lunes, diciembre 31, 2007

Mis mejores lecturas del 2007

El pasado sábado la revista Babelia eligió los diez libros imprescindibles publicados en el 2007. Por supuesto que diez es un número ridículo, pues seguro que son muchas más las obras que han visto la luz en este último año y que merecen la pena ser leídas. Por otro lado es la opinión de un conjunto reducido de críticos, con quienes podemos no estar de acuerdo. En dicha lista curiosamente no he encontrado ni un solo libro que haya leído personalmente, aunque estoy con uno de ellos en estos momentos (El mundo clásico: la epopeya de Grecia y Roma, de R. Lane Fox, apasionante y denso a la vez). Otros títulos de la lista se hallan entre mis lecturas pendientes, algunos recomendados por quienes soléis dejaros caer por aquí. Es el caso de Las benévolas, de J. Littell; La carretera, de C. McCarthy; Exploradores del abismo, de E. Vila-Matas; Vida y destino, de V. Grossman, o la última parte de la trilogía de Tu rostro mañana, de J. Marías.

Hoy es el último día del año y, echando la vista atrás, me ha parecido una buena idea hacer mi propia selección con respecto a los libros que he leído a lo largo del 2007. El hecho de "obligarme" a colgar las reseñas periódicamente en el blog ha tenido un efecto más que positivo en mis lecturas, pues he puesto mis cinco sentidos en los libros, interiorizando lo más posible lo que estos me transmitían, con el fin de poder contaros luego lo que cada título me había aportado, lo que había sentido al perderme entre sus páginas. Por otra parte, desde que tengo el blog leo aún más que antes, pues siempre que termino un libro estoy deseando compartirlo con todos vosotros y empezar otro nuevo para volver a hacer lo mismo.

Es difícil quedarme con unos cuantos títulos entre todos los que he tenido ocasión de disfrutar. No obstante, por su originalidad, por el descubrimiento que supusieron en su momento, y por una forma de escribir casi magistral según mi punto de vista, me quedaría con dos obras sobre todas las demás: Kafka en la orilla, de H. Murakami, y El baile, de I. Némirovsky. Me dejo atrás a mis favoritos y más veces leídos, como son Auster y Marías, pero con ellos ya tengo cierta familiaridad que me hace la lectura más o menos cómoda. En cambio, en Murakami y Némirovsky he encontrado un estilo y una temática que, sin duda, van a volver a atraerme a ellos en el futuro.

Y vosotros, ¿sois capaces de hacer vuestra selección personal? ¿Cuáles han sido los libros que más habéis disfrutado en el 2007?

Feliz 2008 a todos. Os deseo dulces lecturas y muchos momentos para compartirlas en este o cualquier rincón de la blogosfera. Un abrazo.

Imagen: un delicioso cuadro de la pintora italiana Sandra Batoni.

miércoles, diciembre 26, 2007

MARKUS ZUSAK: La ladrona de libros

La primera vez que oí hablar de este libro me llamó mucho la atención su título, y después el argumento me pareció bastante atrayente. Me adentré en él con ganas, pues me fascinan los libros que hablan sobre el poder cautivador de la literatura. Mis esperanzas no se vieron defraudadas, aunque quizás me esperaba algo más. No obstante, creo que se trata de una lectura recomendable.

Lo primero que sorprende es la insólita identidad del narrador -narradora en este caso-, que se descubre en el primer capítulo. Tras el descubrimiento inicial, viene la historia de una niña alemana en vísperas de la Segunda Guerra Mundial, Liesel, quien ya desde pequeña conoce el lado más desgraciado de la existencia humana. Su hermano muere sin que puedan hacer nada por evitarlo, y su madre, agobiada por la miseria, decide entregarla en adopción. La novela, que empieza pues con tintes melodramáticos, da un giro entonces hacia una infancia más o menos feliz, pues Liesel tiene la fortuna de dar con unos padres adoptivos que la adoran, aunque cada uno lo demuestra a su manera. La relación con su nuevo padre, Hans Hubermann, es más que especial. Él le enseñará el placer de la lectura, y la ladrona de libros pronto hará honor al sobrenombre elegido para ella por la narradora. La admiración entre padre e hija es mutua desde el principio. Y el personaje de Hans es, desde mi punto de vista, el más entrañable de la novela.

Además de Rosa y Hans Hubermann, el otro personaje que más influye en la vida de nuestra protagonista es su amigo Rudy, enamorado de Liesel y fiel compañero de sus incursiones en busca de libros que devorar. Los libros acaban convirtiéndose en un soporte vital para Liesel, un lazo que le une con su padrastro y con la vida en general, en un tiempo en que la muerte ronda cada segundo de la existencia. Durante los bombardeos, la lectura en voz alta de fragmentos de estas novelas mientras las bombas caen fuera del refugio en que se hallan escondidos, proporcionará a los Hubermann y sus vecinos un consuelo ante tanta destrucción, una manera de mantener la atención en algo que no fuera el fragor de la misma guerra. Un pequeño suspiro, no por ello menos poderoso.

Como casi todas las novelas ambientadas en periodos de guerra, La ladrona de libros es ante todo un inmenso drama. Liesel tendrá que volver a vivir episodios tremendos, en los que deseará que la misma muerte le alcance. En medio de este panorama, el autor también recoge el terrible drama de los judíos, pues uno de ellos termina refugiándose en el sótano de los Hubermann, jugando un papel muy especial en la vida de la pequeña.

El estilo de Zusak es sencillo, pero dotado de una gran originalidad. La narradora introduce constantes cuñas aclaratorias -que en el libro aparecen con caracteres de imprenta distintos- que ayudan a comprender determinados pasajes y acontecimientos. A menudo adelanta sucesos futuros, haciendo compartir al lector el desasiego de saber el dramático final que espera a algunos de los protagonistas. Dichos recursos, aunque a veces puedan cansar y desconcertar al lector, dan un aire distinto a la obra. Llaman nuestra atención.

Liesel es una auténtica heroína. Porque se levanta una y otra vez. Porque lucha por lo que quiere y no se resiste a perder a las personas que aprecia. Porque es una superviviente nata. Y tenemos la impresión de que parte de esa fuerza reside en su amor por los libros, a los que se aferra cual tabla salvadora en los momentos más dramáticos. La literatura como instrumento para sobrevivir, para hacer frente a la desgracia. Ese es el mensaje más importante del libro, el que queda dando vueltas por la cabeza cuando uno termina de leer la última página. ¿Qué habría sido de Liesel sin ese consuelo? ¿Qué sería de nosotros sin ellos?

lunes, diciembre 24, 2007

De vuelta a casa

Tras una pausa obligada por varios motivos -una escapada maravillosa a Barcelona, una montaña de exámenes por corregir y jornadas maratonianas antes de entregar las notas- vuelvo a este rincón mágico donde tanto me gusta perderme. He tenido tiempo para leer un par de libros, de los que pronto habrá reseña, y ahora por fin tengo unos días de vacaciones por delante para descansar.

Esta desconexión forzosa me ha mantenido lejos de vuestros blogs durante casi un mes. Intentaré ponerme al día y leer las entradas atrasadas en los próximos días. Y ya que estamos aprovecho para desearos unas Felices Fiestas y un año nuevo cargado de felicidad. Yo, después del añito que llevo, me conformo con que el 2008 no traiga ninguna sorpresa desagradable, y al menos sea un año tranquilo.

Un abrazo y nos vemos muy pronto. Al fin he vuelto a casa.

Imagen: uno de mis rincones favoritos de Barcelona. el barrio gótico. Gracias a nuestros maravillosos anfitriones -Lorena y José Luis- pasamos unos días estupendos en una ciudad que nunca deja de fascinarme. Desde aquí, un abrazo enorme para ambos. Nos vemos pronto.

domingo, diciembre 02, 2007

Sobre los náufragos

Hoy empecé a leer el diario por la última página, algo que hago siempre los domingos, pues me encanta la columna de El País de Manuel Vicent. Y me encontré con un párrafo repleto de verdades y belleza, que invita a reflexionar en estos tiempos revueltos que nos aguardan de aquí a las elecciones. Sabios consejos en la pluma de un gran escritor:

"Ante todo, un líder político debe dar la sensación de fortaleza, de confianza y de seguridad en sí mismo. La bondad natural no es una virtud muy apreciada por la opinión pública, salvo por algunas abuelas en el chocolate a media tarde. Nunca viene mal que un líder político sea profundamente honrado, pero ninguna cualidad privada sirve de nada si el ciudadano no percibe que ese señor al que va a votar le salvaría en una tempestad si fuera capitán de barco o encontraría una salida con el ánimo levantado en medio de una catástrofe. La fortaleza del político debe estar lo más alejada posible de los gritos y los puñetazos en la mesa, que en la mayoría de los casos sólo ocultan un miedo consolidado. La cólera hay que administrarla en voz baja, como sucede con las blasfemias anglosajonas. King Kong se apaleaba el pecho cuando creía que le iban a birlar a la novia. La dureza de una persona, hombre o mujer, está en la mirada. Por otra parte, un líder político debe usar casi todo su talento en escoger a sus colaboradores y expertos en cada materia y el resto en escuchar al más inteligente y hacer cumplir lo que éste le aconseje sin dar señales de duda o vacilación. Mandar es un instinto. Se tiene o no se tiene. Es un don animal, que equivale sentirse amo de una camada. Quien carece del gen de mando, al dar una orden, se lleva un susto si le obedecen. Cuando se tiene poder y autoridad, gobernar es una cuestión de olfato. Son muy famosos estos consejos de Maquiavelo: si no eres amado, procura al menos ser temido y si te ves obligado a hacer un daño que éste sea contundente y rápido para que el ciudadano lo olvide pronto, pero a la hora de hacer el bien trata de dosificarlo lentamente, poco a poco, para que la opinión pública lo entienda como una felicidad duradera. En medio de la histeria que se va a desarrollar en la próxima campaña electoral, pregúntate cuál de los dos candidatos sería capaz de salvarte si te estuvieras ahogando. Desconfía del que grite o bracee más. La victoria no estará de parte del gallo que mejor maneje los espolones, sino del que más serenidad imparta. Dale el voto al que demuestre que sabe realizar la maniobra de hombre al agua, porque en el fondo, como elector, no eres más que un náufrago."

Resulta triste que de nuevo haya tenido que ser una desgracia -el atentado terrible de ayer, donde un joven guardia civil perdió la vida y otro sigue aún luchando por mantenerse en ella- la que impulse a nuestros partidos a unirse y alzar una sola voz. Ojalá esta frágil unidad perdure algún tiempo, y asistamos a una campaña electoral donde prime la cordura y el respeto por el contrario. Sin embargo, viendo lo visto, me temo que no será así.

Imagen: vuelvo a uno de mis favoritos. Es el Monje junto al mar, de FRIEDRICH

sábado, noviembre 24, 2007

JOAN DIDION: El año del pensamiento mágico

El 30 de diciembre de 2003, Joan Didion tenía a su hija Montana muy grave en el hospital, cuando su marido John sufrió un ataque al corazón que acabó con su vida de forma fulminante. "La vida cambia en un instante. Un instante normal". Casi un año después, la autora empezó a escribir un libro sobre lo acontecido, una obra que emociona y cautiva a la vez, por su sinceridad, y su crudeza, con la dosis justa de sentimentalismo. Un libro que habla de la pérdida, y del día a día sin la persona que nos ha dejado huérfanos para siempre. Un libro sobre la supervivencia.

Desde el estado de shock inicial, convertida en una autómata durante un tiempo, Joan va desgranando las dificultades con que tuvo que enfrentarse para seguir adelante cuando apenas tenía fuerzas. Su hija seguía grave en el hospital, y por ello se convierte en el centro de atención de una madre perdida que durante mucho tiempo siguió albergando vanas esperanzas de que él volvería. "John estaba vivo, y un instante después, estaba muerto". La incapacidad para asumir un golpe tan brutal empaña las acciones de Joan en los primeros meses y semanas tras el óbito. Cuando su hija parece más o menos recuperada, una vez celebrado el funeral por el padre fallecido, Montana vuelve a caer enferma y la negra sombra ronda de nuevo el hogar de Joan. Afortunadamente, la joven saldrá airosa de este trance.

El libro termina el 31 de diciembre de 2004, un año y un día después de la muerte de John. Las palabras de Joan hablan por sí solas: "Mientras escribo esto, me doy cuenta de que no quiero terminar este relato. Ni tampoco quería terminar el año. La locura disminuye, pero la claridad no la sustituye. Busco objetivos y no encuentro ninguno".

El año del pensamiento mágico no es un manual sobre cómo superar una pérdida. Es algo mucho más valioso: un testimonio sobre la pérdida en sí, sobre la cotidianidad tras la muerte, sobre la melancolía y la desesperación. Por eso es tan extraordinario. Porque es algo que, inevitablemente, nos sucederá alguna vez a todos. Porque nos reconocemos en su historia. Porque necesitamos saber que, tras algo así, es posible la supervivencia. Es posible seguir adelante.

El dolor de las primeras páginas deja paso a una sensación de incredulidad ante lo que está pasando, que se diluye con el tiempo para convertirse en un aire de tristeza que acompaña a Joan durante mucho tiempo. No obstante, ese dolor mitigado vuelve a veces con renovada fuerza cuando uno menos se lo espera. Os dejo algunos fragmentos:

"El desconsuelo es diferente. El desconsuelo no tiene distancia. El desconsuelo llega en oleadas, en acometidas, en repentinos arrebatos que debilitan las rodillas, ciegan los ojos y borran la cotidianidad de la vida. Virtualmente, todos los que han experimentado el desconsuelo mencionan este fenómeno de las oleadas."

"Las personas que acaban de perder a alguien tienen una mirada que quizás sólo reconozcan los que han visto esa mirada en su propio rostro. Yo la he visto en mí y ahora la veo en otros. Es una mirada de extrema vulnerabilidad, desnudez y sinceridad. Es la mirada de quien sale de la consulta del oftalmólogo con las pupilas dilatadas a la radiante luz del día o la de quien suele llevar gafas y de repente le obligan a quitárselas. Las personas que han perdido a alguien parecen desnudas porque ellas mismas se creen invisibles. Yo misma me sentí invisible durante un tiempo, incorpórea."

Y, pasado un tiempo, llega la constatación de que hay que pasar página, hay que poner al muerto en su sitio para poder continuar con nuestra vida. Un momento que no deja de ser igualmente doloroso:

"Sé por qué intentamos mantener vivos a los muertos: intentamos mantenerlos vivos para que sigan con nosotros. También sé que si hemos de continuar viviendo llega un momento en que debemos abandonar a los muertos, dejarlos marchar, mantenerlos muertos. Dejarlos que se conviertan en la fotografía sobre la mesa. Dejarlos que sean un nombre en las cuentas fiduciarias. Soltarlos en el agua. Pero el saberlo no me hace más fácil tener que soltarlo en el agua."

Joan vivió una situación de extrema dureza, pues enfrentarse a la muerte de un ser querido cuando otro está luchando por su vida en un hospital no es muy frecuente. Sin embargo, tras leer el libro, tengo la sensación de que consiguió superar en parte lo sucedido. Por supuesto, con un vacío en el alma que le durará siempre, pero mirando adelante y volviendo a ilusionarse con las pequeñas cosas que hacen nuestra vida más llevadera. Su historia es la mejor muestra de ello.

Esta semana he pasado por un trance bastante difícil para mí. Mi gata Swara, con sólo cuatro años, cayó gravemente enferma hace unos días y murió el pasado lunes. Curiosamente, los últimos libros que he leído giran en torno al mismo tema. Sé que sólo era una mascota, pero para mí era algo muy especial. La echaré de menos, más de lo que quisiera.

viernes, noviembre 09, 2007

BANANA YOSHIMOTO: Sueño profundo

Me estoy aficionando a la literatura japonesa. Me gusta la forma de escribir de estos autores, pausada, sin prisas, con esa cadencia rítmica que los distingue frente a otros escritores. Es como si no les importara tardar más o menos tiempo en terminar el libro, o al menos esa es la impresión que nos queda al leerlos. Como si lo importante fuese el acto de escribir en sí, el ejercicio de la creación literaria, y esa serenidad impregna al lector hasta relajarle. Me ocurrió con Murakami, volví a sentirlo con Mishima, y me ha acontecido de nuevo con esta autora admiradora de las flores del banano. Leer estas novelas es a la vez un ejercicio de contemplación y de introspección a lo más profundo de uno mismo.

El tema que subyace en este libro es la muerte, referida a alguien cercano, alguien a quien queremos, que nos deja con esa inconsolable sensación de pérdida tan difícil de superar. El volumen está compuesto a su vez por tres relatos. En Sueño profundo, Terako cae en un estado de semi-somnolencia creciente tras la muerte de su mejor amiga, con la que la unía una relación más que especial. En La noche y los viajeros de la noche, Shibami recuerda a su hermano muerto, y nos hace partícipes de la obsesión de su prima Marie por el fallecido, alguien que se ha convertido en un fantasma, un recuerdo perenne en las mentes de quienes le quisieron, pero que ha dejado además su huella en un hijo desconocido por ambas mujeres. Finalmente, en Una experiencia, la autora introduce ese ambiente onírico que caracteriza en gran parte a esta literatura. Fumi-chan, una adolescente con inclinación al alcoholismo, escucha cada noche antes de dormirse una dulce melodía que la llena de felicidad, pero que sólo parece existir dentro de su cabeza. Para descifrar el origen de esta música extraña, Fumi-chan tendrá que indagar en su pasado, recordando la extraña rivalidad que mantuvo con otra mujer que estaba enamorada del mismo hombre que ella.

El estilo de Yoshimoto es sencillo en extremo. Nada de adjetivos innecesarios, pocas descripciones. En cambio, abundan los diálogos y la narración de los estados de ánimo interiores, en especial los relacionados con la melancolía. Aunque en su país de origen se le ha comparado con Murakami, no tienen mucho que ver, excepto en que ambos siguen esa línea de lirismo oriental tan presente en las letras japonesas actuales. Personalmente, creo que Murakami está muy por encima.

El tema de la muerte es tratado con una delicadeza exquisita. Los personajes de Yoshimoto se mueven entre la vigilia y el sueño, recordando personas que desaparecieron, palabras que volaron, momentos que quedaron muy atrás. Hasta que, de repente, un detalle o un acontecimiento determinado les despierta, sacándoles del letargo y devolviéndoles a la Vida, la de verdad, la que se disfruta y nos hace felices. Mientras que ese momento llega, están vivos, pero no viven. La pérdida les convierte en sonámbulos, y hace variar su percepción del tiempo. Este sigue pasando, pero su reloj se detiene o se ralentiza, nada importa excepto el propio dolor. El vacío lo devora todo, como un enorme agujero negro. Pero un día todo cambia, comienzan a respirar otra vez, a sentir el viento en la cara, a disfrutar de un sabor dulce, y el reloj vuelve a funcionar. Nos estamos recuperando.

Sueño profundo contiene, ante todo, un mensaje esperanzador. El dolor acaba mitigándose y nos deja vivir otra vez, el tiempo lo desdibuja. Podemos seguir adelante, continuar nuestras vidas más o menos donde las dejamos. Nuestro instinto de supervivencia se despierta, y nos levantamos de nuevo. Y ese es, sin duda, el mejor de los consuelos posibles cuando nos toca enfrentarnos a una situación así.

sábado, octubre 27, 2007

ISAAC ROSA: ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!

Habéis escrito un libro y, a la hora de publicarlo, un lector crítico y algo impertinente, se cuela entre las páginas de vuestra novela para dar su opinión sobre cada uno de los capítulos, analizando vuestra forma de escribir con lupa, y riéndose a veces a carcajadas de vuestros presuntos fallos de estilo. ¿No sería algo insoportable? Pues esa es la premisa de la que parte este libro, del autor sevillano Isaac Rosa. El más original que ha caído en mis manos en mucho tiempo y que, una vez leído, no puedo dejar de recomendar.

¡Otra maldita novela sobre la guerra civil! es en realidad la reedición de la primera obra publicada por Rosa, Lamalamemoria, sólo que el autor ha ido añadiendo los comentarios de este lector anónimo que suponen una lectura crítica de la novela, mostrando al verdadero lector todos los defectos y tópicos de la misma. Se burla prácticamente de todo, desde el argumento y el tema escogido -de ahí el título- hasta el estilo, la ambientación e incluso las citas que el autor ha elegido para comenzar su narración. Así responde el lector impertinente a la inclusión de una cita de Montaigne en el comienzo del libro:

"Apuesto a que la cita de Montaigne es un mal préstamo. De calendario de mesa. Seguramente el autor no había leído a Montaigne (¿quién lee a Montaigne, y menos siendo joven?), sino que se limitó a consultar uno de esos diccionarios de citas y frases célebres, y buscó en el índice temático las referencias a "memoria", "olvido", etc., para encontrar alguna cita brillante que le adornase la primera página."

En otra ocasión, el lector critica el estilo de Rosa con una sinceridad aplastante: "Es difícil juntar en un solo párrafo tal cantidad de cursilerías (...) que cualquier lector poco amigo de chucherías detectará, y que son propios de un escritor inmaduro que cree que cada frase, cada palabra, es definitiva, cada página debe pasar a la historia de la literatura."

La obra que sirve de base a esta novela, Lamalamemoria, es una historia ambientada en los años de la transición que versa sobre los secretos de la guerra civil. En este caso el protagonista es un hombre que se enfrenta a la búsqueda de un pueblo desaparecido, que nadie parece conocer, pero de cuya existencia él posee pruebas irrefutables. El descubrimiento de esta aldea y el terrible secreto que esconde cambiarán su vida para siempre.

Me gusta que un autor sea tan valiente como para ponernos por delante su primera novela -con todos los fallos característicos de las obras primerizas- y destriparla sin concesiones, mostrándonos sus carencias hasta llegar al sarcasmo. Lo curioso es que, tras leer un par de capítulos, no podemos evitar tomar el punto de vista del atrevido lector y empezar a leer con sus mismos ojos críticos, fijándonos en los detalles, en los adjetivos innecesarios, en los diálogos poco cuidados, en los personajes demasiado planos, y en ese humo de cigarro que impregna toda la novela, hasta hacer aparecer a los personajes como firmes candidatos a un cáncer de pulmón. Los comentarios del crítico-lector son agudos y muy certeros, y a veces llegan a provocar la carcajada en el lector externo que asiste a tan extraordinario combate.

El prólogo de Isaac Rosa, en el que denuncia el atrevimiento de este osado individuo, intruso entre sus páginas, es todo un alegato contra los peligros que amenazarían a los escritores si se extendiese este comportamiento: "no podemos arriesgarnos a que los lectores pierdan el debido respeto al autor, esto es, a su autoridad, y acaben no ya criticándolo, sino hasta mofándose de él, desnudándolo en la plaza pública. Si no detenemos esta inicial subversión, los novelistas acabaremos encogidos, acobardados, mudos."

La rebelión de los lectores, he ahí la pesadilla de cualquier autor. Analizar con detalle lo que leemos, cuestionarlo y darle la vuelta. La propuesta de Rosa es arriesgada, pero el resultado es una novela que atrapa desde el principio en sus dos lecturas. Una novela que, además, nos enseña a ser críticos y a leer con otros ojos. Y además trata sobre un tema estrella en nuestra literatura, la guerra civil. ¿Qué más se puede pedir?

Otras reseñas de obras de Isaac Rosa:
- El país del miedo

domingo, octubre 21, 2007

Elogio del viaje


Vuelve a hacerme falta despegar los pies del suelo.

Cuando llevo un tiempo sin moverme de mi ciudad, sin desaparecer, se me empieza a hacer pequeña. Me es necesario viajar como respirar, o casi. Algunos pueden reirse de esta "necesidad", que por supuesto está por detrás de otras muchas consideradas prioritarias. Pero para mí es vital moverme de vez en cuando, escapar unos días lejos de lo conocido, con un libro o dos bajo el brazo. Pasear por calles extrañas, tomar café en otras lenguas y cruzarme con personas de otra piel y otra cultura. Es una sensación mágica. Viajar nos hace crecer, nos vuelve más tolerantes y felices. Agota el cuerpo pero recarga el espíritu.

Un viaje y un libro son en realidad extrañamente similares. Ambos nos guardan sorpresas, momentos de incertidumbre, anhelos de ser otros y vivir en otros lugares, por un tiempo limitado al menos. Preparar un viaje es como escoger una próxima novela. Buscar un vuelo o un hotel idílico en Internet es pasear nuestra mirada sobre los lomos sugerentes de esos libros apilados en la estantería de la biblioteca. ¿Que viajar es más emocionante? Bueno, depende del viaje...y del libro.

En palabras de un viajero impenitente como es Javier Reverte: "el arte de viajar supone un acto de humildad permanente, porque descubres que te equivocas más de lo que podrías pensar. Tus prejuicios se desvanecen y tus principios se recortan en número, aunque se hacen más fuertes en calidad. Un buen viaje es aquel que cambia algo en tu interior, y que te enseña, a través de los ojos de los otros, algo nuevo sobre ti mismo."

Como hasta diciembre lo tengo difícil para escaparme, me conformo con los viajes alternativos que me proporcionan mis amados libros. He descubierto ahora a Isaac Rosa, un autor sevillano que promete. Muy pronto, nueva reseña. Y nueva escapada. Espero.

Imagen: TAMARA DE LEMPICKA, Autorretrato

domingo, octubre 14, 2007

GÜNTER GRASS: El tambor de hojalata

Debo empezar confesando que esta obra me ha resultado bastante difícil de leer. De hecho, hacía tiempo que no me costaba tanto esfuerzo terminar un libro. Empecé muy ilusionada, porque nunca había leído nada de Günter Grass, y me apetecía mucho aventurarme con esta novela. Sin embargo, puede que no haya elegido un buen momento para degustar un plato demasiado complicado, o simplemente que me esperara demasiado. No lo sé. El caso es que El tambor de hojalata me ha dejado bastante desconcertada.

El título hace alusión al tambor que el protagonsta, Óscar, lleva siempre consigo desde que cumplió los tres años (en realidad son muchos tambores, pues de tanto tocarlos acaba destrozándolos al poco tiempo). Óscar es un niño-hombre-enano, una criatura extraña, que un buen día decide dejar de crecer, para lo cual no se le ocurre mejor manera que provocarse a sí mismo una caída que le deja lesionado para siempre. Como consecuencia de esta caída, Óscar deja de crecer físicamente, aunque su mente continúa su evolución natural, dándose la paradoja de que, con la altura permanente de un niño, el cuerpo de Óscar encierra un adulto en su interior, algo de lo que muchos a su alrededor parecen no percatarse.

A lo largo de las casi 800 páginas de la novela, Óscar nos narra -alternando la primera y la tercera persona, pero siempre desde su punto de vista- sus treinta años de existencia, pues el libro empieza precisamente con el día de su treinta cumpleaños. Los personajes más variopintos deambulan por este relato, desde familiares del protagonista hasta amigos y amantes. Es este, sin duda, uno de los aspectos más gratificantes del libro, la complejidad literaria que supone retratar tan amplio abanico de caracteres, algo que pocos autores pueden realizar con la maestría de Grass. El mismo protagonista constituye un compendio de extrañas capacidades, pues además de tocar el tambor creando un efecto mágico con su música, es capaz de romper cristales con su voz. Uno no puede aburrirse al lado de este pequeño y en parte odioso personaje.

Hay pasajes en este libro que cobran un enorme significado a raíz de la revelación por el propio autor de su pasado juvenil en las SS. Las alusiones al sentido de culpabilidad son continuas (el propio Óscar se nos presenta como culpable por la muerte de su presunto padre, Jan Bronski), y la cebolla, como elemento altamente simbólico, tiene un papel protagonista en uno de los capítulos más bellos de la novela, El bodegón de las cebollas, un lugar donde la gente acudía con el deseo de llorar sus desgracias al calor de las cebollas recién peladas. Pasajes como este, y otros que descubriréis si os lanzáis a su lectura, dan valor a toda la obra.

Sin embargo, como dije al principio, el libro me ha desconcertado. No sé si el exceso de símbolos, o el sentido del humor tan peculiar de Grass, no me han llegado a convencer. Demasiados personajes y abrumadoras descripciones hacen de su lectura una tarea ingente y no adecuada para cualquier lector. Con esto no pretendo desanimaros respecto a su lectura, pues de hecho considero que algunas partes son realmente extraordinarias, pero hay que enfrentarse a él con arrojo y con paciencia.

A destacar también la ironía aguda de determinados pasajes, sobre todo cuando Óscar habla de la guerra. Dos perlas como ejemplo:

"Había pasado ya tres veces la revista, pero otras tantas había sido dado por inútil, a causa de su estado lamentable. Esto, en aquella época, en la que cualquier cosa, por poco que se mantuviera derecha, se mandaba a Verdún para ponerla en el suelo de Francia en la horizontal perpetua, es muy significativo por lo que hace a la constitución física de Jan Bronski."

"La guerra ya se había agotado. Se estaban improvisando tratados de paz, cuidando de que pudieran procurar motivos de nuevas guerras."

En otra ocasion, Óscar narra la historia de un miembro de las SA que, habiendo participado de forma "heroica" en la terrible Noche de los cristales rotos (noviembre de 1938), en la que los nazis destrozaron miles de sinagogas y comercios judíos y asesinaron a varias decenas de ellos, fue expulsado de la organización al conocerse que el citado individuo había matado a cuatro gatos, acusándole de crueldad inhumana con los animales. Un genial retrato de la hipocresía humana.

Por último, os dejo con uno de los frecuentes pasajes alusivos al tema de la culpabilidad, que impresiona por la verdad filosófica que encierra:

"Al igual que todo el mundo, los días en que un sentimiento importuno de culpabilidad, que nada logra desalojar del cuarto, me aplasta contra las almohadas de mi cama de sanatorio, me escudo en mi ignorancia, que entonces se puso de moda y aún siguen llevándola muchos, cual sombrero elegante que les sienta bien."

Entiendo que a Grass le dieran el Nobel por esta novela, pues en algunos momentos alcanza cumbres magistrales. Pero siento que no me haya llenado en su totalidad. Son las cosas que tiene la literatura.

domingo, octubre 07, 2007

Trece rosas

Cada rosa tenía un nombre: Virtudes, Elena, Nieves, Pilar, Carmen, Martina, Luisa, Dionisia, Ana, Joaquina, Julia, Adelina y Blanca. Cada una de ellas tenía sus sueños y sus deseos, desde dedicarse a la política hasta montar una empresa de corte y confección. Algunas de ellas ni siquiera habían cumplido los 18 años. Aún eran niñas. Desconocían lo que se les venía encima, porque confiaban en que su inocencia las salvaría de todos los peligros. En su candidez creían que el bien siempre acaba triunfando sobre el mal. Pero se equivocaron.

Las trece rosas es el nombre que reciben el grupo de mujeres que, acusadas de un crimen que nunca cometieron, fueron fusiladas por orden de Franco la madrugada del 5 de agosto de 1939. Su único delito fue pertenecer a las Juventudes Socialistas Unificadas y pensar de manera distinta a aquellos que habían ganado la guerra. Fueron el chivo expiatorio perfecto para un gobierno que necesitaba demostrar a la sociedad española cómo se las gastaban los nuevos amos del país, con el fin de cortar de raíz cualquier conato de rebelión o disidencia. El fusilamiento de estas mujeres constituye, sin duda alguna, uno de los episodios más terribles de la represión franquista inmediatamente posterior a la guerra civil.

Hace unos años la escritora Dulce Chacón les rindió un precioso homenaje en su libro La voz dormida, con el que una servidora se emocionó hasta las lágrimas en varias ocasiones. Ahora es el cine el que las rescata del olvido para llevarlas a la gran pantalla, en una película dirigida por Emilio Martínez Lázaro, conocido sobre todo por el atípico musical de Al otro lado de la cama. El elenco de actrices es prometedor y, según sus palabras y las del mismo director, se ha tratado en todo momento de no caer en el maniqueísmo exagerado. "Quería hacer ver en esta película lo buenos que eran unos sin necesidad de decir lo malos que eran los otros", afirma Martínez Lázaro. Parece que algunos de los momentos del rodaje han sido particularmente emotivos, como el del fusilamiento de las muchachas, donde "acabaron llorando hasta los que habíamos traído para formar parte del pelotón."

No sé si podré ver esta película. Lo digo porque es una historia que siempre me ha llegado a lo más profundo, desde que la leí por primera vez hace unos años en el EPS de El País, hasta que volví a releerla la semana pasada con ocasión del estreno de la película. Siempre consigue hacerme llorar. No puedo mirar los rostros de esas mujeres, tan llenas de ilusiones y con tantísima vida por delante, sin sentir asco, sin sentir horror. Y no puedo evitar enfadarme, y que la rabia me desborde por dentro, pues episodios como éste fueron más que habituales en la España negra y gris del franquismo.

Malditas sean todas las dictaduras y malditos los que las apoyan. Malditos.

domingo, septiembre 30, 2007

Dickens o el narrador-actor


A Charles Dickens le encantaba actuar. Disfrutaba leyendo ante la multitud fragmentos de sus propias novelas. Pero no se limitaba a leerlas. Por el contrario, ponía rostros y expresiones a sus personajes, dándoles vida sobre el escenario. Gesticulaba, levantaba los brazos, gritaba y susurraba, cambiando de registro su voz cuantas veces fuera necesario. Los que acudían en tropel a verle actuar salían fascinados, pues el novelista imprimía auténtica vida a caracteres que hasta entonces no poseían más sangre que la tinta impresa sobre el papel. No es de extrañar que se formaran enormes colas en el teatro para ver al genio de Dickens en acción.


¿Por qué nos fascina tanto que nos cuenten historias? Un buen narrador -oral, me refiero- debe poseer sin duda dotes de actor. Contar en voz alta es una de las tradiciones más antiguas que se conocen y, aunque la mayor parte de la población actual -al menos en los denominados países desarrollados- sepa leer y escribir, pocos pueden escapar al hechizo que posee una historia narrada de viva voz. A los niños les encanta, y son muchos los adultos que disfrutan leyendo y poniendo voces a los cuentos infantiles que les leemos antes de dormir. El teatro y el cine son el fondo lo mismo, pues se trata de insuflar vida a páginas y páginas de obras dramáticas o guiones. En estos casos el poder de la imagen puede -y de hecho muchas veces lo hace- arrinconar la magia de la mera narración.


Con toda la distancia que me separa de Dickens, puedo entender cómo llegaba a sentirse en los momentos en que todo el público le escuchaba embelesado, casi sin pestañear, aguantando la respiración mientras él actuaba sobre el escenario. Y comprendo porqué era tan feliz en esos instantes. Cuando dando clases consigo un efecto en cierto modo parecido -no es que ocurra muy a menudo, pero pasa a veces-, cuando un grupo de adolescentes inquietos devora mis palabras y las engulle, pidiendo más y guardando silencio mientras yo actúo o trato de actuar -pues todo profesor debe hacer de actor de vez en cuando, es la mejor forma de atraer la atención de este público tan peculiar-, la sensación es difícil de describir con palabras. Es algo extraordinario. Es la magia de las palabras y los gestos, la fuerza de la narración de historias. Todo un grupo de personas conectados por un finísimo hilo que normalmente tarda pocos minutos en romperse. Pero hasta que esto ocurre, hasta que la magia se desvanece... ¡qué sensación tan increíble!


Dickens no dejó de actuar hasta casi el final de su vida, aún cuando su estado de salud lo desaconsejaba. Subir al escenario era una necesidad para él, se sentía vivo cuando lo hacía. Él daba vida a sus personajes, y ellos se la daban a él. Era narrador y actor a la vez. Lástima que los que nacimos después de su muerte sólo podamos deleitarnos con su genialidad como escritor. Siempre nos faltará la otra mitad.

sábado, septiembre 22, 2007

PAUL AUSTER: La trilogía de Nueva York

Otra vez Paul Auster. Si habéis seguido este blog más o menos asiduamente, habréis descubierto ya mi pasión por este escritor. No puedo evitar volver a él cada cierto tiempo, para dejarme llevar por sus historias de optimismo y casualidades. Me reconforta leer sus libros, pasear con sus personajes por las calles de Nueva York, compartir esos encuentros mágicos que cambian la vida de los protagonistas. Por eso siempre tengo alguna novela de Auster sin leer en mi biblioteca. Esta llevaba un tiempo esperándome, y aún guardo otra más en la recámara. Son mi refugio personal.

La trilogía de Nueva York es muy diferente de otras obras de este autor. Es quizás la más extraña de todas las que he leído, y sin duda la más pesimista, pues sus protagonistas acaban en cierto modo autodestruyéndose y arruinando sus vidas, en tres historias que guardan ciertos paralelismos. Sin embargo, me ha parecido una de sus mejores novelas, por el juego psicológico tan complejo que trama Auster, que consigue atrapar al lector desde la primera página y dejarle perplejo al final de cada historia. Porque sus finales no están cerrados. Auster se guarda un as en la manga, dejando al lector con esa sensación tan extraña que transmite un final inacabado. De esta forma nos hace partícipes de lo que allí ocurre, pues cada uno puede imaginar su propia versión de los hechos.

La trilogía está formada por tres novelas cortas: Ciudad de cristal, Fantasmas, y La habitación cerrada. Las tres se engloban dentro del género detectivesco, al que Auster da una vuelta de tuerca muy original. En Ciudad de cristal, una llamada de teléfono equivocada hará que Daniel Quinn, un escritor de literatura policíaca, se convierta en un detective –curiosamente llamado Auster- que tendrá que enfrentarse a un caso muy especial, quedando atrapado en una complicada trama que le hará renegar de su propia persona hasta convertirse en un desecho humano. Fantasmas es una novela sobre un detective y un hombre vigilado por él donde los papeles de ambos se confunden hasta extremos sorprendentes. Y La habitación cerrada es la historia de un hombre fascinado desde la infancia por su mejor amigo, Fanshawe. La misteriosa desaparición de este último llevará a nuestro protagonista a vivir una vida que en principio no le correspondía, pero su obsesión por encontrarle a toda costa hará peligrar el sueño que tanto le ha costado alcanzar.

El nexo de unión entre las tres historias es la confusión de identidades, la identificación entre el detective y la persona perseguida, la fascinación por alguien llevada hasta el extremo. Sobre esta base trabaja Auster en la trilogía, llevando a sus personajes por oscuros caminos en los que se anularán a ellos mismos, llegando a adoptar personalidades o vidas muy distintas de las que llevaban. Es fascinante el modo en que el autor, que aparece en la primera de las novelas haciendo de él mismo, juega con el lector y le lleva de la mano a un lugar extraño donde nada es lo que parece, y donde los personajes se lanzan al vacío en una caída que el lector presiente fatal. Auster se cuestiona sobre lo que somos en realidad, y plantea el interrogante de hasta qué punto estamos seguros de nuestra propia personalidad. Vigilar a una persona durante día y noche, enamorarse de la mujer del amigo desaparecido y acabar viviendo con ella, son hechos que pueden provocar un cambio interior tan desconcertante que llegue a trastocar nuestra propia esencia. Hasta el punto de dejar de ser nosotros mismos.

Como podéis observar, el tema es más que inquietante. Si a eso unimos la prosa ágil y sencilla de Auster, su habilidad para tejer historias que atrapan al lector, y el fondo mágico de las calles de Nueva York, el resultado es un libro que, ante todo, no deja indiferente. Y si nos gustan las historias inacabadas de finales sorprendentes que uno tiene que pensar y repensar antes de cerrar el libro, La trilogía de Nueva York es un verdadero acierto. Es de lo mejorcito de Auster, la obra maestra de un encantador de serpientes que hipnotiza con sus palabras. Imprescindible
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Más reseñas de obras de Paul Auster:
- Leviatán
- Tombuctú
- Viajes por el scriptorium
- Brooklyn Follies

domingo, septiembre 16, 2007

Medem y el caos

Caótica Ana es una película que sólo podría haber hecho Julio Medem. Nadie como él para conjugar mitología, simbolismo, psicología y sexo en una historia tan compleja como sencilla, pues al final todo se reduce a los orígenes de nuestra existencia. En palabras de su director: “CAÓTICA ANA es una historia contra la tragedia, conducida por la fuerza del optimismo y la necesidad de ser feliz de su protagonista". Para mí es también una reivindicación de lo femenino y de la eterna lucha del Bien contra el Mal, con toda la relatividad que esconden estos términos.

La historia comienza cuando Ana, una hippie dotada de un gran talento para pintar y que vive en una cueva junto al mar con su padre, es descubierta por una mecenas, Justine. Esta la invita a acompañarla a Madrid, donde residirá en una especie de escuela-hogar para jóvenes artistas. Allí conoce a Linda, que se convierte en su mejor amiga, y se enamora -por primera vez en su vida- de un estudiante de origen saharaui, Said. Pero en esa estancia comenzará un proceso de conocimiento interior mucho más complejo, gracias a la hipnosis, que dará a Ana las llaves de una nueva dimensión dentro del caos que rige su vida. Ana es la depositaria de un secreto ancestral, de muchas vidas pasadas con un final trágico, de un origen divino relacionado con la figura de la diosa-madre y el poder procreador de las mujeres. Ese viaje mental va acompañado de un viaje real, pues Ana acabará instalándose en Nueva York, donde encuentra una estabilidad que no es tan definitiva como parece. De hecho aún deberá cumplir allí una misión, que cierra la película en un círculo completo con respecto al principio.

No creo que debamos caer en el error de comparar esta película con otras de Julio Medem, pues aún siendo muy de su estilo, guarda enormes diferencias con filmes anteriores. A destacar el trabajo de la mayor parte de sus protagonistas, con una Bebe que brilla con luz propia, además de la banda sonora y la puesta en escena. Hay que estar atentos a cada una de las frases de los actores, pues algunas encierran significados poderosos. Finalmente, los cuadros que aparecen en la película -pintados por otra de las hermanas de Medem, Sofía, inspirándose en la obra de la malograda Ana Medem- le dan un toque especial. Son pinturas inocentes pero muy expresivas, que transmiten un vitalismo fuera de toda duda. Y ese es quizás el mensaje más importante que ha querido transmitirnos su director. Porque la película es un homenaje a Ana Medem, la Ana real, quien perdió su vida trágicamente en un accidente de coche cuando tenía 22 años, cuando su carrera artística no había hecho más que empezar.

Por supuesto la película tiene sus puntos débiles. Manuela Vellés, que interpreta a Ana, no es capaz de cambiar de registro demasiadas veces. Cambia su peinado, y su forma de vestir, pero no parece asimilar que sobre sus hombros recae una pesada carga que se remonta a tiempos ancestrales. Su interpretación es quizás demasiado plana. Y el final de la película tampoco deja un sabor agradable. Es como si el caos se hubiera apropiado del propio guión, sacrificando una historia que presenta un desarrollo más que aceptable por un final con tintes reivindicativos que no acaba de encajar. Con todo, Caótica Ana es una película que los admiradores de Medem no debéis perderos. Porque vais a disfrutarla, eso sí, siempre que os dejéis llevar -un poquito- por el caos.

viernes, septiembre 07, 2007

ARTO PAASILINNA: Delicioso suicidio en grupo

Delicioso suicidio en grupo es el primer libro que cae en mis manos de este escritor finlandés. Después de leerlo, debo admitir que me ha divertido y asombrado, tanto por la temática que trata como por la forma de abordarla. Y me resulta extraño que un autor que retrata de esta manera a sus conciudadanos tenga un éxito tan arrollador en su país. Debe ser que los finlandeses tienen un gran sentido del humor. No todo el mundo es capaz de reírse de sus propios defectos. Y más cuando son tan graves como una afición desmesurada al suicidio.

Y es que, como bien indica su título, ese es el tema principal de la novela. Paasilinna parte de la premisa de que en su país el suicidio es una práctica más frecuente de lo habitual, y a partir de ella teje una historia en la que el humor negro y la sátira son los auténticos protagonistas. En el fondo, el libro constituye un canto a la vida y a los pequeños placeres que casi todos podemos disfrutar. Esos placeres son los que conforman la esencia de la felicidad. Tal es el mensaje que el autor parece querer transmitir a sus compatriotas a lo largo de las páginas de esta novela.

La historia comienza cuando Rellonen, un empresario arruinado y con un matrimonio infeliz a cuestas, decide poner fin a su vida. No obstante, en el instante en que se dispone a realizar su propósito en un lugar cuidadosamente elegido para ello, conoce al también suicida en potencia coronel Kemppainen, a quien salva de una muerte segura. Esa coincidencia marcará el inicio de una extraña amistad entre ambos protagonistas, lo que les hará olvidar sus penas durante un tiempo. Fruto de esta relación será la puesta en marcha de un plan muy original: reunir a un grupo más amplio de personas que deseen participar en un suicidio colectivo.

De esta manera, Rellonen y Kemppainen irán aglutinando a su alrededor a un grupo de personajes que tienen como objetivo común poner fin a sus vidas. El grupo acabará recorriendo media Europa en busca de un escenario perfecto donde llevar a cabo su propósito. En ese camino sus vidas empezarán a cambiar, y encontrarán respuestas a muchas preguntas. Hasta el punto de que llegará un momento en que dudarán del objetivo que les hizo emprender dicha aventura.

Paasilinna destila un humor corrosivo y ácido. Sus personajes no tienen nada que perder –no en vano aspiran al suicidio-, por lo que sus comportamientos y comentarios no tienen desperdicio. Desde el “seminario de suicidiología” convocado por Rellonen y Kempainnen, hasta las incursiones del tétrico grupo en los fiordos noruegos o las montañas suizas buscando esa forma romántica de morir, el libro está lleno de momentos cómicos donde la sátira y la burla subyacen en cada esquina. El alcoholismo, otro de los vicios al parecer más extendidos entre los finlandeses, también es caricaturizado en esta novela.

Puede que no estemos ante una obra maestra de la literatura, pero no puedo dejar de recomendar este libro. Porque darle la vuelta a un tema tan escabroso como es el suicidio y convertirlo en algo cómico es tarea harto difícil, y Paasilinna lo consigue con soltura. Con su libro, el autor ha pretendido dar una lección de vida y una inyección de moral. La felicidad está al alcance de nuestras manos Para Paasilinna, el contacto con otras personas parece ser la clave esencial. El no sentirse solo, el tener amigos en los que apoyarse, es uno de los mejores antídotos contra la depresión. Y no importa que nuestros amigos estén desesperados y tengan motivos para suicidarse: un buen viaje, paisajes maravillosos y comida y conversación agradables pueden curar hasta el alma más herida. Una deliciosa receta para sonreir.

Otras reseñas de obras de Arto Paasilinna:
- El molinero aullador

sábado, septiembre 01, 2007

De vuelta, otra vez

Vuelvo de mi segunda escapada de este verano. Esta vez mis pasos me han llevado más lejos, a un lugar que he soñado visitar durante años. Tierras míticas que se nutren de héroes como William Wallace y genios como Walter Scott o Conan Doyle. Elemental, queridos bloggeros, estoy hablando de Escocia.

Han sido unos días mágicos. Paseos por carreteras perdidas entre lagos y montañas. Miradas arriesgadas al abismo de los acantilados. El azul inmenso del Atlántico. La tranquilidad hipnótica de las ovejas. El hechizo encantador de los castillos. Y una ciudad, Edimburgo, que florece con los festivales de agosto hasta convertirse en un lugar casi de ensueño.

Como siempre, os dejo unas fotillos. Por cierto, mi brazo está mucho mejor. Preparándose para empezar el curso, que está a la vuelta de la esquina.

Y casi sin darme cuenta mi blog ha cumplido su primer año de existencia.

Mil gracias a todos por estar ahí. No habría llegado hasta aquí sin vosotros.

Y ahora, a por un año más.










miércoles, agosto 15, 2007

YUKIO MISHIMA: El rumor del oleaje

Yukio Mishima es uno de los autores más aclamados de la literatura japonesa, aunque no es muy conocido en nuestro país. Su vida es digna de una película de aventuras, si bien tuvo un final muy trágico que él mismo escogió.

Al parecer, Mishima era un nostálgico del pasado. Nacido en 1925, siempre sintió una gran fascinación por los samurais -como demostraría al final de su vida- y la cultura tradicional nipona. Llegó incluso a formar una milicia privada que él mismo entrenaba y dirigía. Fue contrario a la occidentalización y modernización de su país, y su pensamiento puede considerarse fascista en muchos aspectos. En 1970 intentó una especie de golpe de estado, al asaltar un cuartel del ejército con ayuda de algunos de sus seguidores para animar a los soldados a rebelarse contra el gobierno japonés y restaurar el antiguo poder del emperador. Sin embargo, tuvo dificultades para hacerse oír, y los soldados acabaron burlándose de él, por lo que, ni corto ni perezoso, Mishima decidió (ya lo tenía pensado de antemano) quitarse la vida mediante el rito del
sepukku (que aquí conocemos como hara-kiri). Aquello debió de convertirse en una auténtica carnicería, pues el rito establece la ayuda de un "asistente" que debe decapitar al suicida en caso de que este sufra demasiado. Con Mishima lo intentaron tres veces antes de tener éxito. Otro de sus seguidores escogió la misma forma de morir junto a su maestro. Este dramático final, planeado con una gran minuciosidad desde hacía más de un año por el propio Mishima, puso fin a una trayectoria literaria que estuvo a punto de hacerle valedor del mismísimo premio Nobel.

Parece mentira que de una mente tan atormentada como la de este autor -no entiendo que una persona con cierta estabilidad emocional ponga fin a su vida de esa manera- saliera una novela tan dulce y sosegada como es El rumor del oleaje. Se trata de una historia de amor entre dos adolescentes, que descubren juntos las primeras caricias, los primeros besos, pero que deberán enfrentarse a una serie de dificultades para conseguir estar juntos. Mishima capta con una gran delicadeza esos titubeos y nervios propios del primer amor, y el descubrimiento de todo un mundo de sensaciones al que hasta ese momento los adolescentes eran completamente ajenos.


Sin embargo, desde mi punto de vista lo mejor del libro no es la historia en sí. Lo más conseguido es la ambientación de la novela, que se desarrolla en una tranquila isla de pescadores donde todo el mundo se conoce y convive de forma más o menos pacífica. Las costumbres del pueblo, los oficios, las vestimentas de los habitantes, son descritas con una minuciosidad exquisita. Mishima consigue arrastrarnos a ese mundo bucólico donde no existen el estrés ni la prisas, un mundo donde las tradiciones se respetan, y los hijos heredan el oficio de sus padres sin plantear la más mínima oposición. El mensaje del autor parece ser: aún siguiendo las tradiciones, se puede alcanzar la felicidad plena. En efecto, Shinji y Hatsue, los protagonistas, deberán vencer una serie de dificultades pero, sin necesidad de rebelarse y acatando las reglas en todo momento, su amor llegará a ser aceptado por todos, incluso por el intransigente padre de la muchacha. La lealtad, el valor y la honestidad son los valores que más destacan en esta historia. Eso sí, los personajes son demasiado planos, y los "malos" acaban recibiendo su castigo. Ese amor de Mishima al mundo tradicional japonés se respira aquí con especial intensidad.


El rumor del oleaje es un viaje a la tranquilidad de una isla remota en el Pacífico. Es un encuentro con una sociedad tradicional que presenta muchos aspectos positivos: la solidaridad mutua, la convivencia en armonía con el marco natural, el respeto a los mayores... Son valores que se están perdiendo en gran parte del mundo actual, y que, sin estar de acuerdo con Mishima en muchos otros aspectos, nos parecen dignos de defender y de perseguir. Ese, y su prosa cargada de lirismo, son quizás el mejor legado que este autor nos ha dejado.

viernes, agosto 10, 2007

ALMUDENA GRANDES: El corazón helado

"Una de las dos Españas ha de helarte el corazón"

Con esta emotiva cita de Antonio Machado comienza la última y más ambiciosa novela de Almudena Grandes. Una novela que toca todos los grandes temas de la historia reciente de España: la guerra civil, el exilio, la dictadura de Franco y la transición política a la democracia.

Antes de adentrarme en el comentario, os diré que este libro puede pecar de excesivo (sus más de 900 páginas pesan a veces), y de enrevesado, por la multitud de personajes que desfilan en su interior. Pero se trata sin duda de una gran novela, con una base documental muy importante; en palabras de la propia autora: "La mayoría de los episodios más brutales que narro en El corazón helado no me los he inventado, pasaron de verdad. La novela es ficción porque los personajes no existen, pero casi todos los hechos concretos del pasado de los personajes son reales y están documentados". Y sobre todo se trata de una preciosa historia de amor, traición y dolor, que arrastra al lector y le compensa con creces del esfuerzo de leer tan ingente obra.

La novela se divide en tres grandes bloques, y en cada uno de ellos son dos los narradores que alternan sus voces: uno en primera persona, que es Álvaro Carrión, uno de los protagonistas, y un narrador omnisciente que es el encargado de ir desentrañando los secretos del pasado, a través de flash-backs o retrospecciones que a la vez que narran una multitud de historias propias ayudan a entender la situación actual de los personajes. Con esta técnica la autora consigue mantener la atención del lector al suministrarle la acción a pequeñas dosis, saltando de un momento de la historia a otro bien distinto.

El argumento gira en torno a dos familias, unidas por lazos de parentesco además de por un oscuro pasado en el que se mezclan la traición y el amor. Los Carrión representan al bando de los vencedores, a quienes se enriquecieron y prosperaron gracias al despojo de los vencidos y a la posterior dictadura. En cambio la familia de los Fernández son los hijos de la República y el exilio, quienes sufrieron en carne propia la represión tras la guerra y el tener que empezar desde cero en otro país, sin saber si alguna vez volverían a pisar la tierra donde nacieron. Aunque ambas familias guardan sus luces y sus sombras, la autora toma partido claramente por estos últimos, y cuestiona la integridad moral de todos aquellos que, aún en la actualidad, no quieren saber o, si saben, prefieren no tomar partido y pasar página rápidamente.

En el centro de todo, una hermosa historia de amor, que conllevará su buena dosis de sufrimiento. Es la historia que surge entre dos de los descendientes de estas familias, Álvaro Carrión y Raquel Fernández Perea, y que obligará a ambos a cuestionarse el pasado de su familia, en el caso del primero, y el sentido de sus actuaciones, en lo que se refiere a la segunda. El dolor de los exiliados en los episodios ambientados en el pasado tiene su contrapeso en el presente en el dolor de Álvaro, al ir descubriendo aspectos de su familia que le harán sentirse cada vez más solo, más lejos de los que siempre había considerado los suyos. El amor de Raquel le ayudará en esta tarea, aunque también le aportará un sufrimiento paralelo que minará aún más a Álvaro, a la vez que le hace más fuerte. Así le vemos al final de la novela, angustiado por lo que se le viene encima, pero con una gran entereza moral que le dará alas para segur adelante.

Esta novela deja huella. Algo se remueve en nuestro interior con retazos de historias que sabemos ciertas, aunque cambien los nombres de quienes las vivieron. Tanto sufrimiento, tanto rencor y tanto odio, dejan una sensación de amargor en los labios, que se dulcifica cuando asistimos a episodios donde la lealtad y el amor se convierten en protagonistas. Quizás el personaje que sale peor parado de esta historia es la madre de Álvaro, la única que no consigue mostrarnos su cara amable en ningún momento, la única totalmente gris en un mundo de matices blancos y grises.

Os dejo con otra de las citas de Machado que se recogen en el libro, que quizás sea una de las verdades más grandes y más bellas que se han dicho sobre la Guerra Civil.

"Para los políticos, para los historiadores todo estará claro: hemos perdido la guerra. Pero humanamente no estoy tan seguro. Quizá la hemos ganado."

Yo estoy segura de que así fue.

martes, agosto 07, 2007

De vuelta, con sorpresa incluida

He descubierto un mundo maravilloso que desconocía. Paisajes tan bellos que dañan la vista, montañas que cortan la respiración y limpian el alma de males y problemas, rincones donde he deseado permanecer y fundirme con las rocas, para sentir con ellas la deliciosa paz que emanan.

Esa es la parte bonita de la historia. Lo que he traido conmigo, a pesar de las circunstancias. Porque la mala suerte ha hecho que vuelva con un hombro lesionado, después de pasar uno de los peores ratos de mi vida. Lo que podían haber sido unos días maravillosos dieron de repente un giro imprevisto. Y lo peor es que no fue culpa mía, sino provocado por la negligencia y la estupidez de dos personas que no hicieron bien su trabajo. Para abreviar: un accidente que se podía haber evitado fácilmente. Y la seguridad de que no volveré a practicar rafting en mi vida.

A pesar de todo he vuelto fascinada con lo que he visto. No conocía el Pirineo aragonés, y ahora sé que volveré pronto. Me quedan aún muchas rutas por andar en esos parajes, muchos rincones que descubrir y muchas lecciones que aprender.

Por cierto, si vais por allí tened mucho cuidado con la empresa Aguas Blancas. Algunos de sus monitores están muy lejos de ser profesionales.

Os dejo algunas fotos. Por cierto, ¿adivináis quién es la del cabestrillo?








jueves, julio 26, 2007

Perdida entre montañas

Dejo atrás la tierra conocida. Despliego mis alas y miro hacia delante. Es hora de marchar. Bellas colinas y suaves valles me aguardan. Puedo escuchar sus voces, en susurros. Puedo oírlas cantar, y su melodía resbala por las laderas, mezclándose con los restos de nieve hasta unirse con las aguas del deshielo.

Perderse entre montañas, lejos de todo. Caminar y dejarse arrastrar por los sonidos y los paisajes. Devorar con los ojos los árboles, los riscos y los escarpes. Oler la tierra mojada y sentirse más cerca del cielo, hasta tocarlo con sólo estirar los dedos…

Por unos días voy a ser un hada afortunada que vuelve a la naturaleza, o al menos a lo que queda de ella. Ya os contaré a la vuelta. Os deseo dulces paseos estivales a la luz de la luna.

Por supuesto, mis libros me acompañan en esta aventura. Como siempre que emprendo el vuelo. Son mi tabla de salvación en la lejanía.

Un abrazo y hasta la vuelta.

Imagen: Valle de Ordesa y Monte Perdido

domingo, julio 22, 2007

Irse de vacaciones...con una sonrisa

En estos días de descanso estival son miles los ¿afortunados? que inician sus ansiadas vacaciones. En homenaje a todos los que ya las habéis disfrutado, a los que aún las tenemos pendientes, y a los que no podrán hacerlo hasta dentro de mucho tiempo, ahí van unas cuantas viñetas del genial Forges. Hay que buscarle el lado bueno a todo, ¿no?





domingo, julio 15, 2007

WILLIAM MAXWELL: Vinieron como golondrinas

Llevaba un tiempo queriendo leer algo de este autor del que había escuchado muy buenas críticas, pero que por desgracia es bastante desconocido en nuestro país. Maxwell alcanzó una gran notoriedad como editor de grandes autores entre los que se encuentran nombres como Salinger o Updike, pero su faceta de escritor ha pasado algo desapercibida. Sin embargo, después de leer esta primera novela, creo que se trata de un escritor al que merece la pena seguir la pista, pues sus obras están comenzando a traducirse ahora a nuestro idioma.

Vinieron como golondrinas es una historia intimista, que transcurre en el seno de una familia media estadounidense en 1918, el año en que finaliza la Gran Guerra y el año de la terrible epidemia conocida como "gripe española", que sólo en EEUU mató a más de medio millón de personas. Es pues un tiempo de esperanza y temor a la vez, un año clave en la historia del mundo y en la del propio autor, que sufrió la muerte de su madre como consecuencia de dicha epidemia. Ese episodio es el que centra el hilo narrativo de la novela, donde la madre de la familia, el eje que une a todos los miembros de esta, como vamos descubriendo a medida que avanzamos en su lectura, cae enferma y fallece en parecidas circunstancias. Maxwell construye pues una novela en parte autobiográfica que es a la vez un emotivo testimonio de la forma de vida de la sociedad media norteamericana en las primeras décadas del siglo XX.


El narrador es una sola persona, pero posee tres voces distintas, pues nos narra la historia desde el prisma de tres de los personajes que aparecen en la novela. Primero es el hijo pequeño, Bunny, quien nos toma de la mano y nos lleva con él a conocer a su familia. En las páginas dedicadas a él, conocemos sus miedos, la fascinación que siente hacia su madre, a la que idolatra, y el temor-respeto que ejerce en él su hermano mayor, Robert. Maxwell capta de forma brillante la inocencia que caracteriza a un niño de ocho años, como se aprecia en este fragmento dedicado a la magia de los juegos infantiles:


"El domingo por la mañana era un momento excelente para invadir una ciudad. Ya era casi mediodía cuando la imaginación de Bunny empezó a flaquear. Entonces, de manera muy repentina, la escena cambió. Las murallas, puertas, tejados, barricadas rotas y torres caídas se aparecieron en su sencilla y desnuda realidad: dos vasos plegables, una regla, una piedra cuadrada, cartón, papel marrón, tres lápices y un carrete lleno de muescas. A partir de ahí fue imposible seguir fingiendo que sus soldados de plomo se gritaban unos a otros mientras defendían un pueblo belga."


A continuación es Robert, el primogénito, el que se convierte en protagonista de la historia. Su relativa incapacidad física (perdió una pierna en un accidente) no es obstáculo para que se desenvuelva como un chico más de su edad en todos los aspectos. Por último Maxwell centra su atención en el padre, James, roto por la pérdida de su esposa e incapaz en un principio de cuidar de sus hijos tras la muerte de esta, verdadero punto cardinal sobre el que se asentaba la unión de esta familia. La hermana de la fallecida, Irene, aparecerá entonces como la posible salvadora de esta situación, y se convertirá en un asidero fundamental para el desconsolado James.
Esta novela nos cautiva por su prosa sencilla, que huye de artificios, y su naturalidad al describir y caracterizar a los personajes. Realmente parece que nos hemos colado en el hogar de los Morison, que dormimos junto a Bunny o Robert, que acompañamos a James mientras arrastra como un fardo la muerte de su adorada Elizabeth. Es ella quizá el personaje más entrañable, por la dulzura y el amor que derrocha, por ser el soporte vital de una familia de hombres que la ama con locura aunque ninguno, salvo el pequeño Bunny, sea capaz de demostrárselo. Por su parte, el personaje de Bunny parece ser en muchos aspectos un autorretrato del propio Maxwell, que perdió a su madre más o menos a la misma edad. Posiblemente por ello aparezca tan real a nuestros ojos.
Puede que Maxwell no esté a la altura de otros grandes escritores norteamericanos, pero se merece un lugar destacado en la narrativa de ese país. Esperemos que lo alcance en los próximos años. Desde aquí, os animo a descubrirlo, ya sea en español o en inglés. Lo vais a disfrutar, os lo aseguro.

miércoles, julio 11, 2007

¡PREMIO, PREMIO, PREMIO!!!!!

Hoy he recibido una agradabilísima sorpresa al abrir mi blog. ¡ME HAN CONCEDIDO UN PREMIO! Tengo que agradecérselo a unas bloggeras recién descubiertas que forman liter-a-tres, y cuyo blog ha sido premiado con anterioridad. Y como queda establecido en el reglamento del concurso, aquí está el preciado galardón:



Estoy emocionada. Cuando empecé a escribir este blog lo hice con la intención de hablar sobre literatura, compartiendo con otras personas mis impresiones sobre los libros que caían en mis manos. Después de casi un año (quedan un par de meses para mi primer aniversario) no sólo he encontrado otros blogs fascinantes, sino que me siento muy cerca de un grupo de personas que tenemos muchas cosas en común aparte de nuestro amor a los libros. En cierto modo es un privilegio pertenecer a esta comunidad.
Bueno, este es mi discursito de premiada. Ahora, como ya han hecho otros de los galardonados, me vais a permitir que me explaye un poquito, porque ¡ES LA PRIMERA VEZ QUE ME DAN UN PREMIO, Y ES ALGO QUE SIENTA ESTUPENDAMENTE!!!!!!!
Según la tradición, este premio se ha de repartir siguiendo estas tres reglas:
1. Si eres uno de los premiados, tendrás que escribir un post con cinco links de blogs que quieras premiar.
2. Haz un link a este post, de manera que se pueda encontrar el origen de este premio.
3. Muestra orgulloso el "Thinking Blogger Award", te lo has ganado.
Y ahora toca la parte más difícil, elegir cinco blogs entre los que tantas horas de disfrute me han traido en este año. Todos los blogs que aparecen en la columna de la derecha son apasionantes, y me cuesta decidirme por algunos. Pero lo intentaré:
El detective amaestrado: por hacer magia con las palabras y compartir pasión y profesión. Os vais a enganchar si lo visitáis.
Cierta distancia: por escribir esos magníficos relatos y ser capaz de emocionarme con sus vivencias.
Hysteria: por compartir ideas y planteamientos, por acercarme a los clásicos y por ser una bellísima persona.
El gusanillo de los libros: por acercarme a autores que no conozco, en unas reseñas que son realmente magníficas.
Profesor en la secundaria: por una pasión agridulce compartida y por ponerle palabras a nuestra rutina cotidiana como profesores.
Si alguno ya fue premiado antes, enhorabuena por partida doble. Y a los que no he elegido, mil perdones, pero vuestros blogs siguen estando entre mis favoritos. Todos se merecen este premio.
Hasta muy prontito. Hoy me voy a dormir con una enooooorme sonrisa.

martes, julio 03, 2007

JOSÉ LUIS SAMPEDRO: La vieja sirena

Sensualidad y poesía. Esas son quizás las dos palabras que mejor definen esta deliciosa obra de Sampedro, uno de mis autores favoritos. En La vieja sirena encontramos un relato repleto de magia y pasión, ambientado en la Alejandría del siglo III, donde se dan cita realidad y mitología. Surge así una novela que en el fondo gira en torno a dos de las grandes preocupaciones que siempre han guiado a la humanidad: el amor y el poder.

Glauka, Irenia o Kilia, la protagonista, tiene diferentes nombres a lo largo de la historia. Y cada uno de ellos es en cierto modo una mujer distinta, pues a cada capítulo de su vida le corresponde un nombre diferente. El misterio y la sensualidad rodean a esta bella joven, cuya vida está llena de luces y de sombras; ha pasado por momentos extremadamente dolorosos junto a otros donde ha conseguido tocar la felicidad. La vida de Glauka sufre un giro cuando conoce a Ahram, un poderoso navegante alejandrino con el que acabará viviendo un amor apasionado sin precedentes en su vida anterior. Krito, un filósofo andrógino que es uno de los más fieles amigos de Ahram, es el otro protagonista indiscutible de esta epopeya fantástica. Él simboliza el poder de la palabra, la racionalidad de las cosas, mientras Ahram personifica la fuerza masculina y el poder de los actos. El trío formado por ambos hombres y la mujer constituye un conjunto único por su fuerza y su complejidad, y les unirá aún más el hecho de ser sólo ellos los conocedores de la verdadera naturaleza de Glauka, la mujer misteriosa.


El marco que encuadra a estos personajes es un Egipto en decadencia dentro de un Imperio Romano que también se encuentra en declive. Los bárbaros están iniciando su penetración en las fronteras del Imperio Occidental. Roma no es ya la fuerza de antaño, y se debate entre las luchas de los generales para conseguir el título de emperador y la crisis económica y social de un gigante cuyos pies de barro se deshacen por momentos. Frente a la decadencia de Roma, pequeños reinos como el de Palmira intentan hacerse un hueco en el precario equilibrio de fuerzas de la época. Sin embargo el tiempo demostrará que el futuro pertenece en realidad al los pueblos bárbaros, que irán estableciendo sus reinos por toda la parte occidental del Imperio, mientras en la mitad oriental el Imperio Bizantino perduraría aún durante más de mil años.


La prosa de Sampedro es apasionada y vibrante, y hace estremecerse al lector en determinados pasajes. El autor rescata del olvido esos antiguos ritos ancestrales que se dieron en la mayoría de los pueblos y que tan frecuentemente escapan a la investigación histórica. Ritos que defendían el culto a la Diosa Madre -la deidad procreadora, la Madre Naturaleza- como base de todas las religiones antiguas. La obra entera es un canto a esa idea, y una celebración del amor y el sexo como las manifestaciones más legítimas de ese culto, una creencia que se fue perdiendo a lo largo de la historia pero cuyos ecos resuenan aún en algunos de nuestros ritos actuales.


La vieja sirena es ante todo una historia de amor, un amor casi divino que une a Glauka y a Ahram de una manera indestructible. Tanto es así que ni la misma muerte podrá separar a los amantes, que se buscarán y se encontrarán el uno al otro en los límites del mundo real, más allá de donde ningún mortal podría jamás acercarse.


El trabajo de documentación llevado a cabo por Sampedro es ingente. Las referencias históricas son precisas y constantes en la novela. Al final del libro se incluyen unos mapas dibujados por el mismo autor que nos ayudan a centrar los acontecimientos que se van sucediendo a lo largo de sus más de 800 páginas. Quizás la única crítica que se puede hacer a esta obra es su excesiva longitud y el hecho de que la narración se pierde a veces en flecos que no llevan necesariamente a ningún sitio y que dificultan su lectura en algunos tramos. Sin embargo, no son obstáculos para hacer de esta novela una lectura más que interesante para los admiradores de este autor, entre quienes me encuentro. Y quizás los no admiradores os convirtáis después de leerla.

jueves, junio 28, 2007

Fin de curso

Otro curso se acaba. Llega el verano y el instituto se va quedando vacío. Primero se van los alumnos, luego la mayor parte de los profesores, y al final sólo quedamos algunos a los que nos toca empezar a preparar el curso próximo. Ya no se escuchan gritos ni voces por los pasillos. El silencio lo cubre todo, y aunque esta calma tiene su encanto, se echa de menos el movimiento de los días que han quedado atrás.

Ellos se van y nosotros nos quedamos. El fin de curso siempre tiene esas dos caras: la ilusión de empezar las vacaciones y poder al fin descansar, y la tristeza por saber que hay rostros que ya no veremos, voces que se alejan para siempre de nosotros, sueños que se construyen fuera de los muros del instituto. Cada alumno que se marcha de aquí deja algo atrás, aunque la mayoría se irán olvidando con el tiempo. Estoy segura de que muchos recordarán su paso por el instituto con una sonrisa, porque a todos nos ha pasado. Pero tienen una vida entera por delante, con proyectos que realizar y muchas personas que conocer, y poco a poco nosotros nos iremos desdibujando en su memoria. Ellos se marchan con la ilusión de quien empieza un camino nuevo, y eso les da alas para seguir adelante y no mirar atrás. Pero algunos se llevan algo más consigo, un trocito de cada uno de nosotros les acompaña sin que se den cuenta. Está ahí, escondido en sus mochilas, en los recovecos del estuche. Si buscan, seguro que nos encontrarán.


En cierto modo se te parte el corazón. Es como una pequeña ruptura amorosa de las que se superan pronto, pero que lo tiñe todo de melancolía durante un tiempo. No te acostumbras a no verles en su aula, a no encontrarles por el patio. Sabes que volverán alguna vez de visita, y que recibirás e-mails esporádicos de sus andanzas universitarias o laborales. Pero no es lo mismo. Han dejado de formar parte de tu vida, han volado.


Hasta que empieza otra vez el curso. Poco a poco las caras nuevas se van haciendo más familiares, y el proceso se repite de forma casi idéntica. Vuelves a estrechar lazos y a ilusionarte con ellos. Vuelves a empezar, y ellos contigo.


Esta es la magia de nuestra profesión. Conocer a tantos chicos y chicas diferentes, cada uno con sus miedos y sus virtudes, sus esperanzas y sus frustraciones. Cada uno con su filosofía de vida y sus proyectos. Y formar parte de sus vidas durante nueve meses o más, darles algo de ti que puede que les ayude a ser mejores personas, de eso se trata en definitiva. De estar con ellos y de escucharles, de hacerles creer que pueden llegar a donde quieran si se lo proponen. Y a cambio, recibir cariño, admiración y muchos buenos momentos (aunque también malos por supuesto).

Eso es enseñar. Eso es aprender. Eso es vivir.


Feliz fin de curso, y buen viaje a todos.


Imagen: Jeanne H. A. Cloche, MODIGLIANI. Esta ha sido la portada de mi cuaderno del profesor de este curso. Ya toca ir pensando en la del curso que viene...

sábado, junio 23, 2007

IRÈNE NÉMIROVSKY: El baile

Leí este libro ayer por la tarde disfrutando de un par de horitas sin nada que hacer, después de la pesadilla de exámenes y notas de los últimos días, y aún sigo "trastornada" por la historia. En apenas 100 páginas (menos en realidad, pues la fuente utilizada en la edición de Salamandra es de gran tamaño), Némirovsky narra con una maestría formidable una relación enferma entre una madre y su hija, con el telón de fondo que le proporciona la hipocresía de una clase social -la de los nuevos ricos- que está dispuesta a cualquier cosa por hacerse un hueco en la alta sociedad.


La familia Kampf prepara un baile por todo lo alto para entablar relaciones con la aristocracia y la alta burguesía parisinas, después de que la suerte les haya sonreído y hayan pasado de vivir prácticamente en la miseria a disfrutar de un estatus social más que acomodado. Desde la óptica engreída de quienes creen tenerlo todo, los Kampf planean el baile con gran esmero, asegurándose de que todos los invitados queden deslumbrados ante la riqueza y buen gusto de los anfitriones. Antoinette, la hija adolescente del matrimonio, asiste al espectáculo de preparativos e invitaciones con la ilusión de que la dejen participar, ilusión que se ve rápidamente truncada cuando su madre le comunica que ella no podrá asistir al baile. Reproduzco un retazo de la conversación porque es digno de la más malvada madrastra de Cenicienta:


"¡Pero bueno! asistir al baile esta chiquilla, esta mocosa, ¡habrase visto!... Espera y verás cómo hago que se te pasen todos esos delirios de grandeza, niña... ¡Ah!, y encima crees que vas a presentarte "en sociedad" el año que viene. ¿Quién te ha metido esas ideas en la cabeza? ¡Que sepas, niña, que apenas he empezado a vivir yo, ¿me oyes?, yo, y que no tengo intención de preocuparme tan pronto por una hija casadera... No sé por qué no te doy un buen tirón de orejas para quitarte esas ideas..."


Son palabras punzantes, de esas que se clavan y te dejan sin aliento, encogida de dolor... Así se queda Antoinette al escucharlas, alimentando en su interior un odio creciente hacia su madre y hacia el mundo de los adultos en general. La venganza de la niña será implacable, y se desencadenará con un simple gesto, más impulsivo que premeditado, que ocasionará a su madre un enorme sufrimiento y arruinará todos sus planes de entroncar con la alta sociedad.

Todos los personajes son sombríos en esta oscura trama. La madre, reconcomida por el dolor de haber pasado sus años de juventud en la pobreza, ve cómo ahora que tiene dinero su lozanía se le escurre entre los dedos; el padre, tan anodino como cruel con su esposa; la hija, vengativa y llena de odio hacia todos, incluso hacia ella misma.... Némirovsky ha construido un puzzle corrosivo sobre la hipocresía de la sociedad en la que ella debió moverse cuando llegó a París, en 1919. Ella misma tuvo una infancia infeliz y solitaria, y el personaje de Antoinette parece ser una perfecta transfiguración de la escritora, tan lejos de sus padres como la joven Kampf de los suyos.

Las críticas han elogiado esta pequeña obra maestra, que se agota mucho antes de lo que el lector desearía. Cruel, apasionado, o duro como el cristal, son algunos de los calificativos que El baile ha recibido. Para mí ha sido una aventura, breve e intensa, hacia el lado más oscuro del alma humana. La historia se te queda agarrada con fuerza, es difícil desprenderse de ella. Al cerrar el libro, una no puede dejar de ver a Antoinette sonriendo, deleitándose en su pequeña venganza. Siendo extrañamente feliz, aunque sea por un breve lapso de tiempo.

Otras reseñas de obras de Irène Némirovsky:
- Suite francesa