viernes, marzo 28, 2008

JOHN STEINBECK: Las uvas de la ira

Las uvas de la ira no es un libro fácil de leer. Está brillantemente escrito, y la prosa de Steinbeck llega a ser en ocasiones seca y áspera, como la historia que cuenta, pero a veces alcanza una belleza que deslumbra, sobre todo en algunas descripciones. Sin embargo, su dureza proviene de su argumento, que se torna cruel hasta llegar a emocionar. La pobreza, el hambre y la miseria conviven junto a la dignidad y los más altos valores humanos. Se trata de un libro triste, sin duda, pero al mismo tiempo es un canto a la capacidad del ser humano para luchar, y para levantarse una y otra vez. Es un alegato a la vida y a la esperanza, y con ese espíritu cierra Steinbeck su libro, con uno de los finales más inesperados que haya dado nunca la literatura.

Las uvas de la ira se enmarca en los años de la Gran Depresión posteriores a la crisis de 1929, que provocó la ruina de muchos pequeños propietarios en Estados Unidos. En ese marco se inscriben historias como la de la familia Joad, que deciden dejar las tierras de Oklahoma, maltratadas además por sucesivos años de sequía, y marchar hacia el Oeste, en pos del sueño americano que eran las tierras de California y alrededores, donde el cultivo de frutales requería de una creciente mano de obra. Es pues una historia de emigrantes, con toda la dureza que ello supone, perfectamente extrapolable además a los movimientos migratorios que suceden en la actualidad. Los Joad realizarán un difícil camino siguiendo su sueño, un camino en el que varios miembros de la familia se irán quedando atrás, bien porque mueren, o bien porque deciden abandonar al resto de su familia siguiendo sus propios caminos. Los que llegan al final se enfrentarán además con que el sueño no era tal, pues la mano de obra que ha llegado a esas tierras desborda la oferta de trabajo que hacen los cultivadores, por lo cual se verán obligados a trabajar por salarios irrisorios y a ser tratados de manera más que despectiva por los propietarios y habitantes de las doradas tierras del Oeste.

Entre los Joad hay personajes que llegan a hacerse entrañables al lector. Es el caso de la Madre, que se convierte en el eje vertebrador de su familia. Su fuerza es tal que llega a suplantar la función dominadora de su esposo, que se resigna a esta realidad aceptando que su mujer está muy por encima que él en cuanto a dotes organizativas y a capacidad de decisión. Madre (a quien el autor no da ningún nombre, para potenciar esta faceta de su personalidad), es el ejemplo a seguir para su familia. No se permite a sí misma derrumbarse en ningún momento, a pesar de las desgracias que les acontecen, pues sabe que ella es el pilar fundamental de cuantos le acompañan. Así pues, nadie debe verle débil ni cansada, puesto que de ella depende el que su familia siga manteniendo el coraje necesario para seguir adelante. En una de sus conversaciones con su hijo Tom, ella le dice:

- A veces me dejo llevar por el pánico. Simplemente pierdo el ánimo.

- Nunca te he visto perderlo.

- Por las noches, a veces, lo pierdo.

El hijo mayor, Tom, ex presidiario y de ideas muy preclaras, es otro de los personajes claves en esta historia, pues es también un modelo a seguir para los demás, sobre todo para su hermano pequeño, Al, más inclinado a los coches y a las mujeres debido a su edad adolescente. Y, aunque no sea de la familia, el reverendo Casy es también uno de esos personajes que se agarran al lector, con su discurso idealista y esperanzador, un hombre que deja su ocupación de predicador para convertirse en un líder social preocupado por los problemas que afectan a los trabajadores, y decidido a llegar hasta el final por ellos.

Alternándose con la historia de la familia Joad, el autor inserta capítulos descriptivos sobre la situación de Estados Unidos en aquella época, y el cambio profundo que estaba sufriendo el campo a causa de la rapiña de los especuladores -que estaban acabando con la vida rural tradicional- y de la mecanización creciente. En estos fragmentos es donde la maestría narrativa de Steinbeck alcanza sus cotas más altas. Como muestra os dejo los siguientes extractos:

“Cuando un caballo acaba su trabajo y se retira al granero, queda allí energía y vitalidad, aliento y calor, y los cascos se mueven entre la paja, las mandíbulas se cierran masticando el heno y los oídos y los ojos están vivos. En el granero flota el calor de la vida, la pasión y el aroma de la vida. Pero cuando el motor de un tractor se apaga, se queda tan muerto como el mineral del que está hecho. El calor le abandona igual que el calor de la vida abandona a un cadáver. Luego se cierran las puertas de hierro galvanizado y el conductor se va a casa, a la ciudad, que quizá esté a veinte millas de distancia, y no necesita volver en semanas o meses, porque el tractor está muerto. Y esto resulta fácil y eficaz. Tan fácil que el trabajo pierde interés, tan eficaz que la tierra y trabajar el campo dejan de producir emoción y desaparecen también la comprensión profunda y la relación del hombre con la tierra.”

“Cada pequeña huelga aplastada es la prueba de que se ha dado el paso. Puedes saber esto: teme el momento en que el hombre deje de sufrir y morir por un concepto, porque esta cualidad es la base de la esencia humana, esta cualidad es el hombre mismo, y lo que le diferencia en el conjunto del universo.”

Dicho todo esto (y si habéis tenido la paciencia de leer hasta aquí), no puedo dejar de recomendaros esta extraordinaria novela. Es una lección de humildad para todos los que tenemos la fortuna de vivir en el llamado primer mundo. Para ponernos en el lugar de aquellos que no han tenido esta suerte y tienen que dejarlo todo por el sueño de una vida decente, de una vida justa, donde sus necesidades vitales estén cubiertas y donde sean tratados con la dignidad y el respeto que todo ser humano se merece.

Bien por Steinbeck y bien por libros como éste. Historias que nos hacen reflexionar, y que sirven para que no nos durmamos en nuestro sueño de abundancia. Pues la mayoría de los que nos rodean aún no han alcanzado ese sueño.

lunes, marzo 24, 2008

Escapadas de Semana Santa

El cansancio físico que el viajero trae consigo cuando vuelve a casa no va acompañado de un cansancio espiritual. Más bien ocurre todo lo contrario. Los recuerdos, las imágenes, los olores y los sabores de otras tierras recargan nuestro ánimo, y nos dan fuerzas para volver a retomar las obligaciones de la vida cotidiana. Y si el destino del viaje son dos lugares tan fascinantes como París o Bilbao, la inyección de ánimo es aún mayor.

París es única. Eso lo saben tanto los que han tenido la fortuna de visitarla como los que aún sueñan con hacerlo. Pocas ciudades pueden compararse a ella en cuanto a glamour o belleza. Yo tuve la suerte de visitarla por primera vez tras la que considero una de mis mayores proezas -por el esfuerzo que me supuso y por la felicidad que me aportó-, la de aprobar las oposiciones. Fue mi particular regalo. En ese primer encuentro me enamoré de la ciudad, como era de esperar. Fruto de dicho enamoramiento fue una segunda visita años después, en la cual me pareció aún más encantadora si cabe. Et voilà, hace unos días tuve la suerte de volver a pisar sus calles, envueltas en nubes de frío y lluvia, pero ni siquiera eso arruinó la mágica sensación de estar otra vez allí.

La experiencia de viajar con alumnos de Bachillerato ha sido estupenda. Son alumnos a los que aprecio especialmente, pues a algunos les he dado clase durante dos o tres cursos. Y salvo algunas quejas por lo apretado del calendario y las largas caminatas -que no lo han sido tanto en comparación con las ocasiones en que una servidora viaja por su cuenta-, hemos pasado unos días estupendos. Me he traído de recuerdo una convivencia enriquecedora. Y además he podido descubrir sitios que aún no conocía, como el cautivador cementerio de Père Lachaise, con tumbas y mausoleos que invitan al caminante a dejarse llevar por la imaginación.

¿Y qué deciros de mi segunda escapada que no sepáis ya? Que era la primera vez que visitaba el País Vasco, que he vuelto cautivada por su belleza, y que, por supuesto, será punto de obligado retorno en los años venideros. Han sido pocos días y sólo dos ciudades, Bilbao y San Sebastián, pero he tenido tiempo suficiente para deslumbrarme con su arquitectura, el encanto de sus centros históricos, la amabilidad de sus gentes y la alta calidad de su cocina. Los famosos pintxos, muy parecidos a nuestras tapas, han sido todo un descubrimiento. En definitiva, un viaje más que embriagador para todos los sentidos. Eso sí, con muchísimo frío, como cabe esperar por esta región.



Y entre viaje y viaje conseguí terminar Las uvas de la ira. Y me emocioné con el final, uno de los más bellos que he leído. En breve, reseña.

lunes, marzo 10, 2008

Una pausa

De nuevo las obligaciones y el placer me obligan a hacer un descanso forzoso en este rincón. La culpa la tienen las evaluaciones, un viaje a París con los alumnos de 2º de Bachillerato y una escapada propia después a una tierra que aún no conozco, el País Vasco. Con tanto ajetreo me será imposible pasarme por aquí en unas dos semanas, pero espero encontraros a todos a mi vuelta. Para entonces habré terminado uno de los libros más duros y más bellos que he leído, Las uvas de la ira, de John Steinbeck.

Mientras, y como de vez en cuando me gusta perderme también entre poesía, os dejo con unos versos de Julia Uceda. Una compañía extraordinaria para confortarnos en estos últimos coletazos de frío que el invierno se empeña en dejarnos.

RAÍCES

Si ya soy una vela estremecida
colmada por tu viento. Si has llegado
al último escalón. Si me has tomado
por la raíz más honda y más henchida.

Si yo soy ya tu colmo y tu medida
y estás dentro de mí, secreto, hallado.
Si ya sobre la frente me has soplado
para hacerme vivir, ciega y ardida,

antes de irte rompe mis raíces.
Quiero que las arranques, que las trices
al alba con tu mano firme y fuerte.

De no hincarse en tu tierra poderosa
no quiere mi raíz ninguna cosa
si no es andar y andar hacia la muerte.

Julia Uceda

Imagen: vuelvo a una de mis pintoras favoritas, Tamara de Lempicka, con su Joven con vestido verde.

viernes, febrero 29, 2008

Los secretos de Jane

Jane Austen es otra de mis (tantas) asignaturas pendientes en literatura. He visto algunas adaptaciones cinematográficas de sus novelas, entre ellas la bellísima Sentido y sensibilidad de Ang Lee. El otro día vi una de las películas que se le han dedicado recientemente, La joven Jane Austen, basada en los últimos datos que se han averiguado sobre su biografía. En ella se narra su posible romance con un joven aspirante a abogado con quien finalmente no le fue posible contraer matrimonio. Una historia que, al parecer, dejó marcados a ambos jóvenes para siempre.

Buceando por Internet pude encontrar más información al respecto. Tanto Jane como su hermana Cassandra permanecieron solteras toda su vida. Cassandra perdió a su futuro marido a causa de la fiebre amarilla en las costas de Santo Domingo, donde había ido a buscar fortuna para poder casarse con ella. El caso de Jane es algo más misterioso. Con 2o años conoció a Thomas Lefroy, un encuentro que hasta ahora no había sido demasiado valorado por sus biógrafos, creyéndose que la relación con este duró poco tiempo. Sin embargo, algunos hechos dan a entender que la historia fue mucho más importante para ambos, pues Jane se alojó en casa del tío de Tom en Londres un año después de su presunta ruptura, y Lefroy escogería el nombre de Jane para su futura hija, fruto de su matrimonio con otra mujer.

En la película se plantea que el motivo de que la relación no siguiese adelante pudo ser el rechazo que hacia la figura de Jane, ya por entonces una escritora en ciernes, sentía el tío de Tom, a sabiendas además de la escasa solvencia económica que poseía la familia de la joven. Sin contar con la ayuda de su tío, que le mantenía y le apoyaba en su carrera jurídica, el joven Tom se las vería y desearía para mantener a sus numerosos hermanos, por lo que finalmente renunciaría al matrimonio con Jane. Aunque esto no deja de ser una hipótesis, no desencaja en absoluto con una época en que los matrimonios por amor eran una excepción y las mujeres eran consideradas más adorables cuanto menor fuese la inteligencia que demostrasen. Una época difícil para el romanticismo y el enamoramiento.

Se sabe que Jane tuvo luego otro romance con un hombre que murió al poco tiempo, y que en 1802 se prometió en matrimonio con Harris Big-Whither, compromiso que rompió días después. Y poco más es lo que se conoce de su vida amorosa.

Me parece significativo que una mujer que escribió historias de amor tan bellas como Orgullo y Prejuicio nunca llegara a compartir su vida con otra persona. No deja de ser paradójico, y triste. ¿Realmente su aventura con Lefroy le marcó para siempre? ¿O es que nunca se enamoró de la forma en que lo hacían las protagonistas de sus novelas? Es difícil saberlo. Quizás la Jane Austen casada se habría consumido en su hogar y no hubiese llegado a ser la escritora que hoy conocemos. O quizás el amor le habría dado aún más alas para escribir más y mejor. Lo que sí es cierto es que, desgraciadamente para ella y otras muchas mujeres que vivieron situaciones parecidas, nacieron en un tiempo en el que el mundo no estaba preparado para tratarlas como se merecían. Y todavía pasaría mucho tiempo antes de que esto empezase a cambiar.

Ellas nos abrieron un camino. Y hoy aún no hemos acabado de recorrerlo.Imagen: arriba la actriz Anne Hatheway caracterizada como Jane Austen. Abajo un retrato de la verdadera Jane.

sábado, febrero 23, 2008

Para los que aún no hemos perdido la ilusión

Aunque Pérez Reverte no me agrada demasiado -le seguía hace muchos años, y me leí casi todas sus novelas por entonces, pero llegó a cansarme y a molestarme su pedantería y sus salidas de tono- reproduzco aquí uno de sus artículos en la revista XL Semanal que ha logrado tocarme la fibra sensible. Porque me he sentido así muchas veces. Y porque dice verdades a gritos que muchos responsables políticos no quieren escuchar.

Se lo dedico a todos aquellos que aún no han perdido la ilusión en lo que hacen, sean o no docentes como el protagonista de esta historia.

Un héroe de nuestro tiempo

Ahí sigue, el tío. Aún no se ha vuelto un mercenario de la tiza, de esos que entran en el aula como quien ficha donde ni le va ni le viene. Tal vez porque todavía es joven, o porque es optimista, o porque tuvo un profesor que alentó su amor por las letras y la Historia, cree que siempre hay justos que merecen salvarse aunque llueva pedrisco rojo sobre Sodoma. Por eso, cada día, pese a todo, sigue vistiéndose para ir a sus clases de Geografía e Historia en el instituto con la misma decisión con la que sus admirados héroes, los que descubrió en los libros entre versos de la Ilíada, se ponían la broncínea loriga y el tremolante casco, antes de pelear por una mujer o por una ciudad bajo las murallas de Troya. Dicho en tres palabras: todavía tiene fe.

Aún no ha llegado a despreciarlos: sabe que la mayor parte son buenos chicos, con ganas de agradar y de jugar. Tienen unas faltas de ortografía y una pobreza de expresión oral y escrita estremecedoras, y también una escalofriante falta de educación familiar. Sin embargo, merecen que se luche por ellos. Está seguro de eso, aunque algunos sean bárbaros rematados, aunque los padres hayan perdido todo respeto a los profesores, a sus hijos y a sí mismos. «Voy a tener que plantearme quitarle de su habitación la play-station y la tele», le comentaba una madre hace pocas semanas. Dispuesta, al fin, tras decirle por enésima vez que lo de su hijo estaba en un callejón sin salida, a plantearse el asunto. La buena señora. Preocupada por su niño, claro. Desasosegada, incluso. Faltaría más. La ejemplar ciudadana.

Pero, como digo, no los desprecia. Le conmueven todavía sus expresiones cada vez que les explica algo y comprenden, y se dan con el codo unos a otros, y piden a los alborotadores que dejen al profesor acabar lo que está contando. Le hacen estremecerse de júbilo las miradas de inteligencia que cambian entre ellos cuando algo, un hecho, un personaje, llama de veras su atención. Entonces se vuelven lo que son todavía: maravillosamente apasionados, generosos, ávidos de saber y de transmitir lo que saben a los demás.


En ocasiones, claro, se le cae el alma a los pies. El «a ver qué hacemos todo el día con él en casa», como única reacción de unos padres ante la expulsión de su hijo por vandalismo. Por suerte, a él nunca se le ha encarado un chico, ni amenazado con darle un par de hostias, ni se las han dado, el alumno o los padres, como a otros compañeros. Tampoco ha leído todavía el texto de la nueva ley de Educación, pero tiene la certeza de que los alumnos que no abran un libro seguirán siendo tratados exactamente igual que los que se esfuercen, a fin de que las ministras correspondientes, o quien se tercie, puedan afirmar imperturbables que lo del informe Pisa no tiene importancia, y que pese a los alarmistas y a los agoreros, los escolares españoles saben hacer perfectamente la O con un canuto. Mucho mejor, incluso, que los desgraciados de Portugal y Grecia, que están todavía peor. Etcétera.

Y sin embargo, cuando siente la tentación de presentarse en el ministerio o en la consejería correspondiente con una escopeta y una caja de postas –«Hola, buenas, aquí les traigo una reforma educativa del calibre doce»–, se consuela pensando en lo que sí consigue. Y entonces recuerda la expresión de sus alumnos cuando les explica cómo Howard Carter entró, emocionado, con una vela en la cámara funeraria de la tumba de Tutankhamon; o cómo unos valientes monjes robaron a los chinos el secreto de la seda; o cómo vendieron caras sus vidas los trescientos espartanos de las Térmópilas, fieles a su patria y a sus leyes; o cómo un impresor alemán y un juego de letras móviles cambiaron la historia de la Humanidad; o cómo unos baturros testarudos, con una bota de vino y una guitarra, tuvieron en jaque a las puertas de su ciudad, peleando casa por casa, al más grande e inmortal ejército que se paseó por el suelo de Europa. Y así, después de contarles todo eso, de hacer que lo relacionen con las películas que han visto, la música que escuchan y la televisión que ven, considera una victoria cada vez que los oye discutir entre ellos, desarrollar ideas, situaciones que él, con paciente habilidad, como un cazador antiguo que arme su trampa con astucia infinita, ha ido disponiendo a su paso. Entonces se siente bien, orgulloso de su trabajo y de sus alumnos, y se mira en el espejo por la noche, al lavarse los dientes, pensando que tal vez merezca la pena.

martes, febrero 19, 2008

NICOLE KRAUSS: La historia del amor

Tiene Nicole Krauss una habilidad especial para envolvernos con sus palabras, como si de un velo se tratara, y hacernos flotar con una historia que en sí no es demasiado novedosa ni original. Sin embargo, su fluidez narrativa la convierten en una autora prometedora, si bien creo que este libro no está a la altura de algunas de las excelentes críticas que ha recibido, entre ellas la del premio Nobel de Literatura, J.M. Coetzee.

No conocía a esta autora hasta que alguien muy cercano me habló de ella. Sin leer ninguna crítica ni ninguna referencia a su obra, me aventuré con La historia del amor, un libro que tiene como telón de fondo el marco de la persecución judía durante el domini nazi, aunque su hilo argumental va mucho más allá. Se trata en realidad de dos historias -entre las que se entrelazan algunas más- que confluyen en la parte final. Por un lado la de Leo Gursky, un cerrajero polaco que vive en Estados Unidos y está jubilado, y por el otro la de la adolescente Alma Singer, que por una serie de azares del destino lleva el mismo nombre que la mujer que Leo ha amado durante toda su vida, y de la que además tiene un hijo -Isaac- que desconoce la identidad de su verdadero padre. Un viejo manuscrito que Leo escribió antes de abandonar Polonia es el elemento que acabará uniendo las vidas de ambos personajes. Ese manuscrito contiene un relato llamado La historia del amor, en cuyos pasajes Krauss demuestra un lirismo que se aproxima mucho al campo de la poesía.

Los personajes secundarios tienen una fuerte presencia en este libro, y le dan una complejidad original: el misterioso Litvinoff, amigo de Leo y secreto depositario de su obra, que más tarde publicaría él mismo adjudicándose su autoría; la misteriosa Alma Mereminski, el amor juvenil de Leo; Bird, el hermano de la Alma adolescente que se cree depositario de una importante misión religiosa, y especialmente el mejor amigo de Leo, Bruno, que al final de la obra nos revelará su verdadera condición. Aparecen aún otros personajes, y todos tienen su función específica en la novela.

Realmente me parece una novela recomendable, más por lo que anuncia y deja entrever que por las conquistas narrativas que alcanza. No obstante, consigue emocionar y atrapar al lector, que parece flotar sobre sus páginas embrujado por la prosa de Krauss. Quizá el fondo no sea todo lo denso que esperamos cuando nos enfrentamos a una gran novela, pero la forma y las cualidades de algunos personajes -sobre todo el anciano Leo, que la autora pinta con un trazo más que sincero- la convierten en una lectura más que interesante. Puede que en el futuro Nicole Krauss nos deslumbre con una verdadera obra maestra. Por el momento, La historia del amor, al menos, se aproxima en algunos aspectos a esta categoría.

Por cierto, encontré en el libro un guiño a El tambor de hojalata, de Gunter Grass, que me ha llamado mucho la atención. Ahí queda dicho, por si interesa a futuros lectores.

lunes, febrero 11, 2008

Para los nostálgicos...

Vuelvo a estar más que atareada con exámenes, cursos y varias cosas que tengo por ahí. Siempre le acabo quitando tiempo al blog, que al fin y al cabo es mi ventana a un mundo maravilloso del cual no puedo estar desconectada demasiado tiempo. Por eso, y mientras termino el libro que tengo entre manos, he querido dejaros un vídeo que me mandaron el otro día y que me trajo a la cabeza tiempos pasados llenos de ratos de televisión y buenos momentos. Más de uno soltará la lagrimita...

sábado, febrero 02, 2008

INGRID BETANCOURT: La rabia en el corazón

Ingrid Betancourt es una heroína. Después de leer este libro y de haber investigado un poco sobre su vida, no se me ocurre otro calificativo mejor para definirla. Como todos los héroes, tiene sus virtudes y sus defectos, pero su valentía, su arrojo y su imprudencia -en determinadas ocasiones-, la convierten en una persona fuera de lo normal, de esas que se sienten llamadas a cumplir una misión y entregan su vida a ello, sacrificando –con todo el dolor de su corazón- aspectos a los que muchos de nosotros no podríamos renunciar, como el hecho de tener que alejarte de tus propios hijos. Así es Ingrid, y así lo narra en este libro que tiene dosis de intriga y acción propias de una novela.

La rage au coeur (La rabia en el corazón) es la historia, narrada por ella misma, de esta mujer extraordinaria, desde su infancia y juventud a caballo entre Bogotá y París, hasta poco después de su elección como senadora en Colombia, consiguiendo un apoyo masivo entre los votantes. Sus padres tuvieron una influencia decisiva en el futuro político de Ingrid, pues su padre había sido ministro de Educación y diplomático, y su madre acabaría separándose de su marido y dedicándose a la vida política en Colombia. Ingrid muestra en todo momento una gran devoción hacia sus dos progenitores, a los que admira sin ningún tipo de fisuras.

Casada en primeras nupcias con el diplomático francés Fabrice Delloye, Ingrid tendría dos hijos de este matrimonio, Melanie y Lorenzo. Durante estos años (década de los ochenta) su vida no presagiaba lo que habría de venir en el futuro. Era la esposa perfecta, encargada de preparar muchas de las recepciones que daba su marido, y dedicada a la crianza de los dos pequeños. Su marido fue trasladado varias veces durante ese período: Ecuador, las islas Seychelles, Los Ángeles… Ingrid se siente cada vez más triste de estar fuera de su país natal, y el amor por esa Colombia que ella cree poder transformar crece con fuerza en su interior. Tras meditarlo mucho –y supongo que por un cúmulo de razones- Ingrid decide separarse de su marido en 1990, y dejando atrás a toda su familia, incluso a sus hijos, se marcha a Bogotá.

Con la ayuda de su madre, Ingrid comienza su carrera política desde abajo. No cabe duda de que los contactos de sus padres le abrieron muchas puertas, pero Ingrid muestra en todo momento una determinación increíble que le hace ganar cada vez más adeptos. Se une al Partido Liberal, y en 1994 es elegida diputada. Es ahora cuando empieza su lucha implacable contra la corrupción en que vive enquistada la mayor parte de la clase política colombiana. Ingrid denuncia las relaciones entre un gran número de políticos –incluido el mismísimo presidente, Ernesto Samper- y los cárteles de narcotraficantes, y se convierte en una figura adorada por unos y vilipendiada por otros. Muy pronto comienza a recibir amenazas de muerte. Casada de nuevo y conviviendo con sus hijos, que se han mudado a Colombia con ella, toma una de las decisiones más duras de su vida: envía a sus hijos a Nueva Zelanda, donde vive su ex marido, pues teme que pueda ocurrirles algo.

Ingrid continúa su “misión”. En 1998 decide dejar el Partido Liberal, donde ha encontrado muy pocos apoyos, y fundar un nuevo partido, Oxígeno, cuyo lema será la lucha contra la corrupción. Ese mismo año es elegida senadora con un número de votos muy alto, más de 150.000. Ingrid se sabe querida por el pueblo y se plantea un nuevo reto, más difícil aún, la carrera presidencial. No podrá ver cumplido su sueño, pues en febrero del 2002 es secuestrada por las FARC, junto a su amiga y colaboradora Clara Rojas, cuando se dirigía a San Vicente de Caguán, para mostrar su apoyo al nuevo alcalde de esa localidad que pertenecía al partido Oxígeno.

Me ha fascinado la personalidad de Betancourt. Aunque en determinados momentos parece a punto de derrumbarse –y no es para menos, dados los obstáculos que va a encontrarse una y otra vez en su camino- muestra una valentía a prueba de bomba. Es admirable su empeño en denunciar las corruptelas de la clase política de su país aun poniendo en riesgo su propia vida. Su idealismo, su fe en que Colombia se convertirá tarde o temprano en una verdadera democracia, es el motor que le guía en esta lucha sobrehumana. El nivel de corrupción en que se mueve el gobierno y muchos políticos colombianos llega a poner los vellos de punta. El recurso al asesinato para eliminar opositores molestos era algo habitual, y los culpables siempre acababan escapando a la justicia.

Quizás su secuestro podría haberse evitado, tanto desde el Gobierno, que no le proporcionó el helicóptero militar que ella había requerido para viajar a San Vicente, teniéndolo que hacer por tierra (un trayecto mucho más peligroso), como por la propia Ingrid, que fue avisada por el Ejército de la presencia de guerrilleros de las FARC en su camino. Puede que ella se creyera en cierto modo indestructible, como les sucede a los héroes cuando vencen las pruebas con las que se enfrentan una y otra vez. Desgraciadamente para Ingrid, esta vez la suerte no estaría de su lado.

Cuando este libro se publicó, en francés, se convirtió en un best seller en Francia, pero en cambio en Colombia fue duramente criticado. El mismo Samper demandó su publicación en el país galo, pero no consiguió que fuese retirado del mercado. El libro termina con estas bellas palabras, que reflejan el amor de Ingrid por el país sudamericano:

"Amo la vida apasionadamente; no tengo ganas de morir. Todo lo que construyo para Colombia es también para tener la felicidad de envejecer allí. Para tener el derecho de vivir allí, sin temer por el sufrimiento de todos aquellos a los que amo."

Esta es pues una historia inacabada. Porque Ingrid Betancourt aún sigue en manos de las FARC. Sigue secuestrada, tras casi seis años, en unas condiciones infrahumanas, como han demostrado las últimas pruebas de vida que se han conseguido de ella. Su familia y los gobiernos francés y colombiano siguen luchando por su liberación. Al parecer, Ingrid está cada vez más cansada y, conociendo su fortaleza, debe haber padecido mucho para caer en ese estado. Esperemos que esta pesadilla acabe pronto. El mundo necesita de personas como Ingrid Betancourt. Y ella necesita un final feliz para su historia.

viernes, enero 18, 2008

SAM SAVAGE: Firmin

Esta semana ha cambiado para siempre mi concepción de las ratas. La culpa la tienen una película, Ratatouille, y un libro, Firmin. En ambas ocasiones, los protagonistas son dos ratas comunes, esos animales repugnantes que vagan por nuestras alcantarillas y transmiten todo tipo de enfermedades. Sólo que Remy (el nombre de la ratita cocinera) y Firmin no tienen nada en común con el resto de su especie. Son dos seres humanos -mejor que muchos seres humanos, de hecho- en un cuerpo equivocado, y ambas pueden servir como un gran ejemplo de tolerancia y respeto por aquellos que no son como nosotros, de aceptación de lo diferente. Dos fábulas con muchos rasgos en común.

Firmin es un animal muy especial. Nace en un lugar que muchos de nosotros consideraríamos privilegiado: el almacén de una tienda de libros. En sus primeros meses de vida, Firmin no se distingue en mucho de sus congéneres, aunque muy pronto se ve obligado a buscarse por su cuenta el sustento necesario para vivir, pues, al ser más débil que sus hermanos, siempre es arrinconado a la hora de alimentarse. Por ello Firmin empezará a comerse los libros entre los que vive y, con el tiempo, se irá dando cuenta de que resulta más interesante leer esos libros que devorarlos. Firmin se convierte así en un ávido lector, capaz de enfrentarse al libro más complicado que podamos imaginar, y lo que es mejor, con capacidad de asimilar sus contenidos de una forma asombrosa. La imaginación de esta entrañable rata se dota de alas gracias a sus lecturas, lo que le hará vivir mil y una historias en las que se transforma en todo tipo de personajes, muy lejanos del animal que en realidad es.

Firmin es una historia maravillosa sobre la capacidad de la literatura para hacernos vivir muchas vidas alternativas, en un mundo que se derrumba dejando atrás viejos mitos de la literatura y del cine. En el libro la rata vive en una zona de Boston -la plaza Scollay- que está siendo demolida para proceder a su remodelación. Esta destrucción -que el autor nos aclara que fue real- puede servir de metáfora al mundo que Firmin ve desaparecer ante sus ojos, y que no es otro que el de los clásicos del cine como Fred Astaire o Ginger Rogers, verdaderos ídolos para él, o el mundo de esas pequeñas librerías de barrio donde el dueño atiende personalmente a sus clientes y se conoce cada libro que se esconde en el último rincón de sus estanterías. Un mundo donde la literatura y el cine son mágicos, y son capaces de transportarnos muy lejos de la realidad. Eso es lo que representa Firmin.

El lenguaje de Firmin es rico, como corresponde a un lector concienciado, y muy correcto. Su sentido de la ironía es sutil, y envuelve al lector de tal manera que uno se olvida constantemente de que el que habla no es más que una rata. Sus destrezas son innumerables; además de saber leer, toca el piano (uno de juguete, muy pequeño), y sabe incluso cantar (aunque a base de chillidos). Todo en él destila elegancia y sutileza. Tiene una visión muy realista de sí mismo: sabe que es feo, contrahecho -incluso para ser una rata- y pequeño. No esconde su deseo de ser un humano más, para poder hacer el amor con las bellas mujeres que observa cada noche en las películas eróticas del cine al que le gusta acudir. Incluso llega a imaginar que baila con la mismísima Ginger Rogers. He aquí la descripción de lo que sintió la primera vez que se vio contemplado en un espejo:

"Ahí estaba yo, ligeramente ladeado, en irrefutable detalle: bajito, ancho de cintura, peludo y sin barbilla. Firmin el peludo. Ridículo. La barbilla, su ausencia, era lo que más daño me hacía. Parecía señalar -aunque, de hecho, semejante nulidad era incapaz de algo tan atrevido como señalar- una crasa falta de fibra moral. Y pensé que los ojos oscuros y protuberantes me conferían una nauseabunda pinta de sapo. Era, en pocas palabras, un rostro taimado y falto de honradez, indigno de confianza; el rostro de un personaje verdaderamente bajuno. Firmin el Sabandija. Pero los detalles -cero barbilla, nariz puntiaguda, dientes amarillos, etc.- carecían en sí de importancia, comparados con la impresión general de fealdad. Incluso en aquel momento, cuando mi idea de belleza no iba más allá de las ilustraciones de Tenniel para Alicia, supe que eso era ser feo. "

Firmin es uno de esos libros cuya belleza se transmite de boca en boca, pues su autor lo publicó en una editorial minoritaria y hoy se ha convertido en un fenómeno mundial. Ha merecido varios premios y ha cosechado críticas excelentes, y creo que en todos los casos son más que merecidas. Se trata de una novela escrita desde el corazón, desde la creencia sincera en la magia de la literatura y del cine. Y no os dejéis engañar por su título ni por su portada: no se trata de una novela para niños. Es más bien una historia para adultos que se niegan a dejar de ser niños. Que, como Firmin, creen que la literatura hace del mundo un lugar mucho más bello para vivir.

lunes, enero 14, 2008

GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ: El amor en los tiempos del cólera

Leí por primera vez este libro hace muchos años, y recuerdo que fue el primero de García Márquez que cayó en mis manos. Después vinieron otros como el archiconocido Cien años de soledad. Sin embargo El amor en los tiempos del cólera me dejó un recuerdo imborrable. La manera de escribir de este autor, su dulzura, su lirismo, su inconfundible realismo mágico, me atraparon, y volví a él varias veces a lo largo de los años. No simpatizo mucho con el Gabo persona, pues no entiendo muy bien su falta de posicionamiento político y su amistad con el eterno dictador cubano, pero el Gabo escritor es sin duda un verdadero genio.

El amor es el protagonista indiscutible de esta novela. Está por delante de todos los personajes, pues pocas veces se ha narrado en literatura un amor tan paciente e incombustible. Es lo más parecido al amor eterno que se juran los enamorados en sus momentos más pasionales. El amor de Florentino Ariza por Fermina Daza se mantuvo vivo durante todo el tiempo que él estuvo esperando a que ella sintiera lo mismo por él: exactamente cincuenta y tres años, siete meses y once días.

Florentino se enamora perdidamente de Fermina el día que la vio por primera vez, cuando ambos eran casi niños. Desde entonces, ese amor que, tras mucho insistir por parte del primero, es correspondido, no hace más que fortalecerse en el corazón de ambos, hasta el punto de jurar que se casarían algún día. El padre de Fermina, que sueña con encontrar un partido mucho mejor para su hija, acaba de forma tajante con la historia al llevarse a su hija a un largo viaje que durará varios años. Cuando Fermina vuelve a su casa tras ese largo paréntesis, lo hace esperanzada en encontrarse de nuevo con su enamorado, pero su decepción es tal la primera vez que se ven -Fermina estaba enamorada de un recuerdo más que de una persona real- que en ese mismo momento decide terminar con la relación con un simple gesto de la mano y un "No, por favor, olvídelo". Florentino recibe así el golpe más duro de toda su vida, un hecho que ocasionará un antes y un después en su trayectoria vital. Tendrá que esperar más de cincuenta años para, tras la muerte del marido de Fermina, volver a declararle a ésta su compromiso de amor y fidelidad eternos.

¿Realmente se puede amar durante tanto tiempo a una persona que no nos corresponde? Evidentemente se trata de una historia de AMOR con mayúsculas, un amor irreal por sus mismas características, pero que el lector disfruta y comparte desde la primera página hasta la última. Gabo nos plantea en este libro otros muchos temas sobre las relaciones humanas. La posibilidad de amar a varias personas al mismo tiempo, pues Florentino no se mantuvo casto durante las décadas en que esperó a su gran amor. Por el contrario, tuvo relaciones con una gran cantidad de mujeres, y por algunas de ellas llegó a albergar sentimientos muy poderosos, aunque ninguna pudo hacerle olvidar al espectro de Fermina Daza, grabado a fuego en su corazón. La intemporalidad del amor, que para el autor no tiene edad, también está muy presente en el libro. El reencuentro entre los dos protagonistas, cuando ambos cuentan ya más de setenta años, es tan emotivo como el de dos adolescentes, y los síntomas de su recuperada pasión (el nerviosismo, el corazón desbocado, el sonrojo) no difieren en nada de los de cualquier enamoramiento. Mención aparte requiere la relación de Florentino con la adolescente América Vicuña. A pesar de la dulzura con la que el autor la describe, una no puede quitarse de la cabeza que se trata de una joven de catorce años y un anciano que ya había cumplido los setenta, algo que -al menos a quien esto escribe- no deja de producirle cierta repulsión.

El viaje que Gabo nos propone es mágico, y dentro de esa misma magia termina el libro y empieza la historia de Fermina y Florentino. Dos seres tan complejos como cualquiera de nosotros, con sus luces y sus sombras, sus conflictos particulares, sus miserias y sus miedos, acaban por fin juntos después de más de cincuenta años de espera. El matrimonio de Fermina con el doctor Juvenal Urbino es otro de los logros de esta novela, por la cantidad de detalles que nos proporciona sobre los problemas que plantea la vida en común, y es la muestra más evidente de cómo dos personas -sin estar plenamente enamoradas- pueden encontrar la felicidad y la estabilidad una al lado de la otra. Como suele decirse, cada relación es un mundo.

Un análisis complejo del amor y sus variantes -llegando a la exageración en muchos casos, pero para eso estamos en el maravilloso mundo de la literatura- es lo que nos propone García Márquez en este libro. Sin duda, una de las novelas románticas más bellas de la historia de la literatura. Difícil lo tiene la versión cinematográfica para estar a la altura, por mucho que lo intente el Bardem-Florentino. Ya veremos.

miércoles, enero 09, 2008

Reencuentros literarios


No suelo releer libros. Entre otras cosas, porque tengo tantísimos títulos pendientes de lectura que me da pereza volver sobre lo ya leído. Sé que es un error; hay libros que merecen ser leídos no dos ni tres veces, sino muchas más. Autores que requieren ser absorbidos una y otra vez, para llegar a impregnarnos verdaderamente de su sustancia. Historias que exigen vivirlas por duplicado, o por triplicado, pues en cada vuelta descubriremos luces que antes no habíamos distinguido. Pero hay tantas otras historias maravillosas aún por degustar que ¿por qué volver sobre lo conocido?

Se me ocurren varias razones. Por la seguridad de que lo que vamos a leer merece la pena (puede ser que nos gustara en su momento y ahora no hallemos ese deleite previo, pero es algo que no suele suceder a menudo). Por revivir sensaciones pretéritas. Por encontrarnos de nuevo con personajes que dejamos atrás hace mucho tiempo y que creíamos que jamás volveríamos a escuchar. Por comprobar si las sensaciones vividas con aquella primera lectura se repiten o cambian como hemos cambiado nosotros. Por el mero placer de releer.

Mi novela más veces leída es sin duda La historia interminable. La descubrí de niña y se convirtió en una especie de revelación. Si hasta entonces leer me gustaba, con Bastian y el dragón Fújur empecé a convertirme en la adicta que soy hoy. Tanto me apasionó el libro -con su historia dividida entre dos mundos, su letra impresa en dos colores, el estremecedor avance de la Nada que amenazaba con devorarlo todo, la maravillosa emperatriz infantil...- que volví a él en varias ocasiones, y nunca me desilusionó. Después vendrían otros años y otras lecturas que se grabaron a fuego en mi memoria. Pero esa historia sin fin ocupa un lugar especial. Se convirtió en parte de mi persona.

Ahora estoy releyendo una de mis novelas más queridas, El amor en los tiempos del cólera. Y debo admitir que es maravilloso el volver a mirar a los ojos a Florentino Ariza y Fermina Daza, y beber de ese amor incondicional que a veces nos parece rayar en lo absurdo.

¿Es posible un reencuentro más dulce?

lunes, diciembre 31, 2007

Mis mejores lecturas del 2007

El pasado sábado la revista Babelia eligió los diez libros imprescindibles publicados en el 2007. Por supuesto que diez es un número ridículo, pues seguro que son muchas más las obras que han visto la luz en este último año y que merecen la pena ser leídas. Por otro lado es la opinión de un conjunto reducido de críticos, con quienes podemos no estar de acuerdo. En dicha lista curiosamente no he encontrado ni un solo libro que haya leído personalmente, aunque estoy con uno de ellos en estos momentos (El mundo clásico: la epopeya de Grecia y Roma, de R. Lane Fox, apasionante y denso a la vez). Otros títulos de la lista se hallan entre mis lecturas pendientes, algunos recomendados por quienes soléis dejaros caer por aquí. Es el caso de Las benévolas, de J. Littell; La carretera, de C. McCarthy; Exploradores del abismo, de E. Vila-Matas; Vida y destino, de V. Grossman, o la última parte de la trilogía de Tu rostro mañana, de J. Marías.

Hoy es el último día del año y, echando la vista atrás, me ha parecido una buena idea hacer mi propia selección con respecto a los libros que he leído a lo largo del 2007. El hecho de "obligarme" a colgar las reseñas periódicamente en el blog ha tenido un efecto más que positivo en mis lecturas, pues he puesto mis cinco sentidos en los libros, interiorizando lo más posible lo que estos me transmitían, con el fin de poder contaros luego lo que cada título me había aportado, lo que había sentido al perderme entre sus páginas. Por otra parte, desde que tengo el blog leo aún más que antes, pues siempre que termino un libro estoy deseando compartirlo con todos vosotros y empezar otro nuevo para volver a hacer lo mismo.

Es difícil quedarme con unos cuantos títulos entre todos los que he tenido ocasión de disfrutar. No obstante, por su originalidad, por el descubrimiento que supusieron en su momento, y por una forma de escribir casi magistral según mi punto de vista, me quedaría con dos obras sobre todas las demás: Kafka en la orilla, de H. Murakami, y El baile, de I. Némirovsky. Me dejo atrás a mis favoritos y más veces leídos, como son Auster y Marías, pero con ellos ya tengo cierta familiaridad que me hace la lectura más o menos cómoda. En cambio, en Murakami y Némirovsky he encontrado un estilo y una temática que, sin duda, van a volver a atraerme a ellos en el futuro.

Y vosotros, ¿sois capaces de hacer vuestra selección personal? ¿Cuáles han sido los libros que más habéis disfrutado en el 2007?

Feliz 2008 a todos. Os deseo dulces lecturas y muchos momentos para compartirlas en este o cualquier rincón de la blogosfera. Un abrazo.

Imagen: un delicioso cuadro de la pintora italiana Sandra Batoni.

miércoles, diciembre 26, 2007

MARKUS ZUSAK: La ladrona de libros

La primera vez que oí hablar de este libro me llamó mucho la atención su título, y después el argumento me pareció bastante atrayente. Me adentré en él con ganas, pues me fascinan los libros que hablan sobre el poder cautivador de la literatura. Mis esperanzas no se vieron defraudadas, aunque quizás me esperaba algo más. No obstante, creo que se trata de una lectura recomendable.

Lo primero que sorprende es la insólita identidad del narrador -narradora en este caso-, que se descubre en el primer capítulo. Tras el descubrimiento inicial, viene la historia de una niña alemana en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, Liesel, quien ya desde pequeña conoce el lado más desgraciado de la existencia humana. Su hermano muere sin que puedan hacer nada por evitarlo, y su madre, agobiada por la miseria, decide entregarla en adopción. La novela, que empieza pues con tintes melodramáticos, da un giro entonces hacia una infancia más o menos feliz, pues Liesel tiene la fortuna de dar con unos padres adoptivos que la adoran, aunque cada uno lo demuestra a su manera. La relación con su nuevo padre, Hans Hubermann, es más que especial. Él le enseñará el placer de la lectura, y la ladrona de libros pronto hará honor al sobrenombre elegido para ella por la narradora. La admiración entre padre e hija es mutua desde el principio. Y el personaje de Hans es, desde mi punto de vista, el más entrañable de la novela.

Además de Rosa y Hans Hubermann, el otro personaje que más influye en la vida de nuestra protagonista es su amigo Rudy, enamorado de Liesel y fiel compañero de sus incursiones en busca de libros que devorar. Los libros acaban convirtiéndose en un soporte vital para Liesel, un lazo que le une con su padrastro y con la vida en general, en un tiempo en que la muerte ronda cada segundo de la existencia. Durante los bombardeos, la lectura en voz alta de fragmentos de estas novelas mientras las bombas caen fuera del refugio en que se hallan escondidos, proporcionará a los Hubermann y sus vecinos un consuelo ante tanta destrucción, una manera de mantener la atención en algo que no fuera el fragor de la misma guerra. Un pequeño suspiro, no por ello menos poderoso.

Como casi todas las novelas ambientadas en periodos de guerra, La ladrona de libros es ante todo un inmenso drama. Liesel tendrá que volver a vivir episodios tremendos, en los que deseará que la misma muerte le alcance. En medio de este panorama, el autor también recoge el terrible drama de los judíos, pues uno de ellos termina refugiándose en el sótano de los Hubermann, jugando un papel muy especial en la vida de la pequeña.

El estilo de Zusak es sencillo, pero dotado de una gran originalidad. La narradora introduce constantes cuñas aclaratorias -que en el libro aparecen con caracteres de imprenta distintos- que ayudan a comprender determinados pasajes y acontecimientos. A menudo adelanta sucesos futuros, haciendo compartir al lector el desasiego de saber el dramático final que espera a algunos de los protagonistas. Dichos recursos, aunque a veces puedan cansar y desconcertar al lector, dan un aire distinto a la obra. Llaman nuestra atención.

Liesel es una auténtica heroína. Porque se levanta una y otra vez. Porque lucha por lo que quiere y no se resiste a perder a las personas que aprecia. Porque es una superviviente nata. Y tenemos la impresión de que parte de esa fuerza reside en su amor por los libros, a los que se aferra cual tabla salvadora en los momentos más dramáticos. La literatura como instrumento para sobrevivir, para hacer frente a la desgracia. Ese es el mensaje más importante del libro, el que queda dando vueltas por la cabeza cuando uno termina de leer la última página. ¿Qué habría sido de Liesel sin ese consuelo? ¿Qué sería de nosotros sin ellos?

lunes, diciembre 24, 2007

De vuelta a casa

Tras una pausa obligada por varios motivos -una escapada maravillosa a Barcelona, una montaña de exámenes por corregir y jornadas maratonianas antes de entregar las notas- vuelvo a este rincón mágico donde tanto me gusta perderme. He tenido tiempo para leer un par de libros, de los que pronto habrá reseña, y ahora por fin tengo unos días de vacaciones por delante para descansar.

Esta desconexión forzosa me ha mantenido lejos de vuestros blogs durante casi un mes. Intentaré ponerme al día y leer las entradas atrasadas en los próximos días. Y ya que estamos aprovecho para desearos unas Felices Fiestas y un año nuevo cargado de felicidad. Yo, después del añito que llevo, me conformo con que el 2008 no traiga ninguna sorpresa desagradable, y al menos sea un año tranquilo.

Un abrazo y nos vemos muy pronto. Al fin he vuelto a casa.

Imagen: uno de mis rincones favoritos de Barcelona. el barrio gótico. Gracias a nuestros maravillosos anfitriones -Lorena y José Luis- pasamos unos días estupendos en una ciudad que nunca deja de fascinarme. Desde aquí, un abrazo enorme para ambos. Nos vemos pronto.

domingo, diciembre 02, 2007

Sobre los náufragos

Hoy empecé a leer el diario por la última página, algo que hago siempre los domingos, pues me encanta la columna de El País de Manuel Vicent. Y me encontré con un párrafo repleto de verdades y belleza, que invita a reflexionar en estos tiempos revueltos que nos aguardan de aquí a las elecciones. Sabios consejos en la pluma de un gran escritor:

"Ante todo, un líder político debe dar la sensación de fortaleza, de confianza y de seguridad en sí mismo. La bondad natural no es una virtud muy apreciada por la opinión pública, salvo por algunas abuelas en el chocolate a media tarde. Nunca viene mal que un líder político sea profundamente honrado, pero ninguna cualidad privada sirve de nada si el ciudadano no percibe que ese señor al que va a votar le salvaría en una tempestad si fuera capitán de barco o encontraría una salida con el ánimo levantado en medio de una catástrofe. La fortaleza del político debe estar lo más alejada posible de los gritos y los puñetazos en la mesa, que en la mayoría de los casos sólo ocultan un miedo consolidado. La cólera hay que administrarla en voz baja, como sucede con las blasfemias anglosajonas. King Kong se apaleaba el pecho cuando creía que le iban a birlar a la novia. La dureza de una persona, hombre o mujer, está en la mirada. Por otra parte, un líder político debe usar casi todo su talento en escoger a sus colaboradores y expertos en cada materia y el resto en escuchar al más inteligente y hacer cumplir lo que éste le aconseje sin dar señales de duda o vacilación. Mandar es un instinto. Se tiene o no se tiene. Es un don animal, que equivale sentirse amo de una camada. Quien carece del gen de mando, al dar una orden, se lleva un susto si le obedecen. Cuando se tiene poder y autoridad, gobernar es una cuestión de olfato. Son muy famosos estos consejos de Maquiavelo: si no eres amado, procura al menos ser temido y si te ves obligado a hacer un daño que éste sea contundente y rápido para que el ciudadano lo olvide pronto, pero a la hora de hacer el bien trata de dosificarlo lentamente, poco a poco, para que la opinión pública lo entienda como una felicidad duradera. En medio de la histeria que se va a desarrollar en la próxima campaña electoral, pregúntate cuál de los dos candidatos sería capaz de salvarte si te estuvieras ahogando. Desconfía del que grite o bracee más. La victoria no estará de parte del gallo que mejor maneje los espolones, sino del que más serenidad imparta. Dale el voto al que demuestre que sabe realizar la maniobra de hombre al agua, porque en el fondo, como elector, no eres más que un náufrago."

Resulta triste que de nuevo haya tenido que ser una desgracia -el atentado terrible de ayer, donde un joven guardia civil perdió la vida y otro sigue aún luchando por mantenerse en ella- la que impulse a nuestros partidos a unirse y alzar una sola voz. Ojalá esta frágil unidad perdure algún tiempo, y asistamos a una campaña electoral donde prime la cordura y el respeto por el contrario. Sin embargo, viendo lo visto, me temo que no será así.

Imagen: vuelvo a uno de mis favoritos. Es el Monje junto al mar, de FRIEDRICH

sábado, noviembre 24, 2007

JOAN DIDION: El año del pensamiento mágico

El 30 de diciembre de 2003, Joan Didion tenía a su hija Montana muy grave en el hospital, cuando su marido John sufrió un ataque al corazón que acabó con su vida de forma fulminante. "La vida cambia en un instante. Un instante normal". Casi un año después, la autora empezó a escribir un libro sobre lo acontecido, una obra que emociona y cautiva a la vez, por su sinceridad, y su crudeza, con la dosis justa de sentimentalismo. Un libro que habla de la pérdida, y del día a día sin la persona que nos ha dejado huérfanos para siempre. Un libro sobre la supervivencia.

Desde el estado de shock inicial, convertida en una autómata durante un tiempo, Joan va desgranando las dificultades con que tuvo que enfrentarse para seguir adelante cuando apenas tenía fuerzas. Su hija seguía grave en el hospital, y por ello se convierte en el centro de atención de una madre perdida que durante mucho tiempo siguió albergando vanas esperanzas de que él volvería. "John estaba vivo, y un instante después, estaba muerto". La incapacidad para asumir un golpe tan brutal empaña las acciones de Joan en los primeros meses y semanas tras el óbito. Cuando su hija parece más o menos recuperada, una vez celebrado el funeral por el padre fallecido, Montana vuelve a caer enferma y la negra sombra ronda de nuevo el hogar de Joan. Afortunadamente, la joven saldrá airosa de este trance.

El libro termina el 31 de diciembre de 2004, un año y un día después de la muerte de John. Las palabras de Joan hablan por sí solas: "Mientras escribo esto, me doy cuenta de que no quiero terminar este relato. Ni tampoco quería terminar el año. La locura disminuye, pero la claridad no la sustituye. Busco objetivos y no encuentro ninguno".

El año del pensamiento mágico no es un manual sobre cómo superar una pérdida. Es algo mucho más valioso: un testimonio sobre la pérdida en sí, sobre la cotidianidad tras la muerte, sobre la melancolía y la desesperación. Por eso es tan extraordinario. Porque es algo que, inevitablemente, nos sucederá alguna vez a todos. Porque nos reconocemos en su historia. Porque necesitamos saber que, tras algo así, es posible la supervivencia. Es posible seguir adelante.

El dolor de las primeras páginas deja paso a una sensación de incredulidad ante lo que está pasando, que se diluye con el tiempo para convertirse en un aire de tristeza que acompaña a Joan durante mucho tiempo. No obstante, ese dolor mitigado vuelve a veces con renovada fuerza cuando uno menos se lo espera. Os dejo algunos fragmentos:

"El desconsuelo es diferente. El desconsuelo no tiene distancia. El desconsuelo llega en oleadas, en acometidas, en repentinos arrebatos que debilitan las rodillas, ciegan los ojos y borran la cotidianidad de la vida. Virtualmente, todos los que han experimentado el desconsuelo mencionan este fenómeno de las oleadas."

"Las personas que acaban de perder a alguien tienen una mirada que quizás sólo reconozcan los que han visto esa mirada en su propio rostro. Yo la he visto en mí y ahora la veo en otros. Es una mirada de extrema vulnerabilidad, desnudez y sinceridad. Es la mirada de quien sale de la consulta del oftalmólogo con las pupilas dilatadas a la radiante luz del día o la de quien suele llevar gafas y de repente le obligan a quitárselas. Las personas que han perdido a alguien parecen desnudas porque ellas mismas se creen invisibles. Yo misma me sentí invisible durante un tiempo, incorpórea."

Y, pasado un tiempo, llega la constatación de que hay que pasar página, hay que poner al muerto en su sitio para poder continuar con nuestra vida. Un momento que no deja de ser igualmente doloroso:

"Sé por qué intentamos mantener vivos a los muertos: intentamos mantenerlos vivos para que sigan con nosotros. También sé que si hemos de continuar viviendo llega un momento en que debemos abandonar a los muertos, dejarlos marchar, mantenerlos muertos. Dejarlos que se conviertan en la fotografía sobre la mesa. Dejarlos que sean un nombre en las cuentas fiduciarias. Soltarlos en el agua. Pero el saberlo no me hace más fácil tener que soltarlo en el agua."

Joan vivió una situación de extrema dureza, pues enfrentarse a la muerte de un ser querido cuando otro está luchando por su vida en un hospital no es muy frecuente. Sin embargo, tras leer el libro, tengo la sensación de que consiguió superar en parte lo sucedido. Por supuesto, con un vacío en el alma que le durará siempre, pero mirando adelante y volviendo a ilusionarse con las pequeñas cosas que hacen nuestra vida más llevadera. Su historia es la mejor muestra de ello.

Esta semana he pasado por un trance bastante difícil para mí. Mi gata Swara, con sólo cuatro años, cayó gravemente enferma hace unos días y murió el pasado lunes. Curiosamente, los últimos libros que he leído giran en torno al mismo tema. Sé que sólo era una mascota, pero para mí era algo muy especial. La echaré de menos, más de lo que quisiera.

viernes, noviembre 09, 2007

BANANA YOSHIMOTO: Sueño profundo

Me estoy aficionando a la literatura japonesa. Me gusta la forma de escribir de estos autores, pausada, sin prisas, con esa cadencia rítmica que los distingue frente a otros escritores. Es como si no les importara tardar más o menos tiempo en terminar el libro, o al menos esa es la impresión que nos queda al leerlos. Como si lo importante fuese el acto de escribir en sí, el ejercicio de la creación literaria, y esa serenidad impregna al lector hasta relajarle. Me ocurrió con Murakami, volví a sentirlo con Mishima, y me ha acontecido de nuevo con esta autora admiradora de las flores del banano. Leer estas novelas es a la vez un ejercicio de contemplación y de introspección a lo más profundo de uno mismo.

El tema que subyace en este libro es la muerte, referida a alguien cercano, alguien a quien queremos, que nos deja con esa inconsolable sensación de pérdida tan difícil de superar. El volumen está compuesto a su vez por tres relatos. En Sueño profundo, Terako cae en un estado de semi-somnolencia creciente tras la muerte de su mejor amiga, con la que la unía una relación más que especial. En La noche y los viajeros de la noche, Shibami recuerda a su hermano muerto, y nos hace partícipes de la obsesión de su prima Marie por el fallecido, alguien que se ha convertido en un fantasma, un recuerdo perenne en las mentes de quienes le quisieron, pero que ha dejado además su huella en un hijo desconocido por ambas mujeres. Finalmente, en Una experiencia, la autora introduce ese ambiente onírico que caracteriza en gran parte a esta literatura. Fumi-chan, una adolescente con inclinación al alcoholismo, escucha cada noche antes de dormirse una dulce melodía que la llena de felicidad, pero que sólo parece existir dentro de su cabeza. Para descifrar el origen de esta música extraña, Fumi-chan tendrá que indagar en su pasado, recordando la extraña rivalidad que mantuvo con otra mujer que estaba enamorada del mismo hombre que ella.

El estilo de Yoshimoto es sencillo en extremo. Nada de adjetivos innecesarios, pocas descripciones. En cambio, abundan los diálogos y la narración de los estados de ánimo interiores, en especial los relacionados con la melancolía. Aunque en su país de origen se le ha comparado con Murakami, no tienen mucho que ver, excepto en que ambos siguen esa línea de lirismo oriental tan presente en las letras japonesas actuales. Personalmente, creo que Murakami está muy por encima.

El tema de la muerte es tratado con una delicadeza exquisita. Los personajes de Yoshimoto se mueven entre la vigilia y el sueño, recordando personas que desaparecieron, palabras que volaron, momentos que quedaron muy atrás. Hasta que, de repente, un detalle o un acontecimiento determinado les despierta, sacándoles del letargo y devolviéndoles a la Vida, la de verdad, la que se disfruta y nos hace felices. Mientras que ese momento llega, están vivos, pero no viven. La pérdida les convierte en sonámbulos, y hace variar su percepción del tiempo. Este sigue pasando, pero su reloj se detiene o se ralentiza, nada importa excepto el propio dolor. El vacío lo devora todo, como un enorme agujero negro. Pero un día todo cambia, comienzan a respirar otra vez, a sentir el viento en la cara, a disfrutar de un sabor dulce, y el reloj vuelve a funcionar. Nos estamos recuperando.

Sueño profundo contiene, ante todo, un mensaje esperanzador. El dolor acaba mitigándose y nos deja vivir otra vez, el tiempo lo desdibuja. Podemos seguir adelante, continuar nuestras vidas más o menos donde las dejamos. Nuestro instinto de supervivencia se despierta, y nos levantamos de nuevo. Y ese es, sin duda, el mejor de los consuelos posibles cuando nos toca enfrentarnos a una situación así.

sábado, octubre 27, 2007

ISAAC ROSA: ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!

Habéis escrito un libro y, a la hora de publicarlo, un lector crítico y algo impertinente, se cuela entre las páginas de vuestra novela para dar su opinión sobre cada uno de los capítulos, analizando vuestra forma de escribir con lupa, y riéndose a veces a carcajadas de vuestros presuntos fallos de estilo. ¿No sería algo insoportable? Pues esa es la premisa de la que parte este libro, del autor sevillano Isaac Rosa. El más original que ha caído en mis manos en mucho tiempo y que, una vez leído, no puedo dejar de recomendar.

¡Otra maldita novela sobre la guerra civil! es en realidad la reedición de la primera obra publicada por Rosa, Lamalamemoria, sólo que el autor ha ido añadiendo los comentarios de este lector anónimo que suponen una lectura crítica de la novela, mostrando al verdadero lector todos los defectos y tópicos de la misma. Se burla prácticamente de todo, desde el argumento y el tema escogido -de ahí el título- hasta el estilo, la ambientación e incluso las citas que el autor ha elegido para comenzar su narración. Así responde el lector impertinente a la inclusión de una cita de Montaigne en el comienzo del libro:

"Apuesto a que la cita de Montaigne es un mal préstamo. De calendario de mesa. Seguramente el autor no había leído a Montaigne (¿quién lee a Montaigne, y menos siendo joven?), sino que se limitó a consultar uno de esos diccionarios de citas y frases célebres, y buscó en el índice temático las referencias a "memoria", "olvido", etc., para encontrar alguna cita brillante que le adornase la primera página."

En otra ocasión, el lector critica el estilo de Rosa con una sinceridad aplastante: "Es difícil juntar en un solo párrafo tal cantidad de cursilerías (...) que cualquier lector poco amigo de chucherías detectará, y que son propios de un escritor inmaduro que cree que cada frase, cada palabra, es definitiva, cada página debe pasar a la historia de la literatura."

La obra que sirve de base a esta novela, Lamalamemoria, es una historia ambientada en los años de la transición que versa sobre los secretos de la guerra civil. En este caso el protagonista es un hombre que se enfrenta a la búsqueda de un pueblo desaparecido, que nadie parece conocer, pero de cuya existencia él posee pruebas irrefutables. El descubrimiento de esta aldea y el terrible secreto que esconde cambiarán su vida para siempre.

Me gusta que un autor sea tan valiente como para ponernos por delante su primera novela -con todos los fallos característicos de las obras primerizas- y destriparla sin concesiones, mostrándonos sus carencias hasta llegar al sarcasmo. Lo curioso es que, tras leer un par de capítulos, no podemos evitar tomar el punto de vista del atrevido lector y empezar a leer con sus mismos ojos críticos, fijándonos en los detalles, en los adjetivos innecesarios, en los diálogos poco cuidados, en los personajes demasiado planos, y en ese humo de cigarro que impregna toda la novela, hasta hacer aparecer a los personajes como firmes candidatos a un cáncer de pulmón. Los comentarios del crítico-lector son agudos y muy certeros, y a veces llegan a provocar la carcajada en el lector externo que asiste a tan extraordinario combate.

El prólogo de Isaac Rosa, en el que denuncia el atrevimiento de este osado individuo, intruso entre sus páginas, es todo un alegato contra los peligros que amenazarían a los escritores si se extendiese este comportamiento: "no podemos arriesgarnos a que los lectores pierdan el debido respeto al autor, esto es, a su autoridad, y acaben no ya criticándolo, sino hasta mofándose de él, desnudándolo en la plaza pública. Si no detenemos esta inicial subversión, los novelistas acabaremos encogidos, acobardados, mudos."

La rebelión de los lectores, he ahí la pesadilla de cualquier autor. Analizar con detalle lo que leemos, cuestionarlo y darle la vuelta. La propuesta de Rosa es arriesgada, pero el resultado es una novela que atrapa desde el principio en sus dos lecturas. Una novela que, además, nos enseña a ser críticos y a leer con otros ojos. Y además trata sobre un tema estrella en nuestra literatura, la guerra civil. ¿Qué más se puede pedir?

Otras reseñas de obras de Isaac Rosa:
- El país del miedo

domingo, octubre 21, 2007

Elogio del viaje


Vuelve a hacerme falta despegar los pies del suelo.

Cuando llevo un tiempo sin moverme de mi ciudad, sin desaparecer, se me empieza a hacer pequeña. Me es necesario viajar como respirar, o casi. Algunos pueden reirse de esta "necesidad", que por supuesto está por detrás de otras muchas consideradas prioritarias. Pero para mí es vital moverme de vez en cuando, escapar unos días lejos de lo conocido, con un libro o dos bajo el brazo. Pasear por calles extrañas, tomar café en otras lenguas y cruzarme con personas de otra piel y otra cultura. Es una sensación mágica. Viajar nos hace crecer, nos vuelve más tolerantes y felices. Agota el cuerpo pero recarga el espíritu.

Un viaje y un libro son en realidad extrañamente similares. Ambos nos guardan sorpresas, momentos de incertidumbre, anhelos de ser otros y vivir en otros lugares, por un tiempo limitado al menos. Preparar un viaje es como escoger una próxima novela. Buscar un vuelo o un hotel idílico en Internet es pasear nuestra mirada sobre los lomos sugerentes de esos libros apilados en la estantería de la biblioteca. ¿Que viajar es más emocionante? Bueno, depende del viaje...y del libro.

En palabras de un viajero impenitente como es Javier Reverte: "el arte de viajar supone un acto de humildad permanente, porque descubres que te equivocas más de lo que podrías pensar. Tus prejuicios se desvanecen y tus principios se recortan en número, aunque se hacen más fuertes en calidad. Un buen viaje es aquel que cambia algo en tu interior, y que te enseña, a través de los ojos de los otros, algo nuevo sobre ti mismo."

Como hasta diciembre lo tengo difícil para escaparme, me conformo con los viajes alternativos que me proporcionan mis amados libros. He descubierto ahora a Isaac Rosa, un autor sevillano que promete. Muy pronto, nueva reseña. Y nueva escapada. Espero.

Imagen: TAMARA DE LEMPICKA, Autorretrato

domingo, octubre 14, 2007

GÜNTER GRASS: El tambor de hojalata

Debo empezar confesando que esta obra me ha resultado bastante difícil de leer. De hecho, hacía tiempo que no me costaba tanto esfuerzo terminar un libro. Empecé muy ilusionada, porque nunca había leído nada de Günter Grass, y me apetecía mucho aventurarme con esta novela. Sin embargo, puede que no haya elegido un buen momento para degustar un plato demasiado complicado, o simplemente que me esperara demasiado. No lo sé. El caso es que El tambor de hojalata me ha dejado bastante desconcertada.

El título hace alusión al tambor que el protagonsta, Óscar, lleva siempre consigo desde que cumplió los tres años (en realidad son muchos tambores, pues de tanto tocarlos acaba destrozándolos al poco tiempo). Óscar es un niño-hombre-enano, una criatura extraña, que un buen día decide dejar de crecer, para lo cual no se le ocurre mejor manera que provocarse a sí mismo una caída que le deja lesionado para siempre. Como consecuencia de esta caída, Óscar deja de crecer físicamente, aunque su mente continúa su evolución natural, dándose la paradoja de que, con la altura permanente de un niño, el cuerpo de Óscar encierra un adulto en su interior, algo de lo que muchos a su alrededor parecen no percatarse.

A lo largo de las casi 800 páginas de la novela, Óscar nos narra -alternando la primera y la tercera persona, pero siempre desde su punto de vista- sus treinta años de existencia, pues el libro empieza precisamente con el día de su treinta cumpleaños. Los personajes más variopintos deambulan por este relato, desde familiares del protagonista hasta amigos y amantes. Es este, sin duda, uno de los aspectos más gratificantes del libro, la complejidad literaria que supone retratar tan amplio abanico de caracteres, algo que pocos autores pueden realizar con la maestría de Grass. El mismo protagonista constituye un compendio de extrañas capacidades, pues además de tocar el tambor creando un efecto mágico con su música, es capaz de romper cristales con su voz. Uno no puede aburrirse al lado de este pequeño y en parte odioso personaje.

Hay pasajes en este libro que cobran un enorme significado a raíz de la revelación por el propio autor de su pasado juvenil en las SS. Las alusiones al sentido de culpabilidad son continuas (el propio Óscar se nos presenta como culpable por la muerte de su presunto padre, Jan Bronski), y la cebolla, como elemento altamente simbólico, tiene un papel protagonista en uno de los capítulos más bellos de la novela, El bodegón de las cebollas, un lugar donde la gente acudía con el deseo de llorar sus desgracias al calor de las cebollas recién peladas. Pasajes como este, y otros que descubriréis si os lanzáis a su lectura, dan valor a toda la obra.

Sin embargo, como dije al principio, el libro me ha desconcertado. No sé si el exceso de símbolos, o el sentido del humor tan peculiar de Grass, no me han llegado a convencer. Demasiados personajes y abrumadoras descripciones hacen de su lectura una tarea ingente y no adecuada para cualquier lector. Con esto no pretendo desanimaros respecto a su lectura, pues de hecho considero que algunas partes son realmente extraordinarias, pero hay que enfrentarse a él con arrojo y con paciencia.

A destacar también la ironía aguda de determinados pasajes, sobre todo cuando Óscar habla de la guerra. Dos perlas como ejemplo:

"Había pasado ya tres veces la revista, pero otras tantas había sido dado por inútil, a causa de su estado lamentable. Esto, en aquella época, en la que cualquier cosa, por poco que se mantuviera derecha, se mandaba a Verdún para ponerla en el suelo de Francia en la horizontal perpetua, es muy significativo por lo que hace a la constitución física de Jan Bronski."

"La guerra ya se había agotado. Se estaban improvisando tratados de paz, cuidando de que pudieran procurar motivos de nuevas guerras."

En otra ocasion, Óscar narra la historia de un miembro de las SA que, habiendo participado de forma "heroica" en la terrible Noche de los cristales rotos (noviembre de 1938), en la que los nazis destrozaron miles de sinagogas y comercios judíos y asesinaron a varias decenas de ellos, fue expulsado de la organización al conocerse que el citado individuo había matado a cuatro gatos, acusándole de crueldad inhumana con los animales. Un genial retrato de la hipocresía humana.

Por último, os dejo con uno de los frecuentes pasajes alusivos al tema de la culpabilidad, que impresiona por la verdad filosófica que encierra:

"Al igual que todo el mundo, los días en que un sentimiento importuno de culpabilidad, que nada logra desalojar del cuarto, me aplasta contra las almohadas de mi cama de sanatorio, me escudo en mi ignorancia, que entonces se puso de moda y aún siguen llevándola muchos, cual sombrero elegante que les sienta bien."

Entiendo que a Grass le dieran el Nobel por esta novela, pues en algunos momentos alcanza cumbres magistrales. Pero siento que no me haya llenado en su totalidad. Son las cosas que tiene la literatura.