sábado, abril 04, 2009

DANIEL PENNAC: Mal de escuela

Al fin un poco de tiempo para dejarme caer por aquí. Estas últimas semanas me ha sido imposible visitar este espacio ni tampoco ninguno de los blogs por los que tanto me gusta pasarme. Ahora tengo unos días por delante para descansar y, cómo no, tiempo para dejaros alguna que otra reseña y poder así compartir mis lecturas con todos vosotros.

Hace un par de semanas terminé de leer Mal de escuela, de Daniel Pennac. El libro me ha resultado interesante, máxime teniendo en cuenta que gira en torno a mi profesión, pero a decir verdad me esperaba un poco más de él. No obstante, he subrayado frases y degustado reflexiones sobre los problemas educativos que Pennac destaca en su obra, los cuales coinciden en su esencia con los que padecemos los docentes españoles. Me ha gustado especialmente la visión optimista que Pennac tiene de los adolescentes, incluso de aquellos que -como él mismo- califica de auténticos "zoquetes" (palabra que utiliza de forma abundante en el libro). El mensaje que subyace a toda la novela es que no hay que dar ningún caso por perdido, aunque es imposible "salvar" a todos nuestros alumnos. No obstante el profesor no debe dejar de intentarlo, de involucrarse en la tarea que realiza. Tiene que vivir su profesión, pues sólo así tendrá posibilidades de atraerse al alumnado a su campo. La pasión docente es la mejor garantía de poder obtener buenos resultados. Y si no funciona, al menos lo habremos intentado.

"La presencia del profesor que habita plenamente su clase es perceptible de inmediato. Los alumnos la sienten desde el primer minuto del año, todos lo hemos experimentado: el profesor acaba de entrar, está absolutamente allí, se advierte por su modo de mirar, de saludar a sus alumnos, de sentarse, de tomar posesión de la mesa. No se ha dispersado por temor a sus reacciones, no se ha encogido sobre sí mismo, no, él va a lo suyo, de buenas a primeras, está presente, distingue cada rostro, para él la clase existe de inmediato."

Es una percepción que comparto al cien por cien. Por eso a veces nuestro trabajo resulta tan agotador. Porque no se trata de entrar en la clase, pasar lista, dar unas cuantas explicaciones, controlar el comportamiento de los alumnos (labor que en algunos grupos puede absorber prácticamente todas nuestras energías), y despedirse hasta el día siguiente. El docente tiene que llegar mucho más allá. Debe convencer a sus alumnos de que adora la materia que está impartiendo. Debe convencerles de que, durante el tiempo que dura la clase, no hay nada más relevante que aquello que se está explicando. Esa "pasión" puede resultar agotadora a veces, pero si conseguimos el efecto deseado, la clase se convierte en un lugar y un momento mágicos. Alumnos y profesor juntos de la mano, todos a una, compartiendo una experiencia histórica, literaria o matemática. No importa la asignatura, aunque en algunas es más fácil conseguir este efecto.

"Una sola certeza: la presencia de mis alumnos depende estrechamente de la mía: de mi presencia en la clase entera y en cada individuo en particular, de mi presencia también en mi materia, de mi presencia física, intelectual y mental, durante los cincuenta y cinco minutos que durará mi clase."

A lo largo de la novela, el autor va desgranando retazos de su propia vida, narrándonos su experiencia en las aulas primero como alumno y más tarde como profesor. Sus problemas para comprender la mayor parte de las materias, su falta de concentración y de estímulo a la hora de ponerse a estudiar, el hecho de ser un estudiante mediocre, en fin, no impidieron a Pennac convertirse en un profesor, mejor dicho en un buen profesor, o al menos es lo que se deduce de la lectura de su libro. La importancia de la educación para ayudar a este tipo de alumnos, para arrebatarlos de salidas fáciles como pueden ser la delincuencia o la marginación, es una de las máximas que el autor defiende con más fuerza. La enseñanza entendida como salvación:

"Los profesores que me salvaron -y que hicieron de mí un profesor- no estaban formados para hacerlo. No se preocuparon de los orígenes de mi incapacidad escolar. No perdieron el tiempo buscando sus causas ni tampoco sermoneándome. Eran adultos enfrentados a adolescentes en peligro. Se dijeron que era urgente. Se zambulleron. No lograron atraparme. Se zambulleron de nuevo, día tras día, más y más... Y acabaron sacándome de allí. Y a muchos otros conmigo. Literalmente nos repescaron. Les debemos la vida."

Los problemas que arrastraba Pennac en la escuela convencieron a sus padres de la necesidad de apuntarle a un internado. Para él la experiencia fue más o menos satisfactoria, pues le permitió concentrar sus energías en el estudio, sin tener que dar explicaciones diarias a su familia del porqué de sus dificultades académicas. En su camino hacia la redención de la zoquetería, Pennac destaca la labor de varios profesores, y la importancia que tuvo para él la lectura, hábito que le ayudaría a terminar de una vez por todas con sus problemas ortográficos. Con el tiempo, el zoquete Pennac, el alumno difícil, llegaría a estudiar una carrera universitaria y a convertirse en profesor. Y entonces tendría que enfrentarse a la historia desde el otro lado. Ahora era él el encargado de ayudar a alumnos que, como en su propio caso, parecían incapaces de "llegar a ser algo" algún día. Su experiencia le sería entonces muy útil para hacer frente a estos casos, porque él había sido uno de ellos.

Sería demasiado prolijo continuar enumerando aquí las numerosas reflexiones que se contienen en Mal de escuela. Sólo añadiré que son necesarios libros como este, que nos den una visión positiva y realista de las dificultades que entraña la profesión docente. En una sociedad que, en líneas generales, está perdiendo el respeto por nuestro trabajo, que sólo mira hacia nuestras supuestas comodidades, sin pararse a pensar en la complejidad de nuestra tarea y en la cantidad de trabajo extra que un buen profesor debe realizar en casa para llevar adelante su trabajo, es reconfortante que se nos devuelva un halo de prestigio y de consideración por lo que hacemos, pues la mayoría de los que hemos elegido esta profesión lo hemos hecho convencidos de que es una de las labores más hermosas que existen. Pennac nos devuelve la fe en lo que hacemos, y demuestra que, en casos como el suyo, la educación fue un verdadero instrumento de redención.

16 comentarios:

Gww dijo...

Tengo este libro en la estantería de libros pendientes junto con la relectura de Como una novela. Lo que has comentado me ha gustado ,así que lo pondré al principio del montón.

Un saludo.

tag dijo...

Un buen consejo que te agradezco para estos dias de vacaciones que tenemos ahi,ya, la semana que viene.
Fui a ver la pelicula "La Clase" que nos recomendaste hace tiempo, y me gustó.
La labor de los profesores es impagable, y mucho más si cabe hoy en dia, donde tienen que lidiar con adolescentes que tienen más privilegios y derechos que los enseñantes.
Tus consejos para mi siempre son bienvenidos.
Saludos

Jorge Quintana dijo...

Tiene una "pinta" estupenda, Elena. Por descontado que lo voy a leer. Me alegra que no todo lo que se escribe sobre nuestra vocación sea negativo, ¡ya era hora!.
Leyendo tu entrada no he podido dejar de pensar en nuestro fallido proyecto "ascanius". Fallido por la falta de implicación de la Administración (lástima).Para los amigos que te leen -que cada vez somos más- les comento que era un gran proyecto destinado a "rescatar" a chavales de 1º de ESO (12 años) que habían tenido problemas en primaria, y no sólo problemas académicos.
Te "rescato" una parte de la memoria que redacté al finalizar el segundo curso, y que está en sintonía con el libro que nos recomiendas:
"… lo mejor de este proyecto es lo que no dicen ni las cifras ni los porcentajes. En efecto, los alumnos/as han “crecido” a lo largo del curso, crecido en conocimientos, crecido en conducta y, por supuesto, en altura dada la edad media del grupo. Pero lo mejor es que, creemos, se han puesto las bases para que sigan creciendo y sean mejores personas; este pensamiento también incluye al profesor que escribe estas líneas, el cual ha aprendido más en este curso sobre educación y docencia que en los siete anteriores. Creemos que el proyecto, aunque con deficiencias, es una de las mejores y más ilusionantes empresas que puede acometer un profesional de la educación o, como dicen nuestros alumnos/as, un maestro.”
Un saludo para todos, y especialmente para los que os dedicáis a tan gran empresa.

Carmina dijo...

Siempre he pensado que el ser proferor o maestro, o catedratico que mas da, es decir el dedicarse a la enseñanza deberia ser vocacional, personas que sienten esa profesiony que estan dispuestas a dar el todo por el todo, tengo un hijo de diez años, una clase que para los maestros hasta hoy en dia ha sido un caramelo, porque es una clase digamos de niños listos, la mayoria con medias muy altas, particiativos, deseosos de arprender, pues este año mi hijo esta confuso, porque segun la maestra son un atajo de burros, soy de las que piensa que las cosas se pueden decir de muchas formas y los niños estan un poco desanimados y sin ganas de trabajar, se pude llamar a los niños burros cuando casi un 20 por ciento esta en linea del excelente en casi todas las asignaturas y solo un 5 por ciento supende mas de dos. Supongo que lo que le pasa a su maestra es que querria que fueran mas maduros, pero por dios que solo tienen 10 años. Yo jamas hubiera podido dedicarme a la enseñanza y me gustaria que personas que no se vieran con cuerpo de trabajar con niños no elegieran esta profesion. Gracias por tu reseña se te echaba de menos

José Carlos Darlas dijo...

Hola Elena,
acabo de descubrir tu blog, he estado buceando un poquito en él, leyendo cosas y tengo que decirte que me he reconocido en muchas de tus palabras... Te seguiré a partir de ahora.
un saludo. jose

Lucía dijo...

¡Ay, Elena, ojalá hubiese más profesores pasionales, cuán diferentes serían las cosas! Supongo que muchos empiezan así, llenos de ilusión y energía sus carreras, y que poco a poco las fuerzas les abandonan y la desidia ocupa su vida, y la enseñanza como tabla de salvación pasa a ser rutina y tedio para ellos y sus alumnos. De ese tipo fueron la mayoría de mis profesores. Una pena.
A Pennac le dediqué un pequeño post cuando le dieron el premio Renaudot por este libro, pero no lo he leído.
Los que sí he leído son los 5 de la saga de Benjamin Malaussène, hermano mayor de una familia de lo más pintoresca, que vive en una quincallería en el barrio de Bellville de París. Todos los libros son muy divertidos, combinan novela negra, aventuras y humor. Merece la pena leerlos.

Un abrazo.

Gorocca dijo...

Elena,me ha parecido un espacio maravilloso éste, donde se respira luz y no sólo por el luminoso banner de la cabecera.He leído unos cuantos libros escritos por y para docentes y la verdad es que es innegable la ardua tarea que llevais a cabo así como lo importante de hacerlo bien, supongo que quizás por el mundo en el que te mueves hayas oído hablar de la Escuela de Mestres de Rosa Sensat, en Barcelona, fundada por Angeleta Ferrer i Sensat, una docente que creó una de las escuelas más importantes de posguerra, una visión abierta y dinámica de cómo veía e impartía ella la enseñanza.Uno de los libros que más me impactó de la escuela Sensat, fue uno titulado Educación emocional y lenguaje en el marco de la escuela de Josepa Gómez i Bruguera, en el que te explicaban la importancia del control de las emociones para resolver los conflictos que se presentan en la vida diaria de la escuela, algo en lo que en general no parecemos reparar, la importancia de la empatía, de la asertividad, etc. Bueno pues lo dicho, un placer tu espacio y gracias por la recomendación.

Marcela dijo...

Estoy de acuerdo con tu reflexión (y desde ya que intentaré conseguir ese libro).
La docencia es compleja, porque es un trabajo que no puede afrontarse como otros. No se puede "cumplir un horario" y listo. El profesor, el maestro, tiene muchas responsabilidades, que no siempre son reconocidas y a veces hace mucho más de lo que se aprecia.
Me gustó mucho tu espacio.
Saludos.

Mateo Bellido Rojas dijo...

Hola, Elena.
Ya se necesitaban estos días de descanso. Espero que los disfrutes.
Por supuesto que el libro que nos presentas quiero leerlo, lo tengo anotado. La verdad es que nos incitas a leer más, y ya andamos buscando sitio para colocar nuevos estantes. Mi mujer me reta a que acabe antes los libros que todavía no he leído, pero siempre contesto que están ahí esperándome y esperando su ocasión.
Vuelvo a felicitarte por tu brillante post. Siempre es un placer leerte.
Un fuerte abrazo.

Ferrari dijo...

Fíjate que acabo de terminarlo también y quería escribir una reseña para mi blog; pero me gusta tanto la tuya que le veo poco sentido.
Coincido contigo en el análisis del libro: es una lectura estimulante, pero decepciona un poco. La verdad es que el libro lo he leído en dos momentos distintos, pues lo tuve que dejar, sobre todo porque creo que hay una defensa de la enseñanza privada (y más concretamente de los internados) con la que no estoy de acuerdo.

Nausicaa dijo...

Siempre me gustan tus reflexiones acerca de tu trabajo, son muy interesantes y me devuelven un poco de confianza en la figura del profesor. Tengo q decir que por desgracia creo q muchos de los que realizan esta profesión no son como tú, sobre todo a nivel de institutos y ni que decir tiene de la Universidad... He tenido profesores que me han dicho sin pelos en la lengua que la docencia les restaba tiempo de su trabajo (percepción muy común entre los investigadores que dan clases en facultades de ciencias) y que si le interfería en algún proyecto directamente no iba al aula donde le esperabamos con cara de tontos... Así que gracias por no ser así!

Joselu dijo...

¿Se puede haber tenido una pasión arrolladora por enseñar y haber obtenido años de emoción sin límites siendo capaz de proyectar ese entusiasmo a los alumnos y un día, tras un proceso tortuoso, haber perdido casi todo incluido el placer de enseñar? ¿Qué se puede hacer en tal caso? Mal de escuela es un libro excelente para aquellos que la enseñanza ocupa una parte muy importante de su vida personal y de sus horas libres. Es para aquellos que su vida es su profesión, no para aquellos que la consideran un trabajo. Felices día, Elena, un saludo desde Galicia.

Miguel Sanfeliu dijo...

He oído hablar muy bien de este libro. Y tu reseña parece confirmar que merecidamente. Pero lo que más me ha gustado de esta entrada en cómo el libro te ha hecho reflexionar sobre tu vocación, buscando los encuentros y desencuentros con lo que expone. Es cierto que la labor de un buen profesor es impagable y el sistema educativo debería estar más protegido y reconocido.
Cambiando de tema, espero que puedas pasarte por la presentación de Sevilla.
Un abrazo.

LUIS ROSER RODRIGUEZ dijo...

Hola Elena, me ha gustado mucho lo que comentas en la entrada, no conocía esta novela, la verdad.
Desde luego, la educación esta complicada hoy en día y la figura del profesor, creo que esta muy poco valorada y reforzada.
Me ha recordado a la pelicula LA CLASE que fui a ver y me gusto mucho.
Un saludo, Elena

Clarice Baricco dijo...

Apuntado el libro.
Me agradó el punto de la pasión. Creo que es parte de la clave frente al grupo. Doy una clase que sin dominar la materia, la pasión me ha ayudado a mantener el deseo de los chicos por seguir avanzando junto conmigo.
Si los docentes fueran con toda la pasión a enseñar, creo que otra cosa sería, pero a veces, por desgracia, los maestros no quieren dar más de la cuenta, no quieren invertir ni tiempo extra, ni dinero, ni nada.


Abrazos.

María A. Muñoz Ávila dijo...

Yo también he leído este libro y me ha sabido a poco. Me hubiera gustado que siguiera contando más cosas de su etapa de profesor, que fuera más prolijo, vaya. Tenemos que aprender mucho los docentes, al menos yo, sobre esas estrategias que empleó Pennac con ese tipo de alumnos imposibles. Toda la experiencia es poca, porque la dificultad crece cada día más. Es el sentir de muchos, que no sabemos qué hacer para lograr la motivación en algunos alumnos.

Un saludo.