viernes, mayo 16, 2008

Escapada a Berlín

Nunca había estado en Alemania. Es mi primera visita a ese país, y he comenzado por la capital, Berlín, una de las ciudades más increíbles que he visitado y un enclave histórico de gran importancia. El viaje ha sido estupendo. La compañía era encantadora (Inma, Juan y Lourdes, gracias por hacer este viaje tan especial), el tiempo nos ha acompañado con un sol y unas temperaturas inusuales por esas latitudes, y el apartamento en el que nos quedábamos en el barrio de Kreuzberg era más que acogedor y bastante barato. Y si a todo eso le sumamos una ciudad con muchísimo ambiente, con tiendas originales y variadas, con museos para elegir, y con precios muy asequibles, tendremos un cóctel de sensaciones que difícilmente podré olvidar algún día.

Berlín conserva increíbles vestigios del pasado. Los edificios barrocos y neoclásicos abundan en sus calles. Quizás uno de los más espectaculares sea, aparte de la famosa Puerta de Brandenburgo, la catedral, con unas vistas desde la cúpula que es conveniente no perderse. Aunque hay que esperar una larga cola, el Reichstag cuenta también con una impresionante cúpula, en este caso de cristal, de Norman Foster, que es toda una experiencia subir mientras se contempla a través del vidrio el panorama berlinés. Por supuesto, los museos son visita obligada, aunque son demasiados para unos días y muy caros en comparación con todo lo demás. Hay pues que seleccionar. El Museo de Pérgamo esconde joyas como el Altar de Zeus y la Puerta de Ishtar. Y el Altes Museum alberga de forma temporal las colecciones de arte egipcio, entre cuyas piezas destaca el bellísimo busto de Nefertiti.

El viajero debe también pasar cerca de los restos que aún se conservan del terrible muro de Berlín, un vestigio de una Alemania dividida cuyos efectos aún se observan en el paisaje berlinés, con zonas enteras que están siendo reconstruidas y edificios de la era comunista junto a ejemplos modernos de cuasi rascacielos de cristal. Es una ciudad de contrastes, donde es imposible aburrirse y donde los precios invitan a sentarse varias veces al día a tomar un café, un helado o disfrutar de una buena comida, sin olvidar por supuesto las famosas wurst o salchichas.


Como nos lo habían recomendado, y a pesar de que nuestra estancia era más o menos corta, decidimos escaparnos un día a Potsdam, donde el parque de Sanssouci alberga un conjunto palaciego de los más grandes de Europa. Pasear por el parque y por las callejuelas de la ciudad, repletas de tiendas encantadoras, es un verdadero placer para todos los sentidos.

Y como siempre, os dejo unas cuantas fotillos, no sin antes animaros a visitar una ciudad que, afortunadamente, aún no ha sido tomada por las hordas de turistas (aunque yo misma sea una de ellas, qué le vamos a hacer) y cuyo encanto trasciende mucho más allá de lo que pueda observarse en cualquier fotografía. Eso sí, para quién no sepa alemán, los nombres de las calles a la hora de orientarse son una auténtica pesadilla. Por lo demás, la ciudad se merece un diez. Repetiremos.

viernes, mayo 02, 2008

RAYMOND CHANDLER: El largo adiós

Nunca me ha gustado demasiado la novela negra. Me siento mucho más atraída por otro tipo de literatura, aunque cuando estaba en el instituto me dio por leer a Agatha Christie y no paré hasta que me hube terminado unos cuantos de sus libros. Sin embargo, de vez en cuando me gusta adentrarme en alguna historia de misterio, de asesinatos sin resolver, de acertijos y personajes cargados de secretos. Por ello comencé hace unas semanas El largo adiós, la obra maestra de Chandler según los expertos. Y para ello he seguido el consejo de mi querido Francisco Ortiz, autor de una espléndida reseña por entregas sobre esta novela, que fue la que acabó de decidirme a volver a seguir los pasos a Philippe Marlowe, al que ya conocía por Adiós muñeca.

El largo adiós es mucho más que una novela de misterio. Es todo un retrato de la sociedad norteamericana de los años 50. La soledad y el desencanto son los sentimientos que más abundan en estas personas, sobre todo cuando Chandler nos describe a aquellos que pertenecen a la llamada "alta sociedad". Policías corruptos, matones a sueldo, millonarios capaces de cualquier cosa por tapar un escándalo, escritores alcohólicos, mujeres bellísimas pero que se encuentran enormemente solas... Los personajes de Chandler son especiales, tienen un encanto que les hace elevarse sobre los caracteres planos que abundan en muchas novelas. Y sus diálogos son magníficos, críticos y cargados de ironía hacia la sociedad que los lleva en sus labios. A medida que iba leyendo, me sorprendía una y otra vez de la agudeza del autor, de su manera de presentarnos los vicios y miserias de un tiempo donde, sorprendentemente, aún hay un lugar para valores como la amistad, el amor o la lealtad. Marlowe es un tipo duro, es difícil no imaginarse a una especie de Humphrey Bogart con gabardina y fumando un cigarro tras otro; un hombre solitario y sincero, pese a perder clientes o ganarse enemigos por ello. Pero ante todo este detective es profundamente humano, pues para él la amistad o la lealtad están por encima de muchas otras cosas. Es capaz de ver más allá de lo que los demás pueden, vislumbrando el lado bueno que casi todas las personas poseen. Es un personaje de los más logrados que he podido leer en mucho tiempo.

La ironía y el sentido del humor de Chandler alcanzan cotas muy altas en determinados pasajes de este libro. Os dejo aquí, como muestra, la descripción de un sheriff que habla por sí sola:

"Las paredes estaban llenas de fotografías de caballos y el sheriff Petersen aparecía en todas ellas. Las esquinas de su escritorio de madera tallada eran cabezas de caballo. Su tintero era una pezuña de caballo abrillantada y montada y las plumas estaban colocadas en otra igual llena de arena blanca (...) El sheriff ofrecía un buen espectáculo. Tenía un excelente perfil aguileño y, aunque empezaba ya a flaquearle un poco debajo de la barbilla, sabía cómo mantener la cabeza de forma que no se notara demasiado. Trabajaba a conciencia para que lo sacaran bien en las fotos (...) Se limitaba a conseguir que lo eligieran sin tener que esforzarse, montaba caballos blancos a la cabeza de los desfiles e interrogaba a sospechosos delante de las cámaras. Eso al menos era lo que decían los pies de las fotos. En realidad nunca interrogaba a nadie. No hubiera sabido cómo hacerlo. Se limitaba a sentarse detrás de la mesa de su despacho mirando con severidad al sospechoso y ofreciendo su perfil a la cámara. Se disparaban los flashes, los fotógrafos daban las gracias al sheriff respetuosamente y se retiraba al sospechoso, que no había llegado a abrir la boca, mientras Petersen regresaba a su rancho en el valle de San Fernando. Allí se le podía localizar siempre. Y si no se lograba entrevistarlo personalmente, siempre se podía hablar con uno de sus caballos."

En realidad, lo que menos me ha gustado de la novela es la trama en sí. Como ya mencioné más arriba, este tipo de literatura no está entre mis predilectas, de ahí que la historia no me haya acabado de enganchar (aunque en algunos momentos sí lo ha conseguido). No obstante, ha sido la forma de escribir de Chandler la que me ha entusiasmado, por su sencillez, su carga irónica y su increíble manejo de los personajes. Las descripciones son maravillosas. Los diálogos soberbios. Y algunas frases se quedan dando vueltas en la cabeza durante un buen rato después de leerlas. Un ejemplo son las palabras que el autor pone en boca de Marlowe cuando ve por primera vez a la increíble Eileen Wade: "Fue exactamente como cuando el director de una orquesta da unos golpecitos en el atril con su batuta, alza los brazos y los inmoviliza en el aire". ¿No es una comparación más que afortunada?

Aun cuando no seamos lectores asiduos de este tipo de novelas, Chandler constituye una excepción. Él fue capaz de llevar este género a cotas que hasta entonces no había alcanzado. Sus personajes salen del papel para hacerse de carne y hueso y recordarnos lo mejor y lo peor de la existencia humana. Pues al fin y al cabo es esa la vida real. La biografía de Chandler es un ejemplo de esas luces y sombras. Estuvo a punto de suicidarse tras ser despedido de una empresa acusado por acosar a las secretarias, pero años más tarde se convertiría en un gran escritor y estaría casado durante casi treinta años con la misma mujer. Así se describe él mismo: "Paso por ser un escritor insensible, pero eso no tiene sentido. Es simplemente una manera de proyectar. Personalmente soy sensible y hasta tímido. A veces soy cáustico y belicoso en extremo; otras absolutamente sentimental. No soy un ser sociable porque me aburro con mucha facilidad, y el término medio nunca me satisface, ni en la gente ni en ninguna otra cosa..." Sin duda alguna, Philippe Marlowe reúne muchos de los rasgos del hombre que lo creó.

Por supuesto os animo a todos los que aún no lo hayáis hecho a leer a Chandler. Lo disfrutaréis. Y de nuevo vuelvo a alejarme unos días de este rincón. Unas mini vacaciones que tengo que agradecer al Rocío, fiesta más que importante en la localidad en la que trabajo, me conceden la oportunidad de una rápida escapada a Berlín. Ya os contaré a la vuelta. Y no digo adiós porque, en palabras del propio Marlowe: "Decir adiós es morir un poco". Así que mejor decir hasta pronto.

domingo, abril 27, 2008

Un poco de todo

A veces me resulta increíblemente difícil actualizar el blog con cierta frecuencia. Tengo un problema grave de organización de tiempo, aunque creo que no es algo que sólo me ocurra a mí, sino que es uno de los males característicos de la sociedad del siglo XXI.

¿Qué quieres, Elena? Te apuntas a un curso tras otro (que no logras acabar porque no tienes tiempo), a clases de inglés, tienes que corregir siempre exámenes y trabajos (y llenarlos de notas con el pilot rojo), preparar clases, mantener dos blogs, hacer casi 120 km diarios de ida y vuelta, comer, hacer algo de deporte, dormir al menos 6 horas, y por supuesto hacer un mínimo de vida social y de vida en pareja. Además de las obligaciones de la casa. Y los compromisos familiares... ¿Y te extrañas de que te falte tiempo? Esa es la pregunta que me viene a la cabeza en estos momentos. Pero no puedo evitar involucrarme en más cosas de las que puedo realmente abarcar. Siempre me ha pasado y supongo que me seguirá pasando una y otra vez.

Y es que me estoy volviendo incluso una maleducada. Hace un par de semanas, Lucía me concedía un pequeño reconocimiento en su blog que hasta hoy no he podido agradecer como es debido. Se trata del premio Bloggeando con un propósito.

Cuando este blog comenzó su andadura, mi propósito más claro era compartir con más personas mis propias impresiones sobre los libros que iba leyendo. Me gustaba la idea de intercambiar opiniones que enriquecieran la visión que una lectura me había deparado. No imaginaba que, con el tiempo, este espacio se convertiría en un rincón especial donde casi todo tiene cabida, desde un relato propio, hasta un comentario sobre una obra de arte, o un escaparate de las fotografías más bellas de algunos de mis viajes. Perdidaentrelibros forma parte de mí, más de lo que pensaba. Sois muchos ya los que os aventuráis de vez en cuando por estos lares -a pesar de que, en mi condición de mujer estresada, no visito con la frecuencia que desearía vuestros espacios propios-. Algunos desde el principio, otros se han ido incorporando con el paso del tiempo. Algunos aún no tenéis un rostro preciso, o vivís muy lejos. Otros sois amigos desde hace tiempo, o compañeros de trabajo que echáis un vistazo desde la cercanía de quien se ve todos los días. Gracias a todos vosotros este blog ha crecido y ha cambiado de propósito. Porque ahora lo entiendo sobre todo como un lugar de encuentro. Un lugar donde dar rienda suelta a mis pensamientos, donde compartir emociones y experiencias, ya vengan dadas por un libro, por una película o por un viaje determinado. En ese sentido el premio no es solamente mío, sino que es compartido con todos vosotros. Porque me encanta leer vuestros comentarios, si bien muchas veces no puedo contestarlos todos, y ellos son los que le dan auténtica vida a este blog.

Espero poder colgar pronto una reseña, antes de que llegue otra de esas mágicas escapadas que, afortunadamente, me hacen evadirme de este ajetreo constante. ¡Esta vez toca Berlín!

martes, abril 15, 2008

La piedra más bella

Cuando comencé a estudiar arte, lo que más me atraía era la escultura. Sobre todo la realizada en mármol, un material que posee un encanto casi mágico y que muchos escultores han considerado el material noble por excelencia. La superficie pulida que invita a la mano a acariciarla, la fría textura que consigue dar vida a figuras como el Moisés o el David de Miguel Ángel, gracias al hálito que algunos escultores son capaces de insuflarle... son cualidades que convierten a esta piedra en la más preciada en el taller del artista.

Como es bien sabido, son muy numerosas las esculturas realizadas en mármol a lo largo de la historia. Es difícil hacer una selección, descartar unas y elegir otras, teniendo en cuenta la belleza que son capaces de captar este tipo de obras. No obstante, hay cuatro que por encima de otras me parecen un claro ejemplo de delicadeza a la hora de trabajar en este material. Todas ellas respiran y se mueven, reflejan una pasión o un sentimiento interior que nos nubla la vista. El resultado es extraordinario, capaz de emocionar hasta el límite al que contempla estas obras. Tanto que es difícil despegarse de su lado cuando uno tiene la fortuna de ver alguna de ellas con sus propios ojos. Y es inevitable preguntarse: ¿Cómo es posible? ¿Cómo alguien puede poseer este don? ¿Cómo se puede dar tanta vida a una simple piedra?


De arriba abajo: La dulce Piedad de Miguel Ángel, la metamorfosis más bella en Apolo y Dafne de Bernini, el abrazo de Eros y Psique, de Canova, y la sensualidad de El beso, de Rodin

miércoles, abril 09, 2008

HARUKI MURAKAMI: Al sur de la frontera, al oeste del sol

Hajime, un hombre felizmente casado y con dos hijas, está a punto de dejarlo todo al reencontrarse con Shimamoto, un antiguo amor de su juventud. Este hilo argumental que puede parecer tan común es la excusa de Murakami para escribir una novela hipnótica, como es su estilo, donde realidad y sueño se mezclan entretejiéndose en una red que atrapa al lector casi desde el principio.

Tenía ganas de volver a Murakami. Lo estaba deseando desde que terminé de leer Kafka en la orilla, un libro que me fascinó. Esta otra novela me sorprendió en sus primeras páginas, porque era distinta a la anterior, más convencional, con un desarrollo argumental más simple. O eso creía. Sin embargo, a medida que avanzaba en su lectura, fui quedando aprisionada por el misterio y por los lugares ocultos de la novela, hasta que me di cuenta de que me resultaba imposible dejar de leer. Cuando cerré el libro, aún seguía embrujada por las páginas que había dejado atrás.

El autor vuelve a seducirnos con su juego habitual entre realidad y sueño, confundiéndonos hasta hacernos dudar de lo que le ocurre a Hajime. En el libro subyacen varios temas: la complejidad del amor, el dolor de la ruptura, la posibilidad de amar a más de una persona a la vez, el descubrimiento del "alma gemela"...

Hajime y Shimamoto comparten el hecho de ser hijos únicos. Esa característica, que les diferencia de la mayor parte de los niños que les rodean en la escuela, les hace unirse y descubrir que en el fondo son muy parecidos en cuanto a gustos e intereses. Su pasión por la lectura o por la música entre otros -el libro trasluce la admiración del autor por el jazz especialmente- les va acercando hasta que nace el enamoramiento mutuo, del que ambos, aún muy jóvenes, no parecen ser conscientes. La amistad se convierte en amor. Sin embargo, este no llega a cristalizar, pues al comenzar la secundaria Hajime se muda a otro barrio y la relación entre ambos se va enfriando hasta que dejan de verse. No será hasta muchos años después cuando vuelvan a encontrarse, y todos los sentimientos que entonces quedaron ahogados resurgirán de nuevo con una fuerza incontrolable. Tanto que Hajime tendrá que cuestionarse su vida y su futuro.

Como es característico de Murakami, en la novela se suceden algunos acontecimientos de índole misteriosa que desconciertan al propio Hajime y, por supuesto, al lector: la aparición, antes del reencuentro entre ambos personajes, de una mujer muy parecida a Shimamoto y un hombre que le entrega un sobre de dinero a Hajime; el carácter de la propia Shimamoto, que tras la vuelta desaparece durante meses para volver de nuevo a la vida del protagonista sin previo aviso y sin dar ninguna explicación. Su extraña enfermedad. Sus secretos. Y la aparición fantasmal de un antiguo amor de Hajime, Izumi, a quien la ruptura dejó en un estado de postración absoluta, y cuya visión golpea con fuerza a nuestro hombre haciéndole cuestionarse su comportamiento por aquel entonces.

El gusto del autor por el juego realidad-ficción toma un carácter casi filosófico en el extracto siguiente, que hay que leer varias veces para intentar comprender bien:

"Hay una realidad que demuestra la verdad de un hecho. Porque nuestra memoria y nuestros sentidos son demasiado inseguros, demasiado parciales. Incluso podemos afirmar que muchas veces es imposible discernir hasta qué punto un hecho que creemos percibir es real y a partir de qué punto sólo creemos que lo es. Así que para preservar la realidad como tal, necesitamos otra realidad -una realidad colindante- que la relativice. Pero, a su vez, esta realidad colindante necesita una base para relativizarse a sí misma. Es decir, que hay otra realidad colindante que demuestra, a su vez, que esta es real. Y esta cadena se extiende indefinidamente dentro de nuestra conciencia y, en un cierto sentido, puede afirmarse que es a través de esta sucesión, a través de la conservación de esta cadena, como adquirimos conciencia de nuestra existencia misma. Pero si esta cadena, casualmente, se rompe, quedamos desconcertados. ¿La realidad está al otro lado del eslabón roto? ¿Está a este lado?"

Estamos pues ante uno de los interrogantes que se han planteado muchos filósofos y pensadores. ¿Hasta qué punto nuestra existencia es real? ¿Somos más bien un sueño o una invención? ¿Somos capaces de discernir sin posibilidad de duda la realidad de lo meramente soñado? Nos guste o no Murakami, el libro consigue atraer nuestra atención con la historia y, lo que es mejor, deja al lector la posibilidad de decidir sobre el verdadero sentido de lo que ha leído. Por eso la historia cambia de significado cada vez, lo que la hace aún más interesante si cabe.

¿He dicho ya que me encanta Murakami?

viernes, abril 04, 2008

Rostros de mujer

La mujer siempre ha sido fuente de inspiración para artistas y cineastas. Estos dos vídeos nos muestran los rostros femeninos más bellos de la historia del arte y de la pantalla. Sólo me queda invitaros a disfrutarlos...



Mala suerte


Hoy el día se ha vuelto de repente gris. Hoy la (relativa) mala suerte que ronda mi vida en los últimos meses ha vuelto a golpearme. Hoy uno de los dos gatitos que adopté hace poco ha muerto de forma imprevista. Quiero que esta mala racha me deje tranquila de una vez. Quiero respirar.

viernes, marzo 28, 2008

JOHN STEINBECK: Las uvas de la ira

Las uvas de la ira no es un libro fácil de leer. Está brillantemente escrito, y la prosa de Steinbeck llega a ser en ocasiones seca y áspera, como la historia que cuenta, pero a veces alcanza una belleza que deslumbra, sobre todo en algunas descripciones. Sin embargo, su dureza proviene de su argumento, que se torna cruel hasta llegar a emocionar. La pobreza, el hambre y la miseria conviven junto a la dignidad y los más altos valores humanos. Se trata de un libro triste, sin duda, pero al mismo tiempo es un canto a la capacidad del ser humano para luchar, y para levantarse una y otra vez. Es un alegato a la vida y a la esperanza, y con ese espíritu cierra Steinbeck su libro, con uno de los finales más inesperados que haya dado nunca la literatura.

Las uvas de la ira se enmarca en los años de la Gran Depresión posteriores a la crisis de 1929, que provocó la ruina de muchos pequeños propietarios en Estados Unidos. En ese marco se inscriben historias como la de la familia Joad, que deciden dejar las tierras de Oklahoma, maltratadas además por sucesivos años de sequía, y marchar hacia el Oeste, en pos del sueño americano que eran las tierras de California y alrededores, donde el cultivo de frutales requería de una creciente mano de obra. Es pues una historia de emigrantes, con toda la dureza que ello supone, perfectamente extrapolable además a los movimientos migratorios que suceden en la actualidad. Los Joad realizarán un difícil camino siguiendo su sueño, un camino en el que varios miembros de la familia se irán quedando atrás, bien porque mueren, o bien porque deciden abandonar al resto de su familia siguiendo sus propios caminos. Los que llegan al final se enfrentarán además con que el sueño no era tal, pues la mano de obra que ha llegado a esas tierras desborda la oferta de trabajo que hacen los cultivadores, por lo cual se verán obligados a trabajar por salarios irrisorios y a ser tratados de manera más que despectiva por los propietarios y habitantes de las doradas tierras del Oeste.

Entre los Joad hay personajes que llegan a hacerse entrañables al lector. Es el caso de la Madre, que se convierte en el eje vertebrador de su familia. Su fuerza es tal que llega a suplantar la función dominadora de su esposo, que se resigna a esta realidad aceptando que su mujer está muy por encima que él en cuanto a dotes organizativas y a capacidad de decisión. Madre (a quien el autor no da ningún nombre, para potenciar esta faceta de su personalidad), es el ejemplo a seguir para su familia. No se permite a sí misma derrumbarse en ningún momento, a pesar de las desgracias que les acontecen, pues sabe que ella es el pilar fundamental de cuantos le acompañan. Así pues, nadie debe verle débil ni cansada, puesto que de ella depende el que su familia siga manteniendo el coraje necesario para seguir adelante. En una de sus conversaciones con su hijo Tom, ella le dice:

- A veces me dejo llevar por el pánico. Simplemente pierdo el ánimo.

- Nunca te he visto perderlo.

- Por las noches, a veces, lo pierdo.

El hijo mayor, Tom, ex presidiario y de ideas muy preclaras, es otro de los personajes claves en esta historia, pues es también un modelo a seguir para los demás, sobre todo para su hermano pequeño, Al, más inclinado a los coches y a las mujeres debido a su edad adolescente. Y, aunque no sea de la familia, el reverendo Casy es también uno de esos personajes que se agarran al lector, con su discurso idealista y esperanzador, un hombre que deja su ocupación de predicador para convertirse en un líder social preocupado por los problemas que afectan a los trabajadores, y decidido a llegar hasta el final por ellos.

Alternándose con la historia de la familia Joad, el autor inserta capítulos descriptivos sobre la situación de Estados Unidos en aquella época, y el cambio profundo que estaba sufriendo el campo a causa de la rapiña de los especuladores -que estaban acabando con la vida rural tradicional- y de la mecanización creciente. En estos fragmentos es donde la maestría narrativa de Steinbeck alcanza sus cotas más altas. Como muestra os dejo los siguientes extractos:

“Cuando un caballo acaba su trabajo y se retira al granero, queda allí energía y vitalidad, aliento y calor, y los cascos se mueven entre la paja, las mandíbulas se cierran masticando el heno y los oídos y los ojos están vivos. En el granero flota el calor de la vida, la pasión y el aroma de la vida. Pero cuando el motor de un tractor se apaga, se queda tan muerto como el mineral del que está hecho. El calor le abandona igual que el calor de la vida abandona a un cadáver. Luego se cierran las puertas de hierro galvanizado y el conductor se va a casa, a la ciudad, que quizá esté a veinte millas de distancia, y no necesita volver en semanas o meses, porque el tractor está muerto. Y esto resulta fácil y eficaz. Tan fácil que el trabajo pierde interés, tan eficaz que la tierra y trabajar el campo dejan de producir emoción y desaparecen también la comprensión profunda y la relación del hombre con la tierra.”

“Cada pequeña huelga aplastada es la prueba de que se ha dado el paso. Puedes saber esto: teme el momento en que el hombre deje de sufrir y morir por un concepto, porque esta cualidad es la base de la esencia humana, esta cualidad es el hombre mismo, y lo que le diferencia en el conjunto del universo.”

Dicho todo esto (y si habéis tenido la paciencia de leer hasta aquí), no puedo dejar de recomendaros esta extraordinaria novela. Es una lección de humildad para todos los que tenemos la fortuna de vivir en el llamado primer mundo. Para ponernos en el lugar de aquellos que no han tenido esta suerte y tienen que dejarlo todo por el sueño de una vida decente, de una vida justa, donde sus necesidades vitales estén cubiertas y donde sean tratados con la dignidad y el respeto que todo ser humano se merece.

Bien por Steinbeck y bien por libros como éste. Historias que nos hacen reflexionar, y que sirven para que no nos durmamos en nuestro sueño de abundancia. Pues la mayoría de los que nos rodean aún no han alcanzado ese sueño.