domingo, octubre 07, 2007

Trece rosas

Cada rosa tenía un nombre: Virtudes, Elena, Nieves, Pilar, Carmen, Martina, Luisa, Dionisia, Ana, Joaquina, Julia, Adelina y Blanca. Cada una de ellas tenía sus sueños y sus deseos, desde dedicarse a la política hasta montar una empresa de corte y confección. Algunas de ellas ni siquiera habían cumplido los 18 años. Aún eran niñas. Desconocían lo que se les venía encima, porque confiaban en que su inocencia las salvaría de todos los peligros. En su candidez creían que el bien siempre acaba triunfando sobre el mal. Pero se equivocaron.

Las trece rosas es el nombre que reciben el grupo de mujeres que, acusadas de un crimen que nunca cometieron, fueron fusiladas por orden de Franco la madrugada del 5 de agosto de 1939. Su único delito fue pertenecer a las Juventudes Socialistas Unificadas y pensar de manera distinta a aquellos que habían ganado la guerra. Fueron el chivo expiatorio perfecto para un gobierno que necesitaba demostrar a la sociedad española cómo se las gastaban los nuevos amos del país, con el fin de cortar de raíz cualquier conato de rebelión o disidencia. El fusilamiento de estas mujeres constituye, sin duda alguna, uno de los episodios más terribles de la represión franquista inmediatamente posterior a la guerra civil.

Hace unos años la escritora Dulce Chacón les rindió un precioso homenaje en su libro La voz dormida, con el que una servidora se emocionó hasta las lágrimas en varias ocasiones. Ahora es el cine el que las rescata del olvido para llevarlas a la gran pantalla, en una película dirigida por Emilio Martínez Lázaro, conocido sobre todo por el atípico musical de Al otro lado de la cama. El elenco de actrices es prometedor y, según sus palabras y las del mismo director, se ha tratado en todo momento de no caer en el maniqueísmo exagerado. "Quería hacer ver en esta película lo buenos que eran unos sin necesidad de decir lo malos que eran los otros", afirma Martínez Lázaro. Parece que algunos de los momentos del rodaje han sido particularmente emotivos, como el del fusilamiento de las muchachas, donde "acabaron llorando hasta los que habíamos traído para formar parte del pelotón."

No sé si podré ver esta película. Lo digo porque es una historia que siempre me ha llegado a lo más profundo, desde que la leí por primera vez hace unos años en el EPS de El País, hasta que volví a releerla la semana pasada con ocasión del estreno de la película. Siempre consigue hacerme llorar. No puedo mirar los rostros de esas mujeres, tan llenas de ilusiones y con tantísima vida por delante, sin sentir asco, sin sentir horror. Y no puedo evitar enfadarme, y que la rabia me desborde por dentro, pues episodios como éste fueron más que habituales en la España negra y gris del franquismo.

Malditas sean todas las dictaduras y malditos los que las apoyan. Malditos.

domingo, septiembre 30, 2007

Dickens o el narrador-actor


A Charles Dickens le encantaba actuar. Disfrutaba leyendo ante la multitud fragmentos de sus propias novelas. Pero no se limitaba a leerlas. Por el contrario, ponía rostros y expresiones a sus personajes, dándoles vida sobre el escenario. Gesticulaba, levantaba los brazos, gritaba y susurraba, cambiando de registro su voz cuantas veces fuera necesario. Los que acudían en tropel a verle actuar salían fascinados, pues el novelista imprimía auténtica vida a caracteres que hasta entonces no poseían más sangre que la tinta impresa sobre el papel. No es de extrañar que se formaran enormes colas en el teatro para ver al genio de Dickens en acción.


¿Por qué nos fascina tanto que nos cuenten historias? Un buen narrador -oral, me refiero- debe poseer sin duda dotes de actor. Contar en voz alta es una de las tradiciones más antiguas que se conocen y, aunque la mayor parte de la población actual -al menos en los denominados países desarrollados- sepa leer y escribir, pocos pueden escapar al hechizo que posee una historia narrada de viva voz. A los niños les encanta, y son muchos los adultos que disfrutan leyendo y poniendo voces a los cuentos infantiles que les leemos antes de dormir. El teatro y el cine son el fondo lo mismo, pues se trata de insuflar vida a páginas y páginas de obras dramáticas o guiones. En estos casos el poder de la imagen puede -y de hecho muchas veces lo hace- arrinconar la magia de la mera narración.


Con toda la distancia que me separa de Dickens, puedo entender cómo llegaba a sentirse en los momentos en que todo el público le escuchaba embelesado, casi sin pestañear, aguantando la respiración mientras él actuaba sobre el escenario. Y comprendo porqué era tan feliz en esos instantes. Cuando dando clases consigo un efecto en cierto modo parecido -no es que ocurra muy a menudo, pero pasa a veces-, cuando un grupo de adolescentes inquietos devora mis palabras y las engulle, pidiendo más y guardando silencio mientras yo actúo o trato de actuar -pues todo profesor debe hacer de actor de vez en cuando, es la mejor forma de atraer la atención de este público tan peculiar-, la sensación es difícil de describir con palabras. Es algo extraordinario. Es la magia de las palabras y los gestos, la fuerza de la narración de historias. Todo un grupo de personas conectados por un finísimo hilo que normalmente tarda pocos minutos en romperse. Pero hasta que esto ocurre, hasta que la magia se desvanece... ¡qué sensación tan increíble!


Dickens no dejó de actuar hasta casi el final de su vida, aún cuando su estado de salud lo desaconsejaba. Subir al escenario era una necesidad para él, se sentía vivo cuando lo hacía. Él daba vida a sus personajes, y ellos se la daban a él. Era narrador y actor a la vez. Lástima que los que nacimos después de su muerte sólo podamos deleitarnos con su genialidad como escritor. Siempre nos faltará la otra mitad.

sábado, septiembre 22, 2007

PAUL AUSTER: La trilogía de Nueva York

Otra vez Paul Auster. Si habéis seguido este blog más o menos asiduamente, habréis descubierto ya mi pasión por este escritor. No puedo evitar volver a él cada cierto tiempo, para dejarme llevar por sus historias de optimismo y casualidades. Me reconforta leer sus libros, pasear con sus personajes por las calles de Nueva York, compartir esos encuentros mágicos que cambian la vida de los protagonistas. Por eso siempre tengo alguna novela de Auster sin leer en mi biblioteca. Esta llevaba un tiempo esperándome, y aún guardo otra más en la recámara. Son mi refugio personal.

La trilogía de Nueva York es muy diferente de otras obras de este autor. Es quizás la más extraña de todas las que he leído, y sin duda la más pesimista, pues sus protagonistas acaban en cierto modo autodestruyéndose y arruinando sus vidas, en tres historias que guardan ciertos paralelismos. Sin embargo, me ha parecido una de sus mejores novelas, por el juego psicológico tan complejo que trama Auster, que consigue atrapar al lector desde la primera página y dejarle perplejo al final de cada historia. Porque sus finales no están cerrados. Auster se guarda un as en la manga, dejando al lector con esa sensación tan extraña que transmite un final inacabado. De esta forma nos hace partícipes de lo que allí ocurre, pues cada uno puede imaginar su propia versión de los hechos.

La trilogía está formada por tres novelas cortas: Ciudad de cristal, Fantasmas, y La habitación cerrada. Las tres se engloban dentro del género detectivesco, al que Auster da una vuelta de tuerca muy original. En Ciudad de cristal, una llamada de teléfono equivocada hará que Daniel Quinn, un escritor de literatura policíaca, se convierta en un detective –curiosamente llamado Auster- que tendrá que enfrentarse a un caso muy especial, quedando atrapado en una complicada trama que le hará renegar de su propia persona hasta convertirse en un desecho humano. Fantasmas es una novela sobre un detective y un hombre vigilado por él donde los papeles de ambos se confunden hasta extremos sorprendentes. Y La habitación cerrada es la historia de un hombre fascinado desde la infancia por su mejor amigo, Fanshawe. La misteriosa desaparición de este último llevará a nuestro protagonista a vivir una vida que en principio no le correspondía, pero su obsesión por encontrarle a toda costa hará peligrar el sueño que tanto le ha costado alcanzar.

El nexo de unión entre las tres historias es la confusión de identidades, la identificación entre el detective y la persona perseguida, la fascinación por alguien llevada hasta el extremo. Sobre esta base trabaja Auster en la trilogía, llevando a sus personajes por oscuros caminos en los que se anularán a ellos mismos, llegando a adoptar personalidades o vidas muy distintas de las que llevaban. Es fascinante el modo en que el autor, que aparece en la primera de las novelas haciendo de él mismo, juega con el lector y le lleva de la mano a un lugar extraño donde nada es lo que parece, y donde los personajes se lanzan al vacío en una caída que el lector presiente fatal. Auster se cuestiona sobre lo que somos en realidad, y plantea el interrogante de hasta qué punto estamos seguros de nuestra propia personalidad. Vigilar a una persona durante día y noche, enamorarse de la mujer del amigo desaparecido y acabar viviendo con ella, son hechos que pueden provocar un cambio interior tan desconcertante que llegue a trastocar nuestra propia esencia. Hasta el punto de dejar de ser nosotros mismos.

Como podéis observar, el tema es más que inquietante. Si a eso unimos la prosa ágil y sencilla de Auster, su habilidad para tejer historias que atrapan al lector, y el fondo mágico de las calles de Nueva York, el resultado es un libro que, ante todo, no deja indiferente. Y si nos gustan las historias inacabadas de finales sorprendentes que uno tiene que pensar y repensar antes de cerrar el libro, La trilogía de Nueva York es un verdadero acierto. Es de lo mejorcito de Auster, la obra maestra de un encantador de serpientes que hipnotiza con sus palabras. Imprescindible
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Más reseñas de obras de Paul Auster:
- Leviatán
- Tombuctú
- Viajes por el scriptorium
- Brooklyn Follies

domingo, septiembre 16, 2007

Medem y el caos

Caótica Ana es una película que sólo podría haber hecho Julio Medem. Nadie como él para conjugar mitología, simbolismo, psicología y sexo en una historia tan compleja como sencilla, pues al final todo se reduce a los orígenes de nuestra existencia. En palabras de su director: “CAÓTICA ANA es una historia contra la tragedia, conducida por la fuerza del optimismo y la necesidad de ser feliz de su protagonista". Para mí es también una reivindicación de lo femenino y de la eterna lucha del Bien contra el Mal, con toda la relatividad que esconden estos términos.

La historia comienza cuando Ana, una hippie dotada de un gran talento para pintar y que vive en una cueva junto al mar con su padre, es descubierta por una mecenas, Justine. Esta la invita a acompañarla a Madrid, donde residirá en una especie de escuela-hogar para jóvenes artistas. Allí conoce a Linda, que se convierte en su mejor amiga, y se enamora -por primera vez en su vida- de un estudiante de origen saharaui, Said. Pero en esa estancia comenzará un proceso de conocimiento interior mucho más complejo, gracias a la hipnosis, que dará a Ana las llaves de una nueva dimensión dentro del caos que rige su vida. Ana es la depositaria de un secreto ancestral, de muchas vidas pasadas con un final trágico, de un origen divino relacionado con la figura de la diosa-madre y el poder procreador de las mujeres. Ese viaje mental va acompañado de un viaje real, pues Ana acabará instalándose en Nueva York, donde encuentra una estabilidad que no es tan definitiva como parece. De hecho aún deberá cumplir allí una misión, que cierra la película en un círculo completo con respecto al principio.

No creo que debamos caer en el error de comparar esta película con otras de Julio Medem, pues aún siendo muy de su estilo, guarda enormes diferencias con filmes anteriores. A destacar el trabajo de la mayor parte de sus protagonistas, con una Bebe que brilla con luz propia, además de la banda sonora y la puesta en escena. Hay que estar atentos a cada una de las frases de los actores, pues algunas encierran significados poderosos. Finalmente, los cuadros que aparecen en la película -pintados por otra de las hermanas de Medem, Sofía, inspirándose en la obra de la malograda Ana Medem- le dan un toque especial. Son pinturas inocentes pero muy expresivas, que transmiten un vitalismo fuera de toda duda. Y ese es quizás el mensaje más importante que ha querido transmitirnos su director. Porque la película es un homenaje a Ana Medem, la Ana real, quien perdió su vida trágicamente en un accidente de coche cuando tenía 22 años, cuando su carrera artística no había hecho más que empezar.

Por supuesto la película tiene sus puntos débiles. Manuela Vellés, que interpreta a Ana, no es capaz de cambiar de registro demasiadas veces. Cambia su peinado, y su forma de vestir, pero no parece asimilar que sobre sus hombros recae una pesada carga que se remonta a tiempos ancestrales. Su interpretación es quizás demasiado plana. Y el final de la película tampoco deja un sabor agradable. Es como si el caos se hubiera apropiado del propio guión, sacrificando una historia que presenta un desarrollo más que aceptable por un final con tintes reivindicativos que no acaba de encajar. Con todo, Caótica Ana es una película que los admiradores de Medem no debéis perderos. Porque vais a disfrutarla, eso sí, siempre que os dejéis llevar -un poquito- por el caos.

viernes, septiembre 07, 2007

ARTO PAASILINNA: Delicioso suicidio en grupo

Delicioso suicidio en grupo es el primer libro que cae en mis manos de este escritor finlandés. Después de leerlo, debo admitir que me ha divertido y asombrado, tanto por la temática que trata como por la forma de abordarla. Y me resulta extraño que un autor que retrata de esta manera a sus conciudadanos tenga un éxito tan arrollador en su país. Debe ser que los finlandeses tienen un gran sentido del humor. No todo el mundo es capaz de reírse de sus propios defectos. Y más cuando son tan graves como una afición desmesurada al suicidio.

Y es que, como bien indica su título, ese es el tema principal de la novela. Paasilinna parte de la premisa de que en su país el suicidio es una práctica más frecuente de lo habitual, y a partir de ella teje una historia en la que el humor negro y la sátira son los auténticos protagonistas. En el fondo, el libro constituye un canto a la vida y a los pequeños placeres que casi todos podemos disfrutar. Esos placeres son los que conforman la esencia de la felicidad. Tal es el mensaje que el autor parece querer transmitir a sus compatriotas a lo largo de las páginas de esta novela.

La historia comienza cuando Rellonen, un empresario arruinado y con un matrimonio infeliz a cuestas, decide poner fin a su vida. No obstante, en el instante en que se dispone a realizar su propósito en un lugar cuidadosamente elegido para ello, conoce al también suicida en potencia coronel Kemppainen, a quien salva de una muerte segura. Esa coincidencia marcará el inicio de una extraña amistad entre ambos protagonistas, lo que les hará olvidar sus penas durante un tiempo. Fruto de esta relación será la puesta en marcha de un plan muy original: reunir a un grupo más amplio de personas que deseen participar en un suicidio colectivo.

De esta manera, Rellonen y Kemppainen irán aglutinando a su alrededor a un grupo de personajes que tienen como objetivo común poner fin a sus vidas. El grupo acabará recorriendo media Europa en busca de un escenario perfecto donde llevar a cabo su propósito. En ese camino sus vidas empezarán a cambiar, y encontrarán respuestas a muchas preguntas. Hasta el punto de que llegará un momento en que dudarán del objetivo que les hizo emprender dicha aventura.

Paasilinna destila un humor corrosivo y ácido. Sus personajes no tienen nada que perder –no en vano aspiran al suicidio-, por lo que sus comportamientos y comentarios no tienen desperdicio. Desde el “seminario de suicidiología” convocado por Rellonen y Kempainnen, hasta las incursiones del tétrico grupo en los fiordos noruegos o las montañas suizas buscando esa forma romántica de morir, el libro está lleno de momentos cómicos donde la sátira y la burla subyacen en cada esquina. El alcoholismo, otro de los vicios al parecer más extendidos entre los finlandeses, también es caricaturizado en esta novela.

Puede que no estemos ante una obra maestra de la literatura, pero no puedo dejar de recomendar este libro. Porque darle la vuelta a un tema tan escabroso como es el suicidio y convertirlo en algo cómico es tarea harto difícil, y Paasilinna lo consigue con soltura. Con su libro, el autor ha pretendido dar una lección de vida y una inyección de moral. La felicidad está al alcance de nuestras manos Para Paasilinna, el contacto con otras personas parece ser la clave esencial. El no sentirse solo, el tener amigos en los que apoyarse, es uno de los mejores antídotos contra la depresión. Y no importa que nuestros amigos estén desesperados y tengan motivos para suicidarse: un buen viaje, paisajes maravillosos y comida y conversación agradables pueden curar hasta el alma más herida. Una deliciosa receta para sonreir.

Otras reseñas de obras de Arto Paasilinna:
- El molinero aullador

sábado, septiembre 01, 2007

De vuelta, otra vez

Vuelvo de mi segunda escapada de este verano. Esta vez mis pasos me han llevado más lejos, a un lugar que he soñado visitar durante años. Tierras míticas que se nutren de héroes como William Wallace y genios como Walter Scott o Conan Doyle. Elemental, queridos bloggeros, estoy hablando de Escocia.

Han sido unos días mágicos. Paseos por carreteras perdidas entre lagos y montañas. Miradas arriesgadas al abismo de los acantilados. El azul inmenso del Atlántico. La tranquilidad hipnótica de las ovejas. El hechizo encantador de los castillos. Y una ciudad, Edimburgo, que florece con los festivales de agosto hasta convertirse en un lugar casi de ensueño.

Como siempre, os dejo unas fotillos. Por cierto, mi brazo está mucho mejor. Preparándose para empezar el curso, que está a la vuelta de la esquina.

Y casi sin darme cuenta mi blog ha cumplido su primer año de existencia.

Mil gracias a todos por estar ahí. No habría llegado hasta aquí sin vosotros.

Y ahora, a por un año más.










miércoles, agosto 15, 2007

YUKIO MISHIMA: El rumor del oleaje

Yukio Mishima es uno de los autores más aclamados de la literatura japonesa, aunque no es muy conocido en nuestro país. Su vida es digna de una película de aventuras, si bien tuvo un final muy trágico que él mismo escogió.

Al parecer, Mishima era un nostálgico del pasado. Nacido en 1925, siempre sintió una gran fascinación por los samurais -como demostraría al final de su vida- y la cultura tradicional nipona. Llegó incluso a formar una milicia privada que él mismo entrenaba y dirigía. Fue contrario a la occidentalización y modernización de su país, y su pensamiento puede considerarse fascista en muchos aspectos. En 1970 intentó una especie de golpe de estado, al asaltar un cuartel del ejército con ayuda de algunos de sus seguidores para animar a los soldados a rebelarse contra el gobierno japonés y restaurar el antiguo poder del emperador. Sin embargo, tuvo dificultades para hacerse oír, y los soldados acabaron burlándose de él, por lo que, ni corto ni perezoso, Mishima decidió (ya lo tenía pensado de antemano) quitarse la vida mediante el rito del
sepukku (que aquí conocemos como hara-kiri). Aquello debió de convertirse en una auténtica carnicería, pues el rito establece la ayuda de un "asistente" que debe decapitar al suicida en caso de que este sufra demasiado. Con Mishima lo intentaron tres veces antes de tener éxito. Otro de sus seguidores escogió la misma forma de morir junto a su maestro. Este dramático final, planeado con una gran minuciosidad desde hacía más de un año por el propio Mishima, puso fin a una trayectoria literaria que estuvo a punto de hacerle valedor del mismísimo premio Nobel.

Parece mentira que de una mente tan atormentada como la de este autor -no entiendo que una persona con cierta estabilidad emocional ponga fin a su vida de esa manera- saliera una novela tan dulce y sosegada como es El rumor del oleaje. Se trata de una historia de amor entre dos adolescentes, que descubren juntos las primeras caricias, los primeros besos, pero que deberán enfrentarse a una serie de dificultades para conseguir estar juntos. Mishima capta con una gran delicadeza esos titubeos y nervios propios del primer amor, y el descubrimiento de todo un mundo de sensaciones al que hasta ese momento los adolescentes eran completamente ajenos.


Sin embargo, desde mi punto de vista lo mejor del libro no es la historia en sí. Lo más conseguido es la ambientación de la novela, que se desarrolla en una tranquila isla de pescadores donde todo el mundo se conoce y convive de forma más o menos pacífica. Las costumbres del pueblo, los oficios, las vestimentas de los habitantes, son descritas con una minuciosidad exquisita. Mishima consigue arrastrarnos a ese mundo bucólico donde no existen el estrés ni la prisas, un mundo donde las tradiciones se respetan, y los hijos heredan el oficio de sus padres sin plantear la más mínima oposición. El mensaje del autor parece ser: aún siguiendo las tradiciones, se puede alcanzar la felicidad plena. En efecto, Shinji y Hatsue, los protagonistas, deberán vencer una serie de dificultades pero, sin necesidad de rebelarse y acatando las reglas en todo momento, su amor llegará a ser aceptado por todos, incluso por el intransigente padre de la muchacha. La lealtad, el valor y la honestidad son los valores que más destacan en esta historia. Eso sí, los personajes son demasiado planos, y los "malos" acaban recibiendo su castigo. Ese amor de Mishima al mundo tradicional japonés se respira aquí con especial intensidad.


El rumor del oleaje es un viaje a la tranquilidad de una isla remota en el Pacífico. Es un encuentro con una sociedad tradicional que presenta muchos aspectos positivos: la solidaridad mutua, la convivencia en armonía con el marco natural, el respeto a los mayores... Son valores que se están perdiendo en gran parte del mundo actual, y que, sin estar de acuerdo con Mishima en muchos otros aspectos, nos parecen dignos de defender y de perseguir. Ese, y su prosa cargada de lirismo, son quizás el mejor legado que este autor nos ha dejado.

viernes, agosto 10, 2007

ALMUDENA GRANDES: El corazón helado

"Una de las dos Españas ha de helarte el corazón"

Con esta emotiva cita de Antonio Machado comienza la última y más ambiciosa novela de Almudena Grandes. Una novela que toca todos los grandes temas de la historia reciente de España: la guerra civil, el exilio, la dictadura de Franco y la transición política a la democracia.

Antes de adentrarme en el comentario, os diré que este libro puede pecar de excesivo (sus más de 900 páginas pesan a veces), y de enrevesado, por la multitud de personajes que desfilan en su interior. Pero se trata sin duda de una gran novela, con una base documental muy importante; en palabras de la propia autora: "La mayoría de los episodios más brutales que narro en El corazón helado no me los he inventado, pasaron de verdad. La novela es ficción porque los personajes no existen, pero casi todos los hechos concretos del pasado de los personajes son reales y están documentados". Y sobre todo se trata de una preciosa historia de amor, traición y dolor, que arrastra al lector y le compensa con creces del esfuerzo de leer tan ingente obra.

La novela se divide en tres grandes bloques, y en cada uno de ellos son dos los narradores que alternan sus voces: uno en primera persona, que es Álvaro Carrión, uno de los protagonistas, y un narrador omnisciente que es el encargado de ir desentrañando los secretos del pasado, a través de flash-backs o retrospecciones que a la vez que narran una multitud de historias propias ayudan a entender la situación actual de los personajes. Con esta técnica la autora consigue mantener la atención del lector al suministrarle la acción a pequeñas dosis, saltando de un momento de la historia a otro bien distinto.

El argumento gira en torno a dos familias, unidas por lazos de parentesco además de por un oscuro pasado en el que se mezclan la traición y el amor. Los Carrión representan al bando de los vencedores, a quienes se enriquecieron y prosperaron gracias al despojo de los vencidos y a la posterior dictadura. En cambio la familia de los Fernández son los hijos de la República y el exilio, quienes sufrieron en carne propia la represión tras la guerra y el tener que empezar desde cero en otro país, sin saber si alguna vez volverían a pisar la tierra donde nacieron. Aunque ambas familias guardan sus luces y sus sombras, la autora toma partido claramente por estos últimos, y cuestiona la integridad moral de todos aquellos que, aún en la actualidad, no quieren saber o, si saben, prefieren no tomar partido y pasar página rápidamente.

En el centro de todo, una hermosa historia de amor, que conllevará su buena dosis de sufrimiento. Es la historia que surge entre dos de los descendientes de estas familias, Álvaro Carrión y Raquel Fernández Perea, y que obligará a ambos a cuestionarse el pasado de su familia, en el caso del primero, y el sentido de sus actuaciones, en lo que se refiere a la segunda. El dolor de los exiliados en los episodios ambientados en el pasado tiene su contrapeso en el presente en el dolor de Álvaro, al ir descubriendo aspectos de su familia que le harán sentirse cada vez más solo, más lejos de los que siempre había considerado los suyos. El amor de Raquel le ayudará en esta tarea, aunque también le aportará un sufrimiento paralelo que minará aún más a Álvaro, a la vez que le hace más fuerte. Así le vemos al final de la novela, angustiado por lo que se le viene encima, pero con una gran entereza moral que le dará alas para segur adelante.

Esta novela deja huella. Algo se remueve en nuestro interior con retazos de historias que sabemos ciertas, aunque cambien los nombres de quienes las vivieron. Tanto sufrimiento, tanto rencor y tanto odio, dejan una sensación de amargor en los labios, que se dulcifica cuando asistimos a episodios donde la lealtad y el amor se convierten en protagonistas. Quizás el personaje que sale peor parado de esta historia es la madre de Álvaro, la única que no consigue mostrarnos su cara amable en ningún momento, la única totalmente gris en un mundo de matices blancos y grises.

Os dejo con otra de las citas de Machado que se recogen en el libro, que quizás sea una de las verdades más grandes y más bellas que se han dicho sobre la Guerra Civil.

"Para los políticos, para los historiadores todo estará claro: hemos perdido la guerra. Pero humanamente no estoy tan seguro. Quizá la hemos ganado."

Yo estoy segura de que así fue.

martes, agosto 07, 2007

De vuelta, con sorpresa incluida

He descubierto un mundo maravilloso que desconocía. Paisajes tan bellos que dañan la vista, montañas que cortan la respiración y limpian el alma de males y problemas, rincones donde he deseado permanecer y fundirme con las rocas, para sentir con ellas la deliciosa paz que emanan.

Esa es la parte bonita de la historia. Lo que he traido conmigo, a pesar de las circunstancias. Porque la mala suerte ha hecho que vuelva con un hombro lesionado, después de pasar uno de los peores ratos de mi vida. Lo que podían haber sido unos días maravillosos dieron de repente un giro imprevisto. Y lo peor es que no fue culpa mía, sino provocado por la negligencia y la estupidez de dos personas que no hicieron bien su trabajo. Para abreviar: un accidente que se podía haber evitado fácilmente. Y la seguridad de que no volveré a practicar rafting en mi vida.

A pesar de todo he vuelto fascinada con lo que he visto. No conocía el Pirineo aragonés, y ahora sé que volveré pronto. Me quedan aún muchas rutas por andar en esos parajes, muchos rincones que descubrir y muchas lecciones que aprender.

Por cierto, si vais por allí tened mucho cuidado con la empresa Aguas Blancas. Algunos de sus monitores están muy lejos de ser profesionales.

Os dejo algunas fotos. Por cierto, ¿adivináis quién es la del cabestrillo?








jueves, julio 26, 2007

Perdida entre montañas

Dejo atrás la tierra conocida. Despliego mis alas y miro hacia delante. Es hora de marchar. Bellas colinas y suaves valles me aguardan. Puedo escuchar sus voces, en susurros. Puedo oírlas cantar, y su melodía resbala por las laderas, mezclándose con los restos de nieve hasta unirse con las aguas del deshielo.

Perderse entre montañas, lejos de todo. Caminar y dejarse arrastrar por los sonidos y los paisajes. Devorar con los ojos los árboles, los riscos y los escarpes. Oler la tierra mojada y sentirse más cerca del cielo, hasta tocarlo con sólo estirar los dedos…

Por unos días voy a ser un hada afortunada que vuelve a la naturaleza, o al menos a lo que queda de ella. Ya os contaré a la vuelta. Os deseo dulces paseos estivales a la luz de la luna.

Por supuesto, mis libros me acompañan en esta aventura. Como siempre que emprendo el vuelo. Son mi tabla de salvación en la lejanía.

Un abrazo y hasta la vuelta.

Imagen: Valle de Ordesa y Monte Perdido

domingo, julio 22, 2007

Irse de vacaciones...con una sonrisa

En estos días de descanso estival son miles los ¿afortunados? que inician sus ansiadas vacaciones. En homenaje a todos los que ya las habéis disfrutado, a los que aún las tenemos pendientes, y a los que no podrán hacerlo hasta dentro de mucho tiempo, ahí van unas cuantas viñetas del genial Forges. Hay que buscarle el lado bueno a todo, ¿no?





domingo, julio 15, 2007

WILLIAM MAXWELL: Vinieron como golondrinas

Llevaba un tiempo queriendo leer algo de este autor del que había escuchado muy buenas críticas, pero que por desgracia es bastante desconocido en nuestro país. Maxwell alcanzó una gran notoriedad como editor de grandes autores entre los que se encuentran nombres como Salinger o Updike, pero su faceta de escritor ha pasado algo desapercibida. Sin embargo, después de leer esta primera novela, creo que se trata de un escritor al que merece la pena seguir la pista, pues sus obras están comenzando a traducirse ahora a nuestro idioma.

Vinieron como golondrinas es una historia intimista, que transcurre en el seno de una familia media estadounidense en 1918, el año en que finaliza la Gran Guerra y el año de la terrible epidemia conocida como "gripe española", que sólo en EEUU mató a más de medio millón de personas. Es pues un tiempo de esperanza y temor a la vez, un año clave en la historia del mundo y en la del propio autor, que sufrió la muerte de su madre como consecuencia de dicha epidemia. Ese episodio es el que centra el hilo narrativo de la novela, donde la madre de la familia, el eje que une a todos los miembros de esta, como vamos descubriendo a medida que avanzamos en su lectura, cae enferma y fallece en parecidas circunstancias. Maxwell construye pues una novela en parte autobiográfica que es a la vez un emotivo testimonio de la forma de vida de la sociedad media norteamericana en las primeras décadas del siglo XX.


El narrador es una sola persona, pero posee tres voces distintas, pues nos narra la historia desde el prisma de tres de los personajes que aparecen en la novela. Primero es el hijo pequeño, Bunny, quien nos toma de la mano y nos lleva con él a conocer a su familia. En las páginas dedicadas a él, conocemos sus miedos, la fascinación que siente hacia su madre, a la que idolatra, y el temor-respeto que ejerce en él su hermano mayor, Robert. Maxwell capta de forma brillante la inocencia que caracteriza a un niño de ocho años, como se aprecia en este fragmento dedicado a la magia de los juegos infantiles:


"El domingo por la mañana era un momento excelente para invadir una ciudad. Ya era casi mediodía cuando la imaginación de Bunny empezó a flaquear. Entonces, de manera muy repentina, la escena cambió. Las murallas, puertas, tejados, barricadas rotas y torres caídas se aparecieron en su sencilla y desnuda realidad: dos vasos plegables, una regla, una piedra cuadrada, cartón, papel marrón, tres lápices y un carrete lleno de muescas. A partir de ahí fue imposible seguir fingiendo que sus soldados de plomo se gritaban unos a otros mientras defendían un pueblo belga."


A continuación es Robert, el primogénito, el que se convierte en protagonista de la historia. Su relativa incapacidad física (perdió una pierna en un accidente) no es obstáculo para que se desenvuelva como un chico más de su edad en todos los aspectos. Por último Maxwell centra su atención en el padre, James, roto por la pérdida de su esposa e incapaz en un principio de cuidar de sus hijos tras la muerte de esta, verdadero punto cardinal sobre el que se asentaba la unión de esta familia. La hermana de la fallecida, Irene, aparecerá entonces como la posible salvadora de esta situación, y se convertirá en un asidero fundamental para el desconsolado James.
Esta novela nos cautiva por su prosa sencilla, que huye de artificios, y su naturalidad al describir y caracterizar a los personajes. Realmente parece que nos hemos colado en el hogar de los Morison, que dormimos junto a Bunny o Robert, que acompañamos a James mientras arrastra como un fardo la muerte de su adorada Elizabeth. Es ella quizá el personaje más entrañable, por la dulzura y el amor que derrocha, por ser el soporte vital de una familia de hombres que la ama con locura aunque ninguno, salvo el pequeño Bunny, sea capaz de demostrárselo. Por su parte, el personaje de Bunny parece ser en muchos aspectos un autorretrato del propio Maxwell, que perdió a su madre más o menos a la misma edad. Posiblemente por ello aparezca tan real a nuestros ojos.
Puede que Maxwell no esté a la altura de otros grandes escritores norteamericanos, pero se merece un lugar destacado en la narrativa de ese país. Esperemos que lo alcance en los próximos años. Desde aquí, os animo a descubrirlo, ya sea en español o en inglés. Lo vais a disfrutar, os lo aseguro.

miércoles, julio 11, 2007

¡PREMIO, PREMIO, PREMIO!!!!!

Hoy he recibido una agradabilísima sorpresa al abrir mi blog. ¡ME HAN CONCEDIDO UN PREMIO! Tengo que agradecérselo a unas bloggeras recién descubiertas que forman liter-a-tres, y cuyo blog ha sido premiado con anterioridad. Y como queda establecido en el reglamento del concurso, aquí está el preciado galardón:



Estoy emocionada. Cuando empecé a escribir este blog lo hice con la intención de hablar sobre literatura, compartiendo con otras personas mis impresiones sobre los libros que caían en mis manos. Después de casi un año (quedan un par de meses para mi primer aniversario) no sólo he encontrado otros blogs fascinantes, sino que me siento muy cerca de un grupo de personas que tenemos muchas cosas en común aparte de nuestro amor a los libros. En cierto modo es un privilegio pertenecer a esta comunidad.
Bueno, este es mi discursito de premiada. Ahora, como ya han hecho otros de los galardonados, me vais a permitir que me explaye un poquito, porque ¡ES LA PRIMERA VEZ QUE ME DAN UN PREMIO, Y ES ALGO QUE SIENTA ESTUPENDAMENTE!!!!!!!
Según la tradición, este premio se ha de repartir siguiendo estas tres reglas:
1. Si eres uno de los premiados, tendrás que escribir un post con cinco links de blogs que quieras premiar.
2. Haz un link a este post, de manera que se pueda encontrar el origen de este premio.
3. Muestra orgulloso el "Thinking Blogger Award", te lo has ganado.
Y ahora toca la parte más difícil, elegir cinco blogs entre los que tantas horas de disfrute me han traido en este año. Todos los blogs que aparecen en la columna de la derecha son apasionantes, y me cuesta decidirme por algunos. Pero lo intentaré:
El detective amaestrado: por hacer magia con las palabras y compartir pasión y profesión. Os vais a enganchar si lo visitáis.
Cierta distancia: por escribir esos magníficos relatos y ser capaz de emocionarme con sus vivencias.
Hysteria: por compartir ideas y planteamientos, por acercarme a los clásicos y por ser una bellísima persona.
El gusanillo de los libros: por acercarme a autores que no conozco, en unas reseñas que son realmente magníficas.
Profesor en la secundaria: por una pasión agridulce compartida y por ponerle palabras a nuestra rutina cotidiana como profesores.
Si alguno ya fue premiado antes, enhorabuena por partida doble. Y a los que no he elegido, mil perdones, pero vuestros blogs siguen estando entre mis favoritos. Todos se merecen este premio.
Hasta muy prontito. Hoy me voy a dormir con una enooooorme sonrisa.

martes, julio 03, 2007

JOSÉ LUIS SAMPEDRO: La vieja sirena

Sensualidad y poesía. Esas son quizás las dos palabras que mejor definen esta deliciosa obra de Sampedro, uno de mis autores favoritos. En La vieja sirena encontramos un relato repleto de magia y pasión, ambientado en la Alejandría del siglo III, donde se dan cita realidad y mitología. Surge así una novela que en el fondo gira en torno a dos de las grandes preocupaciones que siempre han guiado a la humanidad: el amor y el poder.

Glauka, Irenia o Kilia, la protagonista, tiene diferentes nombres a lo largo de la historia. Y cada uno de ellos es en cierto modo una mujer distinta, pues a cada capítulo de su vida le corresponde un nombre diferente. El misterio y la sensualidad rodean a esta bella joven, cuya vida está llena de luces y de sombras; ha pasado por momentos extremadamente dolorosos junto a otros donde ha conseguido tocar la felicidad. La vida de Glauka sufre un giro cuando conoce a Ahram, un poderoso navegante alejandrino con el que acabará viviendo un amor apasionado sin precedentes en su vida anterior. Krito, un filósofo andrógino que es uno de los más fieles amigos de Ahram, es el otro protagonista indiscutible de esta epopeya fantástica. Él simboliza el poder de la palabra, la racionalidad de las cosas, mientras Ahram personifica la fuerza masculina y el poder de los actos. El trío formado por ambos hombres y la mujer constituye un conjunto único por su fuerza y su complejidad, y les unirá aún más el hecho de ser sólo ellos los conocedores de la verdadera naturaleza de Glauka, la mujer misteriosa.


El marco que encuadra a estos personajes es un Egipto en decadencia dentro de un Imperio Romano que también se encuentra en declive. Los bárbaros están iniciando su penetración en las fronteras del Imperio Occidental. Roma no es ya la fuerza de antaño, y se debate entre las luchas de los generales para conseguir el título de emperador y la crisis económica y social de un gigante cuyos pies de barro se deshacen por momentos. Frente a la decadencia de Roma, pequeños reinos como el de Palmira intentan hacerse un hueco en el precario equilibrio de fuerzas de la época. Sin embargo el tiempo demostrará que el futuro pertenece en realidad al los pueblos bárbaros, que irán estableciendo sus reinos por toda la parte occidental del Imperio, mientras en la mitad oriental el Imperio Bizantino perduraría aún durante más de mil años.


La prosa de Sampedro es apasionada y vibrante, y hace estremecerse al lector en determinados pasajes. El autor rescata del olvido esos antiguos ritos ancestrales que se dieron en la mayoría de los pueblos y que tan frecuentemente escapan a la investigación histórica. Ritos que defendían el culto a la Diosa Madre -la deidad procreadora, la Madre Naturaleza- como base de todas las religiones antiguas. La obra entera es un canto a esa idea, y una celebración del amor y el sexo como las manifestaciones más legítimas de ese culto, una creencia que se fue perdiendo a lo largo de la historia pero cuyos ecos resuenan aún en algunos de nuestros ritos actuales.


La vieja sirena es ante todo una historia de amor, un amor casi divino que une a Glauka y a Ahram de una manera indestructible. Tanto es así que ni la misma muerte podrá separar a los amantes, que se buscarán y se encontrarán el uno al otro en los límites del mundo real, más allá de donde ningún mortal podría jamás acercarse.


El trabajo de documentación llevado a cabo por Sampedro es ingente. Las referencias históricas son precisas y constantes en la novela. Al final del libro se incluyen unos mapas dibujados por el mismo autor que nos ayudan a centrar los acontecimientos que se van sucediendo a lo largo de sus más de 800 páginas. Quizás la única crítica que se puede hacer a esta obra es su excesiva longitud y el hecho de que la narración se pierde a veces en flecos que no llevan necesariamente a ningún sitio y que dificultan su lectura en algunos tramos. Sin embargo, no son obstáculos para hacer de esta novela una lectura más que interesante para los admiradores de este autor, entre quienes me encuentro. Y quizás los no admiradores os convirtáis después de leerla.

jueves, junio 28, 2007

Fin de curso

Otro curso se acaba. Llega el verano y el instituto se va quedando vacío. Primero se van los alumnos, luego la mayor parte de los profesores, y al final sólo quedamos algunos a los que nos toca empezar a preparar el curso próximo. Ya no se escuchan gritos ni voces por los pasillos. El silencio lo cubre todo, y aunque esta calma tiene su encanto, se echa de menos el movimiento de los días que han quedado atrás.

Ellos se van y nosotros nos quedamos. El fin de curso siempre tiene esas dos caras: la ilusión de empezar las vacaciones y poder al fin descansar, y la tristeza por saber que hay rostros que ya no veremos, voces que se alejan para siempre de nosotros, sueños que se construyen fuera de los muros del instituto. Cada alumno que se marcha de aquí deja algo atrás, aunque la mayoría se irán olvidando con el tiempo. Estoy segura de que muchos recordarán su paso por el instituto con una sonrisa, porque a todos nos ha pasado. Pero tienen una vida entera por delante, con proyectos que realizar y muchas personas que conocer, y poco a poco nosotros nos iremos desdibujando en su memoria. Ellos se marchan con la ilusión de quien empieza un camino nuevo, y eso les da alas para seguir adelante y no mirar atrás. Pero algunos se llevan algo más consigo, un trocito de cada uno de nosotros les acompaña sin que se den cuenta. Está ahí, escondido en sus mochilas, en los recovecos del estuche. Si buscan, seguro que nos encontrarán.


En cierto modo se te parte el corazón. Es como una pequeña ruptura amorosa de las que se superan pronto, pero que lo tiñe todo de melancolía durante un tiempo. No te acostumbras a no verles en su aula, a no encontrarles por el patio. Sabes que volverán alguna vez de visita, y que recibirás e-mails esporádicos de sus andanzas universitarias o laborales. Pero no es lo mismo. Han dejado de formar parte de tu vida, han volado.


Hasta que empieza otra vez el curso. Poco a poco las caras nuevas se van haciendo más familiares, y el proceso se repite de forma casi idéntica. Vuelves a estrechar lazos y a ilusionarte con ellos. Vuelves a empezar, y ellos contigo.


Esta es la magia de nuestra profesión. Conocer a tantos chicos y chicas diferentes, cada uno con sus miedos y sus virtudes, sus esperanzas y sus frustraciones. Cada uno con su filosofía de vida y sus proyectos. Y formar parte de sus vidas durante nueve meses o más, darles algo de ti que puede que les ayude a ser mejores personas, de eso se trata en definitiva. De estar con ellos y de escucharles, de hacerles creer que pueden llegar a donde quieran si se lo proponen. Y a cambio, recibir cariño, admiración y muchos buenos momentos (aunque también malos por supuesto).

Eso es enseñar. Eso es aprender. Eso es vivir.


Feliz fin de curso, y buen viaje a todos.


Imagen: Jeanne H. A. Cloche, MODIGLIANI. Esta ha sido la portada de mi cuaderno del profesor de este curso. Ya toca ir pensando en la del curso que viene...

sábado, junio 23, 2007

IRÈNE NÉMIROVSKY: El baile

Leí este libro ayer por la tarde disfrutando de un par de horitas sin nada que hacer, después de la pesadilla de exámenes y notas de los últimos días, y aún sigo "trastornada" por la historia. En apenas 100 páginas (menos en realidad, pues la fuente utilizada en la edición de Salamandra es de gran tamaño), Némirovsky narra con una maestría formidable una relación enferma entre una madre y su hija, con el telón de fondo que le proporciona la hipocresía de una clase social -la de los nuevos ricos- que está dispuesta a cualquier cosa por hacerse un hueco en la alta sociedad.


La familia Kampf prepara un baile por todo lo alto para entablar relaciones con la aristocracia y la alta burguesía parisinas, después de que la suerte les haya sonreído y hayan pasado de vivir prácticamente en la miseria a disfrutar de un estatus social más que acomodado. Desde la óptica engreída de quienes creen tenerlo todo, los Kampf planean el baile con gran esmero, asegurándose de que todos los invitados queden deslumbrados ante la riqueza y buen gusto de los anfitriones. Antoinette, la hija adolescente del matrimonio, asiste al espectáculo de preparativos e invitaciones con la ilusión de que la dejen participar, ilusión que se ve rápidamente truncada cuando su madre le comunica que ella no podrá asistir al baile. Reproduzco un retazo de la conversación porque es digno de la más malvada madrastra de Cenicienta:


"¡Pero bueno! asistir al baile esta chiquilla, esta mocosa, ¡habrase visto!... Espera y verás cómo hago que se te pasen todos esos delirios de grandeza, niña... ¡Ah!, y encima crees que vas a presentarte "en sociedad" el año que viene. ¿Quién te ha metido esas ideas en la cabeza? ¡Que sepas, niña, que apenas he empezado a vivir yo, ¿me oyes?, yo, y que no tengo intención de preocuparme tan pronto por una hija casadera... No sé por qué no te doy un buen tirón de orejas para quitarte esas ideas..."


Son palabras punzantes, de esas que se clavan y te dejan sin aliento, encogida de dolor... Así se queda Antoinette al escucharlas, alimentando en su interior un odio creciente hacia su madre y hacia el mundo de los adultos en general. La venganza de la niña será implacable, y se desencadenará con un simple gesto, más impulsivo que premeditado, que ocasionará a su madre un enorme sufrimiento y arruinará todos sus planes de entroncar con la alta sociedad.

Todos los personajes son sombríos en esta oscura trama. La madre, reconcomida por el dolor de haber pasado sus años de juventud en la pobreza, ve cómo ahora que tiene dinero su lozanía se le escurre entre los dedos; el padre, tan anodino como cruel con su esposa; la hija, vengativa y llena de odio hacia todos, incluso hacia ella misma.... Némirovsky ha construido un puzzle corrosivo sobre la hipocresía de la sociedad en la que ella debió moverse cuando llegó a París, en 1919. Ella misma tuvo una infancia infeliz y solitaria, y el personaje de Antoinette parece ser una perfecta transfiguración de la escritora, tan lejos de sus padres como la joven Kampf de los suyos.

Las críticas han elogiado esta pequeña obra maestra, que se agota mucho antes de lo que el lector desearía. Cruel, apasionado, o duro como el cristal, son algunos de los calificativos que El baile ha recibido. Para mí ha sido una aventura, breve e intensa, hacia el lado más oscuro del alma humana. La historia se te queda agarrada con fuerza, es difícil desprenderse de ella. Al cerrar el libro, una no puede dejar de ver a Antoinette sonriendo, deleitándose en su pequeña venganza. Siendo extrañamente feliz, aunque sea por un breve lapso de tiempo.

Otras reseñas de obras de Irène Némirovsky:
- Suite francesa

domingo, junio 17, 2007

Escrito sólo para mí (o la apropiación personal de la literatura)

Sigo viva, nadando entre exámenes y nervios de final de curso (nosotros y los niños). Dentro de poco tendré más tiempo para dedicarle al blog, cosa que ahora me resulta casi imposible. Mientras, os dejo un fragmento de uno de los últimos artículos de Javier Marías en EPS, que vuelve a tratar con brillantez el tema de la literatura, contemplada desde un punto de vista muy personal:

"Lo extraordinario de la literatura (quizá en menor grado del cine y la música, porque en estas artes no hay una voz que cuenta y persuade y susurra, y el decir es lo que más cautiva) es que, cuando uno ya sabe que nada es sólo suyo, y que además puede compartir entusiasmos con quien más desprecia, siempre prevalece ese pueril sentimiento de que nadie como uno ha leído a tal autor o tal obra. Nuestra experiencia personal pervive, y, tras los "desengaños", uno puede seguir creyendo que el escritor se dirigió sólo a nosotros. Acaba de celebrarse el centenario de Hergé, el creador de Tintín, y uno ha constatado, por si no lo sabía bastante, que Tintín y Haddock son un lugar común y pertenecen a la humanidad entera. Y sin embargo nada podrá borrar la emoción que yo tuve de niño cuando leía sus álbumes, como nada le borrará la suya a Arturo Pérez-Reverte, por mencionar a un tintinófilo tan confeso que hasta lo imitó, en parte, al elegir su vida de reportero. Ambos -y millones más- seguiremos pensando: "Estos relatos se hicieron para que yo los mirara y leyera". Eso es lo admirable del asunto: que aunque los hombres lleven siglos leyendo la Iliada, y nosotros no descubramos nada al echárnosla a los ojos, el acto de nuestra lectura sí que nos es propio y la obra en cuestión es entonces tan nueva como si la acabara de componer Homero. Eso sí que no nos lo puede "usurpar" nadie. Recuerdo haber leído Madame Bovary en una casa de campo en Gerona, a solas, con ladridos de perros en la lejanía, sobrecogido. Para mí no hay otra Bovary que esa, así existan sesudos estudios e interpretaciones muy sabias de ella. En el fondo es una suerte que sea imposible lo que deseó Woody Allen en la cola de un cine, al oír a un tipo disertar estúpida y pedantemente sobre McLuhan: que el propio McLuhan apareciera en la cola y le echara un rapapolvo al idiota, diciéndole: "Usted no ha entendido nada". Porque quién sabe si no sería a nosotros, y no a los otros, a quienes nos soltaran eso Cervantes u Homero, Flaubert, John Ford o Chesterton, haciéndonos picadillo."


Podéis leer el artículo completo en esta dirección


Vuelvo en unos días, je promets
Imagen: Mujer con libro, PABLO PICASSO


lunes, junio 04, 2007

JOSEFINA ALDECOA: Historia de una maestra

Al fin encuentro un hueco para hacer la reseña de este libro que terminé de leer hace un par de semanas. El título de la obra es muy revelador, pues eso es lo que su autora nos cuenta: la historia de una maestra en uno de los periodos más relevantes de la historia de España, el que va desde los años veinte hasta el comienzo de la guerra civil. La narración de Aldecoa es fluida, alejada de recargamientos excesivos, lo que hace la lectura bastante amena y rápida, aunque a veces se echa de menos un poco más de pasión en la historia.


Gabriela es una joven maestra que comienza su periplo docente en una pequeña aldea en Tierra de Campos. Sus deseos de enseñar y de transmitir el entusiasmo y la curiosidad por aprender a sus alumnos son encomiables, y se alegra con cada pequeño avance, cada paso que dan sus jóvenes pupilos:


"Yo me decía: no puede existir dedicación más hermosa que ésta. Compartir con los niños lo que yo sabía, despertar en ellos el deseo de averiguar por su cuenta las causas de los fenómenos, las razones de los hechos históricos. Ese era el milagro de una profesión que estaba empezando a vivir y que me mantenía contenta a pesar de la nieve y la cocina oscura, a pesar de lo poco que aparentemente me daban y lo mucho que yo tenía que dar. O quizás era por eso mismo. Una exaltación juvenil me trastornaba y un aura de heroína me rodeaba ante mis ojos. Tenía que pasar mucho tiempo hasta que yo me diera cuenta de que lo que me daban los niños valía más que todo lo que ellos recibían de mí."


Unos años después su afán de aventura le acabaría llevando a un poblado de Guinea Ecuatorial, donde será testigo de las diferencias sociales entre la población nativa y los españoles allí asentados. Su amistad con un médico negro -por quien Gabriela parece sentir algo más profundo- le granjeará las críticas de ciertos individuos influyentes de aquella sociedad. Finalmente la maestra abandona África para seguir los pasos de otras mujeres de la época: casarse y tener niños, si bien nunca dejará de sentirse entusiasmada por su profesión. No obstante el amor por África y el anhelo de una vida distinta de haber permanecido allí es una constante a lo largo del resto de la novela. Gabriela dejar parte de su corazón en Guinea.


Los años treinta son los años de las ilusiones y los vientos de cambio que trajo la II República. Ese ambiente de euforia y optimismo se refleja muy bien en el libro, pues nuestra protagonista y su marido son defensores de una reforma educativa en pro de la libertad y del laicismo, que deje atrás la ignorancia y el oscurantismo en que vivía gran parte de la sociedad española. Las tensiones que se producen como consecuencia de estos cambios, las dificultades de una parte de la sociedad española para aceptar una modernización que les asustaba, mientras que a otros les llenaba de ilusión... son aspectos que la autora ha recogido con una gran maestría. La crisis de 1934 y los trágicos acontecimientos que desembocarán en la guerra civil terminarán por traer la desgracia al entorno de Gabriela. La intolerancia y el radicalismo se convierten en los protagonistas de las últimas páginas de la novela.


El libro se convierte así en un manifiesto homenaje a un colectivo que ha sido muchas veces olvidado en la historia: los maestros de la República, una parte de los cuales fueron represaliados durante el franquismo. La importancia de la educación como motor de cambio de la sociedad, su poder para forjar hombres y mujeres libres, con plenitud de derechos y mayor capacidad de elección es uno de los mensajes que la autora intenta transmitir en este libro. Y es quizás lo que más me ha gustado, porque comparto esa concepción de la enseñanza, ese entusiasmo por hacer a mis alumnos personas más sabias y capaces y, especialmente, personas más libres y por tanto más difíciles de manipular. En el fondo me siento un poco como Gabriela. Sobre todo porque muchas veces, es cierto que ellos me dan más de lo que yo les doy.


La enseñanza tiene estas cosas. Puede extenuarnos, puede desilusionarnos, puede acabar con nuestra paciencia, pero engancha. Y algunos nos convertimos en adictos.

miércoles, mayo 23, 2007

NAZIM HIKMET. Versos por la paz


La niña muerta

Soy yo quien golpea a tu puerta
A todas las puertas, a todas las puertas
Pero ustedes no pueden contemplarme
Es imposible ver a un niño muerto
Hace diez años largos
he muerto en Hiroshima
Pero sigo teniendo siete años
Los niños muertos dejan de crecer
Al principio se inflamaron mis cabellos
Mis manos y mis ojos ardieron después
Me convertí en un puñado de cenizas
Que el viento dispersó
Nada, nada les pido para mí
No podrían mimarme aunque quisieran
Una niña que ha ardido cual si fuera papel
no come caramelos
Yo golpeo y golpeo a cada puerta:
Dénme, dénme una firma
Para que los niños no sean asesinados
y coman caramelos.



Que las nubes no maten

Las que nos hacen hombres son las madres
Como cálidas luces marchan ante nosotros
¿No es una madre, acaso, la que os trajo al mundo?
Apiadaos entonces, Señores, de las madres
Que las nubes no maten a los hombres

Un niño de seis años va corriendo feliz
Su cometa supera las copas de los árboles
¿Es que no habéis jugado como ese niño, acaso?
Apiadaos entonces, Señores, de los niños
Que las nubes no maten a los hombres

Ante el espejo peina la novia sus cabellos
y en el espejo busca una imagen querida
Sin duda alguna vez os buscó así una novia
Apiadaos entonces, Señores, de las novias
Que las nubes no maten a los hombres

Cuando el hombre se va volviendo viejo
sólo debe evocar recuerdos placenteros
¿Es que vosotros mismos no sois, acaso, viejos?
Apiadaos entonces, Señores, de los viejos
Que las nubes no maten a los hombres

Nazim Hikmet



Hace un tiempo descubrí a este poeta turco en el maravilloso blog de Noctambulario. Buscando más información sobre él, encontré estos dos poemas, que constituyen un bello y rotundo alegato contra la guerra y contra la violencia en general. El propio Hikmet sufrió prisión durante varios años y fue obligado a marchar al exilio por defender sus ideas, por lo que su poesía es un grito contra la intolerancia y la persecución política. Muy recomendable para los tiempos agitados que vivimos.


Imagen: FRIEDRICH: La abadía en el bosque

viernes, mayo 18, 2007

JOSÉ SARAMAGO: Ensayo sobre la lucidez

Saramago es un autor que siempre me ha gustado, desde que me topé con el genial Ensayo sobre la ceguera, un libro que disfruté y me enganchó desde el principio. Después he ido leyendo otras de sus obras, sin llegar a alcanzar el placer literario que me proporcionó la primera: La caverna, El hombre duplicado, Todos los nombres… hasta llegar a esta última. En ocasiones es un autor difícil de leer, por ese estilo tan personal que disgusta a muchos -lo de no utilizar el punto y aparte puede ser agotador en ciertos momentos-. Y aunque el argumento del libro que nos ocupa es muy original y el principio promete, me ha costado terminarlo, por mucho que me pese reconocerlo.

La obra gira en torno a una hipótesis bastante irreal pero inquietante: ¿qué pasaría si en unas elecciones la mayor parte de los electores votasen en blanco? A partir de esa idea, Saramago traza una trama en la que la clase política no sale muy bien parada, siendo una y otra vez humillada por una población civil que es en todo momento un ejemplo de comportamiento cívico y ético. A través de una serie de personajes que, como es habitual en sus novelas, no se presentan con un nombre propio, sino que se definen por su trabajo, su estatus social o alguna característica física (el primer ministro, el comisario, la mujer del médico…), se desarrolla una historia tan dura como la vida misma. Los oscuros engranajes del poder, las artimañas políticas de unos mandatarios que no entienden la revolución pacífica protagonizada por los habitantes de su ciudad, cobran una virulencia y una crueldad que hacen reflexionar al lector una y otra vez sobre si algo así podría ser cierto en determinadas circunstancias.

El libro enlaza con el genial Ensayo sobre la ceguera mencionado anteriormente, pues la protagonista de aquel, la única mujer que consiguió escapar a la ceguera blanca, se convierte aquí en la principal sospechosa de la "acción subversiva" puesta en marcha por los votantes en blanco. El protagonista de este otro Ensayo es un comisario que, si bien comienza su periplo a las órdenes de estos impresentables políticos, acaba planteándose la legitimidad de su acción, por lo que acaba tomando partido por aquello a lo que le llevan sus propias convicciones morales.

Desde un punto de vista ético, el libro de Saramago es una sabrosa crítica de muchos comportamientos de la sociedad actual, centrando su atención en las corruptelas y entresijos de una clase política que, incluso en las democracias, anda bastante desprestigiada. Leyéndolo podemos apreciar la fina línea que separa el ejercicio de los derechos democráticos del comienzo de una dictadura, siempre y cuando se den ciertas condiciones excepcionales como las que el autor recrea en el libro. No he podido evitar comparar determinados pasajes de esta obra con la actuación de algunos políticos de la escena internacional en relación a la escalada de inseguridad y violencia que se ha producido en el mundo de los últimos años. Y lo peor es que el final del libro -que golpea como una maza al lector- no deja lugar a la esperanza. La lucha por los ideales políticos suele cobrarse un alto precio.

Esto es lo que más me ha gustado del libro, la idea de fondo y los mensajes que lanza entre sus páginas, mensajes de plena actualidad en un mundo donde la democracia, mal que nos pese, sigue sufriendo continuas crisis y desapareciendo en lugares donde parecía más o menos sólidamente implantada. Sin embargo, desde un punto de vista más literario, Ensayo sobre la lucidez resulta un tanto árido y su lectura se hace a veces ciertamente pesada. Le falta vida y fluidez narrativa. No alcanza las cotas de calidad literaria de aquel otro Ensayo que tanto me hizo disfrutar. No obstante, es un ejemplo extraordinario de la lucidez política y social que Saramago sigue conservando a sus casi 85 años. Una lucidez que le permite escribir pasajes soberbios, aunque a veces se pierdan en un mar de palabras un tanto farragoso.

lunes, mayo 07, 2007

Un mal despertar


Se despertó con la primera luz del alba clareando por la ventana. Se incorporó despacio, para no marearse. Tenía la impresión de haber dormido durante mucho tiempo, demasiado quizás. Sus piernas abandonaron el cálido refugio del edredón y las sábanas y se dirigieron obedientes hacia el suelo. "¿Dónde están mis zapatillas?" Estiró un pie hasta dar con una de ellas, y la atrapó entre sus dedos. La acercó con cuidado hasta su pareja, que se hallaba mejor situada para el paso que venía a continuación. Tocaba incorporarse, salir del letargo, "¿cuánto tiempo habré dormido?" Le confortó el tacto familiar de las babuchas.

Echó un rápido vistazo a la habitación; era la suya, sin duda. "¿Por qué demonios lo he dudado? ¿En qué habitación iba a estar si no?" Avanzó hacia la puerta cerrada con algunos titubeos, pero al llegar a ésta asió el pomo con decisión. Se quedó allí parada, esperando. "¿Abro?" Le llegó el eco de una voz que se colaba a trépano a través de la madera. "¿Eres tú, Jaime?" El sonido se deslizaba por sus oídos, inundando su mente de tibios recuerdos. Escuchaba palabras sueltas, retazos de conversación: ausencias, episodios esporádicos, empeoramiento. No comprendía bien el sentido, pero no le importó. Le bastaba con sentir la calidez de esa voz tan familiar, que le acunaba como un ronroneo. "Claro que es Jaime, lo reconocería al instante. Seguro que ha venido a verme. ¿Cuánto tiempo hace que no viene por aquí?"

Giró el pomo y la puerta se abrió silenciosa. Ahora le oía con mayor nitidez. Estaba al fondo del pasillo, sentado a la mesa de la cocina en compañía de una mujer joven, con una taza de café en la mano. Jaime se percató de la novedad de la puerta entreabierta al final del
corredor y miró a su madre con una sonrisa. Se levantó casi de un salto, y ella lo vio avanzar con esos pasos vacilantes de cuando aprendía a andar, con sus bracitos extendidos hacia su cuello, buscando su refugio. "Qué alto está, cómo ha crecido." Jaime llegó hasta su lado y la besó en la frente: "Buenos días, mamá. ¿Cómo has dormido? Julia me ha dicho que últimamente duermes de un tirón."

Ella no contestó. Sintió que los recuerdos se le escapaban entre los dedos. Se escurrían y goteaban en el suelo. Ya no eran sus zapatillas, ni su casa. Ya no era nada. Miró a su hijo y le sonrió, con esa sonrisa boba que se le ponía a veces. Una especie de velo cubrió el brillo de sus ojos, apagándolos. "¿Te gusta Julia, mamá? ¿Te cuida bien?" Ella volvió a mirarle y entreabrió los labios. Sus palabras fueron casi un susurro.

"¿Y tú quién eres?"

Imagen: HOPPER, Mujer mirando por la ventana

jueves, mayo 03, 2007

La joven de la perla


Jan Vermeer es un pintor increíble. Su manera de captar la luz, esa luz cálida que se derrama por los interiores de sus habitaciones, es sencillamente inimitable. Es difícil quedarse con una sola de sus obras, pero esta es sin duda alguna mi preferida.

El encanto y la belleza de esta misteriosa joven han inspirado incluso a la literatura y el cine. Tracy Chevalier escribió ese encantador libro llamado igual que el lienzo, donde nos adentraba en una imaginada y sugerente historia de amor casi platónico entre el pintor y la que habría sido una de sus jóvenes doncellas. Poco después Scarlett Johanson se puso en la piel de la retratada, en una película que era más una sucesión de imágenes pictóricas que un verdadero filme. La delicadeza y la cuidada ambientación de esta cinta fue alabada por multitud de críticos, y cualquiera que haya podido disfrutarla habrá caído presa de su mágico hechizo.

¿Pero qué tiene esta obra para encantarnos de ese modo? ¿Qué poder ejerce sobre nosotros la mirada de una joven de la cual nada o poco sabemos? El brillo de sus ojos, sus labios y sobre todo la deliciosa perla que porta como pendiente son prácticamente insuperables. El tocado sobre su pelo, con ese azul vivo que atrapa nuestra mirada, le añade un halo particular de misterio. Al contemplarla, podemos imaginar a un pintor cautivado por la belleza de una de sus sirvientas, a la que quizás ama y desea en silencio, viéndose obligado a esconder estos sentimientos ante la presencia omnipotente de su esposa. Casi deseamos que ese hipotético amor fuese correspondido, si es que existió realmente. Queremos creer que ambos sentirían su fuerza al mirarse a los ojos mientras ella posaba para sus pinceles. Porque el lienzo de Vermeer refleja esa adoración, y los ojos y la tímida sonrisa de nuestra joven dibujan una complicidad mágica con el maestro. Puede que nunca sepamos quién fue ni que sintió nuestra muchacha del turbante, pero el pintor le dio uno de los regalos más bellos que puedan imaginarse: la capacidad para extasiar y deslumbrar muchos siglos después de su existencia.