de la cultura pop. De hecho, una de ellas, Norwegian Wood (madera noruega), es la que completa el título de la novela y, como he mencionado más arriba, la que da pie al río de recuerdos del joven Watanabe. Os dejo aquí un vídeo de Youtube donde podéis escucharla y leer la letra. ¿Qué mejor forma de terminar una reseña de Murakami?

Más reseñas de obras de Haruki Murakami:
- Al sur de la frontera, al oeste del sol
- Kafka en la orilla

viernes, abril 10, 2009

MARTA RIVERA DE LA CRUZ: La importancia de las cosas

Nuestra amiga Carmen nos lanzó hace unas semanas una propuesta a algunos de los que nos dedicamos a hacer reseñas literarias en la red. Esta consistía en leer el nuevo libro de una autora para mí desconocida, Marta Rivera de la Cruz, y comentar nuestras impresiones (fueran estas positivas o negativas) en nuestras respectivas bitácoras. Para ello se ofrecía a hacernos llegar el libro de forma totalmente gratuita. Me pareció una buena idea y acepté, y debo confesar que no me arrepiento de ello. La importancia de las cosas no es ninguna obra maestra, pero su lectura se disfruta y nos hace pasar un buen rato. Aunque algunos detalles no me acabaron de convencer, me sorprendí enganchada a la historia y a unos personajes que tienen su no sé qué, que cobran vida y se cuelan en la mente del lector sin que éste se percate de ello.

El protagonista es un profesor universitario, Mario Menkell, un hombre en principio gris y anodino que lleva una existencia solitaria y anclada en la rutina. Famoso por haber escrito una novela que la crítica encumbró de forma unánime, no se ha atrevido aún a enfrentarse al desafío de volver a escribir, y consume sus días dando clases de creación literaria en una prestigiosa universidad privada. Lleva años enamorado en secreto de una de sus colegas de profesión, pero está completamente convencido de que el suyo será por siempre un amor platónico, y parece hallarse conforme con ello. Su monótona existencia se ve sacudida de forma imprevista cuando el inquilino de un piso que tiene alquilado aparece ahorcado en el mismo. Este suceso, y el descubrimiento de que dicho personaje se dedicaba a coleccionar todo tipo de objetos extravagantes, van a desencadenar una serie de acontecimientos que acabarán con la tranquilidad en que antes vivía y lo lanzarán de lleno a una aventura en la que se mezclan los elementos típicos que dan solvencia a una novela: el amor, las intrigas y los secretos del pasado. El progresivo conocimiento de la vida de su misterioso inquilino, Fernando Montalvo, y los motivos que le llevaron al suicidio, cambiarán por completo la vida de Menkell y tendrán repercusiones en su futuro como autor literario.

El estilo de Marta Rivera es sencillo y atrapa con facilidad al lector. No hay grandes reflexiones ni párrafos dignos de ser subrayados en esta novela (yo al menos no los he encontrado). No obstante, en general está bien escrito, y realmente se disfruta al leer. Sin embargo, he echado de menos una mayor complejidad en cuanto a la forma de escribir. En ocasiones la autora da demasiadas explicaciones al lector, como si este no fuese capaz de hacer ciertas deducciones por su propia cuenta. Y a veces esas explicaciones resultan inverosímiles. Es lo que ocurre cuando, con ocasión de un encuentro entre los protagonistas y un personaje que se desarrolla en Milán - por lo que presuponemos que la conversación se desarrollará en italiano- la autora nos transmite a través de sus personajes cómo aprendieron ambos el idioma, siendo la explicación innecesaria por lo ridícula que resulta (un curso por correspondencia o un noviazgo de seis meses con un italiano no creo que den para hablar esa lengua con fluidez). Por otra parte, hay detalles que no ajustan bien con la trama, que chirrían en cierto modo. Es lo que ocurre con el enfado desproporcionado de uno de los alumnos de Menkell, Pablo Caspe, ante la posibilidad de que despidan a su profesor, porque ya no podrá corregirle la novela que está escribiendo (¿acaso no podría hacerlo aunque ya no fuese su profesor o es que va a marcharse de España si lo despiden?) o la historia entre Menkell y su adorada Beatriz, que a veces carece de toda verosimilitud.

A pesar de estos pequeños "deslices", La importancia de las cosas es una novela interesante y con una trama bien urdida no exenta de belleza. El misterioso suicida, Fernando Montalvo, es a mi parecer el personaje más fascinante. De él no conocemos nada en un principio, y a medida que vamos adentrándonos en los entresijos de su vida, nace una corriente de simpatía hacia él. Su historia es el broche final que cierra la novela. El principio de la misma nos deja entrever cuál será el camino que recorreremos de la mano de Marta Rivera a lo largo de estas páginas:

"De no ser por un cúmulo de circunstancias escasamente ordinarias, los caminos de Mario Menkell y Fernando Montalvo no hubieran tenido nunca la ocasión de cruzarse. Habían nacido con destinos distintos, y sus expectativas personales eran tan diferentes entre sí, que resultaba casi milagroso el que sus vidas se hubiesen tocado, ni siquiera de refilón, en algún punto de la sinuosa trayectoria vital de cada uno. Pero así es el azar. Asi lanza los dados la fortuna. Y los hados, o algún dios sin nombre, quisieron jugar de esa forma las cartas de la suerte, quizás para divertirse, o a lo mejor para dar a Mario Menkell la oportunidad de enderezar su vida."

Dice Palimp en su Cuchitril Literario, a propósito de este mismo libro, que "no siempre son mejores los platos de alta cocina; a veces una buena barbacoa entre amigos se disfruta más." Me parece un símil estupendo, y lo suscribo completamente. Aire fresco y una lectura agradable para pasar un buen rato. Esa es la receta de Marta Rivera de la Cruz. Y la verdad es que funciona.

sábado, abril 04, 2009

DANIEL PENNAC: Mal de escuela

Al fin un poco de tiempo para dejarme caer por aquí. Estas últimas semanas me ha sido imposible visitar este espacio ni tampoco ninguno de los blogs por los que tanto me gusta pasarme. Ahora tengo unos días por delante para descansar y, cómo no, tiempo para dejaros alguna que otra reseña y poder así compartir mis lecturas con todos vosotros.

Hace un par de semanas terminé de leer Mal de escuela, de Daniel Pennac. El libro me ha resultado interesante, máxime teniendo en cuenta que gira en torno a mi profesión, pero a decir verdad me esperaba un poco más de él. No obstante, he subrayado frases y degustado reflexiones sobre los problemas educativos que Pennac destaca en su obra, los cuales coinciden en su esencia con los que padecemos los docentes españoles. Me ha gustado especialmente la visión optimista que Pennac tiene de los adolescentes, incluso de aquellos que -como él mismo- califica de auténticos "zoquetes" (palabra que utiliza de forma abundante en el libro). El mensaje que subyace a toda la novela es que no hay que dar ningún caso por perdido, aunque es imposible "salvar" a todos nuestros alumnos. No obstante el profesor no debe dejar de intentarlo, de involucrarse en la tarea que realiza. Tiene que vivir su profesión, pues sólo así tendrá posibilidades de atraerse al alumnado a su campo. La pasión docente es la mejor garantía de poder obtener buenos resultados. Y si no funciona, al menos lo habremos intentado.

"La presencia del profesor que habita plenamente su clase es perceptible de inmediato. Los alumnos la sienten desde el primer minuto del año, todos lo hemos experimentado: el profesor acaba de entrar, está absolutamente allí, se advierte por su modo de mirar, de saludar a sus alumnos, de sentarse, de tomar posesión de la mesa. No se ha dispersado por temor a sus reacciones, no se ha encogido sobre sí mismo, no, él va a lo suyo, de buenas a primeras, está presente, distingue cada rostro, para él la clase existe de inmediato."

Es una percepción que comparto al cien por cien. Por eso a veces nuestro trabajo resulta tan agotador. Porque no se trata de entrar en la clase, pasar lista, dar unas cuantas explicaciones, controlar el comportamiento de los alumnos (labor que en algunos grupos puede absorber prácticamente todas nuestras energías), y despedirse hasta el día siguiente. El docente tiene que llegar mucho más allá. Debe convencer a sus alumnos de que adora la materia que está impartiendo. Debe convencerles de que, durante el tiempo que dura la clase, no hay nada más relevante que aquello que se está explicando. Esa "pasión" puede resultar agotadora a veces, pero si conseguimos el efecto deseado, la clase se convierte en un lugar y un momento mágicos. Alumnos y profesor juntos de la mano, todos a una, compartiendo una experiencia histórica, literaria o matemática. No importa la asignatura, aunque en algunas es más fácil conseguir este efecto.

"Una sola certeza: la presencia de mis alumnos depende estrechamente de la mía: de mi presencia en la clase entera y en cada individuo en particular, de mi presencia también en mi materia, de mi presencia física, intelectual y mental, durante los cincuenta y cinco minutos que durará mi clase."

A lo largo de la novela, el autor va desgranando retazos de su propia vida, narrándonos su experiencia en las aulas primero como alumno y más tarde como profesor. Sus problemas para comprender la mayor parte de las materias, su falta de concentración y de estímulo a la hora de ponerse a estudiar, el hecho de ser un estudiante mediocre, en fin, no impidieron a Pennac convertirse en un profesor, mejor dicho en un buen profesor, o al menos es lo que se deduce de la lectura de su libro. La importancia de la educación para ayudar a este tipo de alumnos, para arrebatarlos de salidas fáciles como pueden ser la delincuencia o la marginación, es una de las máximas que el autor defiende con más fuerza. La enseñanza entendida como salvación:

"Los profesores que me salvaron -y que hicieron de mí un profesor- no estaban formados para hacerlo. No se preocuparon de los orígenes de mi incapacidad escolar. No perdieron el tiempo buscando sus causas ni tampoco sermoneándome. Eran adultos enfrentados a adolescentes en peligro. Se dijeron que era urgente. Se zambulleron. No lograron atraparme. Se zambulleron de nuevo, día tras día, más y más... Y acabaron sacándome de allí. Y a muchos otros conmigo. Literalmente nos repescaron. Les debemos la vida."

Los problemas que arrastraba Pennac en la escuela convencieron a sus padres de la necesidad de apuntarle a un internado. Para él la experiencia fue más o menos satisfactoria, pues le permitió concentrar sus energías en el estudio, sin tener que dar explicaciones diarias a su familia del porqué de sus dificultades académicas. En su camino hacia la redención de la zoquetería, Pennac destaca la labor de varios profesores, y la importancia que tuvo para él la lectura, hábito que le ayudaría a terminar de una vez por todas con sus problemas ortográficos. Con el tiempo, el zoquete Pennac, el alumno difícil, llegaría a estudiar una carrera universitaria y a convertirse en profesor. Y entonces tendría que enfrentarse a la historia desde el otro lado. Ahora era él el encargado de ayudar a alumnos que, como en su propio caso, parecían incapaces de "llegar a ser algo" algún día. Su experiencia le sería entonces muy útil para hacer frente a estos casos, porque él había sido uno de ellos.

Sería demasiado prolijo continuar enumerando aquí las numerosas reflexiones que se contienen en Mal de escuela. Sólo añadiré que son necesarios libros como este, que nos den una visión positiva y realista de las dificultades que entraña la profesión docente. En una sociedad que, en líneas generales, está perdiendo el respeto por nuestro trabajo, que sólo mira hacia nuestras supuestas comodidades, sin pararse a pensar en la complejidad de nuestra tarea y en la cantidad de trabajo extra que un buen profesor debe realizar en casa para llevar adelante su trabajo, es reconfortante que se nos devuelva un halo de prestigio y de consideración por lo que hacemos, pues la mayoría de los que hemos elegido esta profesión lo hemos hecho convencidos de que es una de las labores más hermosas que existen. Pennac nos devuelve la fe en lo que hacemos, y demuestra que, en casos como el suyo, la educación fue un verdadero instrumento de redención.

domingo, marzo 15, 2009

Divina Kate

Hace tiempo que quería dedicarle una entrada a esta maravillosa actriz. Y ahora que ya he visto sus interpretaciones en dos películas extraordinarias, Revolutionary Road y The Reader, me he dicho que ya era hora de rendirle mi pequeño homenaje. Siempre me ha gustado su forma de actuar, y ese rostro dulce que esconde una personalidad compleja pero con las ideas muy claras, como se desprende de las entrevistas que he podido leer de ella. Disfruto viéndola trabajar, me creo sus papeles, me contagia su pasión por los personajes que interpreta. Me alegró mucho que le dieran la estatuilla a la mejor actriz, aunque me gustó más en Revolutionary Road, donde comparte cartel con un impecable Leonardo Di Caprio que, no obstante, queda empequeñecido ante la fuerza de su compañera.

Revolutionary Road es de esas películas que se te agarran por dentro y no te sueltan durante semanas, porque abre heridas que prácticamente todos tenemos o podemos experimentar en algún momento de nuestras vidas. El fin del sueño juvenil, la renuncia ¿obligada? a llevar una vida distinta, a no caer en los tópicos sociales que nuestra sociedad nos inculca desde que somos pequeños. La creencia en que la nuestra será diferente, en que nosotros somos especiales, se rompe en mil pedazos en este largometraje dirigido por el que en la actualidad es su marido, Sam Mendes. No he leído la novela original de Richard Yates en la que se basa el filme, pero la historia es absorbente y desgarradora, es una tragedia anunciada en la que el espectador asiste a una caída a los infiernos de la convivencia gracias al trabajo de dos actores que bordan sus papeles. Espero poder leer el libro algún día y comprobar si esa fuerza dramática es un mérito de la versión cinematográfica o por el contrario es obra personal del propio Yates.

La película que al final le ha valido el Óscar, The Reader, comparte con la anterior características dramáticas, aunque las historias no tienen absolutamente nada que ver. En ella Winslet interpreta a uno de esos personajes redondos tan fascinantes para el mundo de la literatura o del cine. Son caracteres que nos producen rechazo, a la vez que despiertan nuestra compasión, dependiendo de lo que les veamos hacer en un momento determinado y del rumbo que acaben tomando sus vidas. La actriz vuelve a sorprendernos con una interpretación magistral, acompañada por un Ralph Fiennes que a mí me sigue resultando difícil separar de la piel del enigmático Conde Almasy.

En ambas películas Winslet interpreta a mujeres heridas por el dolor, en ambientes y circunstancias distintas, y con una carga emocional completamente diferente. Pero las dos interpretaciones son mágicas, convirtiendo en carne y hueso lo que en principio eran personajes literarios. Las adaptaciones cinematográficas de novelas no son siempre afortunadas -más bien suele suceder lo contrario- pero en este caso ambas películas han salvado con nota ese obstáculo. Y aunque dejan un regusto amargo, como todos los dramas, se disfruta de veras viendo trabajar a estos actores.

Gracias Kate.

sábado, marzo 07, 2009

REBECCA WEST: El regreso del soldado

Conocí de la existencia de esta obra gracias a una reseña aparecida en Babelia, donde se la calificaba de "Obra maestra". No había oído hablar nunca de Rebecca West, pero la primera ocasión que tuve el libro ante mis ojos no pude evitar comprarlo. Me atrajo sobremanera su sinopsis: un soldado, herido por la explosión de un obús, regresa a su casa aquejado por un extraño ataque de amnesia, que le hace perder consciencia de lo acaecido en los últimos quince años. De las dos mujeres con las que compartía su vida hasta entonces, su prima y su esposa, sólo recuerda a la primera cuando era una adolescente, mientras que no conserva ningún recuerdo de su mujer. En cambio guarda en su memoria con gran nitidez la huella su primer amor, cuando tenía 15 años, una relación que se terminó hace mucho tiempo pero que él se empeñará en revivir. Este argumento es la excusa para que Rebecca West haga un retrato magistral de las convenciones sociales de comienzos del siglo XX, donde el amor y los sueños de juventud rotos, junto a la dureza de las condiciones de vida de los soldados en la Primera Guerra Mundial, ayudan a construir una historia sólida, inquietante y extraordinariamente bella.

Las protagonistas femeninas son muy diferentes entre sí. La esposa, Kitty, es una joven preciosa, de una belleza casi deslumbrante, pero con un comportamiento distante y frío en general. No es una mujer afortunada. Ha vivido la muerte de su único hijo, y de repente tiene que hacerse a la idea de que su marido Chris, recién llegado del frente, no guarda ninguna memoria de ella, y lo que es peor, parece no sentir ninguna atracción por la que durante un tiempo fue su mujer. Su carácter egoísta o frívolo sale a relucir en varias ocasiones a lo largo del libro, a veces con una crueldad inusitada, pues le cuesta creer que su marido esté enfermo y actúa como si todo lo que está ocurriendo fuese provocado conscientemente por el pobre Chris. En cambio Jenny, la prima, se muestra mucho más comprensiva desde el primer momento, apreciándose en ella un amor sincero hacia su primo, tanto que no oculta su alegría ante el hecho de que Chris se reencuentre con su antigua amada si ello le ayuda a conseguir la felicidad. La otra figura femenina de este curioso triángulo es Margaret, una mujer que, a pesar de tener posiblemente la misma edad que Kitty, muestra en su piel y en su cuerpo los estragos de una vida más dura, pues procede de una clase social inferior, huellas que la hacen aparecer como una flor marchita al lado de la resplandeciente Kitty. Sin embargo, desde que vuelve del frente, Chris sólo tiene ojos para ella. Incluso cuando se reencuentran y él la ve quince años mayor que la última vez que se vieron, el amor que siente por ella parece hacerse incluso más fuerte. Ambos retoman un idilio que se vio interrumpido por los celos y la mala suerte, y disfrutan de esta oportunidad que la vida ha vuelto a brindarles en forma de ¿enfermedad? mental. Su prima Jenny, quien se debate entre la tristeza por la pérdida de recuerdos de su amado primo por un lado y la alegría de verle tan feliz por otro, lo describe con palabras tan hermosas como éstas:

"Sentía ciertamente un frío orgullo intelectual ante su rechazo a recordar su próspera madurez, ante su determinación a habitar el tiempo de su primer amor, porque demostraba que estaba mucho más cuerdo que el resto de nosotros, que nos tomamos la vida tal como viene, cargada de lo innecesario e irritante. Incluso estaba dispuesa a admitir que su elección de lo que era para él la realidad, al margen de todas las numerosas evidencias puestas ante él por el mundo, su hábil recuperación de la perla perdida de la belleza era la demostración de talento que siempre había esperado de él. Pero no hacía más llevadera la dolorosa exclusión de su vida de la que yo era objeto."

Jenny sabe además que mientras Chris no recupere la memoria, no podrá volver a la suciedad y el frío de la trinchera. Ello le hace profesar un extraño cariño por Margaret, que es quien le mantiene alejado de esa realidad. Sabe que en el momento en que el engaño acabe, Chris volverá a luchar y a estar en peligro. Y esa idea le hace desear que no se cure nunca.

La historia, narrada con una prosa elegante plagada de imágenes y descripciones de olores y sensaciones, plantea varios interrogantes al lector. ¿El ataque de amnesia es una forma de defensa inconsciente de Chris para alejarse de una vida que no le llenaba? ¿Hasta qué punto somos capaces de diferenciar la locura de la cordura cuando se trata de buscar la felicidad? ¿Se ama de verdad a una persona cuando no somos capaces de sacrificarnos porque ella sea feliz, aunque ello implique un gran sufrimiento para nosotros?

Sinceramente creo que esta bella y breve novela (140 páginas) que se leen de un tirón es un ejemplo de literatura con mayúsculas. Rebecca West bucea por las emociones y los fantasmas de nuestro interior con la delicadeza de una bailarina y la valentía de un acróbata. La historia aparece así ante nuestros ojos como una pieza de danza o una acrobacia que emocionan a quien lo ve. En este caso a quien lo lee. Si a ello añadimos la evocadora edición realizada por la editorial Herce, no puedo más que suscribir plenamente el calificativo de obra maestra que se le ha dado a este libro.

La escritora Rebecca West

viernes, febrero 27, 2009

ISAAC ROSA: El país del miedo

Me esperaba más de la nueva novela de Isaac Rosa, probablemente porque la primera obra que leí de él (¡Otra maldita novela sobre la guerra civil) me encantó, además de poseer un planteamiento muy original. No me ha ocurrido lo mismo con El país del miedo que, aún siendo también bastante curiosa y estando bien escrita, no está a la altura de aquella otra. Quizás la culpa la tenga el protagonista, Carlos, que se me hizo antipático desde el principio por ser un auténtico pusilánime. Creo que le cogí algo de ojeriza. Me ha ocurrido con algún otro libro leído con anterioridad, como la portera Renée de La elegancia del erizo, empeñada en aparecer como una ignorante ante sus vecinos. Hay personajes que se te atragantan, es inevitable, aunque posiblemente esta era la intención de Rosa al escribir el libro. Porque creo que pocas personas sentirán simpatía por el desdichado Carlos, cuya actitud a lo largo de la novela dejará mucho que desear.

La historia tiene dos partes que se van alternando a lo largo de los diferentes capítulos, siguiendo el esquema que Rosa ya trazara en su anterior novela arriba mencionada. En este caso asistimos a las desventuras de Carlos, un hombre de mediana edad casado y con un hijo adolescente, que teme prácticamente a todo lo que le rodea, o mejor dicho, que es plenamente consciente de todos los peligros que en la sociedad actual pueden acechar al ser humano. Esta "obsesión" no le impide desarrollar una vida más o menos normal, con ciertas manías destinadas a garantizar una mayor seguridad tanto de él como de los suyos, hasta que un suceso acaecido a su hijo convierte su ¿plácida? existencia en una especie de pesadilla. Un chico comienza a acosar a su retoño, maltratándole física y psicológicamente, y el descubrimiento de este hecho desvelará a Carlos la fragilidad en la que se mueven, lo peligroso que puede ser el mero hecho de ir a la escuela. Sin embargo lo peor va a ser el descubrimiento de su propia cobardía, de su falta de agallas para enfrentarse a un niño (él lo llama así en todo momento), que pronto comenzará a acosarle a él también, hasta el punto de hacerle la vida imposible.

Los capítulos que narran la historia de Carlos y su familia se alternan con otros dedicados a enumerar todos los posibles peligros y fuentes de miedo que podemos encontrar a nuestro alrededor. Esta ha sido para mí la parte más interesante. Rosa ha reunido en un solo libro todas las fobias, temores y oscuridades que pueden acecharnos en algún momento de nuestras vidas. De hecho es prácticamente imposible no reconocernos en alguno de ellos. Se supone que es el propio Carlos el que repasa para nosotros el siniestro listado en su cabeza, lo que sin duda volvería loco a cualquiera que en la vida real se encontrara en ese caso. Allí se citan miedos tan habituales como el miedo a la oscuridad, a ser heridos, a sufrir dolor, a ser atacados, secuestrados, torturados, o asesinados; el miedo a la enfermedad y sus consecuencias; a perder un hijo; y a otro tipo de macabros sucesos que desgraciadamente ocurren casi todos los días. Pero también aparecen temores menos habituales como el miedo a la guerra y a la violencia que esta conlleva; el rechazo a lo desconocido que se tiñe de xenofobia en muchas ocasiones (la consabida frase de "yo no soy racista pero..."), los estereotipos de terror inculcados por el cine desde pequeños, el riesgo de viajar a países considerados peligrosos, etc. Os dejo una de sus reflexiones que me ha parecido especialmente interesante:

"Aprendemos a tener miedo. Existe toda una pedagogía que desde el nacimiento nos enseña a qué debemos temer. Hay miedos heredados, claro, inscritos en la evolución genética tras milenios de evolución (...) Hay temores que parecen innatos, por ejemplo la oscuridad, un ruido fuerte, una luz cegadora, un rostro furioso que provoca el llanto de un bebé. Hay otros de transmisión cultural, asimilados, como memes que todos compartimos, que a todos inquietan por igual: ser encerrados, nadar en aguas profundas, ciertos animales de mala reputación, algunos insectos y reptiles, y muchos de los lugares del miedo en la ciudad y en el campo (...) Pero la mayor parte de nuestros miedos, aquellos que nos acompañarán de por vida, son resultado de un proceso educativo, los aprendemos (...) Tales enseñanzas, que en la infancia tienen un sentido instructivo a modo de lección a seguir, perviven en la edad adulta, adaptadas. La desconfianza ante los desconocidos, el miedo al extraño, al mundo exterior como una amenaza, no desaparece jamás, y las calles oscuras nos devuelven siempre a aquel bosque con lobo, de la misma forma que el último pederasta, el secuestrador de niños, es la enésima reencarnación del ogro que recorre las aldeas raptando chiquillos para luego devorarlos en su cueva; y a su vez el enfermo que se hace pasar por jovencita en un foro de Internet para concertar una cita con su próxima víctima es aquel lobo que engañaba a los inocentes cabritillos haciéndose pasar por su madre."

El final sí me ha gustado, aunque pueda tacharse de pesimista, pero me parece un buen cierre para la historia. No obstante creo que el peso de la novela recae en los capítulos dedicados a reflexionar sobre los motivos del miedo más que en la historia en sí, que quizás es demasiado simple. De todas formas hay que admitir que siempre es un placer leer a Rosa, que se está haciendo con un hueco en el panorama narrativo español, gracias a un estilo cada vez más propio y personal. No es una obra maestra, pero sí un ejercicio curioso de narrativa y una reflexión profunda sobre el origen de nuestros miedos y las posibles consecuencias de no enfrentarnos a ellos. Desde ese punto de vista sí que os lo recomiendo.

Más reseñas de obras de Isaac Rosa:
- ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!

lunes, febrero 23, 2009

EL CIRCO DEL SOL: Varekai

Nunca había ido a ver un espectáculo del Circo del Sol. Este año, en cuanto vi que venían a Sevilla por ¿tercera? vez no lo dudé y compré rápidamente las entradas. Llevaba mucho tiempo queriendo ver a unos artistas que todo el mundo describía como increíbles. Hace un par de semanas llegó el momento, y al fin pude entender por qué esta multitudinaria compañía ha conseguido encandilar a millones de espectadores de todo el mundo. Lo que ofrece el Circo del Sol no es un espectáculo de danza ni de acrobacias. Es mucho más. Son dos horas mágicas en que el tiempo parece detenerse y sólo hay sitio para la música, el arco iris del vestuario, las luces, los vuelos increíbles sobre el escenario, y las acrobacias imposibles de auténticos gimnastas forzándose hasta el límite de su capacidad. Ciertamente es algo singular, digno de verse, pues creo no haber contemplado nada parecido en toda mi vida. Cuando la función terminó, tras una lluvia de aplausos y vítores que parecía no tener fin, aún me sentía transportada por lo que había visto.

Aquí os dejo uno de los momentos más emocionantes, el vuelo de Ícaro, que me dejó sin respiración nada más comenzar el espectáculo. Claro que no es lo mismo verlo en directo, pero creo que la belleza de este número no necesita palabras. Espero que lo disfrutéis, tanto los que ya lo hayáis visto como los que no. Yo no pienso perderme en adelante ni uno solo de sus espectáculos. Me han seducido.

sábado, febrero 14, 2009

KHALED HOSSEINI: Mil soles espléndidos

Este es uno de los libros más emocionantes que he leído en mucho tiempo, si entendemos emocionante en el sentido de despertar nuestras emociones, hasta llevarnos de la lágrima a la sonrisa en unas cuantas páginas. Eso es lo que consigue la historia de amistad entre dos mujeres afganas, Marian y Laila, que el escritor afgano Hosseini convierte en la médula espinal de este hermoso libro que atrapa al lector nada más conocer a Marian al principio de la historia.

La novela nos transporta a ese complicado país que es Afganistán, haciendo un repaso de toda su historia reciente, desde la invasión soviética de los años 80 hasta la caída de los talibanes tras los ataques de Estados Unidos en el 2001. Marian y Laila viven así todas las desdichas que significa habitar en un país sumergido en continuos enfrentamientos. Como mujeres que son, el régimen talibán es extremadamente cruel con ellas, negándoles la posibilidad de una vida digna, arrebatándoles sus derechos y amparando el maltrato y las humillaciones a que son sometidas una y otra vez.

La historia comienza con Marian, una niña harami (bastarda) que aguarda con impaciencia la llegada de los jueves porque es el día en que su padre, Yalil, se acerca a la casa donde vive con su madre a visitarla. A pesar de las advertencias de su madre, que le tenía expresamente prohibido el acercarse a la ciudad a buscar a su padre, un día Marian la desobodece y marcha en pos de su progenitor. Esa decisión, que le llevará a conocer quién es en realidad Yalil, desencadenará una serie de acontecimientos que cambiarán su vida y acabarán llevándola a vivir a Kabul.

El libro no es fácil de leer, por la dureza de algunos de sus pasajes. Marian caerá muy pronto en las garras de un marido violento que la maltratará una y otra vez. La vida no le sonreirá, al menos hasta encontrar una Laila, una chica joven que se convertirá en su más fiel aliada. La amistad entre ambas mujeres será la tabla de salvación para ambas, y les proporcionará momentos de felicidad en su lucha diaria por sobrevivir y por ser respetadas.

Debo reconocer que, cuando empecé a leer el libro, llegó un momento en que comenzó a enojarme. Tenía la impresión de que el sufrimiento era excesivo, que las desdichas de las protagonistas eran interminables, y eso me agotaba. No me apetecía seguir leyendo una desgracia tras otra. Llegué incluso a plantearme si continuar o no con su lectura, habida cuenta de que ésta coincidió con los brutales ataques de Israel a los palestinos de hace unas semanas, lo que le daba aún más visos de realidad a la historia, más verismo. No obstante, hice de tripas corazón y continué. Y ahora me alegro, porque es ciertamente una lección de humanidad lo que nos brinda Hosseini en este libro. Una historia de superación y segundas oportunidades, donde al final, a pesar de lo densa que puede llegar a ser la oscuridad, siempre hay lugar para un rayo de luz, por pequeño que sea.

Que esa esperanza no se apague nunca para los afganos. Ojalá que puedan vivir pronto el final feliz que se merecen.

martes, febrero 03, 2009

La clase (Entre les murs)

Esta es una película que mucha gente debería ver. Los que nos dedicamos a la docencia, porque nos sentiremos identificados con muchas de las situaciones que aparecen en ella. Y los que -por suerte o por desgracia- están lejos de las aulas, porque es necesario que la sociedad sea testigo de lo que ocurre hoy en día dentro de los institutos de secundaria. Y es que, a pesar de que la película analiza una situación límite, los adolescentes que en ella aparecen son muy parecidos a los que nos podemos encontrar en cualquier lugar: insolentes, apasionados, manipuladores o nobles, dependiendo de la situación y el momento. No hay buenos ni malos. Todos tienen su cara y su cruz. Son personajes reales, creíbles, y lo más impresionante de estos actores, que bordan su papel, es que ni siquieran son actores en realidad. Son alumnos de un instituto francés que durante un año, se prepararon junto a sus profesores para participar en la película. El resultado es una cinta con visos de documental, sincera y emotiva, que hace respirar al espectador el verdadero ambiente de un centro educativo en la actualidad.

El protagonista del film es un profesor de lengua, François, cuyo papel es interpretado por François Bégaudeau, autor del libro en el que se inspira el largometraje. A diferencia de la película, el libro no ha despertado demasiadas pasiones, y sus críticas no son muy favorables. Sin embargo, la adaptación cinematográfica que ha realizado el director Laurent Cantet está llena de vida, y ha sido premiada con la Palma de Oro en el último festival de Cannes.

Los alumnos de François son muy diferentes entre sí. Los inmigrantes tienen una fuerte presencia en su aula, y muestran actitudes muy distintas ante los retos planteados por el profesor. Éste trata en todo momento de atraerse a los alumnos y de conectar con ellos, cayendo a veces (según mi punto de vista) en un colegueo excesivo. No obstante, los que un día le escuchan y le atienden con más o menos interés, al día siguiente se muestran insolentes e incluso desafiantes, mostrando el frágil equilibrio que se establece en ocasiones en una clase. Los adolescentes tienen un humor cambiante, a menudo pierden los nervios y se alteran con facilidad, y aunque el profesor es consciente e intenta no caer en sus provocaciones, a veces es inevitable el conflicto, el choque, y esta es la situación que la película aborda de una manera más que inteligente. Las posibles consecuencias que las sanciones impuestas por un centro educativo pueden tener en la vida de un alumno es otra de las cuestiones que aparecen en la pantalla, y dan pie a un interesante debate entre los propios profesores.

El instituto es un pequeño mundo donde se establecen relaciones complejas, en las que tanto alumnos como profesores tienen mucho que aprender los unos de los otros. Esta realidad es la que La clase intenta reflejar, en un alarde de buen cine y sinceridad que se agradece cuando una lleva ya unos cuantos años dedicada a estos menesteres, y cuando los profesores no gozamos de demasiada simpatía en la sociedad que nos rodea. Nos acusan de trabajar poco y no esforzarnos lo suficiente, de no saber ponernos en el lugar de nuestros alumnos. De disfrutar de unas vacaciones interminables y en cierto modo inmerecidas. Muchos no se paran a pensar la cantidad de horas extra que nuestro trabajo conlleva. El hecho de que para la mayoría de nosotros la jornada escolar sigue en casa, donde siempre hay clases que preparar y exámenes que corregir, fines de semana incluidos. No son conscientes de la dificultad que entraña el tratar con personas que tienen opiniones tan variadas y que atraviesan una etapa decisiva en sus vidas, en la que todo se magnifica y en la que es fácil anteponer otros muchos intereses por encima de los estudios. Siempre he pensado que la educación es una de las profesiones más fascinantes que hay -en caso contrario no podría dedicarme a esto- pero por esa misma razón es capaz de absorberte a veces hasta límites insospechados. Y el apoyo de todos los colectivos que no pertenecen a este mundillo, especialmente el de los padres y madres de nuestros alumnos, es fundamental. Al fin y al cabo todos ganamos si conseguimos una educación de calidad. Estamos sembrando futuro.

Bien por Cantet, por escoger este tema y por convertirlo en una película interesante y amena. Y bien por los actores, que realmente no lo parecen en ningún momento. No perdáis la ocasión de ir a verla si podéis.

jueves, enero 22, 2009

ARTO PAASILINNA: El molinero aullador

Vuelvo por segunda vez a este autor finlandés, del que ya había leído aquella simpática novela titulada Delicioso suicidio en grupo, comentada en este mismo blog. En este caso Paasilinna hace un alegato contra la intolerancia y el fanatismo, a través de una fábula con mucha acción y personajes únicos, donde el humor, como ya ocurría en la obra antes mencionada, no podía faltar.

Lo primero que llama la atención de este libro es su ingenioso título. En efecto, el protagonista, Gunnar Huttunen, es un ser extraño a ojos de los vecinos del pueblo donde acaba de instalarse, no sólo por su apariencia física (mide casi un metro noventa, tiene el pelo tieso como púas y unos rasgos faciales muy acusados), sino por su decisión de arreglar y poner en funcionamiento un viejo molino en ruinas que los habitantes del pueblo casi habían olvidado. Sin embargo, el hábito más extravagante de Huttunen estaba aún por descubrir, aunque sus vecinos pronto empezarán a sufrirlo durante las noches, cuando un aullido desgarrador los despierte de forma súbita impidiéndoles conciliar el sueño de nuevo. Y es que el molinero tenía como costumbre desahogarse aullando, cosa que no va a gustar mucho a nadie y que acabará provocando su ingreso en un manicomio y un sinfín de desventuras más.

Este es el esqueleto sobre el que gira la historia inventada por Paasilinna. Creemos encontrarnos ante un ser extraño e inquietante, pero pronto nos damos cuenta de que el corazón del molinero está lleno de bondad, a diferencia de sus "normales" vecinos que al final resultan estar más trastornados y ser más maquiavélicos que el ruidoso molinero. Hasta el punto de que se obsesionarán con encerrarlo y perjudicarlo lo máximo posible. Huttunen sólo encontrará apoyo en un círculo muy reducido de personas, entre las cuales destaca la dulce Sanelma Kayramo, que verá en él a un hombre afable y atento, por lo que no tardará mucho en caer rendidamente enamorada a sus pies. No ayuda a nuestro protagonista el poseer un temperamento algo impulsivo con cierta tendencia a la destrucción, exacerbado por el comportamiento egoísta e intolerante de algunos de sus vecinos. El lector no puede evitar sentir simpatía ante un personaje así, acosado por todos, y que lo único que pretende en todo momento es vivir en paz junto a su adorada Sanelma, sin entender la obsesión de estos oscuros villanos por hacerle la vida imposible. Sin duda, son ellos quienes deberían estar encerrados en un psiquiátrico.

A pesar de que el estilo es bastante parecido al de Delicioso suicidio en grupo (con menores toques de humor negro quizás), creo que me gustó más aquélla. Supongo que el planteamiento de esta obra es menos original que la anterior, que resultaba sorprendente desde la primera hasta la última página. Sin embargo, eso no es óbice para pasar un buen rato y disfrutar con las desventuras del aullador Huttunen, que debe ingeniárselas una y otra vez para sobrevivir en un entorno que le es completamente hostil, por el mero hecho de ser muy diferente a los demás. Una triste realidad que se ha repetido -y lo seguirá haciendo- en numerosas ocasiones a lo largo de la historia.

Otras reseñas de obras de Arto Paasilinna:
- Delicioso suicidio en grupo

sábado, enero 10, 2009

Escapada navideña a Burgos

Entre los cientos de lugares que aún me quedan por descubrir (muchos de ellos en España) se encontraba hasta hace unos días la maravillosa ciudad de Burgos. Hemos pasado allí los primeros días de enero, aprovechando también para hacer una rápida visita a Madrid, repleta siempre en estas fechas, donde pude disfrutar de la exposición sobre Rembrandt organizada por el Museo del Prado. Siguiendo la recomendación de Carmen Álvarez en su blog, me acerqué además a la Fundación Mapfre para admirar una menos conocida pero igualmente interesante muestra sobre Degas, maravilloso pintor y escultor de bailarinas, y otra exposición sobre los pintores españoles del siglo XIX situada en el mismo edificio, con un repertorio impresionante de obras entre las cuales destacan las luces mediterráneas y los niños de Sorolla.

Al llegar a Burgos, nos sorprendió gratamente la amabilidad de todas las personas que nos íbamos encontrando. Es una ciudad acogedora, una pequeña joya para pasearla y perderse por sus calles, presidida por una majestuosa catedral que se ve casi desde cualquier punto de la ciudad. El edificio ha sido restaurado hace poco, y es una de las catedrales góticas más hermosas que puedan contemplarse. En ella trabajaron maestros de la talla de Gil y Diego de Siloé, junto a la familia Colonia. El interior es soberbio, destacando sus bóvedas caladas, y especialmente la famosa Capilla del Condestable, llena de brocados y filigranas en piedra que dejan al visitante maravillado ante tal delicadeza a la hora de esculpir este material.


Recorrer el centro a pie, pararse a tomar tapas en los muchos bares que jalonan las calles de la ciudad y dar un paseo (si no hace demasiado frío, como afortunadamente nos ocurrió a nosotros) por la ribera del río Arlanzón, son toda una experiencia que nadie que se acerque a Burgos debe perderse. La cultura de tapeo es de una calidad altísima y muy variada. Delicias como el crujiente de morcilla, los mejillones tigre, o el langostino hilado, entre muchas otras, son sólo algunos ejemplos de la cantidad de tapas que el visitante puede disfrutar. El riesgo es querer probarlas todos cuando uno entra a un bar y las ve dispuestas en la barra de forma tan llamativa. Si a eso le sumamos unos camareros más que serviciales, comprenderéis por qué comer en Burgos puede ser todo un placer para nuestros sentidos. A nosotros nos vino muy bien tener en nuestras manos la guía Tapeando por Burgos, que nos facilitaron en el hotel y que podéis conseguir directamente pinchando aquí.

Y por supuesto es imprescindible una visita al Monasterio de las Huelgas y a la Cartuja de Miraflores. Esta última es una joya del gótico flamígero en la que trabajó el ya mencionado Gil de Siloé. El retablo y los sepulcros de Juan II e Isabel de Portugal (padres de la reina Isabel la Católica) y del infante Alfonso atraparán vuestra atención por su delicadeza y su maestría. Es increíble la ductilidad que parece adquirir la piedra en manos de un gran escultor como lo fue Siloé.

Por cierto, si el día está claro es obligado subir a la zona del castillo, desde donde se disfruta de unas vistas impresionantes de toda la ciudad. Si aún no la conocéis, no dejéis de descubrir un lugar repleto de rincones mágicos y con un encanto tan especial. Es una ciudad única.

martes, enero 06, 2009

STIEG LARSSON: Los hombres que no amaban a las mujeres

Los hombres que no amaban a las mujeres es mi primer libro del 2009. Y no podía empezar mejor. Una historia absorbente, bien estructurada, y narrada de forma sencilla y ágil. Convertida en un best seller dentro y fuera de su país, la primera novela de la trilogía Millennium del sueco Stieg Larsson, consigue su propósito.: el lector se olvida completamente del mundo exterior y queda atrapado en una red de misterio que el autor teje con gran maestría. Lástima que Larsson nos haya dejado un legado tan breve antes de su repentina muerte, pues esta obra anuncia la que podría haber sido una gran carrera literaria en el mundo de la novela negra.

Supongo que a estas alturas la historia de este malogrado escritor es harto conocida. Larsson murió de un ataque al corazón en noviembre de 2004, con solo cincuenta años de edad. Cuando esto sucedió, aún no se había publicado ninguna de las tres obras que conforman la trilogía, que vieron la luz poco tiempo después. Lo curioso es que su viuda, la arquitecta Eva Gabrielsson, no va a recibir absolutamente nada de los beneficios recaudados por la venta de estos libros, porque no estaban casados en el momento de la muerte de Larsson y la ley sueca no le reconoce ningún derecho sobre su herencia. El padre y el hermano de Larsson son los únicos beneficiarios, y al parecer no se llevan demasiado bien con Gabrielsson. La historia es propia de un culebrón, y a no ser que se llegue a un acuerdo es Eva las que tiene todas las de perder.

Larsson siempre estuvo muy preocupado por los temas relacionados con los derechos humanos. La violencia contra las mujeres (que es el trasfondo real de este libro), y el racismo eran dos de sus obsesiones. Poseía un amplio conocimiento de los grupos de ultraderecha suecos, lo que provocó que llegara a recibir varias amenazas de muerte. Finalmente un ataque cardíaco pudo más que sus ganas de luchar contra estas injusticias.

En Los hombres que no amaban a las mujeres, Larsson demuestra un gran dominio de las técnicas de la novela negra. Se ha dicho de este libro que "es un típico misterio de la habitación cerrada, con un montón de gente alrededor de una habitación donde hay que descubrir quién es el asesino, con la diferencia que aquí la habitación es una isla. Pero los otros libros son completamente diferentes en estructura, cada uno explora un paradigma del género". Son palabras de Daniel Poohl, el periodista que ha sustituido a Larsson al frente de Expo, la revista que éste dirigía. Es una forma muy apropiada de describir la obra. En ella se dan cita los elementos fundamentales de toda novela negra, aunque tratados de una forma original. El protagonista es un periodista-detective con éxito, valores éticos más o menos elevados y mucho encanto ante las mujeres, llamado Mikael Blomkvist. Sin embargo, junto a él encontramos a un personaje a mi juicio mucho más interesante. Se trata de la misteriosa Lisbeth Salander, una chica delgada (con apariencia anoréxica según es descrita en la obra), horadada por varios piercings y llena de tatuajes, que es en principio el polo opuesto de Blomkvist. Su idea de lo correcto y lo no correcto deja mucho que desear en algunos aspectos, es vengativa y obstinada, y su comportamiento (fruto de una infancia que adivinamos temible) la convierte en una persona muy difícil de tratar. Sin embargo es una genial investigadora. Este extraño dúo será el encargado de encontrar el culpable de la desaparición, hace más de treinta años, de una adolescente en una isla sueca propiedad de una rica familia. A lo largo de la investigación, Mikael y Lisbeth se enfrentarán a situaciones peligrosas y harán terribles descubrimientos, en una trama bien urdida y que es difícil de abandonar una vez inmersos en ella.

Ahora bien, los amantes de florituras literarias que disfrutamos con la escritura en sí no encontraremos buenos ejemplos en este libro. Su estilo es sencillo, correcto, pero quizás demasiado monótono. Se echan de menos algunas imágenes o frases de esas que uno tiene que ir corriendo a anotar no sea que olvidemos haberlas leído alguna vez. A cambio de ese ¿defecto? Larsson nos regala una obra fascinante, y un personaje femenino de los más carismáticos que he podido encontrar en mucho tiempo. Ya estoy deseando hacerme con la segunda parte, La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina, donde al parecer Salander toma un protagonismo mayor que en esta novela.

Creo que, a pesar de su condición de best seller, esta novela es de lectura más que aconsejable para poder experimentar el gusto de devorar 666 páginas en unas cuantas horas. Un placer que se puede comparar con muy poquitas cosas en este mundo. Una auténtica delicia sueca.

miércoles, diciembre 31, 2008

Mis mejores lecturas del 2008

Como ya recordaréis, el año pasado por estas fechas hice una pequeña selección de libros que me habían sorprendido o gustado por encima de los demás. Este año, para instaurar ya una especie de tradición, me he decidido a hacer lo mismo. Así que ahí va mi lista de lecturas destacadas de este 2008 al que le quedan muy pocas horas:

- CRISTINA FERNÁNDEZ CUBAS: Todos los cuentos. Es el último que he reseñado, y mi gran descubrimiento de este año. He pasado unas horas maravillosas leyéndolo.

- IAN McEWAN: Expiación. Otro título absorbente y escrito de forma exquisita. Otro autor al que tengo que volver (ya tengo preparado en la recámara Chesil Beach).

- DAVID TRUEBA: Saber perder. Ha sido mi libro del verano. Los personajes me encandilaron, y la historia me atrapó desde el principio.

- JOHN STEINBECK: Las uvas de la ira. Un libro desgarrador e hipnótico.

- SAM SAVAGE: Firmin. Me enamoré de este ratoncito desde el principio. Encantador.

- VASSILI GROSSMAN: Vida y destino. Una obra maestra aunque difícil de leer.

- ALBERTO MÉNDEZ: Los girasoles ciegos. Uno de los libros que más me ha emocionado. ¡Aún no he sido capaz de ver la película!

De nuevo dejo atrás autores tan importantes como Vila-Matas, Millás, Marai... He escogido aquellos libros que me han marcado de forma especial, bien por su trama, por la caracterización de los personajes, por la forma de escribir de sus autores... Son mi acervo literario del 2008, mi maleta de lecturas que me acompañará siempre. Porque lo maravilloso de cada libro es su manera de perdurar en nuestro interior. Algunas lecturas nos hacen incluso cambiar el prisma a la hora de mirar el mundo y la realidad. Somos más ricos cuanto más leemos, estoy más que convencida de ello.

Ahora os toca a vosotros dejarme vuestras recomendaciones del 2008, para seguir llenando mi libretita de títulos imprescindibles para los próximos meses.

Felices lecturas y feliz 2009.

Imagen: Monica reading, de ANNE BELOV

domingo, diciembre 28, 2008

CRISTINA FERNÁNDEZ CUBAS: Todos los cuentos

Este es uno de los pocos libros que he comprado casi sin pensar. Llevaba unos días viéndolo en La casa del libro, y una tarde lo cogí y empecé a hojearlo. Cinco minutos después estaba esperando en la cola de la caja para comprarlo. Me atrajeron de él un cúmulo de cosas: su portada, donde aparece un sugestivo óleo de un pintor que no conocía, Mark Keller; la cuidada edición de Tusquets (fondo negro con caracteres blancos, igual que el diseño de mi blog); y por encima de todo, como no podía ser menos, los pocos fragmentos que tuve tiempo de leer por encima. Fue una decisión acertada pues, una vez terminado, debo decir que nos hallamos ante un libro muy especial, una obra maestra del cuento fantástico, que la autora eleva a cotas inesperadamente altas para este género. En definitiva, una lectura más que imprescindible.

El libro reúne los veinte relatos de los cinco libros de cuentos que la autora ha escrito y publicado hasta la fecha: Mi hermana Elba, Los altillos de Brumal, El ángulo del horror, Con Agatha en Estambul, y Parientes pobres del diablo. Como colofón se incluye un relato muy original, El faro, en el cual el principio se corresponde con un cuento que Edgar Allan Poe dejó inacabado (sólo lo comenzó). Pues bien, la habilidad de Fernández Cubas logra conducir la historia hasta un final sorprendente que probablemente habría deslumbrado al propio Poe, con ecos de Lovecraft y de sus misteriosos seres monstruosos.

Es la primera vez que leo a esta autora, y ha sido toda una experiencia. Cada relato es distinto del anterior, pero todos consiguen atrapar al lector desde las primeras líneas, algo difícil en este género. Todos los cuentos del volumen son apasionantes. Abundan los finales ambiguos y misteriosos, que dejan al lector desconcertado a la vez que maravillado ante lo que acaba de leer. La fantasía y el terror reinan en un mundo poblado por espíritus, pueblos encantados y objetos que esconden secretos extraordinarios. Un mundo que se extiende por lugares tan remotos como África o la lejana Rusia. Un mundo donde se dan cita viejos internados, casonas aisladas en el campo, conventos de clausura, pueblos perdidos en la montaña, junto a lugares tan poco originales en principio como una oficina o una casa junto a la playa. Los escenarios y los personajes cambian una y otra vez, pero el halo de misterio que se crea en cada historia nos arrastra hasta el punto de que resulta prácticamente imposible dejar de leer hasta llegar al final del relato. Y cuando una historia termina, los personajes y lo allí narrado siguen bailando en nuestra cabeza, hasta que un nuevo misterio atrapa de nuevo nuestra atención.

La prosa de Fernández Cubas es deliciosa. Pocas veces he tenido la oportunidad de leer algo tan bien escrito y tan sugerente. Se hace preciso saborear cada párrafo, cada frase, pero al mismo tiempo la vista avanza rápida absorta en lo que está ocurriendo ante nuestros ojos y deseosa de adivinar lo que va a acontecer unos instantes más tarde. Como vengo haciendo habitualmente, os dejo una muestra para abriros el apetito. En este caso se trata del inicio del cuento llamado Ausencia:

"Te sientes a gusto aquí. Estás en un café antiguo, de veladores de mármol y camareros decrépitos, apurando un helado, viendo pasar a la gente a través del cristal de la ventana, mirando de vez en cuando el vetusto reloj de pared. Las once menos cuarto, las once, las once y diez. Hasta que de pronto -y no puedes explicarte cómo ha podido ocurrir- sólo sabes que estás en un café antiguo, apurando un helado, viendo pasar a la gente a través de los cristales y mirando de vez en cuando hacia el reloj de pared. "¿Qué hago yo aquí?" te sorprendes pensando. Pero un sudor frío te hace notar que la pregunta es absurda, encubridora, falsa. Porque lo que menos importa en este momento es recordar lo que estás haciendo allí, sino algo mucho más sencillo. Saber quién eres tú."

El suplemento Babelia del pasado sábado cita a esta obra entre una de las diez mejores del año. Me sumo a la recomendación. Lástima no haber descubierto a Cristina Fernández Cubas con anterioridad. Enhorabuena a Tusquets por esta cuidada edición que me ha permitido acercarme a esta original autora. Definitivamente un diez. Y no os sorprendáis si mientras leéis en la oscuridad de la noche os descubrís a vosotros mismos mirando de reojo la puerta de la habitación o vuestro reflejo en el espejo del fondo. Entonces habréis entrado de lleno en el mundo de Fernández Cubas.

sábado, diciembre 20, 2008

Por unas Navidades distintas

Bueno, otra vez han pasado semanas sin dejarme caer por aquí. Ha sido imposible dedicarle un rato al blog, entre exámenes, cuadernos, un curso que tenía que terminar, y evaluaciones todas las tardes. Las últimas semanas antes de las vacaciones de Navidad son tremendas. El tiempo vuela y las tareas se acumulan. Al final llega la recompensa, el descanso, la recuperación del tiempo libre -si bien en estas fechas la acumulación de reuniones sociales absorben también gran parte de nuestro tiempo-. Tener ratitos para leer, acurrucada en el sofa con un libro en una mano y un café caliente en la otra. Algo tópico, de acuerdo, pero no me negaréis que es uno de los mayores placeres a los que podemos entregarnos en estos días invernales.

Los que frecuentáis este espacio ya sabéis que no soy una adicta a las Navidades. De hecho estas fechas me vuelven un poco melancólica. Pienso en otro año que se acaba (aunque me rijo más por el año escolar, el que comienza en septiembre y termina en junio), y que aún me quedan muchos proyectos por delante, y que si no me apresuro quizás no llegaré a tiempo de hacer todo lo que he soñado hacer en mi vida. Pienso en el frío, en la cantidad de personas que en estos días están solos, en los animales abandonados y en los recogidos en residencias que esperan alguien que les adopte y les lleve a un lugar más confortable. Sé que son fiestas para disfrutar y pasarlo bien, para hacer y recibir regalos, para pasar buenos ratos con la familia y amigos. Y aunque lo intento, no puedo evitar pensar en esas otras cosas que siempre han empañado mi visión de la Navidad. ¿Qué ocurre con todos los que quedan fuera del sistema? ¿Los que no hacen ni reciben regalos? ¿Los que no pueden comprar nada? ¿Los que pasan frío mientras nosotros andamos calentitos entre celebración y celebración?

Sin ánimo de amargar las Navidades a nadie, creo que todos deberíamos pararnos a pensar un poco en ello. Intentar no sucumbir a las comilonas interminables, a la acumulación de regalos innecesarios, al derroche en un mundo que se nos queda pequeño y que en muchos aspectos estamos dejando medio moribundo. Son fechas para divertirse, es cierto, pero también para ser conscientes de todo aquello que no funciona y que deberíamos intentar mejorar. Y hacer lo que podamos para conseguirlo. Por esta razón quiero recomendaros que veais un vídeo que un compañero me mostró hace poco y que puede ayudarnos a abrir los ojos ante la avalancha consumista que nos engulle en estos días. Está dividido en tres partes porque es un poco largo, pero merece la pena dedicarle un rato y pararse a pensar después.



Podemos seguir como hasta ahora y cerrar los ojos ante todas las desgracias, todo lo feo que nos rodea.O podemos aportar pequeños granitos de arena, pequeños cambios en nuestra manera de actuar y de ser que vayan construyendo poco a poco una montaña, en la que quepamos más personas y donde todo esté más repartido. Hay sitio para muchos más en la cima, que es más grande de lo que pensamos. Puede parecer una utopía, pero no por ello debemos dejar de intentarlo.

Felices Fiestas a todos.


miércoles, noviembre 26, 2008

BERTRAND RUSSELL: La conquista de la felicidad

Después de dos semanas algo estresantes sin tiempo apenas para actualizar el blog -aunque admito haber hecho una escapadita cerca, no todo va a ser trabajo- quiero dedicar esta entrada a un autor con mayúsculas, porque es uno de los grandes filósofos y matemáticos de la historia. Bertrand Russell (1872-1970) tuvo una vida larga, intensa y muy fructífera. Luchador y teórico incansable, nunca dejó de defender sus ideas, en pos de una sociedad más justa y un mundo mejor para vivir. Estuvo en la cárcel en dos ocasiones, una por su actividad en favor del pacifismo durante la Primera Guerra Mundial, y otra por participar en una manifestación en contra de las armas nucleares, tarea a la que dedicó los últimos años de su vida. También fue enemigo acérrimo de los fascismos, lo que le hizo dejar atrás su pacifismo para defender una intervención armada que acabara con la amenaza del nazismo en Europa. Su bibliografía es extraordinariamente extensa, y en sus obras trata sobre una multitud ingente de temas, entre los cuales podemos mencionar algunos como el control de la natalidad, los derechos de las mujeres o la existencia de Dios. Esta labor le valió la concesión del Premio Nobel en 1950, como reconocimiento a una obra literaria que asombra por su variedad y sus dimensiones.

La conquista de la felicidad tiene quizás nombre de libro de autoayuda, pero nada más lejos de la realidad. Se trata de un análisis claro y ameno sobre los motivos que nos hacen ser infelices y los que por el contrario pueden darnos la felicidad, explicados por una mente lúcida que recurre a toques de humor y a ironías de forma frecuente. Aunque algunos pasajes pueden haberse quedado un tanto desfasados (el libro fue publicado en 1930), es magnífico en la mayor parte de sus planteamientos, y algunas de las predicciones que en él lanza se han cumplido de forma casi literal, lo que demuestra su capacidad de anticiparse a los acontecimientos futuros.

Es difícil hacer una selección de pasajes o frases a destacar en un texto que merece ser subrayado casi por completo. Me atreveré con algunas reflexiones que me han parecido más que interesantes. Por ejemplo, para Russell una de las razones de la infelicidad reside en las altas expectativas que tenemos de nuestra propia vida. Esto es, no todos los días pueden estar llenos de momentos intensos y excitantes que nos hagan sentirnos exultantes de júbilo. En este sentido, es muy importante que la educación de los niños los prepare desde pequeños para esta realidad:

"La capacidad de soportar una vida más o menos monótona debería adquirirse en la infancia. Los padres modernos tienen mucha culpa en este aspecto; proporcionan a sus hijos demasiadas diversiones pasivas, como espectáculos y golosinas, y no se dan cuenta de la importancia que tiene para un niño que un día sea igual a otro, exceptuando, por supuesto, las ocasiones algo especiales. En general, los placeres de la infancia deberían ser los que el niño extrajera de su entorno aplicando un poco de esfuerzo e inventiva."

En otro capítulo Russell analiza el miedo a lo que los demás puedan decir de nosotros como otra de las razones de la infelicidad, y concluye con esta reflexión:

"Creo que, en general, dejando aparte la opinión de los expertos, se hace demasiado caso a las opiniones de otros, tanto en cuestiones importantes como en asuntos pequeños. Como regla básica, uno debe respetar la opinión pública lo justo para no morirse de hambre y no ir a la cárcel, pero todo lo que pase de ese punto es someterse voluntariamente a una tiranía innecesaria, y lo más probable es que interfiera con la felicidad de miles de maneras."

Me ha sorprendido que, frente a algunas corrientes de la psicología actual que centran la atención en la búsqueda de la felicidad personal dentro de uno mismo ("si no te quieres tú no te querrán los demás" vendría a ser su eslógan), Russell nos habla de una felicidad volcada hacia fuera, para la cual la mejor receta es no hacer daño a nadie, tratar de hacer que los que nos rodean se sientan a gusto, o tener un amplio abanico de ocupaciones que llenen nuestro tiempo y nos estimulen, entre otros. Naturalmente parte de la base de que no tenemos ningún problema realmente grave que nos impida ser felices en un momento dado. En condiciones normales, nos viene a decir, "el secreto de la felicidad es este: que tus intereses sean lo más amplios posible y que tus reacciones a las cosas y personas que te interesan sean, en la medida de lo posible, amistosas y no hostiles."

Creo que este libro puede ayudarnos a abrir los ojos a cosas que quizás no nos hemos parado a pensar, con el fin de eliminar esas barreras -muchas veces autoimpuestas- que nos impiden ser realmente felices, a pesar de tener cubiertas la mayor parte de nuestras necesidades. Puede que nunca encontremos la receta de la verdadera felicidad, pero si vamos juntando ingredientes y los mezclamos a nuestra manera... ¿quién sabe? Quizás podamos saborearla cada vez más a menudo, y hasta coger una indigestión de vez en cuando.

lunes, noviembre 10, 2008

NICK HORNBY: Alta fidelidad

Alta fidelidad es un libro sorprendente. Es fresco y divertido, engancha desde la primera página, y además está bien escrito. Es uno de esos libros que uno no puede dejar de leer con una sonrisa, viendo reflejados sus propios comportamientos o los de algún amigo o amiga muy cercano. Y si además nos gusta la música, aún se disfruta más, pues las referencias a canciones de los 60, 70 y 80 son constantes a lo largo de la novela. Hacía tiempo que no leía un libro tan entretenido, y confieso que lo he saboreado de principio a fin.

Rob Fleming está a punto de cumplir 36 años, tiene una tienda de discos antiguos en el centro de Londres, y su novia, Laura, acaba de dejarle. Este suceso desencadenará una serie de reflexiones que Rob va dejando caer ante el lector envueltas en listas de sus cinco cosas preferidas, tal como él mismo comenta al empezar el libro: "Mis cinco rupturas amorosas más memorables". Por supuesto, Laura no se encuentra en dicha lista, porque al principio Rob está demasiado enfadado con ella para admitir el dolor que le causa esta ruptura. No obstante, a lo largo de los capítulos siguientes, asistimos a un cambio progresivo en su forma de ver la realidad y de valorar las relaciones de pareja. En esa evolución tendrán un papel importante sus amigos, Barry y Dick, y la aparición de una cantante americana por la que Rob se sentirá atraído. De este modo, nuestro protagonista acabará encontrando respuestas para muchas de las preguntas que no puede evitar formularse, y recompondrá (más o menos) una vida sentimental algo complicada que hasta ese momento no había sabido encauzar.

Hornby es un gran creador de personajes, especialmente masculinos. Rob, Barry y Dick aparecen nítidamente dibujados, cada uno a su manera. El primero es el eterno adolescente que todos llevamos dentro, que se pregunta una y otra vez qué es lo que quiere y qué necesita verdaderamente para ser feliz, alguien que a sus 36 años aún no está seguro de sus sentimientos. En definitiva, una persona que se busca a sí misma y que es capaz de aprender de sus errores y recapacitar, aunque a veces le cuesta bastante trabajo. Al ser él mismo el narrador de la historia, su sinceridad con el lector es casi absoluta. De este modo, nos deja párrafos tan profundos como este:

"A lo largo de los últimos dos años, aquellas fotos mías de cuando era niño, las fotos que nunca quise que vieran mis novias, han empezado a producirme una punzada de no sé qué, porque no es exactamente infelicidad, pero sí un pesar a la vez llevadero y profundo. Hay una en la que salgo con un sombrero de vaquero, apuntando con un revólver a la cámara, empeñado en parecer un perfecto vaquero pero sin conseguirlo (...) Quiero pedirle disculpas a ese pequeño, decirle que lo siento, que le he decepcionado. Yo era el que presuntamente tenía que cuidar de él, pero la he jodido: me equivoqué en los momentos malos, y ese crío ha terminado por convertirse en mí."

Los personajes de Barry y Dick son antagónicos. El primero es un tipo duro y desagradable, que no admite muchas opiniones aparte de la suya, pero que al final acaba incluso cayendo simpático al lector. Es quizás el más divertido, por sus ocurrencias. Dick es más tímido, y pasa más desapercibido, aunque constituye un soporte sólido para Rob. Con él compartirá confidencias que no se atreve a confiar a Barry. Sin embargo es el trío completo el que hace que el libro adquiera una magia especial.
La novela fue adaptada al cine en el año 2000 en una versión que refleja muy bien el espíritu del libro y que me encantó, dirigida por Stephen Frears, con el carismático John Cusack en el papel de Rob. En este caso, cuando terminé de leer el libro, me di cuenta de que en realidad ningún otro actor habría resultado tan creíble en ese papel. Rob y Cusack son una misma persona. Muy recomendable la película, y por supuesto también el libro. Porque habla sobre personas normales, con dilemas normales, y que siempre guardarán algunas preguntas para las que no podrán encontrar respuestas. Todo ello aderezado con toques de humor e ironía más que exquisitos. El libro perfecto para pasar un buen rato y acabar la lectura con una enorme sonrisa en los labios.