Cada rosa tenía un nombre: Virtudes, Elena, Nieves, Pilar, Carmen, Martina, Luisa, Dionisia, Ana, Joaquina, Julia, Adelina y Blanca. Cada una de ellas tenía sus sueños y sus deseos, desde dedicarse a la política hasta montar una empresa de corte y confección. Algunas de ellas ni siquiera habían cumplido los 18 años. Aún eran niñas. Desconocían lo que se les venía encima, porque confiaban en que su inocencia las salvaría de todos los peligros. En su candidez creían que el bien siempre acaba triunfando sobre el mal. Pero se equivocaron.Las trece rosas es el nombre que reciben el grupo de mujeres que, acusadas de un crimen que nunca cometieron, fueron fusiladas por orden de Franco la madrugada del 5 de agosto de 1939. Su único delito fue pertenecer a las Juventudes Socialistas Unificadas y pensar de manera distinta a aquellos que habían ganado la guerra. Fueron el chivo expiatorio perfecto para un gobierno que necesitaba demostrar a la sociedad española cómo se las gastaban los nuevos amos del país, con el fin de cortar de raíz cualquier conato de rebelión o disidencia. El fusilamiento de estas mujeres constituye, sin duda alguna, uno de los episodios más terribles de la represión franquista inmediatamente posterior a la guerra civil.
Hace unos años la escritora Dulce Chacón les rindió un precioso homenaje en su libro La voz dormida, con el que una servidora se emocionó hasta las lágrimas en varias ocasiones. Ahora es el cine el que las rescata del olvido para llevarlas a la gran pantalla, en una película dirigida por Emilio Martínez Lázaro, conocido sobre todo por el atípico musical de Al otro lado de la cama. El elenco de actrices es prometedor y, según sus palabras y las del mismo director, se ha tratado en todo momento de no caer en el maniqueísmo exagerado. "Quería hacer ver en esta película lo buenos que eran unos sin necesidad de decir lo malos que eran los otros", afirma Martínez Lázaro. Parece que algunos de los momentos del rodaje han sido particularmente emotivos, como el del fusilamiento de las muchachas, donde "acabaron llorando hasta los que habíamos traído para formar parte del pelotón."
No sé si podré ver esta película. Lo digo porque es una historia que siempre me ha llegado a lo más profundo, desde que la leí por primera vez hace unos años en el EPS de El País, hasta que volví a releerla la semana pasada con ocasión del estreno de la película. Siempre consigue hacerme llorar. No puedo mirar los rostros de esas mujeres, tan llenas de ilusiones y con tantísima vida por delante, sin sentir asco, sin sentir horror. Y no puedo evitar enfadarme, y que la rabia me desborde por dentro, pues episodios como éste fueron más que habituales en la España negra y gris del franquismo.
Malditas sean todas las dictaduras y malditos los que las apoyan. Malditos.




















